Dejarles decidir es importante.

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Hay niños a los que se etiqueta de “catacaldos” porque prueban muchas cosas y, a veces, no se quedan con ninguna.

Hay padres que se enfadan con sus hijos porque se apuntan a tal o cual actividad y, al poco tiempo, la dejan porque no les termina de gustar, porque no se sienten cómodos con el/la profesor/a, porque descubren que no se les da bien o cualquier otra razón.

He conocido muchos niños que a principio de curso comenzaron a ir a clases de kárate, por poner un ejemplo, bien porque querían probar , bien porque se han apuntado sus mejores amigos. A los dos meses de asistir a las clases descubren que no les interesa el kárate, no les gusta cómo imparte la clase el monitor o se ha enterado de que hay un taller de cómic y prefiere invertir su tiempo en ello.

Pero no. Como decidió apuntarse a esa modalidad deportiva, sus padres le convencen de que si toman una decisión la tienen que llevar hasta el final. Que así se harán más responsables de las decisiones que tomen. Que tienen que atenerse a las consecuencias de lo que hagan.

Cometemos un gran error. Sobre todo si no ha sido pactado de antemano. Es decir, si en principio proponemos un mínimo de asistencia para que el niño o la niña comprueben que, habiéndose apuntado a una actividad, realmente no le gusta, bueno. Pero si comienzan, y no les gusta, no deberíamos obligarles a continuar.

En primer lugar, y si nos ponemos en su pellejo, ¿a quién le apetece hacer algo que no le gusta? Todos tendemos a evitarlo. Me rechinan los comentarios tipo: “ya, pero tiene que ir asumiendo responsabilidades para cuando sea mayor, porque tendrá que trabajar en cosas que no les gusten”.

Bueno, esa es una teoría. Yo tengo otra pero no viene al caso. Otro día escribiré sobre ello.

Y en segundo lugar, el tiempo que van a desperdiciar continuando con algo que no les apetece dejan de tenerlo disponible para otras cosas que les pueden apasionar y descubrir caminos más interesantes para su futuro.

No incluyo en este listado las que son necesarias para su desarrollo, su descanso y todo lo que tenga que ver con su higiene y salud. Me refiero a todas esas actividades añadidas, que a veces tienen que desarrollar para conciliar nuestras jornadas laborales o nuestros tiempos de ocio personales.

Es muy peligroso inculcar a los niños que cuando toman una decisión la tienen que mantener hasta el final. Ese es un aprendizaje nefasto. Un adulto con esa mentalidad está perdido. Precisamente, el saber evaluar una situación o una decisión y cambiar de rumbo o de solución si algo no funciona, es fundamental.

Los niños y las niñas tienen que tener voz y voto en lo que hacen. Ser responsables en la toma de decisiones pero teniendo todos los datos de antemano y los acuerdos o normas consensuadas. No podemos obligarles a que realicen actividades porque, desde nuestro punto de vista, son “interesantes” o nos hubiese gustado hacerlo a nosotros y no pudimos.

Conozco muchas niñas que van obligadas a ballet, gimnasia rítmica o a clases de piano porque es muy femenino y a niños que van a fútbol o a kárate porque es muy masculino.

Todos estos niños me dan mucha pena. Sobre todo porque conozco algunos que tienen talentos increíbles para otras actividades como son la cocina, el dibujo, la fotografía, la ciencia, el teatro o la mímica y no pueden desarrollarlas.

Hoy en día, con la cantidad de formación online que existe y talleres presenciales diferentes, no hay excusa para que nuestros hijos o alumnos se estanquen en ocio predeterminado.

La importancia de conocer un gran abanico de posibilidades y de probar unas y otras para, con la experiencia, valorar qué nos gusta, qué no, qué nos aporta, qué no, qué podemos implementar en nuestra vida para conseguir otros objetivos y qué no es muy importante.

Démosles la posibilidad de decidir, de equivocarse, de descubrir… Si somos sensatos, les permitiremos hacerlo y descubriremos cuánto aprenden, como así ha sido en la historia de los humanos, con el ensayo-error.

El círculo de Lola.

A los profesores que están tan agobiados por los spinners…

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A los profesores que están tan agobiados por que en sus clases los chicos usan spinners, un consejo:
Enfócate en lo que quieres transmitir, en conectar con la emoción de tus alumnos, en mostrar tu pasión por lo que enseñas (si la tienes, claro, que lo mismo estás frustrado por que tú soñabas con ser químico de verdad y no profe de química, que pasa…) y en hacer que sea un rato agradable para todos. Te olvidarás de los spinners, y con suerte algunos chavales también se olvidarán de ellos por un rato. ¿Te imaginas lo bien que te vas a sentir por lograr esa conexión con ellos?
Deja de quejarte, de verdad. Algunos profesores no sabéis lo cansinos que sois.
Recuerda que tus alumnos no te han elegido a ti especialmente como profesor, les has tocado en suerte, y el sistema les obliga a tener que estar ahí, incluso si lo que tú enseñas con tanto ahínco (o no) les interesa muy poco o nada. Demuéstrales por qué merecen dar una oportunidad a lo que les estás contando y a ellos mismos-
Tú sí tienes elección, ellos no.
Así que elige la empatía, que con muy poco esfuerzo, solo siendo un ser humano decente y amable, seguro que lo logras 😉
Azucena Caballero

¿Qué supone tener altas capacidades?

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Tener Altas Capacidades supone comprender la vida desde otro punto de vista.

Donde algunas personas ven algo sencillo, sin interés, tú ves millones de conexiones y posibilidades.

Donde los demás ven complejidad, tú concibes al segundo, de forma automática, la solución.

Donde la mayoría de las personas se mueven como pez en el agua, por ejemplo, en la interacciones sociales, a ti te cuesta la vida comprenderlas y ya no te digo saber cómo desenvolverte o integrarte.

Donde la imaginación, la creatividad conviven contigo y te hacen concebir a diario y a toda velocidad, nuevas ideas y pensamientos diferentes.

Son mil y un detalles los que hacen que las personas con altas capacidades piensen, conciban, sientan y vivan de forma diferente. De una forma nada sencilla, rápida, intensa, inmensamente emocional. De una forma profunda, a veces caótica, dispersa, llena de preocupaciones y ansiedad.

Muchas de la ansiedad, temores y preocupaciones que las personas de Alta Capacidad sufren durante parte de sus vidas, pueden ser evitadas ya desde la infancia cuando son acompañadas con comprensión hacia sus particularidades y ofreciéndoles un apoyo específico en lo emocional, lo intelectual y en lo social.

Los niños de Altas Capacidades necesitan herramientas para crecer equilibrados, aprender a comprender sus peculiaridades y para desarrollar de forma óptima todo su potencial.

Elena Mayorga

Si necesitas saber más sobre este tema puedes conseguir todo lo que buscas en nuestro programa.

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Los errores de la escuela con los niños de altas capacidades

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¿Cuáles son los mayores errores del sistema escolar en la educación de los niños AACC? La respuesta es compleja y seguramente retomaremos los aspectos pedagógicos más adelante, pero hoy creo que es importante dar respuesta a esta cuestión, pensando en aquellas familias que van a escolarizar por primera vez a sus hijos. Estos son, en mi opinión, los mayores defectos que una escuela puede tener para acoger a un niño de altas capacidades:

1.- Normalización: enseñarles que destacar es incorrecto, mejor que parezcan normales.
2.- Estandarizar: enseñarles a que deben estar en el nivel de la clase y no valorar sus conocimientos especiales.
3.- Inhibirse: enseñarles que no se intervendrá en el acoso de baja intensidad.
4.- Aprendizaje memorístico: puntuar a los niños por la capacidad de vomitar contenidos exactos del libro de texto.
5.- Repetición: confundir aprendizaje con repetición de ejercicios.
6.- Buena letra: imponer el escribir con “buena letra” como criterio de buen aprendizaje.

Para un niño AACC el aprendizaje es pasión. Lo que hay que hacer es permitirle investigar en sus áreas de interés y profundizar todo cuando quiera, evitando contenidos memorísticos, repetitivos y generalmente, permitiendo la expresión en canales múltiples, no la escritura manual con criterios de buena letra. Nunca repetir, nunca memorizar, nunca copiar.


Un aula debe ser un lugar diverso donde se transmita, además, que se abraza y aprecia la diferencia. El niño AACC dispone de herramientas, conocimientos y habilidades que su profesor debe potenciar y animar a usar, todo lo contrario de obligar a hacer lo que todos y encima ocultar o bajar la riqueza de sus aportaciones para que no desentone. Y por supuesto, valorar sus emociones, cuidarlos de cualquier agresión, interviniendo, fomentando lazos por comunidad pero no promoviendo que el niño se integre en lo que todos hacen. Y desde luego, evitando el acoso.


En realidad, debo añadir, que esto es lo que necesitan TODOS los niños y es el objetivo de la Pedagogía Blanca.


Pero además de todo esto, cuando hablamos de niños de Altas Capacidades no deberíamos pensar únicamente en su potencial intelectual o cognitivo. Más allá de eso se abre el mundo de las emociones y la sensibilidad, un aspecto adicional que frecuentemente, se ignora.


Los niños de Altas Capacidades suelen tener una vida emocional de enorme intensidad. Puede resultar para ellos, enormemente destructivo verse presionados, forzados a demostrar excelentes resultados, añadir crítica a su ya de por si alta exigencia, no comprender sus problemas para enfrentarse a las frustraciones y, especialmente, burlarnos de la intensidad de sus sentimientos y de la delicada sensibilidad que les hace sufrir ante estímulos físicos intensos o situaciones agresivas.


Nos puede asombrar su empatía, que les hace sufrir, ante los actos malvados o violentos, sus preocupaciones metafísicas a muy temprana edad y el apego que sienten hacia las personas, la manera en la que se vinculan, pero también la resistencia a olvidar una ofensa o un desprecio.


Parece contraproducente pero los niños de Altas Capacidades pueden desarrollar una baja autoestima muy relacionada con el ambiente escolar si se valora únicamente la rapidez en tareas repetitivas, fichas o psicomotricidad fina. Tienden a tener una alta exigencia y, si algo no les sale bien o no están motivados, nos podemos encontrar con que pierden la confianza, especialmente si no se valoran sus otras capacidades.


Los castigos, la imposición de normas que les parecen injustas, el aburrimiento, la agresividad mal gestionada en el aula o el patio, las “caritas tristes”, pueden desembocar en crisis, ansiedad o desmotivación, poniendo las bases de reacciones que se confunden con la hiperactividad o conductas desafiantes.


Cuando escolaricemos a un niño de Altas Capacidades es indispensable que tengamos muy en cuenta el modelo de trato y la orientación de la escuela, hablar con su maestro para poder evitar que, en vez de sentirse estimulado con la oportunidad de crecer en un ambiente de aprendizaje feliz, se vea frustrado y sufra. Depende de nosotros, los padres, y de sus educadores, que esto no suceda.

Mireia Long


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Bajo rendimiento escolar en niños con altas capacidades

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Una de las cuestiones más preocupantes sobre los niños con Altas Capacidades es el alto índice de fracaso escolar, desmotivación y bajo rendimiento que pueden presentar. Aunque no podemos dar datos totales puesto que la detección es todavía parcial, algunas fuentes señalan que podría ser de entre un 60 y un 80% de ellos.

Pero, ¿qué puede llevar a que un niño con Altas Capacidades se desmotive y se descuelgue del aprendizaje? Las causas son multifactoriales aunque, en mi opinión, las más evidentes son achacables al sistema educativo, pero no son las únicas.

Por un lado hay que señalar la falta de una uniformidad en los criterios en cada Comunidad Autónoma y el que no es realicen cribados universales, lo que retrasa y hasta imposibilita que todos los niños con Altas Capacidades sean identificados y atendidos lo antes posible. Por otro lado, los propios docentes pueden tener un gran desconocimiento sobre las necesidades de estos niños o su manera de funcionar en el aula. La falta de formación, de medios humanos y técnicos hace que, además, la atención sea claramente deficitaria y muchas veces las propuestas sean de limitadísima repercusión real: programas de enriquecimiento que no responden a la individualidad y no son efectivos, aumento de contenido lectivo pero con la misma metodología o avances de curso que no siempre son funcionales.

Pero más allá de eso, volviendo a la disposición del docente, creo que es indispensable señalar que sigue habiendo maestros que manifiestan desconfianza hacia esta “moda” de las Altas Capacidades, ven a los alumnos como molestos en su organización normal del aula o les exigen, para reconocerlos, que tengan excelentes resultados académicos y poco más. Muchos maestros carecen de formación en educación para Altas Capacidades y algunos tienen prejuicios sobre la superdotación. Siguen existiendo estos maestros que afirman que nunca han tenido un alumno superdotado y lo dicen convencidos.

Quizá uno de los problemas más serios es que no comprenden que los alumnos con AACC pueden tener un desarrollo asincrónico o esperan que tengan siempre un rendimiento escolar sobresaliente. Entonces, al encontrarse con la realidad, exigen en exceso que académicamente tengan magníficos resultados, los presionan o les transmiten que no se esfuerzan, sin saber valorar en lo que cada niño es brillante. Tener expectativas académicas exigentes no siempre produce buenos frutos, pues los niños, perfeccionistas y presionados, terminan desconfiando de su capacidad y sienten la frustración del maestro (y de los padres) provocándoles una reacción de rechazo y falta de confianza en ellos mismos.

Además, si se espera que no tengan ningún problema y no se les ayuda, no se les enseña técnicas para desarrollar su potencial, no se considera que usar con ellos recursos y la atención porque otros con problemas de aprendizaje los necesitan más y encima se les señala frente a los compañeros, los propios niños pueden intentar hacer invisibles sus diferencias y buscar, simplemente, no destacar, aunque de este tema trataré la semana que viene con mayor profundidad.

Para terminar, si la política escolar no apuesta firmemente por la detección, la aceleración, los programas de enriquecimiento realmente efectivos y desalienta que se agrupen alumnos por capacidad e intereses en algunas áreas, los niños dejan de recibir la atención que necesitan, que debería basarse en la individualización, la complejidad y el reconocimiento de los ritmos personales de aprendizaje.

Si la organización educativa y los maestros no atienden como necesitan a estos alumnos la consecuencia final supondrá que sientan apatía, aburrimiento, falta de motivación y una enorme desconfianza del sistema y los docentes, consiguiendo que la escuela deje de tener sentido para ellos y no vean los posibles beneficios que de ella podrían obtener, perdiéndolos por completo y convirtiéndolos, a medio plazo, en alumnos abocados al fracaso escolar y la pérdida de autoestima, conductas disruptivas y a que su potencial nunca se desarrolle.

Mireia Long

En la Pedagogía Blanca trabajamos con padres y maestros para que estén preparados para ofrecer a cada alumno recursos personalizados y motivadores, así que si este tema os interesa, os animo a visitar nuestro proyecto.

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Las emociones de los niños con altas capacidades

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Un niño de Altas Capacidades no solo tiene características intelectuales reseñables. Muchos niños con Altas Capacidades muestran mayor sensibilidad y reactividad, o sobreexcitación emocional.

Posiblemente podáis reconocerlas en vuestros hijos o recordarlas de vuestra infancia si estáis en este caso.  Esto puede suponer dificultades en su relación con sus padres, sus maestros, otros niños, pero sobre todo puede suponer que ellos mismos sufran por esa intensidad emocional que los abruma.

Para comprenderlos mejor tenemos que aceptar este hecho como normal, abrazar su emocionalidad sin juicios y, consecuentemente, empatizar con ellos.

Os propongo que tratéis de imaginar como os sentiríais si, ante acontecimientos o situaciones comunes y aparentemente sin demasiada trascendencia, que los demás no experimenten igual, vosotros os vierais invadidos por reacciones muy intensas que desencadenan recuerdos o asociaciones de enorme alcance. Esto implica que en situaciones rutinarias las emociones alcanzasen enorme fuerza y os llegaran a afectar físicamente, produciendo hasta palpitaciones o dolores de cabeza o de estómago. Y que nadie lo entendiera.

Nos encontramos con niños intensamente impactados por el sufrimiento de otros seres humanos o de los animales, la empatía es tan grande que la compasión y el dolor ajeno les puede llegar paralizar, no dejándoles disfrutar de actividades cotidianas pues están preocupados por las injusticias o por problemas existenciales acerca del sentido de la vida, la muerte o las desigualdades. Esto puede llegar a que sientan tristeza enorme y ansiedad existencial por estos problemas y a hablar de ellos con una precocidad que su entorno no comprende.

También vas a buscar solo relaciones y amistades con las que se sientan cómodos, respetados y libres, sintiéndose muy mal ante el rechazo, las burlas o los juegos algo agresivos de otros niños, no deseando relacionarse con ellos. Si se ven forzados pueden encerrarse en si mismos y desarrollar sentimientos de inadecuación y falta de autoestima.

Los demás los califican de exagerados, sombríos, tímidos, timoratos o, incluso, rechazarlos aún más por verlos como elitistas y despectivos, cuando solo necesitan comprensión y respeto por sus características. Al final no desean compartir sus inquietudes, intereses y pasiones, pues todo lo que reciben es que los demás se apartan de ellos y se burlan. Algunos se encerrarán, otros decidirán negar lo que sienten y tratarán, por todos los medios, de ser aceptados.

Y, ¿podemos ayudarles a manejar esa excitabilidad emocional y sentirse más felices?

Lo primero sería nunca burlarnos de sus emociones y pensamientos, al menos no hacerlo sus padres y educadores, para que el niño no sienta vergüenza de expresarse tal y como es. Si cada vez que comparte una preocupación existencial o emocional le decimos que eso es un disparate o una tontería, que debería dejar de pensar y sentir lo que siente y piensa, le transmitimos que es inadecuado, hasta puede pensar que es tonto, y, sobre todo, perderá confianza en él mismo y en nosotros.

Nombrar sus emociones e identificarlas va más allá, les daremos herramientas para que puedan expresarlas verbalmente de manera que no ataquen a otros o que puedan canalizarlas sin negarlas con técnicas de relajación, atención y respiración profunda. Además, necesitan aprender a explicar sus puntos de vista sin menospreciar a los demás, algo que pueden hacer cuando piensan que su interlocutor es poco inteligente.

 

Ayudarles a identificar sus emociones y a comprender a qué situaciones están conectadas les ayuda mucho, ya que la comprensión intelectual es para ellos un recurso al que agarrarse y con el que manejar mucho mejor esas emociones tan intensas.

Ser una persona muy sensible o con emociones muy intensas es algo que podemos enseñarles que es un precioso don, que los amamos y aceptamos como son y que estamos dispuestos a acompañarlos y confortarlos cuando lo necesitan.

Mireia Long

 

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