Emociones

feliz

Por suerte, cada día se oye más hablar sobre la importancia de atender las emociones de los niños.

No voy a hacer una declaración sobre lo que esto significa. Tenéis a grandes expertos en la red a los que consultar o leer sobre este tema.

Lo que voy a mostraros hoy es una manera que yo utilizo con niños para que se expresen, incluso sin saber escribir, leer o hablar.

Además, utilizamos la creación de éste instrumento como taller de manualidades.

Materiales necesarios:

  • Dos platos de cartón (a ser posible blancos, sin satinar).
  • Un pasador metálico pequeño.
  • Lápiz y goma.
  • Rotuladores de colores.
  • Una tijera.

Se trata de dividir, con el lápiz, uno de los platos en varios quesitos iguales, dependiendo de las emociones que queráis representar. En la muestra que os traigo hemos puesto cuatro porque los niños eran muy pequeños.

Al otro plato, le recortáis el equivalente a uno de los quesitos, sólo la mitad del radio, que será el que colocaremos encima del otro para ir mostrando las emociones que hayamos representado.

En el resto del plato, dibujamos ojos (o utilizamos ojos locos, que son más divertidos) y nariz (nosotros hemos puesto un trozo de huevera que, además, tapa el pasador), pelo o lo que se nos ocurra, dependiendo del personaje que elijamos para nuestro instrumento de medir emociones. En este caso es un castor,

Podéis hacer un oso, un gato, un payaso, un niño, una niña, un conejo…

Con el pasador sujetáis los dos platos y termináis de pintarlos y de dibujar en el de abajo los gestos que decidáis, de modo que al girar el de arriba sólo se vea uno, como aquí, en la muestra que os dejo.

Espero que os guste mucho la idea y lo construyáis y utilicéis con vuestros hijos o alumnos.

El círculo de Lola.

asustado contento feliz triste

UAM, apostando por un cambio educativo

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¿Habéis oído alguna vez eso de “un sueño hecho realidad”? Yo lo viví la semana pasada en la UAM, en la Facultad de Formación de Profesorado de la Universidad Autónoma de Madrid.

Cuando me pidieron que fuese a hablar de Pedagogía Blanca sentí un hormigueo en todas mis extremidades que no puedo describir.

No por ir a dar una conferencia desde un estrado, eso lo he hecho muchas veces y no me inquieta, sino porque era para alumnos que serán futuros maestros. Futuros responsables de la educación de miles de niños que estarán en sus manos y que de ellos dependerá, en gran medida, ser lo que sean de adultos.

¡Tenía tanto que decirles! ¡Tenía tantas cosas que quería contarles! ¡Tenía tanto que pedirles! La verdad es que en dos horas no caben muchas palabras. Aún así, intenté hablarles rápido para que me cupiesen más.

Mirando sus rostros de intriga al llegar, su escepticismo al principio, su pesimismo incluso… fui captando el cambio que mostraban sus rostros a medida que les convencía de que las cosas se pueden cambiar, primero en el corazón y luego en el aula.

Junto a mi compañera Carmen Fernández, que les introdujo en el ámbito, necesario e inseparable, de la disciplina positiva para el desarrollo de su tarea como formadores, conseguimos al final que los rostros se suavizasen, que rieran a carcajadas, que cambiaran su opinión sobre la manera de enseñar y, con orgullo, incluso vimos alguna lagrimilla y recibimos abrazos.

Estoy muy orgullosa de la semilla que va dejando La Pedagogía Blanca, de la semilla que vamos dejando los que creemos firmemente que se puede hacer de otro modo, los que damos importancia a cada ser, a cada persona, que respetamos los deseos y las inquietudes de cada uno, de todos los maestros y profesores que trabajan desde esta forma de pensar.

Y, por supuesto, estoy muy orgullosa y agradecida a personas como Lola Pérez Bravo, Profesora Asociada del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Claudia Messina Albarenque, Profesora del mismo departamento y María José Álvarez Barrio, Vicedecana de Extensión Universitaria, Cooperación y Cultura, que trabajan desde la base para llevar esos cambios a cabo desde la formación a los maestros.

Esa es la clave.

En la tormenta de palabras que promovimos al finalizar la conferencia, salieron algunas muy alentadoras como: amor, cambio, implicación, escucha activa, asertividad, empatía, evolución, resilencia, educación emocional, acompañamiento, cariño, compromiso…

¡El cambio está en marcha!

El círculo de Lola.

La cuerda

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Hoy os voy a dejar una herramienta que a mí me gusta mucho y que uso a menudo: La cuerda.

Con una simple cuerda, que suele ser barata y fácil de encontrar, tenemos un mundo de posibilidades para trabajar con los niños y con los adultos. No hace falta que sea en clase, también puede ser en familia.

Con este elemento podemos trabajar varias funciones: ordenar, comunicación oral, comunicación no verbal, el tacto, el trabajo cooperativo, la agilidad mental, las matemáticas y cualquier materia, según a lo que enfoquemos el juego.

La única premisa para usarla es que en ningún momento podemos dejar de tener, al menos, un pie sobre la cuerda. Por eso, para pasar de una posición a otra, tendrán que agarrarse bien unos a otros (tacto), ayudarse mutuamente (confianza), no salirse de la cuerda (destreza), etc…

Os dejo algunas de mis experiencias:

  • Edad: se colocan, inicialmente y en el orden que les apetezca (aún no saben lo que van a tener que hacer), con los dos pies sobre la cuerda. Se tienen que ir preguntando la edad y ordenando, por ejemplo, de izquierda a derecha, de menos edad a más. Ésto lo podéis organizar como queráis.
  • Orden alfabético del nombre: de la A la la Z, de izquierda a derecha, por ejemplo. Es una manera de irse conociendo. Viene muy bien para las dinámicas de presentación de un grupo.
  • Oden alfabético del primer apellido: otra opción, por ejemplo, para los que ya se conocen por el nombre.
  • Animales: elige cada uno su animal favorito y se ordenan, por ejemplo, según la cadena trófica de los animales elegidos. Clase de ciencias.
  • Alimentos: cada uno elige un alimento, sin que se repitan, y tienen que ordenarse de menos calorías a más, por ejemplo. Clase de ciencias.
  • Culturas: cada uno elige una cultura (egipcios, mayas, romanos, hititas…) y se tienen que ordenar cronológicamente según su aparición en la historia.
  • Cronologías: la verdad es que, para ubicar órdenes cronológicos de cualquier tipo, la cuerda es un gran recurso.
  • Números: lo he usado con niños pequeños que aprenden los números. Se colocan cada uno una cartulina con un número colgada con un cordel y se van colocando por orden. Según su psicomotricidad, les costará más o menos moverse por la cuerda sin dejar de pisarla. No pasa nada.

Y así hasta el infinito. Usar mucho la cuerda. Se abrazan 😉

El círculo de Lola.

Recolectando, que es gerundio…

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El otoño, como ya os he dicho otras veces, nos da muchas oportunidades y hay que aprovecharlas.

Hay una que me encanta que es salir a recolectar.

Podemos ir al campo, a un bosque, junto a un río, a la montaña… Siempre encontraremos algo que recolectar. Y me refiero a cosa que luego nos comamos.

Zarzamoras, piñones, setas, castañas, nueces, almendras, arándanos, frambuesas, majuelos, escaramujos, menta, manzanilla, laurel, eucalipto, tila, algarrobas y cientos de opciones más.

Enseñar a los niños a identificar, usando o no una guía, recoger correctamente (respetando) y preparar los alimentos que ellos han encontrado, les aporta un aprendizaje maravilloso.

Es una oportunidad preciosa de compartir con ellos un día en esta estación tan bonita, de enseñarles a disfrutar del aire puro, de el ir abrigadito a pasear por el medio natural, de sentir la brisa del viento en la cara, a escuchar los pájaros, las corrientes de agua y, siendo ambiciosos, hasta la berrea del ciervo en los bosques.

Además, una cosa que les encanta es que les regaléis un equipo de “recolector”. Yo les preparaba:

  • Una cesta de mimbre
  • Una tijerita de podar pequeña
  • Unos guantes de jardinero
  • Una libreta para anotar lo que encontraban y dónde
  • Una lupa, ya de paso, para ver qué bichines viven en el entorno
  • Bolsitas de papel para separar los frutos
  • Rotulador para anotar en las bolsas o en etiquetas lo que encuentran y envasan

Salir, llevarles a descubrir lo maravilloso que es el campo teñido de colores ocres. Lo divertido que es andar por encima de la hojarasca. Lo bien que sienta sentir frescor. Lo bien que huele el aire.

Descubrir, a cada paso, su pasión por aprender.

El círculo de Lola.

Juegos de mesa

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En La Pedagogía Blanca hablamos mucho de los juegos de mesa.

Nos encantan porque son recursos ilimitados para aprender, para compartir, para estudiar, para sociabilizar, para desarrollar habilidades, estrategia, para expresarnos, para crear, imaginar…

Se acerca la época fría del año. Anochece pronto. Nuestros hijos no van a salir tanto a la calle, al parque, y necesitan alternativas al juego exterior. Aprovecharemos para jugar juntos.

¿Cuántas veces al año os sentáis con ellos a jugar a un juego de mesa? Si habéis respondido menos de una vez a la semana… deberíais plantearos hacerlo más a menudo. Es un momento estupendo para acercaros más a ellos.

Sentarnos con nuestros hijos a jugar es algo indescriptible. Reír juntos, tomar decisiones, planificar las estrategias… mirarles a la cara y verles disfrutar. Es maravilloso.

Por supuesto que podemos elegir juegos competitivos pero, dependiendo del carácter de los niños o del objetivo de ese momento, tenemos miles de opciones que no llevan a uno a ganar y a otro, o varios, a perder.

También es un recurso maravilloso en el aula.

He utilizado el juego para muchas cosas: bajar las revoluciones en momentos en que están muy alterados por alguna razón, porque nos hemos cansado de hacer alguna actividad y nos apetece relajarnos sentados a la mesa y hacer algo juntos, para trabajar con niños hiperactivos, intercalándolo con los “deberes” y sufran menos la presión de hacer lo que no les gusta, para explicarles lecciones concretas (hay juegos para todas las temáticas), para que se reconcilien en momentos de tensión…

A todos no nos gustan los juegos de mesa, es cierto, pero la mayoría de las veces es porque no hemos jugado, porque los juegos que nos proponen son un rollo para nosotros o porque no tenemos con quién jugar disfrutando.

Os recomiendo que probéis. Buscad juegos interesantes, que no sean sólo el parchís, la oca o el monopoly.

Dependiendo de las edades os recomiendo que probéis, al menos una vez,  Dobble, Story cubes, Catán junior, Tortilla de patata, Carcassonne, Dominion, Aventureros al tren, Colonos de Catán, Cinco pepinos, Magic, Agrícola, Caverna o Zombicide.

Para los más pequeños, cualquiera de la casa Haba, será maravilloso.

Muchos consideran que los juegos de mesa son caros. Bueno, esto es una manera de ver las cosas. A mí me parece que es una buena inversión. Sobre todo, tenedlo muy presente a la hora de hacer regalos. Quizás despertéis pasiones en algunos niños o adultos que ni ellos mismos conocían, jejejejeje…

Siempre está la opción de ir a una tienda, con espacio para demos, y probar los juegos antes de comprarlos. O también, apuntaros a un club de juegos de mesa, cada día más de moda, que seguramente tengáis cercano, y así no sólo podéis probar los juegos antes de comprarlos, sino que conoceréis gente interesante, normalmente sanota, que se pude convertir en un buen referente o amigos para vuestros hijos.

Y ya, si queréis implicaros aún más para promover esta maravillosa actividad, os animo a que propongáis hacer un grupo de juego en el colegio, en el AMPA, en vuestra comunidad de vecinos, en vuestro barrio, en vuestro ayuntamiento, con vuestro círculo de amigos…Imaginación al poder.

Anualmente, se celebran varios encuentros de juegos de mesa a lo largo de toda la geografía española. Anotaros las fechas y acercaros a ver el ambiente y a participar. Descubriréis gente apasionada que disfruta con lo que hace y, quizás, vuestros hijos o alumnos se enganchen a esta educativa pasión que son los juegos de mesa.

El círculo de Lola

Otoño

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Se está haciendo de rogar pero parece que al final va llegando.

El otoño es una época muy interesante. No hace ni mucho frío ni mucho calor, el paisaje se convierte en una paleta cromática impresionante que nos invita a pasear, a respirar, se activan actividades que se aletargan en verano debido al calor, apetece comenzar con prácticas deportivas abandonadas en primavera…

Y es una gran oportunidad para que nuestros pequeños aprendan acerca del entorno natural que tengamos más cercano: bosque, parque, montaña, río…

Salir con ellos y buscar elementos de la naturaleza para la caja de los tesoros: piñas, palos con formas graciosas, piedras bonitas, piedras para pintar, semillas curiosas, agallas, líquenes…

También podéis buscar rastros y huellas de animales que viven por la zona, ya que verlos será más complicado: plumas, egagrópilas, piñas comidas por ardillas, frutos secos comidos por ratones, nidos abandonados…

Con todo este material tendremos actividades garantizadas para el resto de la época fría. Tirando del hilo, a partir de cada elemento, podremos investigar y aprender sobre fauna y flora, sobre alimentación animal, sobre reproducción vegetal y sacaremos un gran partido a nuestro paseo otoñal.

A disfrutar del otoño, que dura poquito.

El círculo de Lola.

Me gusta, no me gusta…

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Todos queremos que nuestros hijos sean felices, esa es una premisa incuestionable. Y, además, que sean los mejores en todo y, si puede ser, superdotados, guapos, bien vestidos, educados… Por suerte, no siempre es así. Habemos de todo.

Algunos niños sacan muy buenas notas en el colegio, a veces ante nuestra amenaza de “no comprarles…, dejarles sin…”y lo terminan consiguiendo aunque lo odien.

Estoy convencida de que éste no es un buen método. No, no lo es. Que un niño tenga altas capacidades no quiere decir que vaya a sacar las mejores notas del colegio, aunque algunos lo hacen. A un niño de AACC le apasiona aprender pero no le gusta nada estudiar.

Si dejásemos a su libre albedrío a un niño AACC nos sorprendería. Seguramente, en la etapa de la adolescencia, elegiría disciplinas y formas de vestir que no encajan con la imagen que los padres perfeccionistas esperan de ellos, pero que les ayuda a buscar su identidad como individuo y a descubrir sus verdaderas pasiones gracias al ejercicio ensayo-error.

Es muy interesante que descubran sus puntos fuertes y sus puntos frágiles, acompañados por nosotros, por supuesto, pero sin juicios. Si les damos buenos consejos y les hemos acompañado desde que nacieron, sabrán elegir bien.

Tenemos que facilitarles que su imagen personal lo sea, que escuchen la música que les atraiga y que participen en las actividades extraescolares que ellos elijan, aunque cambien cual veleta, que es otra de sus características.

Se desarrollarán como personas sanas, consecuentes y eso es muy importante porque, en contra de lo que la sociedad cree (por lo que demuestra) que una persona, sobre todo con AACC, desarrolle su pasión y se focalice en lo que mejor se le da es bueno para todos, es bueno para el Mundo porque aportará y, lo más importante, es bueno para ella.

El círculo de Lola

Algunos niños con altas capacidades molestan

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Cada día aprendemos de los niños de Altas Capacidades.

Por suerte, me rodean varios así, ellos me enseñan.  Niños inquietos, con talentos desbordantes, con una imaginación absolutamente infinita y que, si por ellos fuera, apenas dormirían para que les diese tiempo a hacer más cosas.

Ángela, Iker, Alba, Héctor, Lucas, Hugo, Candela, Lucía… son algunos de ellos. Todos con nombres y apellidos. Todos con pies y manos dispuestos a utilizarlos para satisfacer sus inquietudes.

Pero también están los que molestan.

El caso de Iván es uno de esos. Iván es un niño con un talento sin explotar. Activo, inquieto, con mucha capacidad para crear pero… no cuenta con nadie que le facilite las cosas. Ni en casa ni en el colegio.

En casa, no puede hacer nada. Todo molesta. Que ponga cosas por medio molesta. Que toque música o la ponga para escucharla molesta. Que juegue con la pelota en el patio molesta. Que se ponga los patines y ruede por el salón molesta. Que quiera grabar vídeos molesta. Que vengan amigos a su casa a jugar molesta. Que golpetee el escritorio mientras piensa en la solución a un problema de mates molesta.

En el colegio siempre molesta. Molesta que mueva la pierna mientras subraya en el libro lo que la profesora dicta. Molesta en el patio porque quiere llamar la atención y grita. Molesta en educación física porque su psicomotricidad es muy deficiente y hace perder a “su equipo”. Molesta a la hora de jugar al fútbol porque siempre le quitan la pelota.

Iván tiene un talento increíble para diseñar escenas, mundos imaginarios, guiones que darían para una película, crea personajes que superan a los de los videojuegos más vendidos o a los protagonistas de muchos dibujos animados… Pero molesta. Nadie le acompaña, nadie le reconoce, nadie le ayuda, nadie le apoya.

Es un niño de altas capacidades que ha pensado en suicidarse.  Es un niño que nadie reconoce ni conoce porque nadie se molesta en hacerlo.

El círculo de Lola.

Que sí, que vale.

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Cuando tenemos un hijo pre-adolescente con altas capacidades es muy importante prestarle la máxima atención. Lo cual no quiere decir que no haya que hacerlo con todos, pero especialmente con ellos porque lo necesitan, porque pueden perderse en el camino sin nuestro apoyo y convertirse en carne de cañón como algún caso que conozco personalmente.

Su nivel de demanda (la que escuchamos y la que no se escucha) es tremenda y puede desbordarnos a nivel físico y emocional como padres, pero NO podemos dejarles lidiar solos con ello.

Tenemos que saber, en todo momento, cómo se siente, acompañarle, darle buenos consejos y compartir mucho tiempo con ellos. Bueno, el tiempo que realmente le apetezca. Aunque, bien pensado, que le apetezca más tiempo también es responsabilidad nuestra. Depende del trabajo bien hecho desde que nacen y comienzan a vivir junto a nosotros.

Cuántas veces he oído en la puerta del colegio a madres y padres respondiendo a las demandas de sus hijos con un “que sí, que vale” equivalente a “déjame en paz que ya harás lo que yo te diga”. Realmente me daba pena porque cada vez que se emplea esa frase la distancia entre ellos se alarga.

Conozco varios pre-adolescentes que son acompañados por sus padres con tanto cariño y dedicación que estoy segura que serán adultos maravillosos. Sé del esfuerzo que hacen para que cada día sea mejor, para que la calidad de vida y la educación de sus hijos sea la que se merecen que eso tiene unas consecuencias: son niños increíbles.

Y eso a pesar de todos los errores que cometemos los adultos…

Cuando un pre-adolescente con altas capacidades no es atendido adecuadamente, pierde la posibilidad de desarrollarse de forma sana, coherente y tenemos mucho que hacer.

Hoy quiero contaros algunas cosas que observo que estas familias hacen con sus hijos y que tienen una repercusión muy positiva. Les ayuda a ser personas críticas y que saben valorar las circunstancias para tomar sus propias decisiones.

Y, no es nada complicado, como robótica o física cuántica, estoy hablando de cosas muy sencillas que tenemos cercanas.

Les gusta mucho el cine. Pero, claro, no se quedan en el cine comercial. Van más allá. Buscan películas con mensaje, películas con argumento… unas veces son comedias, otras son de intriga… pero es muy interesante porque se visualizan en familia y luego se comenten. Como si fuera un cineforum casero, jejejejejeje… pero facilita conocer su forma de ver las cosas a través de esa conversación.

Un pre-adolescente que visualiza y luego comenta con sus amigos o padres películas como V de Vendetta, El niño del pijama de rayas, La invención de Hugo, cualquiera de Julio Verne, Monty Python, Charlotte, El Señor de los anillos, Star Wars, Doctor Who o cientos de películas más está trabajando la comunicación consciente a muchos niveles.

También la escucha y aceptación de otras opiniones tan válidas como la suya. Lo cual no quiere decir que unos tengan más razón que otros, sino que cada uno opina cosas diferentes.

Otra cosa que observo que funciona muy bien es animarles a disfrutar de la música. Música escuchada y música tocada. Que encuentren un instrumento que les apasione y animarles a aprender. Quizás cambien de instrumento a menudo, quizás prueben varios a la vez… da igual. La música es un gran medio para crecer.

Y, por último, algo que también observo que es muy interesante para ellos es compartir con sus padres alguna pasión: cómic, cocina, visitas culturales, recortables, cerámica, patinaje, piragüismo… Da igual la pasión que sea.

Por ejemplo, les apasiona el mundo del cómic. Visitan juntos exposiciones, encuentros, mercadillos de segunda mano, leen los mismos y se los intercambian, los comentan, buscan sus personajes favoritos en figuras miniatura y las exponen en el salón, donde orgullosos las enseñan a las visitas, se disfrazan de esos personajes, participan en concursos… En fin, no hay límite a la imaginación… Lo que es genial es su cara de felicidad cuando hablan de ello.

Pero bueno, esto es solo lo que yo veo desde fuera, claro, pero me gusta!!!

El círculo de Lola.

Deja de hacer el payaso!!!

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Si saltan haciendo pedorretas, si ponen cara de locos y cantan con una fregona como micrófono, si se ponen zapatos de tacón de mamá y canturrean una copla, si cogen una cacerola y se la ponen por sombrero, si en el baño sumergen la cabeza y expulsan aire por la boca para hacer burbujas de pez, si se disfrazan o se pintan la cara y bailan como locos, si chillan a ver quién lo hace más fuerte, si dibujan con varias pinturas agarradas a la vez con la mano haciendo círculos a lo loco, si bailan con el perro a dos patas, si cogen dos cartones de rollos de papel higiénico gastado y se hacen unos prismáticos para ver la isla desde el mástil de un barco de cartón, si se comen los espaguetis sorbiéndolos de una punta a otra… NO ESTÁN HACIENDO EL PAYASO!!!

El círculo de Lola.