Las madres queremos lo mejor para nuestros hijos

Me encuentro ahora, un año más tarde, un artículo en una página web de profesores de instituto, en el que el autor se queja por la intromisión de los padres en un grupo de profes, habla con desprecio de las reivindicaciones de las madres acerca del tratamiento que reciben sus hijos en las escuelas y se queja por algunas invectivas que algunas madres muy dolidas han dejado escapar en este sentido. No doy el enlace porque no quiero hacerles publicidad y en realidad el artículo en sí es lo de menos.

Pero me ha llamado la atención la inconsciencia del autor, su convicción de que no es culpa suya o del sistema, que los únicos culpables aquí son las madres y los alumnos, y me ha hecho reflexionar y preguntarme por qué muchos de los profesores son incapaces de hacer autocrítica, de ponerse en la piel de una madre, y – sobre todo – hacer un análisis un poco más profundo sobre su propio objetivo como docentes, sobre cómo funciona en realidad el sistema y cuáles son sus defectos, defectos que pervierten de forma irremediable a veces el acto educativo/el proceso de aprendizaje. John Taylor Gatto – docente en el sistema educativo estadounidense también durante muchos años – lo ha hecho, ha sido capaz de hacer autocrítica, de entender a los padres y sus quejas (entre otras cosas porque él también es padre), ha sido capaz de escarbar un poco en la imagen idealizada de la escuela y ver la cruda realidad y describirla con pelos y señales en sendos libros esclarecedores sobre la ineficacia del sistema educativo convencional y los efectos negativos/dañinos que puede tener sobre nuestros hijos. Como John Taylor Gatto hay muchos más – por suerte nuestra, cada vez hay más profesores que ven que el sistema está lleno de defectos y hasta de malos propósitos.
¿Por qué, no obstante, hay muchos otros docentes que son incapaces de este ejercicio tan sencillo que se llama “pensamiento crítico” y que, supuestamente, ellos mismos se lo enseñan a nuestros niños en las instituciones educativas??

En el artículo en cuestión el autor cargaba tintas contra las madres y, como no, sus respectivos retoños… vamos, la culpa era de las madres que querían que sus hijos no sean castigados con exámenes y malas notas, expulsiones y demás lindezas que suele usar el sistema cuando es incapaz de ofrecer verdadera educación e instrucción académica a los alumnos hacinados por decenas en aulas con diseño de fábricas adornadas.

Con todo mi respeto para el enfado del autor, no veo una argumentación seria relacionada con sus quejas; da por sentado que las madres quieren que sus hijos se queden tontos. Si bien habrá algunos padres que piensen esto por dejadez o falta de responsabilidad (alguna minoría minúscula), mi opinión es que la postura del autor está equivocada porque de todas las madres que yo conozco personal o indirectamente, de todas las que aparecen incluso en obras de ficción, no sólo en la realidad que nos rodea, de TODAS no hay ninguna que no quiera que su hijo llegue a lo más alto de su potencial real como ser humano. Ni una. Es más, todos los padres deseamos que nuestros hijos lleguen a ser importantes para sí mismos, que incluso hagan el bien y sean adultos positivos que aporten a la sociedad en la que viven.
Las madres queremos lo mejor para nuestros hijos. Y claro que la enseñanza debe y puede cambiar de planteamiento, posturas y funcionamiento para apoyar un desarrollo provechoso de las personalidades de nuestros hijos.

He educado a mis dos hijos en casa desde que nacieron hasta que entraron en sendas facultades en Londres y en La Haya, no me canso de decirlo, y siempre lo he hecho según los principios de respeto, cariño y libertad que se merecen todos los seres vivos de este planeta, y que el autor del artículo en cuestión, según parece, aborrece.
No he abolido la disciplina y la exigencia, pero les he permitido a ambos niños que las desarrollen solos. Y sí, he tenido un sagrado respeto al genio innato y espontáneo y creativo de ambos porque es el bagaje natural con el que nacemos todos, y sería una pérdida tremenda desperdiciarlo machacándolo y bloqueándolo con actividades repetitivas o poco interesantes como las que suelen tener lugar en los colegios.
No, no los he “suspendido”, “castigado” o “expulsado” nunca jamás a mis hijos porque todos los días me demostraban que sabían mucho y que aprendían continuamente. Y yo aprendía junto a ellos todos los días algo nuevo. Claro, no eran las típicas “asignaturas obligatorias”, eran contenidos/conocimientos académicos y culturales de su interés específico, proyectos educativos relacionados con sus o nuestras necesidades como familia, actividades de su elección para desarrollar habilidades individuales personales, búsquedas individuales de información y datos de interés personal.

Así que vuelvo con algunas preguntas y me gustaría hacer reflexionar a todos, padres o docentes, y que piensen qué tipo de educación deseamos para nuestros hijos, lo más preciado que tenemos en nuestras familias.

¿Acaso pedimos demasiado como padres al insistir que se RESPETE la individualidad de cada niño y que la enseñanza tenga de verdad como objetivo el desarrollo de su potencial único??

¿Pedimos demasiado cuando no queremos que se les machaque a los niños con contenidos pesados, incomprensibles e imposibles de asimilar incluso para los adultos inteligentes; o porque no queremos que los niños estén hacinados en espacios pequeños y obligados a estar sentados en unas edades en las cuales el movimiento físico es PRIMORDIAL para su salud presente y futura y para su desarrollo físico y psíquico armonioso y correcto?

¿Pedimos demasiado cuando queremos respeto para los niños, paciencia para con los procesos biológicos y cerebrales involucrados en el aprendizaje, y cuando pedimos que se apliquen los últimos descubrimientos de la neurociencia en la educación?

¿De verdad, maestros y profesores, os creéis que las madres no sabemos de qué estamos hablando cuando pedimos todo esto para nuestros hijos??

¿Y sois incapaces de entender un poco la rabia que puede sentir una madre cuando ve que el potencial maravilloso de sus hijos se desperdicia de forma brutal año tras año en las instituciones educativas que defendéis con tanta convicción?

Ya sé que los profes sois igual de víctimas que los niños en todo este asunto (lo he vivido en carne propia yo también), pero por favor, un poco de consciencia y decencia, porque entre los dos grupos, los docentes sois los adultos, no los niños, y tenéis más madurez, responsabilidad y consciencia que ellos. Si vosotros no hacéis uso de vuestro pensamiento crítico y sentido común, y no protestáis junto a los padres, nadie lo va a hacer; por su inmadurez los niños no saben qué ocurre y no son capaces de hacerlo, llegando a ser, de esta forma, los mayores perdedores en todo este sistema inhumano de “educación” – o quizá debería decir sistema de adiestramiento y adoctrinamiento.
Dejad ya de dormir en el siglo pasado y despertad, el sistema educativo actual no se acerca ni remotamente a las necesidades reales educativas de nuestros hijos o de los seres humanos, en general, y menos en el milenio tres en el que ya hemos entrado desde hace 18 años.
Dejad de reproducir este sistema y creer que sirve para algo, dejad de defenderlo, se ha quedado obsoleto, escuchad de una vez las quejas de los padres y observad las necesidades auténticas de los niños. Las reales, las verdaderas, no lo que dictan unos “expertos” que no tienen ni idea en unos despachos de ministerios.
Por favor. Porque luego, a la larga, los grandes perdedores somos nosotros, los adultos y toda la humanidad, porque estos niños de hoy crecen en estos entornos punitivos, negativos, policiales, faltos de cariño, atención, estímulos intelectuales, culturales y emocionales sanos, impregnados de ideas subliminales de injusticia, desprecio hacia sus personas y sus necesidades, agresividad, y hasta abandono, y se transforman en seres adultos que se han “educado” en ambientes cargados de estímulos negativos.
Porque siempre cuenta más CÓMO te has educado, no los contenidos de la educación.

Pensad en reivindicar medidas para mejorar como:

  1. menos alumnos por aulas,
  2. edificios y muebles más cómodos y asistivos para con el acto educativo,
  3. más democracia y más respeto hacia las decisiones del propio educando acerca de su instrucción académica,
  4. más respeto también para los padres (esto incluiría algunos programas de concienciación hacia su propia responsabilidad),
  5. más oportunidades de movimiento físico en espacios abiertos,
  6. libertad de elección para los niños en cuanto a los proyectos educativos o asignaturas

Es decir, un sistema de educación más HUMANO y más actual. Sí, se puede, sólo hay que salir de la caja de los prejuicios y abrir los ojos. Y dejar de culpabilizar a los que deberían ser siempre los beneficiarios de la enseñanza, los niños, e indirectamente, los padres.

 

Foto 123 mica
Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

 

Juguetes, ropas, disfraces… y género

Copii kimono fata

Una amiga cuenta apenada que su hijo de 6 años decidió disfrazarse de flor y que todos sus compañeros de clase se mofaron de su deseo. Ella se pregunta en qué mundo vivimos si ser varón y querer disfrazarse de flor está visto de forma tan negativa y tan sesgada. Yo me pregunto lo mismo, sobre todo porque hablamos aquí de niños de 6 años y de un disfraz, de un juego en definitiva, de algo sin mucha relevancia para los demás y además de algo tan personal que ni siquiera debería hablarse de ello.

A mis niños, desde muy pequeños, les gustaban los unicornios, a ambos, a ella y a él. Todavía tienen estos unicornios de peluche que les regalé – a su pedido – cuando eran pequeños (tenían 7 y 5 años). Recuerdo cuando un día, estando en el parque con ambos, un niño se rió de mi hijo porque llevaba en su mochila el unicornio de peluche; el chaval le dijo con un tono de desprecio total a mi niño, “estos son juguetes de niña”. Evidentemente mi hijo no entendió aquello, porque en casa nunca hubo límites de ningún tipo en este sentido, y ambos jugaron indistintamente con peluches, Barbies, ropa de todo tipo, pistolas de juguete, coches, Lego, Playmobil, cajas, globos, pelotas, espadas, muñecas, casitas, vajilla de juguete, Tente, libros de todo tipo, unicornios, bicis, palas, tijeras, lapices, cosas de cocina, figuras de maderas para construir, ganchillo y agujas para hacer punto, pinceles y lápices, aparatos electrónicos etc.
Y, volviendo al anécdota inicial, mis hijos también llevaron disfraces de todo tipo, sobre todo ella, pero él también, porque les gustaba disfrazarse; muchas veces salían a la calle disfrazados y se sentían especiales.

En cuanto a los unicornios, mi hijo se llevó hace dos años su unicornio a Londres, donde vive ahora como estudiante; tiene 21 años. Mi hija de 23 años también tiene al suyo con ella en La Haya donde estudia. Porque da igual la edad o el sexo, se trata de un objeto que hizo las delicias de sus infancias, tiene su significado, les recuerda a momentos de juego y de bienestar, les ayudó a lo mejor a madurar desde ciertos puntos de vista.
En definitiva de esto se trata, del bienestar y del apoyo psíquico o físico que puede ofrecer un objeto en algún momento de la vida. Un juguete, una ropa, un disfraz, independientemente del sexo o de la edad de la persona que los usa, ofrecen bienestar y apoyo, bien porque son bellos, bien porque la hacen sentirse guapa, bien porque tienen una carga sentimental, o sencillamente porque aprende algo usándolos o adquiere ciertas habilidades. Al final este estado de ánimo nos ayuda a desarrollar nuestro bagaje congnitivo o emocional. Cualquier objeto hermoso o útil puede guiarnos por el camino del conocimiento y la alegría de vivir. 

Tengo otro recuerdo de cuando mi hijo sólo tenía 6 meses, cuando se pasó prácticamente una hora estudiando intensamente y jugando con las ruedas de su sillita de paseo. Tuve que limpiarlas bien porque no dejaba de jugar con ellas, y de intentar hacerlas girar, tocarlas, y mirarlas con atención durante todo este rato. Aparte de que en realidad, en este caso concreto, las ruedas de la silla de pasear no son considerados oficialmente juguetes – no obstante podrían serlo para cualquier bebé/niño según el momento – es que no tienen una etiqueta que diga que son específicas de un género u otro, así como cualesquiera otros objetos tampoco sean especiales para un género u otro, sean ropa, disfraces, herramientas, juguetes, utensilios, materiales educativos o aparatos tecnológicos. Los objetos que nos rodean no tienen usos específicos en función del sexo de los utilizadores, simplemente se pueden usar según necesidad o entretenimiento. Mi marido sabe usar una plancha o una aspiradora, y yo sé usar un taladro o un destornillador y viceversa. También he visto mujeres disfrazadas con ropa de hombres y viceversa. No hay unas reglas férreas o prohibiciones en este sentido.

Y esto es lo que importa. El resto son limites mentales de gente poco creativa y, lo que es más triste y peligroso, poco respetuosa. Lo peor es que transmiten su cerradura mental a sus hijos también y perpetúan esta percepción negativa sobre la maravillosa falta de prejuicio de todos los niños y de muchas personas adultas (por suerte), definiéndola como “rara” o “ridícula”, cuando en realidad la ridiculez les caracteriza a ellos por reírse de algo tan normal, libre, natural y sano como es ser abiertos y aceptar la diversidad, la belleza, las emociones tal y como son, lo humano en todas sus facetas.

Dejad a los niños jugar cómo y con los juguetes que deseen – siempre y cuando no hagan daño a otros o a sí mismos – dejadlos vestirse cómo deseen – siempre y cuando se sientan cómodos con la ropa elegida – y dejadlos disfrazarse cómo les guste, se trata de un disfraz, de un juego, de algo pasajero. 

Porque, atención, el juego, los juguetes, la ropa, los disfraces, todos estos elementos que forman parte de la vida, suelen ser elecciones personales, independientes del género de las personas, y suelen ayudarnos a crecer, a madurar, a entender el mundo en el que vivimos, encienden nuestra imaginación y creatividad, y nos inspiran. Todos los objetos de nuestro alrededor, no sólo algunos.

Por eso es importante que todos los juguetes o disfraces o juegos – siempre y cuando no ponen en peligro a nadie; es de sentido común, pero a veces nos perdemos por el camino así que lo repito – sean de elección personal y es igual de importante que esta elección sea respetada y aceptada por las personas de nuestro alrededor.

Foto 123 mica
Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Paradigmas educativos – un análisis

Hace unos meses salió un artículo en El Confidencial escrito por José Antonio Marina que hacía un análisis muy superficial (y mezclando conceptos) del paradigma educativo de ayer y de hoy, sacando él la conclusión de que “el paradigma moderno se está resquebrajando”. Lo volví a leer estos días y lo encuentro tan lleno de errores de lógica y de inexactitudes que me gustaría explicar aquí por qué el autor y otros “expertos” como él están profundamente equivocados en sus planteamientos.

De entrada se pone a analizar el modelo de “escuela libertaria” – cuyo único ejemplo es la escuela Summerhill (¿dónde está la puesta en práctica de este paradigma “moderno” en el resto del mundo si el único ejemplo práctico es UNA escuela del Reino Unido?? Es absurdo generalizar la implantación de un modelo a partir de un único ejemplo en una escuela privada) – y mezcla churras con merinas al confundir la educación emocional – que se suele recibir en el marco familiar de mano de los propios padres/ adultos con vínculos de apego y de referencia emocional – con la instrucción/formación académica – que se suele impartir en los centros educativos y no tiene nada que ver con la primera.
Ya se sabe que los dos términos no tienen tanto que ver aunque en la vida real se suelen complementar y aunque ya hace años que se confunden.

La educación emocional, para simplificar, se dirige y, digamos, aprovecha las habilidades y reacciones emocionales controladas por el cerebro primitivo, reptiliano, que además controla el metabolismo, las emociones, el sistema hormonal, y las habilidades sociales y comportamentales.
La educación/ formación/ instrucción académica se dirige al neocortex, una estructura cerebral que controla lo cognitivo y nada tiene que ver con la estructura primitiva aunque estén una encima de la otra físicamente. El neocortex no maneja ninguno de los procesos o reacciones del cerebro reptiliano que funciona de forma independiente y no usa la parte cognitiva acumulada en el neocortex.

Mezclar en un mismo artículo la educación emocional y la instrucción académica sin hacer las distinciones pertinentes y sin analizar con fundamento cada uno de los conceptos – ya que se asimilan de forma totalmente distinta – , me parece, como mínimo, un error de lógica y una falta de conocimientos básicos de neurociencia y psicología; conocimientos que ningún verdadero experto en educación debería ignorar.
La educación emocional se recibe, como ya dije, de la mano de los adultos cuidadores con vínculos de apego a través de actitudes, gestos, reacciones emocionales, comportamientos sociales o emocionales, empatía, cariño – todos filtrados por el código moral y ético de los adultos en cuestión – lo que solemos llamar “educación en valores”. Es importante también la cantidad de tiempo en la que los niños están expuestos a los adultos cuidadores para poder asimilar estos valores. En los últimos decenios los menores pasan muy poco tiempo con sus padres y, en cambio, muchas horas en instituciones educativas.

Si bien antes los niños pasaban gran parte del día junto a sus progenitores, ahora vemos que gran mayoría de los padres están ocupados con el trabajo diario cada vez más absorbente y solicitante, por un lado; por el otro notamos una falta aguda de referentes de calidad en cuanto a la educación emocional de los hijos – valores morales, éticos y de comportamiento.
En cuanto a la educación académica resulta que nada ha cambiado, nos tropezamos con el mismo sistema educativo autoritario y directivo que nació en el siglo XIX impulsado por el modelo prusiano. Interesantemente, en la asimilación de los conocimientos académicos también influye lo emocional: primero porque las informaciones o nociones que no emocionan no se retienen; segundo porque aprender en una estructura que no respeta estos principios biológicos del aprendizaje imprime ciertos valores que tienen un impacto negativo en el desarrollo emocional de los seres humanos.

Un paréntesis que me parece adecuado para entender mejor las dos nociones.
Ronald Meighan hablaba ya desde los años 80 de la diferencia entre los dos términos, aunque haciendo hincapié en la diferencia entre la manera de aprender (lo emocional) y los contenidos (lo cognitivo) diciendo que “la manera de aprender es igual de importante que los contenidos de lo que aprendes”.
Él clasificó el sistema actual de enseñanza como “autoritario” explicándolo de la siguiente forma:

“El sistema autoritario se puede resumir por la frase “harás lo que te decimos, sino…”. El “sino” es problemático porque es el que dirige la política de enseñanza de los gobiernos sucesivos – “si no haces lo que te decimos, encontraremos algo desagradable para hacerte”. En la educación autoritaria, bajo todas sus formas, una persona o un grupo pequeño de personas toman y ponen en práctica las decisiones sobre la elección de los conocimientos, el momento del aprendizaje, la manera de aprender, cómo evaluar los conocimientos aprendidos y el entorno del aprendizaje. A menudo todo está completamente decidido incluso antes de que los estudiantes estén reclutados individualmente o antes de conocerse como grupo. Los regímenes totalitarios favorecen estos métodos únicos porque tienen como objetivo producir la mentalidad conformista.”

Pongo aquí las conclusiones de Ronald Meighan porque me parecen reveladoras:

“[….] existe una gran variedad de sistemas de aprendizaje y cada uno produce resultados diferentes. Vale la pena reflexionar sobre ¿qué tipo de personas, qué tipo de mentalidades se producen a través de “harás lo que te decimos, sino…”? Y luego, mirar ¿qué tipo de personas se producen a través de “lo hice a mi manera”? Después, ¿qué tipo de personas se producen a través de “lo hicimos a nuestra manera en cooperación”? De cada sistema resultan mentalidades distintas. ¿Qué queremos que hagan los sistemas de aprendizaje? Tengo la idea de que lo que el mundo necesita de forma más apremiante son personas que:
“No le hagan ningún daño a otros”
“No le hagan ningún daño al entorno en el que vivimos”
“No se hagan daño a sí mismos”
y luego incluso
“Hagan algo bueno para el mundo si es posible”.
Para cumplir con todo esto, necesitamos personas que sean autónomas, y con eso quiero decir personas que son investigadores capaces y confían en sí mismos y que tienen una buena competencia democrática.
Si estas son nuestras intenciones, y mi idea es que sí, tenemos que diseñar un sistema de aprendizaje que nos dé la oportunidad de cumplir con ellas. El sistema actual no cumple con estas intenciones. El sistema de aprendizaje coercitivo en masa llamado “escuela” que funciona a base de una interminable sucesión de enseñanzas impuestas, apoyadas con castigos y medidas disuasorias, no va a producir este tipo de personas que buscamos. Producirá personas que, en general, están acostumbradas a la mentalidad de acoso. Siendo ellos mismos coaccionados están preparados para coaccionar a otros si tienen la oportunidad.
[…….]
[….] la manera de aprender es igual de importante que los contenidos de lo que aprendes. Esta es una lección que no se ha examinado con atención en las reflexiones oficiales sobre educación. ¡Aprender a leer y escribir en una institución acosadora va a hacer de ti un acosador instruido! ¡Si se quieren personas instruidas y democráticas, la enseñanza debe tener lugar de otra forma! Un ejemplo de esto nos lo dio un sobreviviente de un campo de concentración que escribía: “Leer, escribir y aritmética son importantes únicamente si sirven para hacer más humanos a nuestros niños”, porque en el campo de concentración él había visto gente altamente cualificada e instruida implicada en actividades muy inhumanas. De hecho, los nazis crearon “la solución final” en un congreso donde la mitad de los participantes que trabajaron para diseñar el genocidio de grupos supuestamente amenazantes para la sociedad, tenían un doctorado. Tener un doctorado no te hace un ser humano decente; puede hacerte algo completamente diferente. Así que tenemos que tener cuidado con todo esto. La manera en la que aprendes es igual de importante, y puede ser más importante, que lo que aprendes. ”

Vista ahora la diferencia entre los dos términos, sigo con el análisis y me pregunto dónde está este nuevo paradigma tan moderno que “se está resquebrajando”. Porque en realidad no hay y no hubo nunca ningún cambio de paradigma en los últimos 200 años en cuanto a educación.

No se puede afirmar que el “paradigma moderno” de la educación ya está superado – en plan visto y no visto – si se tiene en cuenta que nunca jamás se llegó a poner en práctica … y ahora vienen sesudos y sudados “expertos” que hablan de las “grietas” de este paradigma cuando ni sabemos exactamente lo que significa el mismo, porque nuestros niños siguen educándose en el siglo XIX… es para quedarse como mínimo sorprendido.
El autor hasta hace comparaciones entre el paradigma tradicional y el “moderno”, y me parecería genial si la realidad fuera igual, si de verdad el paradigma “moderno” estaría implantando desde hace tantos años como se pretende.
Cuando ya desde los años 60 tenemos la siguiente tabla como resultado de investigaciones y grupos de estudio, tabla que deja claros los mecanismos de aprendizaje eficaces, y que no se pone en práctica de forma habitual en ningún centro educativo público NI HOY EN DÍA, no sé dónde está este “paradigma moderno” de la educación.

Tasa media de memorización
1.Enseñanza formal …………………………………………………………5%
2.Lectura…………………………………………………………………..10%
3.Audio-visual………………………………………………………………20%
4.Demostración…………………………………………………………….30%
5.Grupo de discusión …………………………………………………..50%
6.Práctica ……………………………………………………………….75%
7.Enseñar a otros ………………………………………………………….90%
8.Uso inmediato del conocimiento/ lo aprendido …………90%
(Tabla de aprendizaje de National Training Laboratories, Bethel, Maine, USA)

Sólo unas preguntas que me planteo yo, como ex alumna del sistema de educación en masa, madre educadora en casa de mis propios hijos, ex maestra de escuela alternativa durante un corto período hace poco, y ciudadana preocupada por la educación, la neurociencia y la psicología del aprendizaje en general:
Vista la tasa de memorización expuesta en la tabla, visto que los métodos directivos/impuestos de “enseñanza” que aparecen en las primeras dos filas apenas oscilan entre un 5-10% de éxito, ¿dónde aparecen los demás métodos restantes – 6, para ser precisos – en las aulas del sistema hoy en día?
Para ser clara, ¿dónde está lo audio-visual, las demostraciones, los grupos de discusión y debate, las actividades prácticas, el enseñar a otros y el uso inmediato de lo aprendido, como practicas HABITUALES en las escuelas actuales??
Todo esto brilla por su ausencia en los centros educativos – excepción haciendo algunos colegios privados a los que se les califica de “experimentales” o “alternativos” y que, por desgracia y para más inri, suelen no ser homologados en sus países. Es decir, no pertenecen al sistema “oficial”.

Se podría decir que si el sistema hubiese puesto en práctica las últimas 6 opciones de la tabla de aprendizaje de más arriba estaríamos en la situación de admitir que el paradigma educativo está en proceso de cambio hacía algo más “moderno” y que podemos empezar a recoger algunos frutos – que no sacar conclusiones – y ver algunos resultados ahora, después de décadas del comienzo de la implantación. Pero resulta que ¡¡ni siquiera ha empezado a implantarse ninguna de las 6 opciones en el sistema!!! Seguimos con el modelo de las “clases magistrales”, la imposición del currículo oficial, la ignorancia deliberada de la tecnología y de las necesidades reales de los niños.

Así que me pregunto sinceramente dónde ha visto el autor este “cambio de paradigma moderno” al que tanto analiza y descarta como “agrietado” cuando resulta que ni está implantado – exceptuando probablemente Finlandia en las últimas décadas – en algún lado del mundo como modelo oficial y de masa, ni está implementado por el propio estado a través del ministerio de educación.
Se intenta cambiar, y se llevan ya 40 años, o más, pero no se logra, porque los políticos y “expertos” de la educación no dan su brazo a torcer y porque es más cómodo hacinar y adiestrar niños en aulas durante 10 o más años – en horarios que llegan hasta a 10 horas diarias – y pretender que se “educan”, en vez de darles una educación de verdad.

El resultado está a la vista. Y no es por el paradigma moderno. Es porque, bajo la fachada de “moderno”, se sigue el mismo modelo del siglo XIX. Todo es fachada, teoría, papel mojado. En la práctica no hay nada moderno en las aulas exceptuando algunos elementos de tecnología de último grito aunque ni estos están presentes en todos los centros educativo, ni se les saca el provecho adecuado, ni se usan de formas innovadoras allí donde los haya (me refiero a ordenadores, pizarras interactivas y tabletas – sí, son interactivas, pero se usan como o en lugar de libros de texto o pizarras clásicas, no se aprovechan en todo su potencial real).
Según el autor del artículo, esto es lo que hacen ahora los niños en el “paradigma moderno”. La verdad es que me gustaría que me nombraran las escuelas públicas – o privadas, ya puestos – que siguen el curriculum impuesto del MEC, y que también siguen los preceptos citados más abajo en la categoría “PARADIGMA MODERNO” que enumera Marina.
Copio y pego la parte en la que se hace la comparación:

“Estas son las características enfrentadas de ambos paradigmas, el tradicional y el nuevo moderno:

PARADIGMA TRADICIONAL

Centrado en el enseñar
Educación pasiva y memorística
Educación centrada en el maestro
Educación directiva
Educación centrada en el conocimiento
Favorece la docilidad y la norma
Aprendizaje individual
Relación con el saber
Relación de sumisión entre discípulo y maestro
Enfatiza los contenidos
Motivación extrínseca
Énfasis en el deber

PARADIGMA MODERNO
Centrado en el aprender
Educación activa, constructiva
Educación centrada en el alumno
Educación no directiva
Educación centrada en la persona
Favorece la autonomía y la creatividad
Aprendizaje cooperativo
Relación con la vida
Relación de afecto y camaradería
Enfatiza los procesos
Motivación intrínseca
Énfasis en el deseo”

Si me pongo a analizar y a comprobar qué se pone en práctica en masa en el sistema público o privado de todo lo que aparece en la segunda columna me encuentro que prácticamente nada.
Veamos:

1. Centrado en el aprender. Según he podido ver en las escuelas y escuchar a los padres o profes, los colegios siguen centrando la dinámica en la enseñanza, no en el aprendizaje. Ningún niño puede explorar por su cuenta para aprender a su manera lo que necesita o lo que le parece interesante. Volveré a ello más abajo porque en casi todos los puntos tropezamos con el mismo problema, la falta de libertad y autonomía para poner en práctica no ya varios, sino aunque sea UNO de los preceptos enumerados en la segunda columna.

2. La educación que reciben es más bien un adiestramiento. No es activa, ni es constructiva. Sigue igual de pasiva – alguien enseña o habla, los alumnos apuntan o escuchan – y de memoria – al final del módulo, trimestre o curso hay examen o test de control.

3. La educación sigue centrada en el maestro. El adulto es importante, los niños dan igual. Si uno quiere aprender otra cosa porque no le interesa lo que el maestro enseña, o quiere aprender de otra forma, se tiene que aguantar. El maestro tiene que cubrir el curriculum en x tiempo y además – si es uno de estos menos empáticos – hasta le coge manía al niño que quiere ir por libre. Si empatiza, les da tiempo libre a los niños alguna vez (lo poco que permite la inflexible estructura oficial).

4. La educación sigue siendo directiva. Mientras exista un currículo y un período en el cual hay que asimilar dicho currículo – ambos IMPUESTOS – la educación ES DIRECTIVA.

5. La educación sigue centrada en los conocimientos. Se dan exámenes y se valora la capacidad de memorización mecánica de las informaciones. No se valoran habilidades, no se valora el pensamiento crítico y diferente. Se impone el pensamiento único.

6. Tampoco favorece la autonomía y la creatividad, por los motivos expuestos arriba. La autonomía y la creatividad suponen libertad de exploración, de experimentar, y de tener tiempo suficiente para hacer la conexiones pertinentes para entender/aprender ciertas nociones; suponen margen para probar nuevos caminos, inventar, poner preguntas nuevas, recibir explicaciones específicas, encontrar respuestas por cuenta propia si se da el caso… Desde luego la docilidad y la norma siguen vigentes en nuestro sistema actual, seguimos premiando a los dóciles, a los obedientes, seguimos sin entender los pensamientos divergentes – y los niños son EXPERTOS en pensamiento divergente desde que empiezan a usar su razón siendo bebés – y seguimos castigando a los que se salen de la norma. La presión coetánea es máxima, los niños están adiestrados para no entender y no aceptar lo diferente, en cuanto un compañero se sale de la norma (sea en comportamiento, vestimenta, alimentación, emocional o mentalmente) es objeto de burla, acoso o, en el mejor de los casos, de indiferencia o exclusión social.

7. El aprendizaje cooperativo brilla por su ausencia. ¿Cómo se puede cooperar si luego los exámenes son individuales y se les dan notas según el nivel de memorización – individual – de cada alumno? En la escuela no se suele trabajar por equipos, exceptuando en algunas clases de deporte o algunos proyectos – los pocos que proponen algunos maestros valientes en algunos centros educativos. Incluso el diseño físico de los centros escolares y de los muebles incita a lo individual, cada uno en su mesa con su silla. Seguimos diseñando escuelas según el modelo del siglo XIX y muy pocos países – entre los cuales destaca Finlandia – están planteando nuevos diseños arquitecturales, estéticos y funcionales específicos para escuelas planteadas desde el punto de vista comunitario y cooperativo.

8. La relación con la vida es nula en las aulas. De nuevo, vuelvo al diseño de los centros. Las escuelas viven de espalda a la vida y a la comunidad, los niños están encerrados durante horas apartados de la vida exterior viviendo en una especie de burbuja-laboratorio-campana de cristal que les impide el contacto con la realidad. No hay apenas relaciones con la vida diaria del resto de los adultos. En realidad el horario escolar sumado con las horas a mayores dedicadas a los “deberes” en casa hace imposible casi – por falta de tiempo y oportunidades físicas – de venir en contacto con la vida real. Para mí es un milagro si los niños llegan a socializar con la propia familia, con la naturaleza, con los vecinos o el resto de los componentes de la pequeña comunidad/ vecindad en la que vivimos cada uno de nosotros. No hay tiempo. Se sigue premiando “el saber” – léase “memorización de informaciones y conocimientos” muchas veces inútiles o poco relevantes. Las mejores notas se las llevan los que saben cuántos ríos hay en Europa/ fechas históricas/ fórmulas matemáticas o físicas o químicas/ cuántas categorías de insectos hay en el mundo/ y cosas por el estilo. Nadie premia a los niños que saben cocinar, organizar su propio tiempo, tengan pensamientos críticos y divergentes y pongan en cuestión tradiciones o conocimientos obsoletos y faltos de sentido práctico hoy en día, que sepan explorar y sacar sus propias conclusiones (sean equivocadas o no), que sepan equivocarse y sacar un aprendizaje de ello – es al revés, el error se castiga de un modo u otro durante todos los años de escolarización.

9. Es ya ridículo hablar de relaciones de afecto y camaradería en el modelo “moderno” cuando hoy en día, más que nunca, hay cada vez más casos de acoso escolar y violencia en las aulas. No sé si vale la pena ponerme a explicar más, simplemente buscando en los periódicos o en Internet nos encontramos con casos diarios de agresiones escolares. A las pruebas me remito.

10. Se siguen enfatizando los contenidos, no los procesos. El proceso de aprendizaje es más complejo y orgánico de lo que se cree. Hay ciertas habilidades o nociones que necesitan su tiempo para que se integren y asimilen, según cada individuo y sus propio talentos. En cada uno es diferente, corre a otro ritmo y tiene lugar de otra manera. Imponiendo un curriculum en un período finito de tiempo para TODOS los alumnos sólo demuestra la falta patente de respeto hacia el proceso individual. De nuevo, sólo importan los contenidos (mal)asimilados en x semanas/meses de curso. Los procesos vitales y cerebrales son ignorados por completo; a los que asimilan de forma más lenta se les castiga con malas notas y se les etiqueta de “fracasados escolares”.

11. La motivación es exterior. A nadie le importa si un niño desea aprender y profundizar cierto tema/ asignatura; se pasa a lo que “toca” en el currículo. Y da igual que a otro niño no le interesan nociones teóricas de matemática o física (entre otras cosas por el planteamiento ya erróneo de la didáctica de dichas asignaturas y por la falta patente de las conexiones con la vida real), la motivación se relaciona sólo con “los exámenes/ las notas/media final para la selectividad, no con los intereses personales intrínsecos de cada niño.

12. El énfasis se sigue poniendo en el deber. Para ser más claros, hasta la ley específica que es “deber/ obligación del alumno cumplir con su educación” como si los niños – y seres humanos, en general – no nacieran ya con un mecanismo natural para aprender del que disponemos, de hecho, todos los mamíferos de este planeta. En realidad los deseos – y, ya puestos, los DERECHOS – de los niños para aprender lo que les interesa o necesitan específicamente están pisoteados continuamente desde que empiezan a manifestarlos. Por supuesto que hay algunas excepciones, pero la norma es imponer conocimientos, ritmos de aprendizaje, maneras de memorización (disfrazadas de “técnicas de aprendizaje/estudio”), adiestramientos obvios para “exámenes”,

Así que me pregunto de nuevo ¿dónde esta este “nuevo paradigma”? ¿Y cómo se pueden señalar los supuestos defectos de un sistema nunca implementado? ¿Por qué no se analiza en profundidad y con seriedad la falta de cambios positivos y serios que padece el sistema educativo actual? ¿Cuándo seremos lo suficiente responsables para evaluar con objetividad nuestras escuelas obsoletas y tomaremos la iniciativa de pedir los cambios pertinentes para mejorarlas de verdad?

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Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

El pensamiento crítico y creatividad

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A raíz de leer un artículo sobre educación y debatir luego con amigos míos maestros sobre su contenido me surgen unas ideas que sé que pueden parecer polémicas, pero reflejan la realidad.
Muchos profesores me comentan que no saben cómo “fomentar” la creatividad o el pensamiento crítico de sus alumnos. Además nos encontramos con que la mayoría de las leyes educativas de Europa tienen como objetivo “fomentar” el pensamiento crítico, así que está claro que el tema es de interés general.
A mis amigos maestros y a los otros profesores o padres les sigo diciendo que más que “fomentar” pensamiento crítico y creatividad, lo importante es no desperdiciar o bloquear las capacidades ENORMES de pensamiento crítico y creativo que tienen los niños desde que nacen.
Nacemos con todo esto, no hace falta “fomentarlo”, hace falta no aniquilarlo, no anularlo.
En el artículo una especialista afirma que “la clave de la enseñanza sigue siendo el desarrollo del pensamiento crítico y esa es la labor esencial del profesor. El conocimiento es ahora accesible a todos en la red, pero el trabajo del docente es fomentar que el alumno piense por sí mismo y se haga preguntas”, y estoy de acuerdo con la propuesta, ¿pero cuáles son las medidas concretas que se toman para llegar a este objetivo?
Ninguna, ese es el tema. Tenemos un sistema que destroza por completo el don natural que tenemos de observar las cosas con pensamiento crítico, de poner y hacernos preguntas, de poner bajo sospecha cualquier “verdad” hasta que no la comprobemos por nosotros mismos, este mecanismo sano de verificar continuamente la realidad que nos rodea. No juzgar, sino simplemente mirar desde otros puntos de vista. 
Precisamente me llama poderosamente la atención que en las escuelas no hay espacio y tiempo para que los alumnos se hagan preguntas o disientan de las ideas imperantes; suele ser al revés, ellos tienen que responder de una forma específica (que no sincera) a preguntas formuladas por el profesor de turno igualmente específicas.
Es imposible desarrollar pensamiento crítico y creativo en un sistema masificado, con espacios casi carcelarios, en donde un alumno es uno más en medio de otros 20 o 30, donde se le imponen los contenidos y las maneras de “aprender” – léase imposición de “cómo pensar”.
Para ser crítico y creativo necesitas tu espacio, tu tiempo, tus interacciones diarias con adultos inteligentes, respetuosos y cariñosos, que te escuchen, que te expliquen, que te dejen explicar, reflexionar, que te permitan ¡cuestionar o hasta negar el status quo!
No puedes desarrollar todo esto sin un ejercicio diario de interacción, reflexión personal, descanso, juego, errores y tranquilidad. Es como entrenarte para la lucha. Si no tienes unos buenos entrenadores y también unos buenos adversarios, es imposible llegar a tener un buen nivel.
Un buen debate tiene lugar entre personas inteligentes, que sepan usar la lógica, los argumentos, que han debatido miles de veces en su vida con amigos, profesores, familiares, desconocidos. Que han sabido cuestionar las ideas imperantes y las han descartado por obsoletas. Que han venido con nuevas ideas, nuevas soluciones, más acordes con la época en la que vivimos. Que saben ser objetivos.
Esta actitud no se obtiene como por arte de magia al terminar el instituto o la facultad. Esta actitud se entrena día a día desde que naces, con tus padres, con tus hermanos, con tus amigos, con familiares, con profesores. Día a día.
¿Dónde y cuándo tiene esto lugar en las escuelas?? Me gustaría saberlo, porque yo no lo veo.
Cada dos por tres se menciona en los medios de comunicación el caso de Finlandia. No he estado allí, no sé cuál es la realidad exacta, el día a día de su sistema educativo, pero por lo que leo en la literatura de especialidad o lo que veo en los documentales, en Finlandia se dan varios factores que se podrían implementar fácilmente en cualquier otro país y que hacen que su éxito sea constante:
  1.  los alumnos por aula son pocos y tienen mucha libertad de estudio y de movimiento físico
  2.  los maestros y profesores son personas con vocación y ética, aparte de la sabiduría y la preparación de su especialidad
  3.  los recursos son muchos y muy variados
  4.  el espacio educativo es asistivo y parecido al de la vida diaria de cualquier persona con zonas de trabajo y zonas de descanso o de ocio, y está abierto a la vida en y de la comunidad
  5.  no hay deberes
  6.  no hay exámenes
  7.  se fomenta el trabajo/estudio por proyectos o individual
  8.  se permite la disidencia y no se imponen pensamientos únicos
  9.  se permite el autoaprendizaje o el aprendizaje dirigido por el propio niño
  10.  se va innovando constantemente para mejorar la estructura educativa
En el mismo artículo la autora se extraña que el modelo finlandés, a pesar de ser un referente mundial según el informe PISA, no deja de innovar. Claro que no. La afirmación es un tanto naïf ya que precisamente por este motivo tienen los finlandeses tan buenos resultados en PISA, por innovar continuamente y no dormirse en los laureles; para ser un referente mundial en algo, lo que sea, debes estar siempre al día, no parar, innovar, cambiar de táctica o de estructura si es necesario, ver qué funciona y qué no, admitir la responsabilidad propia para bien y para mal, analizar a fondo y con objetividad y cambiar aquello que ya no sirve.
No puedes ser número uno si no mantienes el interés para mejorar en todo momento y si no eres consciente de tu responsabilidad en el proceso.
Si queremos una educación de calidad tenemos que estar más abiertos a ideas diferentes, observar siempre la funcionalidad de algunos conceptos, estar preparados para cambiar estructuras que no rinden, y, sobre todo, tener siempre presentes los intereses de los niños, no los nuestros.
Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Cómo socializar positivamente

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Últimamente he ido reflexionando sobre la socialización y, sobre todo, lo que llaman “socialización” en los colegios.

Socializar no es lo que nos enseñan.

Socializar es hablar, conversar, jugar, aprender, intercambiar ideas, interiorizar comportamientos. Esto se puede hacer – teóricamente, por lo menos – con cualquier persona de tu entorno inmediato. En realidad se suele hacer con las figuras de apego y, en general, con adultos. En la infancia, con los niños juegas y practicas quizá técnicas de negociación, conversación, comunicación o de otro tipo, pero son técnicas que has aprendido o has observado ya en tus relaciones con los adultos que te cuidan desde que naciste. Es imposible que este aprendizaje tenga lugar con otros niños de tu misma edad, entre otras cosas, porque ellos no saben mucho más que tú. Por lo tanto la socialización de verdad tiene lugar sólo en un pequeño porcentaje con niños mayores que tú; de resto, se desarrolla con los adultos que te cuidan, y suele ser diaria. Y esta misma socialización también se “practica”, si quieres, con los mismos adultos o con otros niños. La “práctica” sin embargo no es obligatorio que sea diaria. En realidad necesitamos muchos ratos de estar solos o con nuestra familia, nada más, períodos en los que nos podamos concentrar en lo que realmente nos interesa, o simplemente descansar y dejar sedimentar lo que ya hemos aprendido.

Realmente la socialización se refiere precisamente al proceso de la educación emocional del ser humano.

Es evidente que este proceso de aprendizaje emocional empieza desde que uno nace – o incluso antes, cuando un bebé no nacido se familiariza con las costumbres y las voces de su madre y sus familiares desde dentro del útero. Es un proceso inconsciente por parte del niño, por supuesto, por eso los padres debemos tener consciencia de lo que ocurre desde antes de decidir a tener hijos.

De hecho todos los mamíferos realizan su aprendizaje emocional y la socialización con sus progenitores y su familia directa – y la primera lección que aprenden es que sus padres les proporcionan todo lo necesario en cada momento: cariño, alimento, cobijo, cuidado, educación, protección… Más tarde las lecciones se diversifican, pero siempre tomando como base la familia y el hogar.

Uno de los mayores mitos que existen en este momento es que estar con niños de la misma edad significa socializar de verdad.

En este sentido una cosa es socializar desde una base afectiva y física conocida y a un ritmo elegido por el mismo implicado, y otra cosa es la imposición de un modelo masificado y poco respetuoso con las necesidades reales del niño: esto hace que la “socialización” propuesta y llevada a cabo en las escuelas sea bastante improductiva en la mayoría de los casos y hasta negativa en algunos. Imponer una interacción temprana de los niños con otros niños de la misma edad antes de que estén preparados para ello no ayuda a mejorar sus habilidades emocionales y sociales, como erróneamente creen algunos padres y “expertos”, sino que más bien puede tener el efecto contrario.

Somos mamíferos, incluso desde este punto de vista, nos gusta vivir en comunidades, pero teniendo nuestro espacio privado y la posibilidad de acceder al mismo cuando lo necesitamos, no cuando “se nos obliga o se nos permite” por parte de terceros.

Otro concepto importante y que tiene mucha relación con la socialización correcta es, en el mundo de los mamíferos, lo que se llama “el apego”. El concepto del apego, desarrollado por el psicólogo John Bowlby, se refiere al instinto que hace que los adultos cuiden de sus hijos de forma incondicional y sus hijos reciban este cuidado. Un apego exitoso temprano en la infancia es necesario para un desarrollo emocional adulto y una buena socialización. Bowlby afirma que “el apego es la tendencia de los humanos a formar fuertes vínculos afectivos con ciertas personas de su alrededor”. 

Somos seres gregarios y sobrevivimos gracias a convivir en comunidad, repito, pero damos prioridad a ciertas relaciones y vínculos, y es a través de estas relaciones importantes cómo desarrollamos nuestras percepciones sobre nosotros mismos y cómo socializamos y maduramos.

Como padres sería mucho más provechoso y positivo procurar socializar lo más posible con nuestros hijos, y, llevándolos junto a nosotros siempre que sea posible, exponerlos a nuevos entornos sociales, poco a poco y en función de su creciente capacidad socializadora – es la manera más natural y positiva de socializar y de aprender cómo vivir en una comunidad. 

Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Unschooling/ Trabajar por proyectos

Sigo con nuestra experiencia de educar en casa y explico por qué trabajamos por proyectos desde siempre.

En nuestro caso los niños empezaron a jugar y a trabajar por proyectos desde el principio de forma natural, no por disciplinas cómo se suele hacer en la escuela. Así que seguimos así, ya que vimos que nos iba bien a todos. Además, pasado cierto tiempo y comprobada la eficacia y los beneficios de esta manera de aprender, que además da mucha autonomía y estimula la creatividad de forma natural, no veíamos la necesidad de parcelar el conocimiento, ni siquiera nos pareció posible.

La vida fluye y sus distintas manifestaciones son interrelacionadas, imposible de separarlas. Por ello, estudiar y elaborar proyectos fue mucho más natural y eficaz para nosotros. Elegir un tema de libre elección y aprender varias nociones, habilidades y valores morales, incluso, desarrollando un material o soporte físico – el que sea, escrito, hablado, cantado, fotografiado, filmado, construido, cocinado – fue siempre nuestra manera de estudiar y aprender. Lo hermoso es que los padres también aprendemos junto a nuestros hijos en estos proyectos y a partir de las conversaciones/debates que se generan en estas ocasiones.

Además, estudiando a través de proyectos implica la ausencia total de deberes, ya que todo tiene lugar a la vez, con la consiguiente eficacia y ganancia de tiempo: mientras se estudia se hace; o mientras se hace se estudia y se aprende. Nosotros empleábamos mucho menos tiempo para las actividades académicas ya que, aparte de que la concentración mental de los niños estaba en el punto álgido justo cuando hacía falta – porque venían descansados y despejados, y muy motivados a estudiar – , el trabajo era muy eficiente y muy al objeto; nos concentrábamos en lo que queríamos hacer, nos preguntábamos, nos contestábamos, cambiábamos ideas y recursos, comparábamos, contrastábamos informaciones y sacábamos conclusiones. El proceso es tan natural, y tan eficaz a la vez, que en una hora o algo más, ya todo estaba encaminado de forma satisfactoria y nos podíamos luego dedicar a otras actividades igual de interesantes e importantes.

Y, ya que estamos, toco un tema que suele preocupar mucho a los padres: el curriculum. Me han preguntado en miles de ocasiones cómo he hecho yo para cubrir TODO lo que está en el curriculum oficial del sistema. Es que NO lo he hecho porque en realidad no hace falta. La idea es que al elegir otro sistema de enseñanza – la educación en casa en este caso – no es necesario que los currículos sean idénticos, ya que 1. está confeccionado a medida del educando y 2. se usan métodos distintos. De hecho sistemas de enseñanza distintos requieren metodologías, entornos y contenidos distintos. En realidad los contenidos del sistema oficial son demasiado teóricos y densos; no sólo lo decimos los padres, sino profesionales del mismo sistema oficial. He hablado con decenas de profesores que se quejan de que no tienen tiempo físico para “enseñar” todo lo que tienen en el programa escolar.

Los niños son son incapaces de absorber todo lo que se enseña porque el volumen de los contenidos es enorme, ni tienen capacidad de entenderlo por falta de madurez emocional e intelectual (aunque, en una situación ideal puedan asimilar todos los conceptos, cosa que no ocurre en realidad). Dicho esto, está claro que ni he querido tocar todas las asignaturas, ni todas las nociones previstas en el programa escolar. Con lo cual, ni en casa, ni en otro sistema innovador de enseñanza, no es necesario “enseñar” el curriculum oficial. Me gustaría que los padres reflexionen un poco acerca de ello. El mejor ejemplo es que en generaciones anteriores no hemos aprendido lo que se enseña hoy en día y, sin embargo, los adultos de hoy en día sabemos muchas cosas sin que las hayamos aprendido en la escuela; la educación básica se refiere a nociones básicas, no a contenidos elaborados, demasiado elaborados para la capacidad real de los niños.

Aparte, me parece muy importante estimular la inteligencia emocional y adquirir habilidades de comunicación, de autonomía de verdad (saber hacer una compra, cocinar, manipular dinero, permitirles a los niños que lo hagan cuando ellos se sienten preparados); estar estudiando horas y horas de contenidos académicos no ayuda a desarrollar las habilidades emocionales y de comunicación, sino más bien lo impide.

Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Por qué decidí educar en casa

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Como siempre, mis publicaciones tienen como puntos de partida preguntas, acusaciones o comentarios que otros me hacen o me han hecho en relación a la opción educativa que elegimos nosotros. En algunos casos el tema se repite y enlaza con otras cuestiones. Así que estos días, a raíz de un post mío en FaceBook acerca del sistema educativo convencional – ¿cómo no? – he recordado que mucha gente me recriminó el no llevar a los niños al colegio, cada persona por motivos distintos: unos aducían que no “apoyo la escuela pública y que, si quiero un cambio, es mejor llevar a mis hijos al colegio para así lograr esta evolución del sistema”; otros me dijeron que les hago daño a mis niños, que están mejor en “colectividad y socializando”, que en casa los tengo bajo una campana de cristal, que no vendrán en contacto con personas de todo tipo, ni aprenderán a defenderse por sí mismos, ni sabrán cómo aprender o la autodisciplina, que serán unos monstruos asociales o unos tontos… en fin, cada afirmación más disparatada que otra, sobre todo teniendo en cuenta que están basadas en miedos personales y propios de la persona que la suelta, no en estudios científicos, en la evidencia o en cualquier otro método objetivo de medir.

Así que, ¿por qué en casa? ¿No apoyo la escuela pública? ¿No estoy de acuerdo con la socialización? ¿No quería que mis hijos fueran listos? ¿No quería que entrasen en contacto con la diversidad social, o tuviesen habilidades sociales o sepan estudiar y ser disciplinados? Sí, sí, sí, sí y sí.
Decidí a hacerlo en realidad antes de nacer ellos, aunque era algo subconsciente. Yo no lo había pasado bien en el sistema – donde mejor me encontré, sin embargo, fue en la facultad. Todo lo que fue “educación básica obligatoria” fue una tortura para mí, aguantable, pero tortura. Ni me desarrollé intelectualmente como intentan hacer creer, ni tuve éxito especial profesional o laboral, ni académico incluso. Y mi éxito personal es mérito mío, así que lo sacamos de la ecuación.
Vista la eficacia del sistema en mi caso, confieso que no tenía ningunas ganas de tener hijos al principio; y después de quedarme embarazada, ningunas ganas de entregarlos a un sistema que no ayuda en absoluto a una evolución positiva (en muchos casos), sino más bien a bloquear talentos, creatividad, alegría, curiosidad, ganas biológicas de aprender, y maneras de asimilar.

Motivos:

  1. Aprender mi idioma materno. Imposible hacerlo si gran parte del tiempo los niños se lo pasan en un colegio, ya que sabemos que cuánto más expuesto estés a un idioma, mejor y más rápido lo aprendes.
  2. Tener tiempo para disfrutar unos con otros como familia. Los niños salen de sus casa a las 7 u 8 de la mañana y muchas veces vuelven a las 6 o 7 de la tarde. No da tiempo para que estén con sus padres más de 2 o 3 horas diarias. Sinceramente no pensaba tener hijos para luego no tener tiempo de estar con ellos. Me apetecía pasar los días junto a ellos.
  3. Que mis hijos descansen lo suficientemente. Viendo los horarios locos que tienen las familias de mi alrededor, cómo llevan a los niños corriendo de un lado por otro, empezando desde tempranas horas por la mañana (7:00-8:00), y cómo los pequeños se quedan fuera de su casa horas y horas diariamente (hasta las 18:00 o más), pensé que no es esto lo que deseo para nosotros, ni para mis hijos, ni para mí como madre. Ni lo veo normal, ni sano. A veces los niños tienen unos horarios que son más largos que las peores jornadas laborables de los adultos. Estar fuera de casa cansa a cualquier ser humano, y más si es menor de edad.
  4. Educación personalizada, basada en sus talentos, intereses y necesidades. Sufrí lo indecible en la escuela y en el instituto por no poder seguir mis propios intereses y talentos. Lo estoy haciendo ahora de mayor, pero no es lo mismo, evidentemente. Aprender y practicar lo que realmente le gusta y hacerlo en un período adecuado debería ser el objetivo principal de la educación de cualquier niño. En la escuela más de la mitad del curriculum oficial ni interesa, ni es necesario. Además la manera de presentar los conocimientos es tan aburrida y densa que incluso temas o asignaturas interesantes se transforman en torturas para los niños… en realidad representan un problema hasta para los adultos – es decir, los padres que intentan/deben ayudar a sus hijos con los deberes – ya que ni ellos entienden en la mayoría de los casos los contenidos de los libros. Me considero una adulta responsable y con comprensión lectora muy buena, sin embargo miro los temarios de los alumnos de primaria o secundaria y me quedo sin palabras cuando hojeo los libros de textos: a veces los encuentro incomprehensibles, a veces simplemente estúpidos, sin lógica.
  5. Permitir que sean cómo ellos quieren y se sienten, permitirles elegir qué desean aprender y hacer, permitir que desarrollen su personalidad, creatividad y pensamiento propio. El pensamiento propio contrariamente a lo que se cree no se forma tragando sin pensar informaciones obligatorias ofrecidas por los adultos de turno. No, el criterio propio, la lógica personal y la objetividad se obtienen a raíz de los debates entre el niño y los que le rodean; las conversaciones relajadas y expresar las opiniones propias – aunque sean muy distintas a las demás – representan el mejor entrenamiento para lograr tener pensamiento propio y para desarrollar una pauta de lógica coherente.
  6. Ofrecerles la posibilidad de llegar a la excelencia a su propio ritmo y deseo. Querer seguir indagando y explorando, o, por el contrario, necesitar descansar y meditar son procesos que deberían tener lugar a voluntad propia según las necesidades de cada uno.
  7. Ofrecerles libertad, por lo menos en cuanto a su educación, imagen propia y autoestima, y decisiones propias. Si los adultos podemos hacer esto, ¿cómo no se lo voy a ofrecer a mis hijos? Me parece sano y muchos más eficiente que los niños puedan experimentar con la libertad y el libre albedrío en este sentido.
  8. Por respetarlos como seres humanos. Ya sé que esto suena muy extremo, pero si los padres aceptan a sus hijos tal y como son, y no los persiguen o empujan a ser de otra forma, ni les obligan a estar en un sitio donde no desean o donde no se sienten bien y donde sus aspiraciones y sueños no tienen muchas oportunidades de cumplirse, esto es respeto hacia ellos. Yo sentí que mis padres y la sociedad en la que viví en mi infancia, en general, no me respetó como ser humano. Sé que mis padres no pudieron hacerlo de otra forma, y he perdonado hace tiempo el hecho de que me llevaran al colegio, porque podían ir a la cárcel si no lo hubiesen hecho… pero sentí que no me han respetado, y no quería bajo ningún concepto repetir la experiencia siendo yo madre y pudiendo hacerlo de otra forma.
  9. Porque quería que socializaran de forma sana y natural con las personas de su entorno. La idea básica es que socializar significa asimilar pautas de comportamiento – ¿qué mejor que la familia para ello? Los niños nacen de adultos, se crían con adultos y aprenden de los adultos de forma natural. Por lo tanto afirmo que es normal que socialicen sobre todo con adultos cariñosos, respetuosos y creativos. Jugar con otros niños es otro aspecto de la socialización, pero a ratos y de forma libre. Y esto es precisamente lo que nosotros, como padres, hemos propiciado para nuestros niños, creando un entorno seguro y adecuado para que socialicen con nosotros y los adultos y niños de nuestra “comunidad, es decir, de nuestro círculo personal o profesional de amigos y sus familias. O permitiendo su interacción directa con profesionales de otras disciplinas.
  10. Por sentirme más que capacitada para enseñar y educar a mis hijos. Sí, hay muchos amigos míos – algunos profesores – que me han comentado extrañados o con cierto desprecio: “¿Y cómo es que tú les has enseñado? ¿Estás preparada para ello? Tú no eres profesora, ¿cómo lo has logrado? Es que es dificilísimo”. Contesto aquí. Fue fácil, usé mi sentido común.
    Hay varios aspectos. Para el primero voy a plantear la siguiente cuestión: ¿cómo es posible que se les imponga a los niños aprender un curriculum que es dificilísimo para los adultos??? Es una contradicción terrible. Tenemos un curriculum oficial que es “dificilísimo” de enseñar por cualquier adulto que no sea profesor, pero sí que los niños lo asimilarán en seguida sin problemas. Y si es tan difícil para los adultos-padres, ¿cómo es que se les pretende colaborar en ello obligándoles a ayudar a sus hijos en los deberes resultados del mismo curriculum? Es más, si los padres han asimilado/ aprendido más o menos el mismo curriculum en su momento, ¿cómo es posible que no estén ahora, de repente, capacitados para enseñarles a sus propios hijos lo mismo?
    En cuanto al segundo aspecto otra pregunta: ¿por qué se piensa alguien que TODO lo que hay en el curriculum es necesario exactamente en la forma que se ofrece por el sistema? ¿Por qué no se acepta que hay otras maneras de presentar/enseñar los mismos conocimientos/informaciones de los libros de texto? ¿Y por qué se piensa que sólo el curriculum ofrecido es el único bueno para TODOS los niños?

Os dejo con estas preguntas. Mientras tanto mis hijos han crecido y estudian ahora en sendas facultades elegidas según sus intereses. No sólo que hacen frente a los retos de la educación superior, sino que están entre los mejores. Tengo claro que la educación en casa funciona y que no hace falta ser profesor, aunque sí es necesario tener ganas de aprender al lado de tus hijos, ser respetuoso con sus talentos y deseos, ser consciente y responsable, tener criterio propio, y ser flexible y creativo en los métodos que se usen, tener sentido común y práctico, y espíritu crítico.

Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Los niños y la felicidad

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Leí hace unas semanas un artículo bastante terrible acerca de la felicidad y de lo absurdo que es desear tener hijos felices (!). Pues sí, tal cual. El autor, un filósofo navarro, afirmaba que “los padres que quieran hijos felices tendrán adultos esclavos de los demás” y advertía que la sociedad no tratará a los niños por el grado de felicidad que tengan, sino por aquello que sepan hacer. Que la vida es complicada y pretender vivir en nubes rosas es vivir fuera de la realidad y no saber nada sobre la misma.
Me quedé algo pensativa; es la primera vez que leo que tener hijos felices es absurdo. Porque para mí la felicidad significa saber aceptar la vida tal y como es, y es lo que deseo para mis hijos, para mí, y para todo el mundo.
Por supuesto que la vida es complicada, esto lo sabemos todos, la cuestión es saber vivirla sin deprimirnos.
Y precisamente saber gestionar emociones y centrarnos en las que nos ayudan a entender mejor lo que nos ocurre es un factor que nos hace felices.
Varios factores nos pueden ayudar a criar y educar niños felices que llegarán a vivir como adultos felices:
  • respetar a nuestros hijos y a sus decisiones; si consideramos que hay peligro en ello, explicarles con paciencia por qué es mejor cambiar de opinión
  • saber negociar de forma respetuosa con ellos
  • dejarles elegir su propia educación guiándolos de forma apropiada, pero sin obligarles a hacer lo que nosotros queremos, sino ayudarles a obtener aquello que ellos desean
  • poner límites mínimos, pero serios y de sentido común y respetarlos siempre
  • paciencia y disponibilidad de tiempo y de recursos de todo tipo (desde emocionales hasta intelectuales)
  • dejarles jugar mucho, y permitirles descansar
  • ofrecerles y rodearlos de estímulos culturales y, en general, de cosas que consideramos saludables para su mente y su cuerpo
  • ser un modelo adulto para ellos y tener coherencia, honestidad, integridad y mucho cariño
  • acompañarlos en sus exploraciones y descubrimientos sobre la vida y el universo.
Todo esto representa la receta garantizada de criar seres humanos felices, con inteligencia emocional y autoestima sólida, y con muchas habilidades de todo tipo. Porque saber hacer algo para la sociedad significa hacerlo con pasión y vocación y esto es imposible si el niño no ha sido feliz en su infancia y el adulto que ha resultado es un frustrado y tiene el autoestima débil.
Precisamente los niños felices son fuertes, valientes y realistas: saben que la vida no es fácil, pero van aprendiendo a desarrollar sus propios recursos emocionales para sobrellevar las vicisitudes de la vida y la aman tal y como es. Para poder apreciar la vida y a los que nos rodean hace falta ser apreciados, amados y felices en la infancia por los que nos cuidan. No sabemos apreciar lo que no tenemos y no nos han enseñado.

Vivir feliz no significa vivir en la nube y evitar los problemas, sino saber cómo resolver conflictos con sabiduría, paciencia y calma. La sabiduría se adquiere con el tiempo y desarrollando un buen criterio personal. La paciencia y la calma se obtienen a través de la buena gestión de las emociones que, a su vez, se adquiere viviendo en calma, y siendo feliz.

Estoy de acuerdo, no obstante, con su afirmación: “ser adulto, o hacerse adulto, es aprender a querer a los que te rodean a pesar de que estén llenos de faltas.” Pero repito  que jamás aprenderemos a querer a nadie, ni a nosotros mismos, con o sin fallos, si previamente, al nacer nosotros, no hemos sido amados de forma incondicional por nuestros padres. Hay que aprender a amar, en efecto; y los primeros que nos dan esta importante lección son nuestros padres. Es lo único que nos puede hacer felices. Sentirnos amados de forma incondicional, aunque seamos imperfectos y nos equivoquemos muchas veces.
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Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Aprender y vivir… Vivir y aprender

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Una amiga de FB me pregunta cómo nos hemos organizado para aprender, enseñar, educar, estudiar…

Como ya indica el título de mi entrada lo que hemos hecho ha sido vivir el día a día e intentar aprender de lo que nos ocurre diariamente.
¿Más concreto?
Partí de la idea que el aprendizaje no puede estar separado de la vida real. No se puede aprender sobre la vida estando encerrado entre cuatro paredes. Ni siquiera los conocimientos académicos se asimilan en realidad de esta forma. Necesitamos jugar, equivocarnos, explorar, experimentar, necesitamos usar los cinco sentidos, experiencias sensoriales al 100%; necesitamos movernos ya que el movimiento físico conduce a la creación de nuevos sinapsis en el cerebro, por lo tanto nos ayuda a asimilar lo que queremos aprender y recordar. Necesitamos descansar también, para que lo aprendido se pueda estructurar dentro de nosotros y de nuestra mente.
Todos, seamos niños o adultos, todos aprendemos así.

Sabiendo ahora todo esto ¿cómo nos hemos organizado nosotros?

En primer lugar hemos jugado mucho, mucho – hasta que mis hijos cumplieron los 11-12 años, aprendimos jugando. Y me incluyo, porque yo también he aprendido mucho durante estos años, no sólo mis hijos.
Por la mañana empezábamos sin prisa, despertando a la hora que nos venía bien, lavándonos y vistiendo ropa cómoda.
Desayuno.
Juego organizado casi totalmente por mis hijos; pocas veces he tenido yo que intervenir en este sentido. Tenían imaginación y creatividad por un tubo, no hizo falta venir yo con ideas.
A lo mejor luego película de dibujos animados en VO. Una hora, nada más. Nos servía, como dije en tantas ocasiones, para aprender inglés o para familiarizarse con otros idiomas.
Ir de compras, según necesidades.
Preparar almuerzo; cuando tuvieron edad suficiente, ya ellos ayudaban también.
Comer.
Más juego, o descanso, también según necesidades.
Dibujar, recortar, leer, jugar con PlayMobil o Lego o cualquier otra cosa que nos inspire.
Hacer manualidades o salir a pasear o ir de visita.
Hablar, debatir, conversar – todos los días, siempre, escuchar su opinión, comentar con ellos lo que me parecía interesante o importante o simplemente nimiedades.

Alrededor de la edad de 9-10 años empezamos con algunas actividades más formales – no más de media hora al día – lecturas y dictados, matemáticas, y otro tipo de nociones relacionadas con los libros que usábamos. Trabajábamos por proyectos principalmente, en ningún caso por asignaturas – la mayoría de las veces el tema del proyecto lo elegían ellos aunque yo podía proponer. Y seguían jugando y haciendo las demás actividades. Iban a clases extraescolares de música/instrumentos musicales, ballet, taekwondo. O talleres puntuales de cocina, trabajo en madera, visitas a museos, excursiones, viajes.

Y luego ya algo más formal a partir de 13-14 años cuando los matriculamos a un instituto a distancia y teníamos que cumplir con ciertos requisitos académicos por los créditos y las evaluaciones, para tener, al final, un diploma en vistas a los estudios superiores en la universidad. Aún así, con estas actividades no empleábamos más de dos horas diarias, a veces tres. No hacía falta más.
Seguíamos con el juego, con la lectura – a elección siempre -, las tareas de la casa, las salidas, las clases de actividades extraescolares, y por supuesto, teníamos más estructura, de otra forma habría sido difícil. Eran más actividades y además los niños eran más mayores, en alguna medida lo pedían ellos mismos.

A lo largo de los años puedo decir que, a pesar de usar elementos eclécticos de distintos  “métodos” pedagógicos, pero de forma intuitiva – nos preguntan por los “métodos” y a veces no sé qué decir, ya que no hemos usado un método en concreto – al final la línea directora fueron los deseos y necesidades de los niños. Siempre. Es decir el método fue seguir el niño; el punto de partida que es el interés/ la curiosidad natural del niño ya está presente desde el principio.
Otro principio básico fue que siempre partimos de lo práctico para llegar a lo teórico. Si no comprendemos y asimilamos primero lo concreto, es imposible entender lo abstracto.
Y otro principio igual de importante: no atosigar, no machacar con conocimientos e informaciones no pedidas.

Porque en realidad, sinceramente, más de la mitad del currículo escolar está de más.
Los niños aprenden de las interacciones con los adultos que los rodean, de las actividades que organizan juntos, de los juegos libres con otros niños controlados por ellos mismos, de las tareas de la casa con las que ayudan por necesidad o por deseo de colaborar, de la vida diaria, de los proyectos que eligen, de las conversaciones que tienen lugar siempre… de vivir la vida, en definitiva, con todo lo que ello conlleva.

Lo que podemos aprender de las comunidades tribales

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Cómo crían y educan a sus hijos.

1. La comida más sana para el bebé es la leche de madre.
Los niños están amamantados hasta los 4-5 años porque las madres saben de una larga tradición de sabiduría materna que es la comida más sana para el sistema inmune del bebé.

2. Los bebés nunca deberían estar solos.
Desde el amanecer hasta la puesta del sol los bebés están porteados por adultos. Si los padres están trabajando otros miembros de la familia los llevan en su lugar. Por la noche duermen con sus padres o con sus hermanos.

3. Los bebés no lloran si sus necesidades de contacto están cubiertas.
Se los tiene en brazos todo el tiempo o están en contacto permanente con alguien. Las tribus saben que los bebés necesitan el calor y el apoyo del tacto para poder crecer sanos en todos los aspectos de su desarrollo.

4. A los bebés se les amamanta a demanda. En las comunidades tribales raras veces escucharás un bebé llorando. Los bebés duermen normalmente desnudos entre los seres queridos.

5. No se necesitan sillas de paseo.
Portear a sus bebés ofrece a los padres más libertad para moverse y el bebé también llega a ser más independiente ya que suele ver el mundo desde la perspectiva de un adulto.

6. El colecho es algo natural.
Las familias, y a veces también los extraños, duermen juntos, sobre todo si hace frío. Suelen colocar sus manos y sus pies debajo de los brazos o ingles de los demás para mantenerlos calientes y así poder regular la temperatura de su cuerpo.

7. Ser padres se comparte con toda la comunidad. En las tribus indígenas, las tareas de ser padres se comparten con toda la comunidad. En toda la tribu existe una responsabilidad colectiva de criar un niño.

8. Crianza y educación sin castigos.
Ellos creen que el papel de la familia es “plantar buenas semillas”. Reconocer el comportamiento positivo es mucho más poderoso que castigar el “mal” comportamiento.

9. Educar sobre la marcha y continuamente.
Los padres se toman la educación en serio y van contestando a las preguntas y atendiendo las inquietudes culturales y sociales de sus hijos en todo momento. Es más, normalmente toda la tribu contribuye, ya que cada miembro sabe a veces cosas distintas que le pueden interesar a los niños, y contestan con naturalidad a todas sus preguntas o escuchan con respeto sus comentarios.

10. Saben que educar no significa machacar.
Enseñar no es algo que se pueda hacer en contra de la voluntad de alguien. Uno puede elegir a aprender o no de quienes le rodean. Los padres procuran ser modelos para sus hijos por un lado – porque no saben cuándo pueden inspirar a los niños – y por otro no imponen conocimientos no necesarios o no pedidos.
Saben que no se educa a través de la imposición, y nadie aprende por miedo, sino por pasión o necesidad.

11. Saben que hacen falta más adultos para educar un niño.
Vivir en comunidad ofrece una magnífica oportunidad para los niños; pueden observar + imitar + copiar + inspirarse = APRENDER de muchos adultos de su alrededor, desde pautas de comportamiento, modalidades de encontrar soluciones a los conflictos, hasta cómo realizar una tarea necesaria o desempeñar un oficio. Jugar con los niños está bien para jugar, asimilar y practicar lo que se aprende de los adultos o lo que los niños aportan de manera creativa, individual y espontánea al mundo, ya que todos venimos con un objetivo desde que nacemos. Pero el aprendizaje real florece de forma espectacular cuando hay más adultos alrededor y cada uno añade su “granito de enseñanza” porque cada uno sabe algo distinto – o lo explica de distinta forma – que los demás. De esta forma la enseñanza es más rica, más creativa e interesante, más viva y más comprehensiva.

Cómo aprovechar estas enseñanzas en el mundo urbano occidental

Mucha gente del entorno urbano y sobre todo los que deciden educar ellos mismos a sus propios hijos crean a su alrededor una especie de “tribu de ciudad” que, si bien es distinta a las comunidades tribales tradicionales y tiene otra logística, funciona sin embargo de forma parecida.
Las relaciones entre los distintos miembros son también cercanas y fluidas, se visitan en cuanto sus horarios de trabajo lo permiten, colaboran y cooperan, aprenden unos de otros, aportan lo mejor de cada uno, y los niños perciben todo este ambiente de colaboración, creatividad y cariño, aprenden de cada individuo cosas distintas, a veces – si son un poquito mayores – ayudan o se involucran en proyectos comunes junto a los adultos, y se acostumbran a trabajar de forma sinérgica, percibiendo las intersecciones de campos, disciplinas o culturas y combinando los conceptos existentes para dar a luz a nuevas ideas, fuera de lo tradicional o convencional.
Algunos padres buscan trabajos más adecuados para conciliar la crianza de sus hijos y los horarios de trabajo, muchas madres se planifican para poder estar todo el tiempo posible con sus bebés y amamantarlos, acompañando siempre a los niños, y para los otros momentos se turnan con los padres, o bien sea con otros adultos de confianza; muchas trabajan desde casa y hacen sus recados junto a sus niños, pero también piden ayuda para tener algo de tiempo para sí mismas.

¿Seguirás estos principios de crianza tribal?

¿Y por qué no?

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Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada.