Castigados sin recreo

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Llevo unos días preocupada por la cantidad de mensajes y testimonios en las que padres y madres se quejan porque sus hijos llegan a casa y les cuentan que han sido castigados sin recreo.

Las razones son increíbles: no han terminado las fichas en clase, han hablado, no han guardado la fila, no han llevado el material de alguna asignatura o no han hecho los deberes. ¿De verdad?

Parece que castigar sin recreo, igual que mandar al niño a una clase de los más pequeños sigue siendo una práctica extendida en las escuelas españolas en cualquier tramo de edad.

Veamos, los niños necesitan moverse, necesitan hablar y necesitan jugar. Lo necesitan tanto que muchas veces son incapaces de no hacerlo en las aulas donde se les pretende obligar a aprender de manera silenciosa, pasiva y aburrida. Lo necesitan para su salud física y mental, lo necesitan porque si no se despejan no van a poder luego concentrarse ni mucho menos aprender. La energía que llevan dentro la tienen que sacar y si les privan de esa escasa media hora de patio no se les enseña nada, se les daña. Es un castigo injusto y es un castigo perjudicial.

Y no es que se castigue a un niño sino que también se practica el castigo colectivo en el que se penaliza a todo el grupo sin su media hora de descanso y juego si no cumplen las normas o han alborotado en exceso y aquí pagan justos por pecadores, institucionalizando la injusticia y dañando a todo el grupo con una actitud que supone un ejercicio de la autoridad que, sin dudar, calificaría de sacado de las mejores técnicas de los fascistas.

El niño tiene derecho a jugar, a moverse y a tiempo de ocio. Nadie tiene derecho a privarle de ello. Y no les enseña nada.

 

O mejor, rectifico, como me apunta Carolina Ledesma: “Yo creo que sí les enseña cosas, muchas. Las de siempre: a callar, a obedecer, a someterse, a doblegarse, a resignarse, a engendrar rencor y resentimiento, a anular su propia voluntad, a ejercer la ley del más fuerte, a penalizar el error, a odiar la escuela y el aprendizaje, y un largo etcétera. Ninguna buena, claro.”

Si quieres saber como manejar estas situaciones, como padre, madre o maestro, te vamos a ayudar con una nueva perspectiva. ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Mireia Long

4 thoughts on “Castigados sin recreo

  1. Hola Mireia:
    Leo ésto y no hago otra cosa que pensar en la preparación que nuestr@s niñ@s reciben en el colegio para que de mayores sigan siendo unos seguidores sumisos de algunos líderes que, de pequeños, no quisieron seguir las directrices marcadas por la ‘autoridad’.
    La sociedad en general no es consciente ni se percata de tal situación puesto que sigue la inercia del resto y con un patrón interiorizado común marcado desde hace generaciones.
    ¡Gracias por ayudar a despertar!

  2. Es muy fácil dar un punto de vista y asumir una posición y crítica a la vez cuando no se ha tenido la experiencia de trabajar en un salón de clase…muchas veces criticamos al docente …pero muchos padres de familia son incapaces de soportar a sus hijos y los docentes si tienen que hacerlo…a veces es el último recursos que tiene los docentes en sancionar al educando o aprendiz sin descanso …

    • Ángel, ¿crees qu.e quien ha escrito eso no conoce lo que es trabajar en clase o un grupo de niños?
      Ángel, ¿crees que si unos padres no soporta a sus hijos eso justifica que los niños puedan ser castigados en el colegio?
      Por último, Ángel… Si un docente cree que no tiene que soportar a un niño, que no sea docente! El trabajo del docente no es SOPORTAR a niños, es ayudarles en su crecimiento emocional y de vida…

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