¿Qué supone tener altas capacidades?

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Tener Altas Capacidades supone comprender la vida desde otro punto de vista.

Donde algunas personas ven algo sencillo, sin interés, tú ves millones de conexiones y posibilidades.

Donde los demás ven complejidad, tú concibes al segundo, de forma automática, la solución.

Donde la mayoría de las personas se mueven como pez en el agua, por ejemplo, en la interacciones sociales, a ti te cuesta la vida comprenderlas y ya no te digo saber cómo desenvolverte o integrarte.

Donde la imaginación, la creatividad conviven contigo y te hacen concebir a diario y a toda velocidad, nuevas ideas y pensamientos diferentes.

Son mil y un detalles los que hacen que las personas con altas capacidades piensen, conciban, sientan y vivan de forma diferente. De una forma nada sencilla, rápida, intensa, inmensamente emocional. De una forma profunda, a veces caótica, dispersa, llena de preocupaciones y ansiedad.

Muchas de la ansiedad, temores y preocupaciones que las personas de Alta Capacidad sufren durante parte de sus vidas, pueden ser evitadas ya desde la infancia cuando son acompañadas con comprensión hacia sus particularidades y ofreciéndoles un apoyo específico en lo emocional, lo intelectual y en lo social.

Los niños de Altas Capacidades necesitan herramientas para crecer equilibrados, aprender a comprender sus peculiaridades y para desarrollar de forma óptima todo su potencial.

Elena Mayorga

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Los errores de la escuela con los niños de altas capacidades

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¿Cuáles son los mayores errores del sistema escolar en la educación de los niños AACC? La respuesta es compleja y seguramente retomaremos los aspectos pedagógicos más adelante, pero hoy creo que es importante dar respuesta a esta cuestión, pensando en aquellas familias que van a escolarizar por primera vez a sus hijos. Estos son, en mi opinión, los mayores defectos que una escuela puede tener para acoger a un niño de altas capacidades:

1.- Normalización: enseñarles que destacar es incorrecto, mejor que parezcan normales.
2.- Estandarizar: enseñarles a que deben estar en el nivel de la clase y no valorar sus conocimientos especiales.
3.- Inhibirse: enseñarles que no se intervendrá en el acoso de baja intensidad.
4.- Aprendizaje memorístico: puntuar a los niños por la capacidad de vomitar contenidos exactos del libro de texto.
5.- Repetición: confundir aprendizaje con repetición de ejercicios.
6.- Buena letra: imponer el escribir con “buena letra” como criterio de buen aprendizaje.

Para un niño AACC el aprendizaje es pasión. Lo que hay que hacer es permitirle investigar en sus áreas de interés y profundizar todo cuando quiera, evitando contenidos memorísticos, repetitivos y generalmente, permitiendo la expresión en canales múltiples, no la escritura manual con criterios de buena letra. Nunca repetir, nunca memorizar, nunca copiar.


Un aula debe ser un lugar diverso donde se transmita, además, que se abraza y aprecia la diferencia. El niño AACC dispone de herramientas, conocimientos y habilidades que su profesor debe potenciar y animar a usar, todo lo contrario de obligar a hacer lo que todos y encima ocultar o bajar la riqueza de sus aportaciones para que no desentone. Y por supuesto, valorar sus emociones, cuidarlos de cualquier agresión, interviniendo, fomentando lazos por comunidad pero no promoviendo que el niño se integre en lo que todos hacen. Y desde luego, evitando el acoso.


En realidad, debo añadir, que esto es lo que necesitan TODOS los niños y es el objetivo de la Pedagogía Blanca.


Pero además de todo esto, cuando hablamos de niños de Altas Capacidades no deberíamos pensar únicamente en su potencial intelectual o cognitivo. Más allá de eso se abre el mundo de las emociones y la sensibilidad, un aspecto adicional que frecuentemente, se ignora.


Los niños de Altas Capacidades suelen tener una vida emocional de enorme intensidad. Puede resultar para ellos, enormemente destructivo verse presionados, forzados a demostrar excelentes resultados, añadir crítica a su ya de por si alta exigencia, no comprender sus problemas para enfrentarse a las frustraciones y, especialmente, burlarnos de la intensidad de sus sentimientos y de la delicada sensibilidad que les hace sufrir ante estímulos físicos intensos o situaciones agresivas.


Nos puede asombrar su empatía, que les hace sufrir, ante los actos malvados o violentos, sus preocupaciones metafísicas a muy temprana edad y el apego que sienten hacia las personas, la manera en la que se vinculan, pero también la resistencia a olvidar una ofensa o un desprecio.


Parece contraproducente pero los niños de Altas Capacidades pueden desarrollar una baja autoestima muy relacionada con el ambiente escolar si se valora únicamente la rapidez en tareas repetitivas, fichas o psicomotricidad fina. Tienden a tener una alta exigencia y, si algo no les sale bien o no están motivados, nos podemos encontrar con que pierden la confianza, especialmente si no se valoran sus otras capacidades.


Los castigos, la imposición de normas que les parecen injustas, el aburrimiento, la agresividad mal gestionada en el aula o el patio, las “caritas tristes”, pueden desembocar en crisis, ansiedad o desmotivación, poniendo las bases de reacciones que se confunden con la hiperactividad o conductas desafiantes.


Cuando escolaricemos a un niño de Altas Capacidades es indispensable que tengamos muy en cuenta el modelo de trato y la orientación de la escuela, hablar con su maestro para poder evitar que, en vez de sentirse estimulado con la oportunidad de crecer en un ambiente de aprendizaje feliz, se vea frustrado y sufra. Depende de nosotros, los padres, y de sus educadores, que esto no suceda.

Mireia Long


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Bajo rendimiento escolar en niños con altas capacidades

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Una de las cuestiones más preocupantes sobre los niños con Altas Capacidades es el alto índice de fracaso escolar, desmotivación y bajo rendimiento que pueden presentar. Aunque no podemos dar datos totales puesto que la detección es todavía parcial, algunas fuentes señalan que podría ser de entre un 60 y un 80% de ellos.

Pero, ¿qué puede llevar a que un niño con Altas Capacidades se desmotive y se descuelgue del aprendizaje? Las causas son multifactoriales aunque, en mi opinión, las más evidentes son achacables al sistema educativo, pero no son las únicas.

Por un lado hay que señalar la falta de una uniformidad en los criterios en cada Comunidad Autónoma y el que no es realicen cribados universales, lo que retrasa y hasta imposibilita que todos los niños con Altas Capacidades sean identificados y atendidos lo antes posible. Por otro lado, los propios docentes pueden tener un gran desconocimiento sobre las necesidades de estos niños o su manera de funcionar en el aula. La falta de formación, de medios humanos y técnicos hace que, además, la atención sea claramente deficitaria y muchas veces las propuestas sean de limitadísima repercusión real: programas de enriquecimiento que no responden a la individualidad y no son efectivos, aumento de contenido lectivo pero con la misma metodología o avances de curso que no siempre son funcionales.

Pero más allá de eso, volviendo a la disposición del docente, creo que es indispensable señalar que sigue habiendo maestros que manifiestan desconfianza hacia esta “moda” de las Altas Capacidades, ven a los alumnos como molestos en su organización normal del aula o les exigen, para reconocerlos, que tengan excelentes resultados académicos y poco más. Muchos maestros carecen de formación en educación para Altas Capacidades y algunos tienen prejuicios sobre la superdotación. Siguen existiendo estos maestros que afirman que nunca han tenido un alumno superdotado y lo dicen convencidos.

Quizá uno de los problemas más serios es que no comprenden que los alumnos con AACC pueden tener un desarrollo asincrónico o esperan que tengan siempre un rendimiento escolar sobresaliente. Entonces, al encontrarse con la realidad, exigen en exceso que académicamente tengan magníficos resultados, los presionan o les transmiten que no se esfuerzan, sin saber valorar en lo que cada niño es brillante. Tener expectativas académicas exigentes no siempre produce buenos frutos, pues los niños, perfeccionistas y presionados, terminan desconfiando de su capacidad y sienten la frustración del maestro (y de los padres) provocándoles una reacción de rechazo y falta de confianza en ellos mismos.

Además, si se espera que no tengan ningún problema y no se les ayuda, no se les enseña técnicas para desarrollar su potencial, no se considera que usar con ellos recursos y la atención porque otros con problemas de aprendizaje los necesitan más y encima se les señala frente a los compañeros, los propios niños pueden intentar hacer invisibles sus diferencias y buscar, simplemente, no destacar, aunque de este tema trataré la semana que viene con mayor profundidad.

Para terminar, si la política escolar no apuesta firmemente por la detección, la aceleración, los programas de enriquecimiento realmente efectivos y desalienta que se agrupen alumnos por capacidad e intereses en algunas áreas, los niños dejan de recibir la atención que necesitan, que debería basarse en la individualización, la complejidad y el reconocimiento de los ritmos personales de aprendizaje.

Si la organización educativa y los maestros no atienden como necesitan a estos alumnos la consecuencia final supondrá que sientan apatía, aburrimiento, falta de motivación y una enorme desconfianza del sistema y los docentes, consiguiendo que la escuela deje de tener sentido para ellos y no vean los posibles beneficios que de ella podrían obtener, perdiéndolos por completo y convirtiéndolos, a medio plazo, en alumnos abocados al fracaso escolar y la pérdida de autoestima, conductas disruptivas y a que su potencial nunca se desarrolle.

Mireia Long

En la Pedagogía Blanca trabajamos con padres y maestros para que estén preparados para ofrecer a cada alumno recursos personalizados y motivadores, así que si este tema os interesa, os animo a visitar nuestro proyecto.

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Las emociones de los niños con altas capacidades

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Un niño de Altas Capacidades no solo tiene características intelectuales reseñables. Muchos niños con Altas Capacidades muestran mayor sensibilidad y reactividad, o sobreexcitación emocional.

Posiblemente podáis reconocerlas en vuestros hijos o recordarlas de vuestra infancia si estáis en este caso.  Esto puede suponer dificultades en su relación con sus padres, sus maestros, otros niños, pero sobre todo puede suponer que ellos mismos sufran por esa intensidad emocional que los abruma.

Para comprenderlos mejor tenemos que aceptar este hecho como normal, abrazar su emocionalidad sin juicios y, consecuentemente, empatizar con ellos.

Os propongo que tratéis de imaginar como os sentiríais si, ante acontecimientos o situaciones comunes y aparentemente sin demasiada trascendencia, que los demás no experimenten igual, vosotros os vierais invadidos por reacciones muy intensas que desencadenan recuerdos o asociaciones de enorme alcance. Esto implica que en situaciones rutinarias las emociones alcanzasen enorme fuerza y os llegaran a afectar físicamente, produciendo hasta palpitaciones o dolores de cabeza o de estómago. Y que nadie lo entendiera.

Nos encontramos con niños intensamente impactados por el sufrimiento de otros seres humanos o de los animales, la empatía es tan grande que la compasión y el dolor ajeno les puede llegar paralizar, no dejándoles disfrutar de actividades cotidianas pues están preocupados por las injusticias o por problemas existenciales acerca del sentido de la vida, la muerte o las desigualdades. Esto puede llegar a que sientan tristeza enorme y ansiedad existencial por estos problemas y a hablar de ellos con una precocidad que su entorno no comprende.

También vas a buscar solo relaciones y amistades con las que se sientan cómodos, respetados y libres, sintiéndose muy mal ante el rechazo, las burlas o los juegos algo agresivos de otros niños, no deseando relacionarse con ellos. Si se ven forzados pueden encerrarse en si mismos y desarrollar sentimientos de inadecuación y falta de autoestima.

Los demás los califican de exagerados, sombríos, tímidos, timoratos o, incluso, rechazarlos aún más por verlos como elitistas y despectivos, cuando solo necesitan comprensión y respeto por sus características. Al final no desean compartir sus inquietudes, intereses y pasiones, pues todo lo que reciben es que los demás se apartan de ellos y se burlan. Algunos se encerrarán, otros decidirán negar lo que sienten y tratarán, por todos los medios, de ser aceptados.

Y, ¿podemos ayudarles a manejar esa excitabilidad emocional y sentirse más felices?

Lo primero sería nunca burlarnos de sus emociones y pensamientos, al menos no hacerlo sus padres y educadores, para que el niño no sienta vergüenza de expresarse tal y como es. Si cada vez que comparte una preocupación existencial o emocional le decimos que eso es un disparate o una tontería, que debería dejar de pensar y sentir lo que siente y piensa, le transmitimos que es inadecuado, hasta puede pensar que es tonto, y, sobre todo, perderá confianza en él mismo y en nosotros.

Nombrar sus emociones e identificarlas va más allá, les daremos herramientas para que puedan expresarlas verbalmente de manera que no ataquen a otros o que puedan canalizarlas sin negarlas con técnicas de relajación, atención y respiración profunda. Además, necesitan aprender a explicar sus puntos de vista sin menospreciar a los demás, algo que pueden hacer cuando piensan que su interlocutor es poco inteligente.

 

Ayudarles a identificar sus emociones y a comprender a qué situaciones están conectadas les ayuda mucho, ya que la comprensión intelectual es para ellos un recurso al que agarrarse y con el que manejar mucho mejor esas emociones tan intensas.

Ser una persona muy sensible o con emociones muy intensas es algo que podemos enseñarles que es un precioso don, que los amamos y aceptamos como son y que estamos dispuestos a acompañarlos y confortarlos cuando lo necesitan.

Mireia Long

 

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¿Existen las altas capacidades?

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Los seres humanos somos diversos. Una de las grandes maravillas de nuestra especie y un objetivo de cualquier sociedad avanzada es abrazar esa diversidad y potencias los talentos de cada persona para que den la mejor versión de sí mismos, sean felices, se realicen y aporten al conjunto de la sociedad todo lo bueno que puedan dar.

Todos los seres humanos somos inteligentes, cada uno tiene además talentos y capacidades que lo hacen único. Y, dentro de la diversidad humana, hay personas con una inteligencia especialmente alta, superior a la media, que se valora objetivamente a través de pruebas estandarizadas que incluyen su cociente intelectual (CI) y otros aspectos como la creatividad o los talentos en áreas específicas. La Organización Mundial de la Salud considera aplicable el término a una persona que cuenta con un coeficiente intelectual superior a 130. Se estima que un 2% de las personas reúnen los requisitos para ser considerados como superdotados. Existen hoy otros criterios más complejos, especialmente reseñables los de Renzulli.

Las personas de Altas Capacidades no es solo que puntúen en test estandarizados con resultados superiores a ese 130. Hoy se está trabajando en estudios científicos que apuntan a una organización cerebral con mayor desarrollo de áreas de la corteza que les permiten tener mejor memoria, capacidad de síntesis, pensamiento divergente, capacidad de análisis y creatividad, siempre, claro está, que su entorno sea el adecuado.

Negar que existen personas con estas características es, simplemente, idiota. ¿Son mejores los superdotados? Pensar eso sería otra idiotez. Tener un cerebro rápido, curioso, flexible y brillante es solo una característica más. Puede ayudarnos a contribuir notablemente al desarrollo y el progreso, de hecho, los grandes pensadores e innovadores del pasado hoy serían, posiblemente, reconocidos como superdotados. Pero, realmente, ser superdotado no te va a hacer mejor persona, ni más capaz de lograr el éxito (sea lo que sea eso), ni más feliz, como tampoco te lo va a dar ser más alto, más rápido o tener una salud de hierro.

Sin embargo existe, al menos en España y en algunos casos, cierto rechazo al superdotado (niño o adulto), como si debiera esconder su talento o su capacidad. Nadie acusaría a un genio deportivo de ser presuntuoso por mencionar o mostrar su talento, o explicar que ha conseguido una medalla olímpica o un record gracias a su capacidad y su esfuerzo. Con el cerebro pasa otra cosa. Somos un país paleto, que rechaza la cultura, se harta de ver telebasura, desprecia a los mejores cerebros que han de marcharse fuera y machaca a cualquiera que se salga de la norma.  Y que exige que, si no eres catedrático cuando menos, escondas como si de un secreto sucio se tratara que eres una persona de altas capacidades intelectuales.

Las niñas y las mujeres son, por supuesto, especialmente enculturadas en el mandato de no destacar. Tanto es así, que, incluso con el panorama vergonzoso de la detección de niños de altas capacidades por el sistema escolar (muchos, la inmensa mayoría, son ignorados), en el caso de las niñas las cifras son llamativamente inferiores, pues el mensaje que reciben es que si dicen o muestran que son inteligentes serán despreciadas. De ellas se espera que sean guapas, amables y agradables, no genios, no científicas. Pero no quiero centrar este artículo en la menor detección de altas capacidades en las niñas, algo real y achacable a causas sociales, todos los niños lo sufren en cierta medida.

Primero, solo se detecta a una minoría. Segundo, muchas veces sus maestros y orientadores parecen perdidos, rechazan de primeras una evaluación, especialmente si los resultados académicos no son brillantes, haciendo pasar verdaderos calvarios a esos niños y sus familias. Y tercero, las medidas de apoyo educativo suelen ser bastante deficitarias y poco motivantes para ellos.

Los niños de altas capacidades y, en general, las personas de altas capacidades, necesitan poder aprender y desarrollar su capacidad en un entorno adecuado. Ese entorno educativo no es, con pocas excepciones, el que ofrece un sistema escolar repetitivo, que premia la memorización, que aumenta el estrés y la competitividad, que no fomenta el talento o el deseo de saber autónomo. Además, muchas veces las personas de Altas Capacidades tienen una gran delicadeza de sentimientos, son sensibles, y el machaque del sistema unido a lo habitual del acoso contra los “empollones” o “sabiondos”, el rechazo al conocimiento, les provoca ansiedad y problemas de autoestima. El resultado es este: muchos, muchos, muchos, de los niños con Altas Capacidades, tienen fracaso escolar. Tiramos su talento y su fuerza interior a la basura. Desperdiciamos sus mentes brillantes. Y nos condenamos a seguir siendo un país paleto, pobre, sin criterio y sin futuro.

Las personas de Altas Capacidades y, especialmente los niños, no solo son rápidos en el aprendizaje y en la resolución de problemas con respuestas innovadoras, también presentan otras características: intensidad emocional e hipersensibilidad sensorial. Muchos niños problemáticos, considerados hiperactivos o señalados como difíciles, son niños aburridos y hartos, pero con altas capacidades sin detectar, lo que les hace vivir con sufrimiento y no entender qué les hace diferentes.

Porque sí, los niños y los adultos de Altas Capacidades se sienten diferentes en su manera de entender las relaciones y los procesos de pensamiento. Pero como cualquier ser humano ansían ser amados y aceptados, sin tener que esconderse en un armario.  Ninguno pediríamos que alguien esconda su sexualidad, pero seguimos penalizando la inteligencia. Así que el camino elegido para ser aceptados puede ser muy variado: depresión, huida hacia dentro, sentirse inadecuado, desarrollar comportamientos hostiles o sencillamente, tratar de disimular y hacerse invisible tratando de parecer “normal”, como si no fuera normal ser como es él.

Las minorías no son aceptadas. Lo diferente es rechazado. El amar la cultura o el conocimiento es raro, de frikis, de perdedores. Hay que “ser normal”. Y eso en la escuela, y en la vida, supone que quien sale del armario se juegue el sufrir acoso, insultos y desprecios. Y más, si cabe, si es una mujer, tenía que decirlo. Y si es en el colegio, se convierte en una víctima de burlas y bullying si los adultos no saben remediarlo.

Mireia Long

 

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Felicidad y altas capacidades

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Las familias que tienen hijos ya detectados con Altas Capacidades y que tiene una larga trayectoria en el sistema escolar terminan convirtiéndose en grandes expertos sobre las teorías, métodos y modelos que ofrece la investigación actualmente sobre esta cuestión pero la llegada a este mundo se produce muchas veces desde el desconocimiento y una cierta preocupación. Nos da miedo que nuestros hijos sufran o que no podamos darles lo que necesitan para desarrollarse plenamente. Y quiero tranquilizaros. Las Altas Capacidades existen y pueden ser fuente de enorme felicidad, placer y, sin duda, con el apoyo y el acompañamiento necesario, pueden ser la base de una vida satisfactoria en la que esos dones se conviertan en talentos y búsqueda de la excelencia (no me refiero a la puramente académica).

Realmente las altas capacidades y el desarrollo del talento son uno de los campos que más investigaciones están aunando en la actualidad. Podéis leer sobre ello en numerosos libros, documentos y revistas especializadas, sin embargo no quiero hablar de erudición o conocimiento profundo de los campos de trabajo de los expertos. Vamos a lo que más os preocupa.

¿Existe un esfuerzo investigativo en Altas Capacidades que hace que este concepto pueda verse desde diferentes perspectivas? Por supuesto que sí. ¿Existen modelos que hacen considerar superado el identificar altas capacidades con un CI determinado? Por supuesto que sí. ¿Existen intentos para que el sistema educativo se adapte a las necesidades de los niños con Altas Capacidades? Ciertamente. ¿Hay que conseguir que mejore la actual detección tan deficitaria? De eso no cabe ninguna duda.  Sin embargo la realidad es esta: sigue habiendo un número mínimo de niños de Altas Capacidades detectados y un número mínimo de adultos que sepan que las tienen. Hay una gran ignorancia en la sociedad y a veces incluso entre los educadores sobre cómo detectar unas posibles Altas Capacidades, sobre cómo ver en un niño la posibilidad de que las tenga y cómo conseguir ayudarle para que esas dotes se desarrollen y se concreten y tengan fruto. Pero además es que incluso si todas las variables anteriores se dan sucede que el tipo de medidas de apoyo que se les ofrece no suelen ser demasiado imaginativas ni creativas por falta de formación específica de los docentes o, sobre todo, por falta de presupuesto y dotación humana de apoyo complementario.

Puesto que sé que este tema nos va a ocupar más de una semana vamos a poder ir viendo cada aspecto de forma más pormenorizada así que hoy me centraré en explicaros cómo podemos los padres hacer una primera detección de un posible caso de Altas Capacidades en la primera infancia.

Generalmente son los padres los primeros que se dan cuenta de que hay algo diferente en el niño, especialmente si han estado antes en contacto con niños o si tienen más hijos. Rara vez, al menos esta es mi experiencia, van desencaminados y siempre, en mi opinión, los profesionales deben escucharlos y atender su inquietud o sus preguntas. Puede ser el primer paso para una llamada de atención y, a partir de ahí, dar paso a los profesionales de la psicología especializados que son quienes, en realidad, tienen las herramientas, experiencia y test para determinar cada caso particular.

Os quiero contar que, además, en muchas ocasiones, si alguno de los padres, especialmente la madre tiene Altas Capacidades alguno de sus hijos las presentará. Aunque lo que sucede más frecuentemente es que después de darse cuenta de que el niño tiene características especiales y se produce una detección efectiva, los padres empiezan a atar cabos y a reconocer cosas de su infancia, y si llegan ellos hacer pruebas es posible que alguno de ellos tenga también Altas Capacidades sin haberlo sabido nunca. Y entienden mejor muchas cosas sobre ellos mismos y sobre su infancia.

Una de las cosas más emocionantes que me ha pasado en mi trabajo fue hablar con una madre que me contaba que no se sentía preparada para acompañar el aprendizaje de sus hijos y que por eso había acudido a los cursos de la Pedagogía Blanca. Consideraba que como no había tenido  la oportunidad de terminar los estudios, había tenido muchos problemas en la escuela y de aprendizaje y no había estudiado, no tenía los conocimientos y habilidades necesarias y eso le preocupaba. Desde luego no era una ignorante pero su trayectoria escolar y personal, y el que  siempre se piense que una mujer muy bella (es modelo y actriz profesional) no es inteligente, tenía dudas.

Entonces empezó a contarme cosas sobre su hija. Una niña precoz y brillante con muchas posibilidades de tener AACC, y al empezar a contar como ella había pasado su infancia y su juventud, como había salido del lugar donde creció y había vivido por todo el mundo teniendo una carrera exitosa como modelo y actriz, sus problemas de aprendizaje… realmente cuando hablabas con ella te dabas cuenta de que era una mujer de intelecto certero, reflexiva, intuitiva, autónoma y con una gran capacidad de recopilar y analizar datos. Era muy inteligente y muy sabia, con una gran humildad y un enorme potencial.

_ “Posiblemente debamos acudir a un especialista para determinar si tu hija tiene Altas Capacidades son que creo que podrías investigar si tú también lo eres.”

Cuando ella era niña no supieron acompañarla, ni descubrirla, no pudo desarrollar todas sus capacidades y desconocía sus talentos, había desarrollado hasta problemas de aprendizaje y esto llegó a afectarle emocionalmente.  Así que el propio descubrimiento de sus hijos le permitió comenzar una nueva manera de verse, trabajar, reconstruirse y sacar todo el enorme potencial que llevaba dentro y que hoy aplica a un proyecto personal de gran valor.

 

Mireia Long

 

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Me gusta, no me gusta…

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Todos queremos que nuestros hijos sean felices, esa es una premisa incuestionable. Y, además, que sean los mejores en todo y, si puede ser, superdotados, guapos, bien vestidos, educados… Por suerte, no siempre es así. Habemos de todo.

Algunos niños sacan muy buenas notas en el colegio, a veces ante nuestra amenaza de “no comprarles…, dejarles sin…”y lo terminan consiguiendo aunque lo odien.

Estoy convencida de que éste no es un buen método. No, no lo es. Que un niño tenga altas capacidades no quiere decir que vaya a sacar las mejores notas del colegio, aunque algunos lo hacen. A un niño de AACC le apasiona aprender pero no le gusta nada estudiar.

Si dejásemos a su libre albedrío a un niño AACC nos sorprendería. Seguramente, en la etapa de la adolescencia, elegiría disciplinas y formas de vestir que no encajan con la imagen que los padres perfeccionistas esperan de ellos, pero que les ayuda a buscar su identidad como individuo y a descubrir sus verdaderas pasiones gracias al ejercicio ensayo-error.

Es muy interesante que descubran sus puntos fuertes y sus puntos frágiles, acompañados por nosotros, por supuesto, pero sin juicios. Si les damos buenos consejos y les hemos acompañado desde que nacieron, sabrán elegir bien.

Tenemos que facilitarles que su imagen personal lo sea, que escuchen la música que les atraiga y que participen en las actividades extraescolares que ellos elijan, aunque cambien cual veleta, que es otra de sus características.

Se desarrollarán como personas sanas, consecuentes y eso es muy importante porque, en contra de lo que la sociedad cree (por lo que demuestra) que una persona, sobre todo con AACC, desarrolle su pasión y se focalice en lo que mejor se le da es bueno para todos, es bueno para el Mundo porque aportará y, lo más importante, es bueno para ella.

El círculo de Lola

Señales que nos alertan a los padres de las altas capacidades

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Muchas veces son los padres los primeros en detectar que su hijo tiene habilidades especiales o un desarrollo cognitivo más avanzado que otros bebés. En realidad, hasta los seis años sería prematura una identificación cierta, aunque, mediante baterías de desarrollo, los especialistas ya son capaces de poner atención en niños de tres años. Pero, ¿a qué señales debemos estar atentos los padres?

Muchos niños de Altas Capacidades son precoces en su desarrollo, sin embargo hay que señalar que no todos los niños precoces serán luego detectados como de Altas Capacidades y no todos los niños de Altas Capacidades han tenido un desarrollo precoz.  Aclarado esto, sí es cierto que, en la mayoría de los casos, se pueden señalar algunas características desde muy temprana edad.

Son niños que tienen avances en su desarrollo cognitivo adelantados a su edad, algunas veces desde bebés. Podemos encontrar que los padres cuentan que sostenía la cabeza y miraba su entorno casi desde el primer día de vida.  Algunos se mantienen de pie a los 6 meses si a los 9 meses ya caminan, saltándose la fase del gateo. Muchos comienzan a hablar muy pronto, hacia los 8 meses dicen palabras claramente y pueden decir frases hacia el año, saltándose la fase del balbuceo.  Algunos, de manera paulatina y otros de forma repentina, a los dos años hablan de forma clara, con frases muy elaboradas que expresan tiempos verbales correctos y pensamientos complejos.

Os cuento mi experiencia. Mi madre cuenta siempre que, cuando se puso de parto de mi hermano, teniendo yo ni 10 meses, ella despertó a mi padre para decirle que tenían que irse al hospital y yo me levanté, me puse de pie en la cuna y pregunté: ¿va a nacer ya mi hermano?. Tengo fotos con seis meses, agarrando un muslo de pollo comiéndolo a mordiscos y ella cuenta que con seis meses decía muchas palabras y me ponía de pie, caminando a los siete agarrada a los muebles. A los siete recuerdan donde has escondido algo y saben que algo que tapas está detrás de, por ejemplo, un trapo y poco después que el interruptor sirve para dar la luz o que ellos son su reflejo en el espejo.

Mi hijo es el caso diferente. Hasta los dos años apenas hablaba. Y un día, sin previo aviso, empezó a hablar correctamente, sin fallos de dicción y usando verbos en pasado y futuro y frases enlazadas. Hacia el año y medio conocen muchos colores, hasta diferenciar, por ejemplo, el rosa del lila y otras situaciones que nos indican que han asimilado el pasado y el futuro o el concepto de yo.

Hacia los dos años pueden mantener una conversación y reconocer letras y números sabiendo lo que significa esa representación. Y el avance sigue, para encontrarnos que con tres años tienen un vocabulario extenso y preguntan el significado de palabras que no conocen.  En ese año nos asombran memorizando matrículas, comprendiendo los carteles de tráfico, haciendo puzles para niños de seis años, entienden la suma y la resta y comienzan a leer sin ayuda, solo preguntándonos. Recuerdo que mi hijo a esa edad deletreaba perfectamente el nombre de sus amigos sin tenerlo escrito delante.

Tienen una gran memoria y además un pensamiento altamente complejo, suelen ser niños muy activos a interesados que todo el rato quieren hablar y nos preguntan cosas que nos asombran. Duermen poco, muy poco algunos, y son muy demandantes de atención verbal y emocional, más que necesariamente físicamente activos, que también suele pasar. Los padres se pueden sentir agotados porque exigen mucha atención, sobre todo alerta mental. Entran en la fase de las preguntas y los porqués en cuanto adquieren capacidad para hablar, a los dos años o dos años y medio, y son incansables.

Empezamos a ver en ellos perfeccionismo y  tienen claro lo que está hecho correctamente y lo que no, lo que puede aumentar las rabietas, aunque, por otro lado, con una presencia emocional cercana y si no hay elementos externos que los disturben, podrán superarla mediante el diálogo.

En general, los padres reconocen que el niño adquiere habilidades cognitivas y de lenguaje antes que los demás, pero estas señales no significa que el niño vaya a tener Altas Capacidades, por más que cuantos más signos podamos identificar más posibilidades habrá.

Mireia Long

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