“Paternidad y crianza”, por Traudy Ávila, Doctora en Neurobiología

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La conducta parental se puede entender como el repertorio de acciones o comportamientos de los padres, desplegados de manera innata hacia los hijos, cuyo objetivo es el de asegurar la supervivencia de la progenie.

Los cuidados parentales han evolucionado de manera tal que el grado en el que se involucran hembras y machos en los cuidados de sus crías varía entre las poblaciones de las distintas especies de organismos.

En los mamíferos, la participación del padre es rara debido a que la fertilización interna (nosotras gestamos a nuestros hijos en el vientre) asegura la maternidad pero no la paternidad.

Al respecto de la maternidad, se sabe que el embarazo en los mamíferos induce adaptaciones físicas y fisiológicas radicales que incluye adaptaciones que amortiguan el impacto sobre el feto de las experiencias de estrés vividas por la mamá durante el embarazo, modificaciones en el control del metabolismo para favorecer el flujo de energía hacia el feto, así como cambios en el cerebro que preparan a los sistemas neuroendócrinos para la secreción de oxitocina durante el parto y la lactancia. (1)

Recientemente Hoekzema y colaboradores  (2017) realizaron un estudio prospectivo en madres primigestas para investigar si el embarazo estaba asociado con cambios en la sustancia gris del cerebro humano. Sus datos indican que la estructura cerebral de las madres (no así el de los padres) se modifica como un proceso biológico del embarazo y no como un cambio dependiente de la experiencia asociada con los ejercicios de la parentalidad. Tales modificaciones tienen que ver con reducciones importantes en la sustancia gris cerebral, moldeando así la capacidad de la madre para entender y atender las necesidades de sus hijos.(2)

En este sentido, se ha sugerido que la capacidad de los padres para compartir los sentimientos, pensamientos, motivaciones y deseos de sus hijos, les permite a estos últimos sentirse seguros, reconocer sus propios pensamientos y emociones, mostrar compasión hacia otras personas, y ser miembros competentes en grupos sociales. (3) Así, si hacemos un análisis en los estudios realizados al respecto de la maternidad en la crianza, podemos enumerar miles de reportes científicos al respecto de este tema, sin embargo, poco es lo que podremos obtener sobre lo que se conoce sobre los padres en la crianza.

Dentro de los mamíferos, los seres humanos somos una de las pocas especies en la que los padres se involucran con las madres en los cuidados de los hijos. Para ello, se sabe que los papás deben cambiar sus prioridades energéticas y conductuales antes de serlo y así poder cumplir con los requerimientos de la inversión que sugiere la paternidad. Al respecto, se ha sugerido que altos niveles de testosterona en los hombres pueden entorpecer con una paternidad efectiva.(4)

En estudios experimentales los hombres con mayores niveles de testosterona resultaron ser menos responsivos al llanto de un bebé con respecto a aquellos hombres con niveles disminuidos de esta hormona.(5) Además, se ha sugerido que aquellos padres que colechan (duermen en cercanía con sus hijos en la misma cama) tienen niveles más bajos de testosterona en comparación con aquellos papás que duermen en solitario, lo que se asocia con una mayor atención a las necesidades de sus hijos. (4,6)

Tomando en cuenta las investigaciones sobre la paternidad podemos inferir que aquellos padres que se involucran en la crianza de sus hijos logran transitar con mayor eficiencia a los cambios necesarios para una parentalidad activa.

Resumiendo, a nosotras las mujeres la gestación nos prepara biológicamente para atender a las necesidades de nuestros hijos, en cambio, los papás requieren de la interacción diaria y sostenida con los recién nacidos para poder modificar sus sistemas neuro – endocrinos y mostrarse más receptivos a las señales emitidas por sus bebés.

En contra de una mayor participación de los padres en la crianza de los hijos podemos señalar (entre otras cosas) la influencia cultural que dicta que los hombres son los principales proveedores en las familias, y por ello, distraen sus recursos en las actividades relacionadas a ello. Si bien es cierto que cambios importantes suceden en nuestros cuerpos durante la gestación, que impactan directamente en la forma de atender a los hijos, también es vital comprender que la crianza es un acto que requiere mucho más que una madre abnegada haciendo el trabajo en solitario que debería ser, por lo menos, una labor de dos (madre y padre).

Cuando el papá está comprometido con la crianza, por un lado, favorece el desarrollo fisiológico y social (a largo plazo) de sus hijos, y por otro induce en la mamá mayor secreción de hormonas relacionadas al cuidado materno tales como la oxitocina y la prolactina. (7) Como podemos leer en este documento, involucrar a los padres en la crianza -respetuosa- sugiere un ciclo virtuoso en donde el depositario final del amor, el acompañamiento, el respeto y la empatía serán nuestros hijos.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Brunton, P.J. & Russell, J.A. 2008. Nat. Rev. Neurosci. 9, 11–25.
  2. Hoekzema, E., et al., 2017. Nature Neuroscience 20(2):287-296.
  3. Abraham, E. et al., 2017. Neuropsychologia. In press.
  4. Gettler, LT. et al., 2012. PlosOne 7(9). 1-11.
  5. Fleming, A.S., et al., 2002. Hormone and Behavior 42:399-413.
  6. Storey, A.E. 2011. Hormone and Behavior 60: 353-361.
  7. Abraham, E. et al., 2014. P.N.A.S. 111(27):9792-9797.

Traudy Avila Schlottfeldt

Madre de dos niños.

Biologa por la BUAP (Puebla, México)

Maestra y Doctora en Ciencias con especialidad en Neurobiología Celular y Molecular (Cinvestav-Zacatenco, Ciudad de México)

Asesora de Porte por ‘De Monitos y Risas’

Madre de Día por la Pedagogía Blanca

Formadora educativa por La Pedagogía Blanca.

Acompañante de la maternidad y la crianza por ‘Maternidad Feliz, Crianza Respetada’

Cinco cosas que aprendí usando Pedagogía Blanca

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1.- Que puedo educar a mi hijo respetuosamente, sin gritar, ni castigar, ni usar humillaciones ni chantajes. Y que esa educación tiene un efecto enorme en su autoestima y en su confianza en si mismo y en mi.
2.- Que yo puedo mejorar cada día aprendiendo de él y esforzándome. Solo necesitaba saber como cambiar mis propias creencias y aumentar mi conocimiento, usando herramientas que funcionan y nos ayudan a ambos.
3.- Que el aprendizaje natural y vivencial es posible y es efectivo si trabajas con contenidos y formatos que entusiasmen al niño, dejándole desarrollar sus pasiones y tirando del hilo de temas y métodos reales y virtuales que le emocionen.
4.- Que amar el conocimiento y la sabiduría es parte de todos los seres humanos si les dejamos desarrollarse sanamente, que es algo evolutivo que llevamos en nuestros genes y que solo es preciso actuar de manera que no dañemos esa curiosidad natural.
5.- Que los cambios que he hecho en mi misma y en la educación de mi hijo tienen un impacto incalculable en las vidas de otras personas de mi entorno e impactarán en la vida de generaciones.


¿Qué cambios ha tenido para ti la PB o que cambios desearías conseguir si te ayudamos?

Mireia Long

I Congreso Divulgativo Criar Cuidar y Educar

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Vivimos un tiempo de cambio social que afecta más que nunca a los niños y jóvenes: con propuestas desde el ámbito tecnológico, de la comunicación, de experiencias de ocio…que chocan a menudo con el estilo educativo existente en las familias y los centros educativos.  La dificultad para encontrar un modo de llegar a los niños, de transmitirles valores con los que afrontar la vida, herramientas para el éxito personal y social y mantener unos vínculos sanos con los progenitores y educadores, es una demanda en auge en nuestros días.

Existe una búsqueda de recursos, estilos, directrices que aseguren la idoneidad de nuestra labor como adultos acompañantes, ya sea en el ámbito intrafamiliar o en la educación formal.

 
Con el objetivo de cubrir esta necesidad nace el I Congreso Divulgativo Criar Cuidar y Educar, cuya edición tendrá lugar el día 8 de Abril en el Auditorio David Bustamante de San Vicente de la Barquera (Cantabria). Este congreso convoca  a educadores, estudiantes y directores de todos los ámbitos de las Ciencias de la Educación. Psicólogos, orientadores, profesionales de la atención familiar y educativa. Madres y padres, cuidadores y todos aquellos que tengan niños a su cargo.
El lema escogido es “Con los pies en el suelo”: Los organizadores de este Congreso se enfocan en una práctica profesional y una convivencia familiar honesta y coherente, basada en las necesidades de todas las personas implicadas en el acto educativo y fundamentada en las aportaciones científicas más relevantes. Su objetivo es entregar herramientas valiosas, conocidas en ciertos ámbitos pero alejadas aún de la escuela y la familia.
Los tres ejes principales serán:
-ponencias, con la presencia de de Rosa Jové
-experiencias educativas de directores de escuelas alternativas
-talleres temáticos formativos
 

¿Por qué “Con los pies en el suelo”?

 
Es fundamental partir de la realidad que estamos viviendo cada día y llevar a cabo una práctica profesional eficaz y una vivencia familiar ajustada a las necesidades de niños y adultos. Por encima de creencias y mensajes interesados, debe primar el interés de los niños, quienes tienen derecho a ser educados para conocer y hacer realidad sus talentos. Todos los ponentes nos mostrarán cómo han sido capaces de llevar a cabo cada día una relación respetuosa y humana con los niños, que va a enriquecer a todos los asistentes por su carácter práctico.
 
En este Congreso tienes a tu disposición nuevos conocimientos y herramientas prácticas aplicables a la educación en la escuela y la crianza en el hogar. Con profesionales en activo expertos en su campo, dedicados a la difusión y el acompañamiento con el fin de contribuir al desarrollo de una generación de niños y adolescentes más capaces, completos y felices.

En un entorno natural inigualable del Norte de España, San Vicente de la Barquera, cuyo Ayuntamiento pone a nuestra disposición el Auditorio David Bustamente para facilitar la convivencia y creación de sinergias y aprendizajes, que van a tener lugar durante el Congreso.

¿Quiénes están entre bambalinas?
Mª Pilar Gómez y Virginia García, dos profesionales del ámbito educativo y familiar del norte de España, han unido sus fuerzas para poner en marcha un espacio común para familias y educadores.
Desarrollan su trabajo a través de Crianza&Familia Coaching y Contigo Desenredo respectivamente, además de trabajar directamente en talleres presenciales con familias y docentes en Asturias y Cantabria.
Reconociendo la necesidad de crear este tipo de espacios, el Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera apoya una iniciativa pionera en la zona norte de España, para la que han contado con profesionales reconocidos en su campo y que están implementando la educación alternativa en la escuela.Junto a la administración, que facilita el espacio físico y el apoyo técnico para el evento, todos los profesionales tanto del Congreso como los directores de talleres aportan su tiempo y trabajo con enorme disponibilidad. Y  diversas asociaciones de crianza y educación que se han implicado en este proyecto con generosidad.

Los datos del Congreso:

Fecha: 8 de Abril (Congreso) y 9 de Abril (talleres temáticos)

Lugar: Auditorio David Bustamente en San Vicente de la Barquera-Cantabria

Web: http://criarcuidaryeducar.com

Importante:
-está permitido asistir con bebés no deambulantes
-habrá servicio de guardería gratuito el sábado 8
-existe tarifa especial para grupos
-las entradas adquiridas antes del 20 de Marzo tienen un 20% de descuento
Es una evidencia que la evolución social, tecnológica y humana del siglo XXI reclama nuevas formas de transmitir el conocimiento y de acompañar a los niños y adolescentes.
Este Congreso es una ocasión única para unir naturaleza, crecimiento profesional, personal y familiar. Para conocer nuevos enfoques y reconocer la necesidad de educar y criar con la vista puesta en el siglo XXI y en dotar de los mejores recursos a nuestros niños y adolescentes.
Pilar Gómez

Estimulemos la filosofía desde la infancia, por Eva Domingo

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Si estás leyendo este artículo, muy probablemente seas una persona comprometida con la crianza y la educación respetuosas. Quiero aprovechar esa circunstancia tan favorable para emplazarte a observar, respetar, amar, mimar y fomentar la faceta filosófica que tienen todas las niñas y niños que están en tu vida. ¡Todas y todos, sí!
¿Te has parado alguna vez a pensar que tienes en casa, o en tu aula si te dedicas a la docencia, a pequeños grandes filósofos que aún tienen intacta la curiosidad, esa preciosa herramienta que nos hace abrazar el conocimiento? Como buenos filósofos y aprendices de vida, no paran de darle vueltas a sus cabecitas, de preguntarnos y de cuestionárselo todo. A mí me tienen fascinada las preguntas tan puras, tan genuinas que cada día nos lanzan niñas y niños. Qué bonito hacer un listado para que no se nos olviden. Entre las miles que mis hijos me han hecho, tengo mis favoritas. Aquí va una pequeña muestra:

Están las preguntas ocurrentes al máximo, pero que encierran un interés, por ejemplo científico: “¿Cuánto tarda un virus en subir una montaña?”.

Otras nos devuelven nuestra imagen en el espejo y ponen el dedo en la llaga sobre temas incómodos para el adulto: “Mamá, si tanto quieres que yo aprenda inglés, ¿por qué no lo aprendes tú primero?” o “Si te da pena esa persona que no tiene para comprar comida, ¿por qué no la invitas a comer en casa?”.

Las hay que ponen de manifiesto el absurdo de las inercias y de los sistemas heredados y, de nuevo, la gran sensatez infantil: “¿Quién inventó la escuela y para qué?”. “¿Por qué estoy obligado a ir allí cada día?”

Y las trascendentales muestran la gran sabiduría encerrada en ese buscar más allá, fuera de nuestro alcance, que el ser humano porta en su interior desde su nacimiento: “¿Cuánto es infinito +1?”. “¿Por qué la naturaleza quiere que yo un día tenga que morir?”.

Qué personas tan sabias son las niñas y niños. Pensadoras incansables. Imaginativas. Lúcidas. Perspicaces. Insistentes. Positivas. Ilusionadas. Esperanzadas.

¿Qué hacemos con sus preguntas?

Ahora preguntémonos: ¿Qué hacemos con todas esas preguntas que nuestros niños nos regalan cada día? ¿Les restamos importancia y no las respondemos? ¿Las aparcamos para otro momento, que finalmente no suele llegar? ¿Nos avergonzamos si no sabemos contestarlas? ¿Les ofrecemos respuestas cerradas, sin información o con la más amplia información posible, pero siempre sin posibilidad de réplica u objeción?

Pensemos que hay otra manera de abordar esas preguntas infantiles. Démosles respuestas abiertas que vayan a llevar a niñas y niños a pensar por sí mismos, a investigar para encontrar sus propias respuestas, a seguir cultivando su curiosidad y su espíritu crítico.

Pongamos un ejemplo: nos pregunta qué le sucede a una persona después de morir. Por muy clara que nosotros tengamos nuestra creencia en este tema, seguro que es enriquecedor explicarle que ésa es una de las grandes preguntas que la humanidad se ha hecho a lo largo de milenios y que ciertamente no existe una respuesta probada. Y darle algunas pistas sobre las distintas creencias existentes al respecto. Cuando nos pregunte por lo que nosotros pensamos, podemos compartir con ellos nuestro punto de vista, pero sin presentarlo como Verdad. Y os animo a terminar, en éste y en todos los casos posibles, con un “¿y tú que opinas?”. O con un “¿por qué lo preguntas?”, “¿a ti qué se te ocurre?”.

Hay un gran regalo que podemos hacer a nuestros pequeños cuando acuden a nosotros con alguna cuestión: conseguir que se vayan con dos o tres nuevas preguntas en la cabeza. Multipliquemos su curiosidad. El filósofo griego Plutarco (Delfos, siglos I y II) afirmó que “el cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”. Facilitemos que prenda esa luz, que nuestras niñas y niños aprendan a desarrollar la herramienta fundamental de la razón y a reflexionar sobre su propia experiencia en relación al mundo y a sí mismos.

No olvidemos nunca que la filosofía es la base de todo conocimiento humano. Primero hay que preguntarse, para después obtener respuestas. Sin filosofía, no hay nada.

Fomentar la conversación, animar a los niños a mostrar sus puntos de vista y a razonarlos, son buenas formas de adentrarnos en la práctica filosófica en casa o en la escuela (en cuantas más asignaturas, mejor).

Materiales específicos

En todo caso, existen materiales, algunos creados específicamente para ello, en los que podemos apoyarnos las personas adultas para ir abriendo ese camino. Recientemente he descubierto un estupendo juego de filosofía visual para niños, de la colección Wonder Ponder. Está compuesto por coloridos y atractivos tarjetones. En una de las caras se presenta una situación a través de un dibujo; en la otra, una serie de interesantes preguntas sobre esa situación. Hace unos días, después de cenar, estrenamos la primera tarjeta en familia mientras comíamos el postre. El debate fue, en este caso, sobre la experimentación con animales. “¿Hay cosas que son crueles, pero sin embargo aceptables?”.

Hoy, en una acción de Toiletschooling, he dejado la misma tarjeta en el baño, para que los niños la sigan ojeando y sigan pensando. Este tipo de materiales podemos fácilmente crearlos en casa. Así como elegir lecturas interesantes (pensamientos o cuentos cortos de algún autor que tengamos en nuestra biblioteca, por ejemplo) que lanzar en algún momento en que reine el silencio y la tranquilidad en casa. No les demos nosotros la moraleja; dejemos que sean ellos quienes extraigan la enseñanza o las conclusiones que observen, y que las pongan en común con las personas de su alrededor. También podemos utilizar noticias curiosas o polémicas para abrir esa conversación.

Y hacer que, de vez en cuando, se encuentren preguntas sorprendentes en folios pegados en las paredes de casa o del aula. No hace falta que pensemos en grandes cosas. Nos sirve lo simple y cotidiano. “¿Por qué las rosquillas tienen un agujero en medio?”. Podemos invitar a los pequeños a escribir sus respuestas en ese mismo folio, cuando les apetezca, y, en otro momento, redactar nosotros una nueva pregunta, para ir guiando la reflexión. “¿Y qué es un agujero?”. Es probable que esa simple rosquilla, la misma que nos tomamos en el desayuno, nos conduzca finalmente a hablar de la nada, del universo, del infinito, de lo que existe y no existe… Recordemos: no les demos respuestas; démosles, sobre todo, nuevas preguntas.

Una escuela de libertad

La filosofía para niños está en auge en muchos países del mundo. La Unesco la ha definido como una escuela de libertad. Fomenta el pensamiento propio, el espíritu crítico, el debate respetuoso, la empatía hacia la persona con quien se conversa. La democracia real, en definitiva.

Existe una metodología bien definida para ser trabajada con grupos de niños y jóvenes entre los 3 y los 18 años, creada en los años 70 del siglo pasado por el filósofo e investigador en pedagogía Matthew Lipman, quien a su vez se inspiró en el trabajo de John Dewey. Lipman escribió una serie de novelas filosóficas (la primera de ellas, “El descubrimiento de Harry Stottlemeyer”) para trabajar el debate filosófico a distintas edades. Podéis consultar también, entre otros, los materiales del interesante Proyecto Noria, impulsado desde Cataluña.

Cuando hablamos de trabajar la filosofía en las aulas, no nos referimos a las clases tardías de Historia de la Filosofía que nuestros jóvenes reciben casi al final de su escolarización y que, desde mi punto de vista, son también fundamentales. Estamos hablando de permitir que sean ellas y ellos los filósofos, tal y como algunos centros escolares (los menos) ya promueven desde la más tierna infancia. Mientras esperamos que esa práctica tan beneficiosa se extienda, empecemos a dar pasos en nuestro entorno. En casa, en el aula. Seamos nosotros el cambio. Incorporemos este sano hábito a nuestra rutina. Y disfrutémoslo juntos. Tanto niños y jóvenes, como adultos, todas las personas somos aprendices de esta vida y la filosofía va a contribuir, seguro, a un aprendizaje significativo.

Eva Domingo

Periodista y formadora de Pedagogía Blanca