Dejarles decidir es importante.

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Hay niños a los que se etiqueta de “catacaldos” porque prueban muchas cosas y, a veces, no se quedan con ninguna.

Hay padres que se enfadan con sus hijos porque se apuntan a tal o cual actividad y, al poco tiempo, la dejan porque no les termina de gustar, porque no se sienten cómodos con el/la profesor/a, porque descubren que no se les da bien o cualquier otra razón.

He conocido muchos niños que a principio de curso comenzaron a ir a clases de kárate, por poner un ejemplo, bien porque querían probar , bien porque se han apuntado sus mejores amigos. A los dos meses de asistir a las clases descubren que no les interesa el kárate, no les gusta cómo imparte la clase el monitor o se ha enterado de que hay un taller de cómic y prefiere invertir su tiempo en ello.

Pero no. Como decidió apuntarse a esa modalidad deportiva, sus padres le convencen de que si toman una decisión la tienen que llevar hasta el final. Que así se harán más responsables de las decisiones que tomen. Que tienen que atenerse a las consecuencias de lo que hagan.

Cometemos un gran error. Sobre todo si no ha sido pactado de antemano. Es decir, si en principio proponemos un mínimo de asistencia para que el niño o la niña comprueben que, habiéndose apuntado a una actividad, realmente no le gusta, bueno. Pero si comienzan, y no les gusta, no deberíamos obligarles a continuar.

En primer lugar, y si nos ponemos en su pellejo, ¿a quién le apetece hacer algo que no le gusta? Todos tendemos a evitarlo. Me rechinan los comentarios tipo: “ya, pero tiene que ir asumiendo responsabilidades para cuando sea mayor, porque tendrá que trabajar en cosas que no les gusten”.

Bueno, esa es una teoría. Yo tengo otra pero no viene al caso. Otro día escribiré sobre ello.

Y en segundo lugar, el tiempo que van a desperdiciar continuando con algo que no les apetece dejan de tenerlo disponible para otras cosas que les pueden apasionar y descubrir caminos más interesantes para su futuro.

No incluyo en este listado las que son necesarias para su desarrollo, su descanso y todo lo que tenga que ver con su higiene y salud. Me refiero a todas esas actividades añadidas, que a veces tienen que desarrollar para conciliar nuestras jornadas laborales o nuestros tiempos de ocio personales.

Es muy peligroso inculcar a los niños que cuando toman una decisión la tienen que mantener hasta el final. Ese es un aprendizaje nefasto. Un adulto con esa mentalidad está perdido. Precisamente, el saber evaluar una situación o una decisión y cambiar de rumbo o de solución si algo no funciona, es fundamental.

Los niños y las niñas tienen que tener voz y voto en lo que hacen. Ser responsables en la toma de decisiones pero teniendo todos los datos de antemano y los acuerdos o normas consensuadas. No podemos obligarles a que realicen actividades porque, desde nuestro punto de vista, son “interesantes” o nos hubiese gustado hacerlo a nosotros y no pudimos.

Conozco muchas niñas que van obligadas a ballet, gimnasia rítmica o a clases de piano porque es muy femenino y a niños que van a fútbol o a kárate porque es muy masculino.

Todos estos niños me dan mucha pena. Sobre todo porque conozco algunos que tienen talentos increíbles para otras actividades como son la cocina, el dibujo, la fotografía, la ciencia, el teatro o la mímica y no pueden desarrollarlas.

Hoy en día, con la cantidad de formación online que existe y talleres presenciales diferentes, no hay excusa para que nuestros hijos o alumnos se estanquen en ocio predeterminado.

La importancia de conocer un gran abanico de posibilidades y de probar unas y otras para, con la experiencia, valorar qué nos gusta, qué no, qué nos aporta, qué no, qué podemos implementar en nuestra vida para conseguir otros objetivos y qué no es muy importante.

Démosles la posibilidad de decidir, de equivocarse, de descubrir… Si somos sensatos, les permitiremos hacerlo y descubriremos cuánto aprenden, como así ha sido en la historia de los humanos, con el ensayo-error.

El círculo de Lola.

Homeschooling: aprendiendo de la vida misma (3).

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Es curioso que, de tantas preguntas que se podrían hacer a alguien que educa en casa, la más recurrente es “pero entonces… la sociabilización…”.

La idea de que las familias que educamos en casa tenemos a los hijos encerrados parece estar en los tops del homeschooling.

Hoy voy a ser breve. Quiero hacer una enumeración (aunque seguro que me dejo algo) de las actividades en las que han participado mis hijos desde que nacieron y valorad si tienen trabajada la sociabilización o no. De hecho, donde menos se “sociabiliza” es en el colegio. Bueno, en algunos.

  • Antes de nacer, mi hijo mayor había recorrido toda España, menos Galicia. El pequeño algo menos, pero también recorrió bastante. Dicen los expertos que durante la gestación también aprendemos y sentimos.
  • Mi trabajo me llevaba de un lugar a otro, por toda la península, de reunión en reunión, de obra en obra, de curso en curso. Mis hijos siempre fueron conmigo y participaron en todo.
  • Estuvimos durante años trabajando con un grupo, en el que había personas de todas las edades, para vivir en una ecoaldea. Teníamos varias reuniones mensuales donde nos encontrábamos y trabajábamos en grupo diferentes propuestas.
  • Desde nada más nacer, han estado federados en montaña. Todos los fines de semana salíamos a hacer alguna ruta con grupos grandes del club u otros. Personas de todas las edades.
  • Han practicado (y practican): senderismo, escalada, esquí, bici de montaña, espeleología, body board, skating, patinaje, baloncesto, béisbol…
  • Todas las semanas van a la biblioteca. Además de llevarse libros para leer participan en todas las actividades que organizan.
  • Estuvieron un tiempo escolarizados.
  • Yo he gestionado actividades extraescolares, con niños de todas las edades, y siempre han estado ellos también.
  • Me he dedicado mucho tiempo a la coordinación de actividades de tiempo libre y a la formación ocupacional y han estado conmigo en todas las que he impartido.
  • Asisten a campamentos.
  • Participan, activamente, en grupos ecologistas, grupos de protección animal, de rescate de fauna…
  • Participan, activamente, como voluntarios en ONGs (ayuda al pueblo sirio, saharaui, asociaciones locales…).
  • Hemos vivido en varios sitios y en cada sitio han hecho muchos amigos. Con algunos tienen contacto casi semanal.
  • Participan en proyectos como “Mira el buzón”, donde se escriben con gente de todas las edades y de diversos lugares.
  • Han participado en proyectos de educación ambiental, de protección del entorno, con gente de todas las edades.
  • Semanalmente, visitamos algún museo, exposición, concierto…
  • Juegan en la calle todos los días, con amigos que hacen allá donde vamos.
  • Tenemos familia y amigos a los que visitamos periódicamente.
  • Han vivido con otras familias, en proyectos concretos, en la misma vivienda, participando de todas las reuniones de adulto para la toma de decisiones, consensos, labores domésticas, etc…
  • Acuden a clases de música.
  • Tocan en una batukada.
  • Todos los meses pasan algunos días con sus amigos de siempre. O bien van a sus casas o bien vienen a la nuestra.
  • Participan en un programa de radio sobre empresa, con otros niños, donde entrevistan a empresarios, emprendedores y personas importantes, con todo lo que implica: reuniones preparatorias, investigación en grupo, toma de decisiones, ensayos…
  • Se apuntan a todas las actividades culturales del lugar donde estemos viviendo, participando activamente en aquellas que lo requieren.
  • Han colaborado en la organización de muchas de las actividades que he enumerado anteriormente. Se han responsabilizado de ciertos cargos.
  • Han estado, como socios, en varios clubes de juegos de mesa. Además, han sido promotores de grupos de juegos de mesa en los lugares en que hemos vivido.
  • Tienen profesores particulares para determinadas materias.
  • Me acompañan a congresos sobre educación, a cursos, a visitar clientes, a visitar proveedores…
  • Van a la compra con todo lo que eso conlleva: encontrarse con vecinos, con tenderos… charlar con ellos.

Bueno, paro ya, jejejejejejeje… Lo que quiero que penséis es que no somos únicos. Que las familias que educamos en casa, en general, estamos muy concienciados sobre la importancia de la educación de nuestros hijos. Valoramos cualquier oportunidad de aprendizaje.

De hecho, cuando vamos por las mañanas a realizar visitas culturales, nos solemos encontrar más familias que educan en casa, aprovechando que hay menos aforos y se disfruta más de las excursiones.

Espero que esto sirva para que, antes de hacer esta pregunta, pensemos y, sobre todo, observemos. Los niños homeschoolers suelen tener una vitalidad, una sonrisa y un corazón que se refleja en sus caras y en sus acciones.

Disfrutad de su compañía siempre que podáis. Nos enseñan muchas cosas.

El círculo de Lola.

Homeschooling: aprendiendo de la vida misma (2).

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Uno de los problemas que más acusan las familias, en general, es la mala alimentación de sus hijos por diversas razones.

Muchas veces, desayunan y comen en el colegio con lo que ello implica (baja calidad de los alimentos, pésimos métodos de cocinado, malas combinaciones, horarios desajustados con sus necesidades biológicas…) y luego, al llegar a casa, por las prisas o las pocas ganas de padres agotados, también comen mal.

El homeschooling aporta mucho en este sentido. Todo son ventajas.

En primer lugar, el estar en casa nos ofrece una despensa seleccionada por nosotras para nosotras y para nuestros hijos. Nos permite trabajar con ellos, desde que son muy pequeños, la toma de decisiones. ¿Cómo? Así:

Cuando nuestros hijos van tomando alimentos que no son la leche materna, en principio, les vamos dando a probar los que consideramos adecuados. Algunos les gustarán más y otros menos. También cambiarán estos gustos según las etapas de su vida.

Y a medida que crecen, tenemos una oportunidad estupenda para que participen en la toma de decisiones respecto a la comida, pero que les servirá para cualquier otro ámbito de sus vidas: elegir por nosotros mismos es muy importante.

Tenemos varias maneras de hacerlo.

Cuando son pequeños, pero ya comprenden, podemos proponer dos o tres alternativas que consideremos oportunas, por ejemplo para la merienda, y que sean ellos los que decidan. Se sentirán importantes y habrá más posibilidades de que, lo que elijan, se lo coman.

Otra sería que elaborásemos juntos la lista de la compra en base a los criterios que consideremos importantes: productos de producción local, ecológicos, de marca, precio, tipo de comercio, etc… y así se sentirán partícipes de esas decisiones.

También podemos elaborar un listado de comidas semanales juntos y así tendrán claro lo que se va a comer cada día y no les creará ansiedad o incertidumbre. Ese menú podemos hacerlo bonito y ponerlo en alguna pared de la cocina o en la nevera para que todos puedan consultarlo.

Otra manera es que, por días o semanas, solos o en grupo, se turnen en la elaboración de las comidas que les apetezcan o establecidas para que practiquen también algo que será muy útil en sus vidas.

Además, la cocina nos ofrece la oportunidad de trabajar muchas áreas de modo simultáneo:

  • Cambio de unidades de medida.
  • Fracciones.
  • Otras operaciones aritméticas.
  • Uso de báscula y vasos o cazos medidores.
  • Artes plásticas (decorado de tartas, decorado de la mesa, decorado de vasos, elaboración de servilleteros personalizados, decoración de servilletas…).
  • Elaboración de recetas seleccionadas de un libro.
  • Elaboración de recetas inventadas.
  • Análisis del presupuesto doméstico dedicado a la alimentación.
  • Diferentes métodos de procesado de alimentos.
  • Poner en valor este tipo de tareas cuando las realiza otra persona.

Así que, aprovechad el verano para cocinar con ellos todos los días.

El círculo de Lola.

Homeschooling: aprendiendo de la vida misma.

Invernadero

La opción de educar en casa, homeschooling, es muy interesante. Nos brinda oportunidades de aprender, simplemente, viviendo.

Voy a contaros, durante unas semanas, algunas de nuestras experiencias para que comprendáis la importancia y la magnitud de todo lo que hacemos para nuestra evolución y aprendizaje.

Desde antes de que mis hijos naciesen tuve claro que quería educarles en casa. A pesar de haber estudiado magisterio, el modelo educativo actual no me convencía para ellos y, sin embargo, confiaba en mi capacidad de aportarles algo más que contenidos curriculares estandarizados. Así que, así se lo hice saber a mi pareja y he procurado que así fuera.

A pesar de ello, tuve que escolarizar durante algún tiempo y la experiencia tuvo sus pros y sus contras. Más bien contras. Aún así, nunca dejé de aportar, fuera del horario escolar, aquello que consideraba importante para sus vidas.

Una de las experiencias más intensas que hemos vivido ha sido en un proyecto en el que yo participaba como voluntaria.

Una amiga, a la que aprecio mucho, tiene dos residencias para la rehabilitación psicosocial de varones adultos con discapacidad intelectual o trastornos mentales.

Aparte de proporcionarles el acompañamiento necesario para que adquieran habilidades que mejoren su autonomía, sus capacidades para las relaciones sociales, familiares y laborales, de cuidar de su salud a todos los niveles y de procurar que vivan felices, Tere, la directora de estos centros, les proporciona una alimentación de la máxima calidad posible, convencida de que ésta es muy importante también para su salud mental y física.

Eso es evidente: “somos lo que comemos”.

Así que, a lo largo de sus más de treinta años de experiencia, ha ido construyendo una granja y unos huertos, con criterios biodinámicos, ecológicos y orgánicos, donde se produce casi la totalidad de los alimentos que los residentes consumen.

Os cuento todo esto para introduciros en el valor del aprendizaje que mis hijos han adquirido en ese lugar.

Desde que eran muy pequeños, varias veces al año, hemos pasado semanas en estos centros. Mi intención era apoyar la causa, colaborando en las tareas que eran compatibles con mi disponibilidad y conocimientos, echar una mano en las épocas de mayor trabajo en la huerta y que mis hijos aprendiesen algo que perdurara de por vida en su memoria.

Mi/nuestra aportación consistía en echar una mano en los huertos y los invernaderos en las épocas en que más trabajo había para que comprendiesen y aprendiesen varias cosas:

  • El origen de los alimentos. De dónde sale lo que ponemos cada día en la mesa.
  • La importancia de que esos alimentos sean, en la medida de lo posible, de cultivo orgánico.
  • La diferencia entre los alimentos orgánicos y los que no lo son: sabor, olor, tamaño, aspecto…
  • El trabajo que conlleva producir un kilo de hortaliza y valorar el esfuerzo del agricultor para reflexionar y debatir sobre los precios de los alimentos, el abuso de los intermediarios y la venta en las grandes superficies de estos productos.
  • La importancia de comprar a los productores locales.
  • Comprender el desarrollo de una estrategia de cultivo propio para mejorar la salud física y mental de las personas.
  • Cómo se gestiona una granja sin productos tóxicos para los humanos que trabajan allí ni para los animales.

Para conseguir todos estos objetivos que me planteaba, los niños realizaron varias tareas a lo largo de ese tiempo. Algunas de ellas son:

  • Realización de semilleros de diversas hortalizas. Diferentes sustratos y profundidades a las que se colocan las diferentes semillas.
  • Trabajos de desherbado de semilleros.
  • Trasplante de plantones al terreno: lechugas, pimientos, tomates, brócoli, calabacín, cebollas…
  • Siembra directa de leguminosas.
  • Manejo de las distancias de plantación y siembra: realización de la cuadrícula necesaria según la hortaliza de la que se trate.
  • Construcción de una regla de siembra.
  • Acolchado del terreno.
  • Preparación del terreno para el invierno.
  • Preparación del terreno para el verano.
  • Poda.
  • Recolección de todo tipo de hortalizas. Manera correcta de recoger cada una sin dañar a la planta.
  • Desherbado de grandes superficies.
  • Elaboración de abono ecológico.
  • Elaboración de abono biodinámico.
  • Aplicación de abono al terreno dependiendo del cultivo que sea y del desarrollo de la planta.
  • Manejo de todo tipo de herramientas de horticultura y maquinaria.
  • Instalación de riego por goteo.
  • Instalación de cuerdas en invernaderos para hortalizas trepadoras.
  • Atado de hortalizas trepadoras.
  • Retirada de hortalizas después de la cosecha.
  • Carga y descarga de alpacas de paja para acolchado y alimentación del ganado.
  • Qué “malas hierbas” come cada tipo de animal.
  • Alimentación de los animales.
  • Gestión de un gallinero.
  • Presenciar el nacimiento de corderos.
  • Alimentación de crías de mamíferos a biberón y cuidado de las mismas.

La lista sería casi interminable… pero una de las cosas más importantes que han aprendido es a acompañar y a escuchar a personas con trastornos mentales. A no tenerles miedo. A comprender su vida. A comprender su tristeza o su alegría. A visualizar las peculiaridades de cada una de ellas. A verles como iguales. A sentir sus penas y dolores. A darles la mano o un abrazo para despedirles al irnos. Al ver la alegría en sus rostros cuando volvíamos a encontrarnos. A escuchar sus historias aunque a muchos ni se les entiende al hablar.

Otra lección muy importante que han aprendido es la generosidad y dedicación a los demás con las que algunas personas pasan por la vida, como Tere, que está volcada en cuerpo y alma a esta causa. Con el cariño con el que trata a “sus chicos” y con la mirada y cariño con los que “sus chicos” la miran a ella.

Esto es también homeschooling.

El círculo de Lola.

La pasión mueve montañas 2

Deportes

La semana pasada os hablaba de deportes urbanos y de montaña que os recomendaba mostrar a vuestros hijos para que tengan posibilidad de valorar diferentes opciones y decidan.

Esta semana quiero aportar algunas ideas también que les van a encantar.

Deportes de agua:

El agua gusta a casi todas las personas. Al fin y al cabo nosotros también somos agua.

Podemos elegir entre agua salada, agua dulce, ríos, lagos, cascadas, agua subterránea…

Los deportes que yo os recomiendo, dependiendo de su edad, claro, son:

  • Piragüismo
  • Kayak
  • Remo
  • Kayak-polo
  • Rafting
  • Descenso de cañones
  • Buceo
  • Espeleobuceo
  • Esnórquel
  • Natación con aletas
  • Salto de trampolín
  • Vela
  • Surf
  • Windsurf
  • Esquí acuático
  • Bodyboard
  • Bodysurfing
  • Skimboard
  • Parasailing
  • Hockey subacuático
  • Waterpolo
  • Waterbasket
  • Triatlón

Deportes curiosos:

Y, por último, voy a hablaros de deportes que resultan curiosos. A mí, particularmente, solo me hacen gracia un par de ellos pero, como se suele decir, para gustos colores.

  • Bubble footbal
  • Kin ball
  • Bicipolo
  • Chess Boxing
  • Tchoukball
  • Speed Riding
  • Spiribol
  • Velogemel

Ahí os dejo estas ideas. Faltan muchos deportes, lo sé, sobre todo de equipo, de pala, raqueta y más. He hecho una selección de los que me parecen más interesantes. A partir de ahí, y una vez despierto el interés por el deporte, que cada uno siga investigando y elija el suyo.

A lo mejor descubre su pasión.

El círculo de Lola.

 

La pasión mueve montañas

Skate

Cada día que pasa lo tengo más claro: “la pasión mueve montañas”.

Todos los formadores de la Pedagogía Blanca insistimos en que hay que acompañar a los niños para que descubran sus pasiones y fomentarlas. No lo decimos por decir. Es el mejor camino para tener hijos y alumnos satisfechos con lo que hagan.

Cuando son pequeños, es necesario que les vayamos mostrando abanicos de posibilidades para que prueben y descubran. A lo largo de ese camino fijarán su esfuerzo y atención en lo que más les llame la atención e irán cambiando de objetivo a medida que les motiven otras cosas o dominen, según su criterio, la actividad anterior.

Un ejemplo es el deporte. Si desde pequeños, la única actividad deportiva a la que les exponemos es el fútbol, si muchos de los regalos que reciben es un balón, si los programas deportivos que elegimos están relacionados con ello, si le damos prioridad en el patio del colegio, nuestros hijos o alumnos se decantarán, única y casi exclusivamente, por jugar al fútbol.

En pequeños ayuntamientos, la oferta deportiva suele ser escasa. Básicamente suele ofrecer como actividad deportiva el fútbol, con un entrenador y horarios semanales de entrenamiento, competiciones interpueblos los fines de semana y, si van un poco más allá, interprovinciales.

Con suerte, a lo mejor también ofertan kárate.

Hoy me apetece daros unas cuantas alternativas para que ofrezcáis a vuestros hijos o alumnos. Sí, es cierto que para algunas hay que hacer una inversión algo mayor que para otras, pero está claro que a cada uno le servirá las que estén dentro de sus posibilidades.

Como técnico deportivo, os recomiendo que analicéis las posibilidades que mejor se adapten a la constitución y los gustos de los destinatarios. Una persona con sobrepeso NO puede correr un maratón sin sufrir consecuencias graves y una persona asmática NO debería bucear a 30 metros de profundidad. Tiene que dominar la coherencia.

Tened en cuenta la edad. Hay deportes que no son adecuados para niños muy pequeños, aunque podemos ir introduciéndoles visitando lugares donde se desarrollen para que se familiaricen, viendo documentales, jugando a algún juego de rol donde tenga que representar un personaje que realice algo parecido o haciendo un mural sobre él.

Deportes urbanos:

Quizás son los más fáciles de llevar a cabo. Suelen poder practicarse en cualquier espacio del entorno donde vivimos y la inversión no suele ser muy descabellada. Sin embargo, para los niños, poder optar a otras posibilidades les suele atraer.

  • Skate
  • Patinaje
  • Patinaje artístico
  • Longboarding
  • Roller
  • Slackline
  • Parkour
  • Gimkanas
  • Gimnasia en parques
  • BMX
  • Escalada en rocódromo
  • Bicicleta en general
  • Correr en diversas modalidades
  • Etc.

Deportes de montaña:

Los elijo como favoritos por muchas razones. La más importante es que llevan implícito el permanecer en un espacio al aire libre, que además de la faceta deportiva va a favorecer nuestra salud de manera exponencial a medida que lo practiquemos.

  • Senderismo
  • Montañismo
  • Montañismo invernal
  • Escalada deportiva
  • Escalada alpina
  • Bici de montaña
  • Skate de montaña
  • Parapente
  • Trail running
  • Esquí de montaña
  • Etc.

Una de las razones por las que os recomiendo estos deportes es porque no son competitivos, salvo que nos dediquemos profesionalmente a ellos. Los juegos de equipo, que también tienen su parte interesante, son muy competitivos. Alguien tiene que ganar y alguien tiene que perder. Mal gestionado, es frustrante para los niños. Creo que es mejor fomentar los deportes cooperativos, donde unos dependen del acompañamiento y la ayuda de su compañero en caso de elegir deportes de equipo.

La semana que viene os haré otro resumen de más deportes que considero interesantes para niños, adolescentes, padres y maestros, como he hecho hoy.

Espero que os sirva y que ellos descubran un mundo en el que conocer gente, practicar actividad física y tener buena salud física y mental.

Muchos de nuestros mejores amigos los conocemos practicando algún deporte que nos una. Eso siempre es positivo.

El círculo de Lola.

Ciencia

Ciencia

La mayoría de las personas, y sobre todo los niños, disfrutamos ante un experimento. Las ganas de aprender innatas que todos tenemos nos hacen buscar el cómo, el por qué y el para qué de las cosas. Así que, sea ciencia o magia, el hecho de que algo ocurra nos llama la atención.

Es importante que los niños, desde muy pequeños, experimenten. No lo digo yo, lo dicen los expertos. Así que, en condiciones normales, a un niño le gustará chupar, tocar, oler, ver, correr, saltar, trepar, jugar… y aprender cómo funcionan las cosas.

En ese proceso de aprendizaje es muy importante el acompañamiento respecto al descubrimiento científico. Primero, por seguridad y, segundo, para que aprenda a diferenciar ciencia y magia.

Años después de haber pasado por algunas aulas, donde trabajamos con niños mediante el descubrimiento, me cuentan que de lo que más se acuerdan es de cuando hicieron un volcán que echaba purpurina de colores y pompas, de el día que les llevé guantes, pinzas y mascarilla para “investigar”, cuando picaron piedra para encontrar huesos de dinosaurio o cuando descubrieron la cantidad de materiales distintos que utilizaban los pájaros para construir sus nidos.

Es una satisfacción muy grande saber que el esfuerzo que hacemos para que los niños comprendan cómo funciona el mundo, cómo debe ser la relación de respeto con su entorno y con el medio ambiente y las consecuencias de hacer las cosas de uno u otro modo tiene una repercusión positiva.

Por suerte, contamos con profesionales que se dedican a mostrar la ciencia a través del juego, para todas las edades, para familias, en colegios, en asociaciones… Personas implicadas en la formación con rigor y a la vez con esa capacidad de transmitir de forma divertida. Buscad ese tipo de expertos y empresas, programaciones, cursos, talleres o charlas que estén enfocados en este sentido. Participad.

Busquemos ese modo de aprender. Tenemos que mantener en los niños la llama de la curiosidad.

Queremos ayudar a descubrir ese mundo y vamos a regalaros tres ideas geniales para despertar su curiosidad y sus ganas de aprender. Estad atentos a este blog. La semana que viene publicaremos las propuestas.

El círculo de Lola.

 

 

 

Escayolando.

Escayolando

Hoy voy a daros una idea para hacer con los niños.

Cuando yo era pequeña, una de las cosas que más me gustaban era ir con mi madre a una tienda que había en en centro de Madrid dedicada, exclusivamente, a la venta de figuras de escayola para pintar.

Había de todo: animales, escenas cotidianas, cuadros, figuras religiosas, muñecas y muñecos, pies de lámparas, etc… Era muy difícil escoger. Mi madre me compraba una o dos siempre que íbamos y yo estaba deseando que llegase el fin de semana para ponerme manos a la obra.

Recuerdo que, al principio, las pintaba con témperas. Mis primeras figuras eran muy sencillas: una muñequita, algún animalito y cuadros tipo bodegones. La verdad es que me encantaban pero no era muy diestra con la pintura, jejejejeje… Quedaban bastante planos.

Más tarde, y siguiendo los consejos de una enciclopedia de bellas artes que había en casa, me lancé a probar otras técnicas más complejas y conseguí cosas chulas. Me gustaba mucho, por ejemplo, el uso de betún de Judea para darle un acabado más rústico a mis creaciones.

Y así, descubrí todo un mundo con la escayola. Ahora, procuro hacer mis propios moldes y tallarla para conseguir determinados trabajos.

Os animo a mostrarles este mundo a los niños. Les puede despertar mucho la creatividad y es una manera muy económica de hacerlo.

Yo he comprado varios moldes de silicona, tipo bombones, madalenas, etc… Además, les saco partido porque también me sirven para hacer jabones con formas.

En almacenes de materiales o tiendas de pinturas podéis encontrar escayola. Haciendo la mezcla adecuada, vosotros o los mismos niños, según su edad, ponedla después en los moldes y dejar secar.

Para evitar burbujas, yo agito la mezcla, una vez que está en el molde, con un simple palito de brocheta.

Si las figuras son muy gruesas, tardarán algo más de tiempo. Un día o más. Si son más finas y hace mucho calor, tardarán menos.

Una vez secas, sólo queda desmoldarlas, repasar los bordes con un papel de lija fina o similar (a veces no es necesario) y decorarlas a nuestro gusto.

Algunas ideas:

  • Témperas
  • Pinturas acrílicas
  • Papel de seda y otros
  • Telas
  • Purpurina
  • Flores secas
  • Legumbres
  • Botones
  • Esmalte de uñas

El resultado de este sencillo trabajo son piezas para adornar nuestra propia casa, habitación, aula… o para regalar en cumpleaños u otras ocasiones.

Espero que os haya gustado y que os pongáis manos a la obra.

El círculo de Lola.

 

Castigado!!!

Pizarra

Ayer hablaba con unos amigos, todos ellos maestros, de lo triste que es que se siga castigando a los niños en el colegio por cuestiones que no son responsabilidad suya.

Quiero hoy poneros algunos ejemplos reales que comentábamos para ver si, a alguien, le remueve la conciencia y cambia de actitud.

Además, otra cosa en la que coincidimos es que muchos de estos maestros y profesores son jóvenes. ¿La razón? Supongo que muchas. Puede ser que no tengan herramientas para resolverlo de otro modo, porque eso no se aprende en magisterio… Puede ser que es más cómodo recurrir al miedo para mantener la clase en silencio y ordenada. Puede ser que sólo sepan reproducir lo mismo que hicieron con ellos y no se han molestado en buscar alternativas, como disciplina positiva o cualquier otro recurso que les facilite resolverlo de mejor forma. Puede ser que, realmente, les importe un pimiento su trabajo y sólo busquen que pase el curso, sin más, sin aportar a otros ni a ellos mismos (quiero pensar que éstos son los menos).

Entre otras cuestiones comentamos las siguientes:

  • Niños que son castigados porque no han llevado ese día el almuerzo que “toca” según una tabla ridícula: lunes – lácteo, martes- bocadillo, miércoles – fruta, jueves – bollería y viernes – libre. En primer lugar: hay niños que NO toman lácteos, hay niños que NO toman bollería, hay niños que NO toman fruta… y esas cuestiones no tienen que resolverse en el colegio. Puede ser una decisión de la familia o de los propios niños respetada. Y, por otro lado, algunas veces no llevan el almuerzo correcto porque a los adultos responsables se les ha olvidado o se han equivocado pero castigan al niño.
  • Niños que son castigados porque no han llevado hechos los deberes. A veces es porque han tenido una agenda extraescolar que no se lo ha permitido (actividades, visita a algún familiar, dentista, enfermedad, decisión de sus padres…) o porque, simplemente, se les olvidó anotarlo en su agenda de tareas para el día siguiente. Porque a todos se nos olvida a veces algo, ¿no? Bueno, al menos a mí sí. Una no, muchas veces. Y no tengo a nadie que me castigue por ello.
  • Niños que son castigados porque, de repente, se les cae todo el contenido del estuche al suelo. O los papeles de un archivador de anillas al cambiar unas hojas de un lado a otro.
  • Niños que son castigados por reírse mientras un profesor ridiculiza a otro niño por alguna razón que solo él puede criticar.
  • Niños que son castigados en el recreo por pegar a otro o insultarle sin haberle enseñado herramientas para resolver los conflictos de otro modo previamente.
  • Niños que son castigados por pintar en la pizarra durante el cambio de clase.
  • Niños que son castigados por llevar la contraria al profesor, opinando en voz alta, no estando de acuerdo en lo que él dice, y no aprovecha esa oportunidad para trabajar aspectos tan importantes como la forja de los propios pensamientos, de la visión crítica sobre las opiniones de otros, etc…
  • Niños que son castigados por hablar, chillar, corretear… entre clase y clase.
  • Niños que son castigados por no llevar la ropa adecuada (zapatillas de deporte el día de educación física), sin pensar, de nuevo, que puede ser responsabilidad de los adultos que gestionan su armario o su ropa diaria.

Y, además, esos castigos suelen ser actividades injustas, desproporcionadas y, a veces, ridículas e inútiles.

  • Copiar 150 veces: no hablo en clase; no me muevo de mi mesa; no traigo los deberes sin hacer; no me río durante las clases; en clase solo escucho al profesor; etc.
  • Castigado sin recreo, en un banco, mirando cómo los demás juegan y los profesores responsables del patio charlan, se ríen, toman café…
  • Castigado sin recreo, haciendo los deberes que no ha traído por la mañana (sea por la razón que sea).
  • Castigado sin educación física, en clase, para copiar un tema entero de lengua (por ejemplo).
  • Castigado sin participar en alguna actividad extraescolar por haber suspendido la asignatura el trimestre anterior.
  • Castigado contra la pared (parece ser la estrella de la semana. Yo creía que ésto ya no existía).
  • Castigado a la silla de pensar. Pero… ¿pensar el qué?
  • Castigado a trabajar en el suelo, sin mesa, porque no sabe estar bien sentado en ella y, por tanto, no le hace falta.
  • Castigado a copiar párrafos enteros para “mejorar” la letra.

Y todo esto, ha sucedido en una semana, en tres o cuatro colegios. Qué no estará ocurriendo en todo el mundo… ¡Qué triste!

Señores maestros, profesores… Sé que es un esfuerzo de tiempo y dinero recibir formación fuera del horario laboral. Sé que la administración cada día pone más dificultades para desarrollar nuestra labor. Sé que nos hacemos mayores y los niños nos van molestando cada vez más. Sé que los niños y jóvenes cada vez son menos respetuosos (aunque esto no es culpa suya siempre). Pero es muy importante renovarse y avanzar. Cambiar de mentalidad para cambiar las cosas desde dentro.

Hay mucho por hacer. Yo a veces también me canso, pero no podemos desistir. Somos su oportunidad. A veces la única.

Escuchemos, aprendamos, estudiemos, avancemos, aportemos… y este Mundo será cada día mejor.

Y, si no, no pasa nada. Dejamos este trabajo tan horrible y buscamos otro empleo que nos satisfaga más.

El círculo de Lola.

 

 

Internet

Arduino

Es increíble de lo que son capaces las personas cuando tienen interés por algo.

Además, Internet y los millones de generosos internautas que cuelgan información en la red, facilitan mucho la localización de todo tipo de datos, vídeos, libros, documentos, tutoriales, PDFs, imágenes… de cualquier tema que despierte nuestra curiosidad.

Este regalo del siglo XXI nos ayuda a que los jóvenes aprendan todo lo que les atraiga, sabiendo discriminar la información, claro, de una manera atractiva, interesante, activa e intuitiva.

El apoyo de internet y las ideas que proporciona se aproxima al infinito.

Además, como madre homeschooler, su ayuda es incalculable. Llegada una cierta edad, nuestros hijos sienten inquietud por temas que, seguramente, no dominemos. No podemos saberlo todo, desde luego, y mucho menos sobre temas tan actuales que no sabemos ni nombrarlos.

Mis hijos, en busca de conocimientos, son incansables. Siempre andan liados con alguna búsqueda que vaya satisfaciendo su necesidad de aprender. Ha llegado el momento en que ya no aprenden de mí, al menos en relación a los aspectos teóricos de los temas que les interesan, sino que siempre me están enseñando.

Desde trucos de magia a la reproducción de los anfibios, robótica, proyectos con Arduino, clases de guitarra o piano, historia medieval, matemágicas… TODO está en la red. Y, desde luego, con presentaciones tan atractivas que nuestros más de 2000 libros, hasta hace poco manoseados, se van quedando aparcados en los estantes.

Bueno, todos no, los cómics y algunos clásicos o Tolkien y J.K. Rowlling,  siguen cambiando de sitio entre la estantería y la mesilla de noche sin parar. Esos no faltarán nunca.

Creo que es muy importante acompañar a nuestros hijos y alumnos en su descubrimiento de Internet. Hay que mostrarles todas las caras de la red y enseñarles a sacarle partido, con responsabilidad y coherencia.

Vigilar sus primeros pasos. La ansiedad que crea el bombardeo de información inacabable puede desbordarles y eso tampoco sería interesante. Tienen que saber hasta dónde pueden llegar o no. Con nuestra ayuda, la red puede convertirse en un buen aliado para el aprendizaje y ellos en sus propios profesores.

El círculo de Lola.