Homeschooling: aprendiendo de la vida misma (2).

Cocina2

Uno de los problemas que más acusan las familias, en general, es la mala alimentación de sus hijos por diversas razones.

Muchas veces, desayunan y comen en el colegio con lo que ello implica (baja calidad de los alimentos, pésimos métodos de cocinado, malas combinaciones, horarios desajustados con sus necesidades biológicas…) y luego, al llegar a casa, por las prisas o las pocas ganas de padres agotados, también comen mal.

El homeschooling aporta mucho en este sentido. Todo son ventajas.

En primer lugar, el estar en casa nos ofrece una despensa seleccionada por nosotras para nosotras y para nuestros hijos. Nos permite trabajar con ellos, desde que son muy pequeños, la toma de decisiones. ¿Cómo? Así:

Cuando nuestros hijos van tomando alimentos que no son la leche materna, en principio, les vamos dando a probar los que consideramos adecuados. Algunos les gustarán más y otros menos. También cambiarán estos gustos según las etapas de su vida.

Y a medida que crecen, tenemos una oportunidad estupenda para que participen en la toma de decisiones respecto a la comida, pero que les servirá para cualquier otro ámbito de sus vidas: elegir por nosotros mismos es muy importante.

Tenemos varias maneras de hacerlo.

Cuando son pequeños, pero ya comprenden, podemos proponer dos o tres alternativas que consideremos oportunas, por ejemplo para la merienda, y que sean ellos los que decidan. Se sentirán importantes y habrá más posibilidades de que, lo que elijan, se lo coman.

Otra sería que elaborásemos juntos la lista de la compra en base a los criterios que consideremos importantes: productos de producción local, ecológicos, de marca, precio, tipo de comercio, etc… y así se sentirán partícipes de esas decisiones.

También podemos elaborar un listado de comidas semanales juntos y así tendrán claro lo que se va a comer cada día y no les creará ansiedad o incertidumbre. Ese menú podemos hacerlo bonito y ponerlo en alguna pared de la cocina o en la nevera para que todos puedan consultarlo.

Otra manera es que, por días o semanas, solos o en grupo, se turnen en la elaboración de las comidas que les apetezcan o establecidas para que practiquen también algo que será muy útil en sus vidas.

Además, la cocina nos ofrece la oportunidad de trabajar muchas áreas de modo simultáneo:

  • Cambio de unidades de medida.
  • Fracciones.
  • Otras operaciones aritméticas.
  • Uso de báscula y vasos o cazos medidores.
  • Artes plásticas (decorado de tartas, decorado de la mesa, decorado de vasos, elaboración de servilleteros personalizados, decoración de servilletas…).
  • Elaboración de recetas seleccionadas de un libro.
  • Elaboración de recetas inventadas.
  • Análisis del presupuesto doméstico dedicado a la alimentación.
  • Diferentes métodos de procesado de alimentos.
  • Poner en valor este tipo de tareas cuando las realiza otra persona.

Así que, aprovechad el verano para cocinar con ellos todos los días.

El círculo de Lola.

Homeschooling: aprendiendo de la vida misma.

Invernadero

La opción de educar en casa, homeschooling, es muy interesante. Nos brinda oportunidades de aprender, simplemente, viviendo.

Voy a contaros, durante unas semanas, algunas de nuestras experiencias para que comprendáis la importancia y la magnitud de todo lo que hacemos para nuestra evolución y aprendizaje.

Desde antes de que mis hijos naciesen tuve claro que quería educarles en casa. A pesar de haber estudiado magisterio, el modelo educativo actual no me convencía para ellos y, sin embargo, confiaba en mi capacidad de aportarles algo más que contenidos curriculares estandarizados. Así que, así se lo hice saber a mi pareja y he procurado que así fuera.

A pesar de ello, tuve que escolarizar durante algún tiempo y la experiencia tuvo sus pros y sus contras. Más bien contras. Aún así, nunca dejé de aportar, fuera del horario escolar, aquello que consideraba importante para sus vidas.

Una de las experiencias más intensas que hemos vivido ha sido en un proyecto en el que yo participaba como voluntaria.

Una amiga, a la que aprecio mucho, tiene dos residencias para la rehabilitación psicosocial de varones adultos con discapacidad intelectual o trastornos mentales.

Aparte de proporcionarles el acompañamiento necesario para que adquieran habilidades que mejoren su autonomía, sus capacidades para las relaciones sociales, familiares y laborales, de cuidar de su salud a todos los niveles y de procurar que vivan felices, Tere, la directora de estos centros, les proporciona una alimentación de la máxima calidad posible, convencida de que ésta es muy importante también para su salud mental y física.

Eso es evidente: “somos lo que comemos”.

Así que, a lo largo de sus más de treinta años de experiencia, ha ido construyendo una granja y unos huertos, con criterios biodinámicos, ecológicos y orgánicos, donde se produce casi la totalidad de los alimentos que los residentes consumen.

Os cuento todo esto para introduciros en el valor del aprendizaje que mis hijos han adquirido en ese lugar.

Desde que eran muy pequeños, varias veces al año, hemos pasado semanas en estos centros. Mi intención era apoyar la causa, colaborando en las tareas que eran compatibles con mi disponibilidad y conocimientos, echar una mano en las épocas de mayor trabajo en la huerta y que mis hijos aprendiesen algo que perdurara de por vida en su memoria.

Mi/nuestra aportación consistía en echar una mano en los huertos y los invernaderos en las épocas en que más trabajo había para que comprendiesen y aprendiesen varias cosas:

  • El origen de los alimentos. De dónde sale lo que ponemos cada día en la mesa.
  • La importancia de que esos alimentos sean, en la medida de lo posible, de cultivo orgánico.
  • La diferencia entre los alimentos orgánicos y los que no lo son: sabor, olor, tamaño, aspecto…
  • El trabajo que conlleva producir un kilo de hortaliza y valorar el esfuerzo del agricultor para reflexionar y debatir sobre los precios de los alimentos, el abuso de los intermediarios y la venta en las grandes superficies de estos productos.
  • La importancia de comprar a los productores locales.
  • Comprender el desarrollo de una estrategia de cultivo propio para mejorar la salud física y mental de las personas.
  • Cómo se gestiona una granja sin productos tóxicos para los humanos que trabajan allí ni para los animales.

Para conseguir todos estos objetivos que me planteaba, los niños realizaron varias tareas a lo largo de ese tiempo. Algunas de ellas son:

  • Realización de semilleros de diversas hortalizas. Diferentes sustratos y profundidades a las que se colocan las diferentes semillas.
  • Trabajos de desherbado de semilleros.
  • Trasplante de plantones al terreno: lechugas, pimientos, tomates, brócoli, calabacín, cebollas…
  • Siembra directa de leguminosas.
  • Manejo de las distancias de plantación y siembra: realización de la cuadrícula necesaria según la hortaliza de la que se trate.
  • Construcción de una regla de siembra.
  • Acolchado del terreno.
  • Preparación del terreno para el invierno.
  • Preparación del terreno para el verano.
  • Poda.
  • Recolección de todo tipo de hortalizas. Manera correcta de recoger cada una sin dañar a la planta.
  • Desherbado de grandes superficies.
  • Elaboración de abono ecológico.
  • Elaboración de abono biodinámico.
  • Aplicación de abono al terreno dependiendo del cultivo que sea y del desarrollo de la planta.
  • Manejo de todo tipo de herramientas de horticultura y maquinaria.
  • Instalación de riego por goteo.
  • Instalación de cuerdas en invernaderos para hortalizas trepadoras.
  • Atado de hortalizas trepadoras.
  • Retirada de hortalizas después de la cosecha.
  • Carga y descarga de alpacas de paja para acolchado y alimentación del ganado.
  • Qué “malas hierbas” come cada tipo de animal.
  • Alimentación de los animales.
  • Gestión de un gallinero.
  • Presenciar el nacimiento de corderos.
  • Alimentación de crías de mamíferos a biberón y cuidado de las mismas.

La lista sería casi interminable… pero una de las cosas más importantes que han aprendido es a acompañar y a escuchar a personas con trastornos mentales. A no tenerles miedo. A comprender su vida. A comprender su tristeza o su alegría. A visualizar las peculiaridades de cada una de ellas. A verles como iguales. A sentir sus penas y dolores. A darles la mano o un abrazo para despedirles al irnos. Al ver la alegría en sus rostros cuando volvíamos a encontrarnos. A escuchar sus historias aunque a muchos ni se les entiende al hablar.

Otra lección muy importante que han aprendido es la generosidad y dedicación a los demás con las que algunas personas pasan por la vida, como Tere, que está volcada en cuerpo y alma a esta causa. Con el cariño con el que trata a “sus chicos” y con la mirada y cariño con los que “sus chicos” la miran a ella.

Esto es también homeschooling.

El círculo de Lola.

Aprender y vivir… Vivir y aprender

IMGA1246

Una amiga de FB me pregunta cómo nos hemos organizado para aprender, enseñar, educar, estudiar…

Como ya indica el título de mi entrada lo que hemos hecho ha sido vivir el día a día e intentar aprender de lo que nos ocurre diariamente.
¿Más concreto?
Partí de la idea que el aprendizaje no puede estar separado de la vida real. No se puede aprender sobre la vida estando encerrado entre cuatro paredes. Ni siquiera los conocimientos académicos se asimilan en realidad de esta forma. Necesitamos jugar, equivocarnos, explorar, experimentar, necesitamos usar los cinco sentidos, experiencias sensoriales al 100%; necesitamos movernos ya que el movimiento físico conduce a la creación de nuevos sinapsis en el cerebro, por lo tanto nos ayuda a asimilar lo que queremos aprender y recordar. Necesitamos descansar también, para que lo aprendido se pueda estructurar dentro de nosotros y de nuestra mente.
Todos, seamos niños o adultos, todos aprendemos así.

Sabiendo ahora todo esto ¿cómo nos hemos organizado nosotros?

En primer lugar hemos jugado mucho, mucho – hasta que mis hijos cumplieron los 11-12 años, aprendimos jugando. Y me incluyo, porque yo también he aprendido mucho durante estos años, no sólo mis hijos.
Por la mañana empezábamos sin prisa, despertando a la hora que nos venía bien, lavándonos y vistiendo ropa cómoda.
Desayuno.
Juego organizado casi totalmente por mis hijos; pocas veces he tenido yo que intervenir en este sentido. Tenían imaginación y creatividad por un tubo, no hizo falta venir yo con ideas.
A lo mejor luego película de dibujos animados en VO. Una hora, nada más. Nos servía, como dije en tantas ocasiones, para aprender inglés o para familiarizarse con otros idiomas.
Ir de compras, según necesidades.
Preparar almuerzo; cuando tuvieron edad suficiente, ya ellos ayudaban también.
Comer.
Más juego, o descanso, también según necesidades.
Dibujar, recortar, leer, jugar con PlayMobil o Lego o cualquier otra cosa que nos inspire.
Hacer manualidades o salir a pasear o ir de visita.
Hablar, debatir, conversar – todos los días, siempre, escuchar su opinión, comentar con ellos lo que me parecía interesante o importante o simplemente nimiedades.

Alrededor de la edad de 9-10 años empezamos con algunas actividades más formales – no más de media hora al día – lecturas y dictados, matemáticas, y otro tipo de nociones relacionadas con los libros que usábamos. Trabajábamos por proyectos principalmente, en ningún caso por asignaturas – la mayoría de las veces el tema del proyecto lo elegían ellos aunque yo podía proponer. Y seguían jugando y haciendo las demás actividades. Iban a clases extraescolares de música/instrumentos musicales, ballet, taekwondo. O talleres puntuales de cocina, trabajo en madera, visitas a museos, excursiones, viajes.

Y luego ya algo más formal a partir de 13-14 años cuando los matriculamos a un instituto a distancia y teníamos que cumplir con ciertos requisitos académicos por los créditos y las evaluaciones, para tener, al final, un diploma en vistas a los estudios superiores en la universidad. Aún así, con estas actividades no empleábamos más de dos horas diarias, a veces tres. No hacía falta más.
Seguíamos con el juego, con la lectura – a elección siempre -, las tareas de la casa, las salidas, las clases de actividades extraescolares, y por supuesto, teníamos más estructura, de otra forma habría sido difícil. Eran más actividades y además los niños eran más mayores, en alguna medida lo pedían ellos mismos.

A lo largo de los años puedo decir que, a pesar de usar elementos eclécticos de distintos  “métodos” pedagógicos, pero de forma intuitiva – nos preguntan por los “métodos” y a veces no sé qué decir, ya que no hemos usado un método en concreto – al final la línea directora fueron los deseos y necesidades de los niños. Siempre. Es decir el método fue seguir el niño; el punto de partida que es el interés/ la curiosidad natural del niño ya está presente desde el principio.
Otro principio básico fue que siempre partimos de lo práctico para llegar a lo teórico. Si no comprendemos y asimilamos primero lo concreto, es imposible entender lo abstracto.
Y otro principio igual de importante: no atosigar, no machacar con conocimientos e informaciones no pedidas.

Porque en realidad, sinceramente, más de la mitad del currículo escolar está de más.
Los niños aprenden de las interacciones con los adultos que los rodean, de las actividades que organizan juntos, de los juegos libres con otros niños controlados por ellos mismos, de las tareas de la casa con las que ayudan por necesidad o por deseo de colaborar, de la vida diaria, de los proyectos que eligen, de las conversaciones que tienen lugar siempre… de vivir la vida, en definitiva, con todo lo que ello conlleva.

Claves que ayudarán a nuestros niños en su aprendizaje.

Muchas veces damos por hecho que los niños aprenden solos a estudiar pero la realidad nos demuestra diariamente lo contrario. Muchos adolescentes y adultos no han adquirido las habilidades básicas necesarias para realizar cualquier tipo de aprendizaje. En un mundo que cambia velozmente y donde una persona tiene que dar respuesta a estos cambios, enseñar a aprender se nos presenta como una gran necesidad. No en vano, tenemos que pensar que la mayoría de profesiones y tareas que nuestros niños desempeñarán el día de mañana ni siquiera han sido inventadas.

Pero, ¿cómo conseguir que nuestros niños aprendan a aprender?

Azucena Caballero, co-directora de la Pedagogía Blanca, te da algunas claves:

Ciencia

Ciencia

La mayoría de las personas, y sobre todo los niños, disfrutamos ante un experimento. Las ganas de aprender innatas que todos tenemos nos hacen buscar el cómo, el por qué y el para qué de las cosas. Así que, sea ciencia o magia, el hecho de que algo ocurra nos llama la atención.

Es importante que los niños, desde muy pequeños, experimenten. No lo digo yo, lo dicen los expertos. Así que, en condiciones normales, a un niño le gustará chupar, tocar, oler, ver, correr, saltar, trepar, jugar… y aprender cómo funcionan las cosas.

En ese proceso de aprendizaje es muy importante el acompañamiento respecto al descubrimiento científico. Primero, por seguridad y, segundo, para que aprenda a diferenciar ciencia y magia.

Años después de haber pasado por algunas aulas, donde trabajamos con niños mediante el descubrimiento, me cuentan que de lo que más se acuerdan es de cuando hicieron un volcán que echaba purpurina de colores y pompas, de el día que les llevé guantes, pinzas y mascarilla para “investigar”, cuando picaron piedra para encontrar huesos de dinosaurio o cuando descubrieron la cantidad de materiales distintos que utilizaban los pájaros para construir sus nidos.

Es una satisfacción muy grande saber que el esfuerzo que hacemos para que los niños comprendan cómo funciona el mundo, cómo debe ser la relación de respeto con su entorno y con el medio ambiente y las consecuencias de hacer las cosas de uno u otro modo tiene una repercusión positiva.

Por suerte, contamos con profesionales que se dedican a mostrar la ciencia a través del juego, para todas las edades, para familias, en colegios, en asociaciones… Personas implicadas en la formación con rigor y a la vez con esa capacidad de transmitir de forma divertida. Buscad ese tipo de expertos y empresas, programaciones, cursos, talleres o charlas que estén enfocados en este sentido. Participad.

Busquemos ese modo de aprender. Tenemos que mantener en los niños la llama de la curiosidad.

Queremos ayudar a descubrir ese mundo y vamos a regalaros tres ideas geniales para despertar su curiosidad y sus ganas de aprender. Estad atentos a este blog. La semana que viene publicaremos las propuestas.

El círculo de Lola.

 

 

 

Internet

Arduino

Es increíble de lo que son capaces las personas cuando tienen interés por algo.

Además, Internet y los millones de generosos internautas que cuelgan información en la red, facilitan mucho la localización de todo tipo de datos, vídeos, libros, documentos, tutoriales, PDFs, imágenes… de cualquier tema que despierte nuestra curiosidad.

Este regalo del siglo XXI nos ayuda a que los jóvenes aprendan todo lo que les atraiga, sabiendo discriminar la información, claro, de una manera atractiva, interesante, activa e intuitiva.

El apoyo de internet y las ideas que proporciona se aproxima al infinito.

Además, como madre homeschooler, su ayuda es incalculable. Llegada una cierta edad, nuestros hijos sienten inquietud por temas que, seguramente, no dominemos. No podemos saberlo todo, desde luego, y mucho menos sobre temas tan actuales que no sabemos ni nombrarlos.

Mis hijos, en busca de conocimientos, son incansables. Siempre andan liados con alguna búsqueda que vaya satisfaciendo su necesidad de aprender. Ha llegado el momento en que ya no aprenden de mí, al menos en relación a los aspectos teóricos de los temas que les interesan, sino que siempre me están enseñando.

Desde trucos de magia a la reproducción de los anfibios, robótica, proyectos con Arduino, clases de guitarra o piano, historia medieval, matemágicas… TODO está en la red. Y, desde luego, con presentaciones tan atractivas que nuestros más de 2000 libros, hasta hace poco manoseados, se van quedando aparcados en los estantes.

Bueno, todos no, los cómics y algunos clásicos o Tolkien y J.K. Rowlling,  siguen cambiando de sitio entre la estantería y la mesilla de noche sin parar. Esos no faltarán nunca.

Creo que es muy importante acompañar a nuestros hijos y alumnos en su descubrimiento de Internet. Hay que mostrarles todas las caras de la red y enseñarles a sacarle partido, con responsabilidad y coherencia.

Vigilar sus primeros pasos. La ansiedad que crea el bombardeo de información inacabable puede desbordarles y eso tampoco sería interesante. Tienen que saber hasta dónde pueden llegar o no. Con nuestra ayuda, la red puede convertirse en un buen aliado para el aprendizaje y ellos en sus propios profesores.

El círculo de Lola.

 

¡Qué curioso!

Curioso

¡Qué curioso!

Un día nos visitó Héctor, un amigo de mis hijos con un talento asombroso para todo lo que le apasiona. La verdad es que en casa se le admira bastante.

Él estaba de vacaciones escolares pero, como nosotros no tenemos fechas definidas, teníamos pendiente terminar un trabajo y le pregunté si le apetecía hacerlo con ellos. Accedió, con gusto, sin saber de qué se trataba, porque sabe que nuestras “clases” son divertidas.

El trabajo consistía en realizar unos cálculos espaciales, volúmenes, superficies, áreas… Qué curioso… Hicieron el trabajo en grupo, llegando a acuerdos en segundos, repartiéndose las tareas de modo equitativo, sin quejas, sin protestas… Sacando todos los datos sin error porque, si uno dudaba, entre los tres encontraban la solución.

Qué curioso. Por lo visto, ésta manera nuestra, tan rara, de explicar las cosas y llevarlas a cabo, y obteniendo el mismo resultado… es más interesante.

Qué curioso que los niños prefieran métodos activos de aprendizaje. El nuestro, sin duda, lo es. No existen las clases magistrales en casa, aunque a veces vamos a escuchar a expertos en alguna materia que sí suelta un sermón, jejejejejejeje… Sarna con gusto, no pica.

El caso es que lo pasaron genial. Hicieron un estudio exhaustivo sobre el espacio que les rodeaba y se rieron un montón mientras recopilaban los datos y planteaban las fórmulas y operaciones.

Un día de clase estupendo. Gracias, Héctor!!!

El círculo de Lola.

Cosmética para adolescentes

cosmetica

Una de las cosas que más les gusta a los adolescentes con los que he trabajado es aprender a fabricarse sus propios cosméticos.

La frase graciosilla era “qué bien, así me sale más barato y lo que me sobra de lo que me da mi madre, para comprar cremas y champú, me lo gasto en otra cosa”, jejejejejejeje… ellos y su picaresca.

Lo cierto es que siempre le he sacado mucho partido a estas clases. A ellos les encantaban también. Todos contentos.

El proceso es interesante: primero les cuento un par de cosillas respecto a la recolección de plantas. Cuándo se cogen las hojas, cuando los tallos, cuando las raíces, cuándo los frutos y qué porcentaje máximo podemos recolectar de cada planta para no extinguirla y que siga su proceso de crecimiento y reproducción.

Después de cuatro consejos en cuanto a eso, les enseño a buscar ágilmente en guías de plantas silvestres. Cómo saber si la planta que hemos localizado en el libro es la misma que nos encontrarnos en la naturaleza. Comprobamos, según la época del año, hojas, flores, frutos, tallos o troncos… Salimos al campo para ello.

Si ya lo tenemos claro, la recogemos de forma adecuada y la colocamos en los recipientes para su transporte. Normalmente usamos cestas de mimbre grandes y con poco fondo.

Una vez en clase, las fotografiamos y las catalogamos. Si necesitan un proceso de secado se preparan para ello y, si son para uso directo, nos preparamos para “cocinarlas”.

Utilizando recetas para la fabricación casera de varios productos cosméticos, conseguimos varias destrezas más.

Manejar unidades de medida, calcular porciones y porcentajes, realizar operaciones matemáticas básicas, usar hornillos y utensilios de cocina para fines distintos, etc.

Sólo utilizamos plantas, productos ecológicos (esencias, aceites, grasas vegetales…) y hortalizas y huevos frescos. Así, además, añadimos un valor importante a la agricultura, sobre todo la local, y al consumo de productos ecológicos.

Analizamos también los etiquetados de productos industriales que sirven para el mismo fin, por ejemplo, lavarnos las manos, y comparamos los ingredientes sintéticos que utilizan y su toxicidad y los que hemos utilizado nosotros.

Valoramos el proceso de fabricación, los agradables olores, el tacto de los productos, su inocuidad… De hecho, mi frase respecto a esta práctica siempre es: si no nos lo podemos comer, no lo podemos utilizar en nuestra piel, ya que ella es lo que hace, comérselo, y llega al mismo sitio que si lo ingerimos a través de nuestra boca.

El círculo de Lola.

 

 

Musiqueando

sonajero

Una manera muy interesante de conocer la geografía mundial es a través de la música. Sí, como lo leéis.

Tanto en clase como en casa, una manera maravillosa de que los niños conozcan el mundo es, sin duda, a través de la música, la danza, los instrumentos originales de ese lugar, las canciones típicas, sus bailes tradicionales…

Os propongo que les pongáis este reto a los niños. A mí me encanta y siempre ha sido un recurso genial para que aprendan sobre el tema.

El orden en el que yo lo he trabajado ha sido el que os pongo a continuación, pero podéis adecuarlo a vuestro tiempo y necesidades.

  • Mapa del Mundo
  • Diferenciar los continentes
  • Diferenciar los países
  • Centrarnos en cada país: situación en el planeta respecto al ecuador (para más adelante, analizar la relación entre la música y el lugar en que se encuentra respecto a este punto)
  • Ir averiguando, por países, e incluso provincias, cuál es su música, qué instrumentos predominan, la letra de sus canciones, escuchar música original de ese país, opinar sobre ella (me gusta, no me gusta, por qué…)
  • Una vez estudiada la música de cada continente, comparar unos países con otros: similitudes, diferencias, alusiones a las que hacen sus letras, por qué… relación con su política, con sus costumbres ancestrales…
  • Ir plasmando todo ese trabajo en papel continuo en las paredes para tenerlo a la vista e ir completándolo con recortes: dibujos o imágenes de trajes típicos de bailes tradicionales, instrumentos autóctonos o más utilizados, estilo musical predominante en su cultura, etc.
  • Podéis hacer una recopilación de música de cada lugar del mundo para tenerla como archivo en el aula o en casa y escucharla de vez en cuando.

Con este proyecto podéis hacer varias cosas:

Organizarlo para que se desarrolle, de forma muy breve durante un curso escolar o, mejor aún, durante todo primaria, como proyecto de centro.

El material que se obtiene con este trabajo da mucho juego para proponer mil actividades más: conocer mejor los países de compañeros de clase procedente de otros lugares del mundo que, además, estarán encantados de mostrar su cultura, organizar festivales de danzas del mundo, abrir las puertas a la música tan rica y variada que existe y no quedarnos en los Tops que nos vende la radio o la televisión, crear un taller para confeccionar (disfraces) los trajes típicos de las danzas del mundo, bailar, construir instrumentos musicales de los que nunca habíamos oído hablar y conseguir que suenen y muchas cosas más.

En este proceso trabajamos: creatividad, matemáticas, lenguaje, trabajo en equipo, expresión oral y plástica, sociabilización, tecnología, idiomas, geografía, historia, integración, movimiento…

Espero que os guste la idea. La música es muy importante para todos. Hay que acercarla a los niños de forma divertida.

El círculo de Lola.

La creatividad y la escuela según Michio Kaku

273891b29a_1479750908868

Michio Kaku es uno de los fisicos teóricos más brillantes de la actualidad, especializado en la teoría de cuerdas, relacionado con las universidades de Harvard, Berkeley, Princeton y Nueva York, donde es catedrático de Física Teórica. Kaku es, además, autor de varios libros y un divulgador científico de enorme carisma.

http://

En este vídeo Kaku explica que nacemos siendo, naturalmente, científicos. A los niños les fascina la Naturaleza y quieren experimentar con ella y entenderla. Sin embargo, nos indica que, tras su paso por la escuela primaria y secundaria, su curiosidad muere aplastada.

Considera que el gran fallo es la insistencia en la memorización de cifras y datos, cuando eso no es, de ninguna manera, Ciencia. Eso aplasta la curiosidad natural que los niños pequeños demostraban por los procesos naturales.

Nos cuenta, además, una anécdota que considera el hecho más humillante de su vida: su hija pequeña le preguntó, horrorizada, la razón que le llevó a hacerse científico, pues había terminado hastiada de estudiar de memoria todos los nombres y características de los minerales para un examen.

Podemos  fomentar el interés por la ciencia de los niños con experimentos y mucha libertad, pero también de esta segunda parte del problema, los fallos del sistema educativo que, como bien dice Kaku, podría estar aplastando la curiosidad científica de los niños. Quizá es que nuestro sistema educativo es anacrónico.

Yo estoy completamente deacuerdo con Kaku con su percepción sobre que el sistema educativo memorístico aplasta la curiosidad y me alegra leer que una de las mentes más brillantes de nuestros tiempos lo ve de este modo. ¿Qué opináis vosotros?

Mireia Long