Ciencias aplicadas

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Cada año procuro enseñar a los niños, y sobre todo adolescentes, a fabricar sus propios cosméticos.

La razón es obvia: para ellos es divertido, no aporta tóxicos a su organismo y se ahorra dinero. Lo más importante para mí es que se eliminan sustancias muy nocivas que pueden desencadenar enfermedades importantes. Es curioso que en una colonia infantil, por ejemplo, haya casi más tóxicos que en uno de los peores desodorantes para hombre.

En primer lugar estudiamos la vegetación de la zona: “malas hierbas”, flores y frutos. Aprendemos a buscarlos en las guías y a ponerles nombre.

Dar un paseo en cada época del año para ver qué encontramos y qué podemos recolectar es interesante. Aprendemos a valorar y a observar la Naturaleza. A darle importancia a lo que nos aporta.

Podemos hacer un herbario donde figure la planta (prensada o, mejor aún, dibujada), su nombre, descripción y características. Añadiremos, con ayuda de guías de plantas medicinales y comestibles, sus cualidades sanadoras.

Aprendemos a separar las partes de los vegetales que vamos a utiliar, a conservarlos, secarlos, envasarlos, etc.

Otra fuente importante de materia prima para la cosmética natural es nuestra nevera: fruta, verdura, huevos, leche…

Estudiamos los productos que nos sirven como aditivos para la elaboración de cada uno de los cosméticos, anotamos sus características, dónde comprarlos, el precio, la caducidad… De esta manera, aprendemos también a sacar costes de producción y comparar con un homólogo industrial.

Después viene la parte más divertida: elaborar las pociones.

Para ello va a ser necesario contar con otros productos como aceites esenciales, bicarbonato, vinagre, huevos, glicerina vegetal, jabón “Lagarto”, aceite de coco u otros, dependiendo de qué producto vayamos a elaborar.

Importante: que estas sustancias aditivas procedan de agricultura ecológica o controlada si se trata de productos de huerta o plantas medicinales y con certificados de seguridad el resto.

Hay varios proveedores en la red que distribuyen productos con certificado. Éstos son los que hay que adquirir.

Material: una pequeña báscula y unos cuantos utensilios de cocina es todo lo que vamos a necesitar para nuestro laboratorio.

Así, según la edad de los niños, podemos trabajar las operaciones aritméticas básicas, reglas de tres, fracciones, cambio de unidades de medida, escritura, dibujo, búsqueda tanto en libros como en internet, etc.

Yo, para hacerlo más divertido, les propongo que se hagan un carné de científico para poder entrar en el laboratorio. Lleva una foto o dibujo que se hacen de ellos mismos, un nombre inventado que se pongan (normalmente usan uno de científico real y le cambian algunas letras: Darwinius, Einsteiniescu, etc) y un número de carné. Lo plastifico y tienen que mostrarlo al entrar. Les encanta, jejejejejejeje…

Ah, también les gusta mucho ponerse unos guantes de látex, un delantal y unas gafas protectoras.

Una vez terminados los productos los etiquetamos con la fecha de elaboración, fecha recomendada de uso, nombre del producto e ingredientes. Las etiquetas también pueden ser una oportunidad para ser creativos: dibujos, logo, colores, tipología de la letra, hechas a mano, hechas con ordenador e impresas…

En una carpeta o archivador vamos guardando las recetas de los productos que elaboramos. Esto les servirá, si les interesa, para toda la vida. Siempre vamos a necesitar jabón, champú, crema hidratante, protector solar, etc.

Cada día pueden ir reduciendo el uso de productos tóxicos y utilizar los suyos. Así que, ya está, manos a la obra!!!

El círculo de Lola.

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