Juguetes, ropas, disfraces… y género

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Una amiga cuenta apenada que su hijo de 6 años decidió disfrazarse de flor y que todos sus compañeros de clase se mofaron de su deseo. Ella se pregunta en qué mundo vivimos si ser varón y querer disfrazarse de flor está visto de forma tan negativa y tan sesgada. Yo me pregunto lo mismo, sobre todo porque hablamos aquí de niños de 6 años y de un disfraz, de un juego en definitiva, de algo sin mucha relevancia para los demás y además de algo tan personal que ni siquiera debería hablarse de ello.

A mis niños, desde muy pequeños, les gustaban los unicornios, a ambos, a ella y a él. Todavía tienen estos unicornios de peluche que les regalé – a su pedido – cuando eran pequeños (tenían 7 y 5 años). Recuerdo cuando un día, estando en el parque con ambos, un niño se rió de mi hijo porque llevaba en su mochila el unicornio de peluche; el chaval le dijo con un tono de desprecio total a mi niño, “estos son juguetes de niña”. Evidentemente mi hijo no entendió aquello, porque en casa nunca hubo límites de ningún tipo en este sentido, y ambos jugaron indistintamente con peluches, Barbies, ropa de todo tipo, pistolas de juguete, coches, Lego, Playmobil, cajas, globos, pelotas, espadas, muñecas, casitas, vajilla de juguete, Tente, libros de todo tipo, unicornios, bicis, palas, tijeras, lapices, cosas de cocina, figuras de maderas para construir, ganchillo y agujas para hacer punto, pinceles y lápices, aparatos electrónicos etc.
Y, volviendo al anécdota inicial, mis hijos también llevaron disfraces de todo tipo, sobre todo ella, pero él también, porque les gustaba disfrazarse; muchas veces salían a la calle disfrazados y se sentían especiales.

En cuanto a los unicornios, mi hijo se llevó hace dos años su unicornio a Londres, donde vive ahora como estudiante; tiene 21 años. Mi hija de 23 años también tiene al suyo con ella en La Haya donde estudia. Porque da igual la edad o el sexo, se trata de un objeto que hizo las delicias de sus infancias, tiene su significado, les recuerda a momentos de juego y de bienestar, les ayudó a lo mejor a madurar desde ciertos puntos de vista.
En definitiva de esto se trata, del bienestar y del apoyo psíquico o físico que puede ofrecer un objeto en algún momento de la vida. Un juguete, una ropa, un disfraz, independientemente del sexo o de la edad de la persona que los usa, ofrecen bienestar y apoyo, bien porque son bellos, bien porque la hacen sentirse guapa, bien porque tienen una carga sentimental, o sencillamente porque aprende algo usándolos o adquiere ciertas habilidades. Al final este estado de ánimo nos ayuda a desarrollar nuestro bagaje congnitivo o emocional. Cualquier objeto hermoso o útil puede guiarnos por el camino del conocimiento y la alegría de vivir. 

Tengo otro recuerdo de cuando mi hijo sólo tenía 6 meses, cuando se pasó prácticamente una hora estudiando intensamente y jugando con las ruedas de su sillita de paseo. Tuve que limpiarlas bien porque no dejaba de jugar con ellas, y de intentar hacerlas girar, tocarlas, y mirarlas con atención durante todo este rato. Aparte de que en realidad, en este caso concreto, las ruedas de la silla de pasear no son considerados oficialmente juguetes – no obstante podrían serlo para cualquier bebé/niño según el momento – es que no tienen una etiqueta que diga que son específicas de un género u otro, así como cualesquiera otros objetos tampoco sean especiales para un género u otro, sean ropa, disfraces, herramientas, juguetes, utensilios, materiales educativos o aparatos tecnológicos. Los objetos que nos rodean no tienen usos específicos en función del sexo de los utilizadores, simplemente se pueden usar según necesidad o entretenimiento. Mi marido sabe usar una plancha o una aspiradora, y yo sé usar un taladro o un destornillador y viceversa. También he visto mujeres disfrazadas con ropa de hombres y viceversa. No hay unas reglas férreas o prohibiciones en este sentido.

Y esto es lo que importa. El resto son limites mentales de gente poco creativa y, lo que es más triste y peligroso, poco respetuosa. Lo peor es que transmiten su cerradura mental a sus hijos también y perpetúan esta percepción negativa sobre la maravillosa falta de prejuicio de todos los niños y de muchas personas adultas (por suerte), definiéndola como “rara” o “ridícula”, cuando en realidad la ridiculez les caracteriza a ellos por reírse de algo tan normal, libre, natural y sano como es ser abiertos y aceptar la diversidad, la belleza, las emociones tal y como son, lo humano en todas sus facetas.

Dejad a los niños jugar cómo y con los juguetes que deseen – siempre y cuando no hagan daño a otros o a sí mismos – dejadlos vestirse cómo deseen – siempre y cuando se sientan cómodos con la ropa elegida – y dejadlos disfrazarse cómo les guste, se trata de un disfraz, de un juego, de algo pasajero. 

Porque, atención, el juego, los juguetes, la ropa, los disfraces, todos estos elementos que forman parte de la vida, suelen ser elecciones personales, independientes del género de las personas, y suelen ayudarnos a crecer, a madurar, a entender el mundo en el que vivimos, encienden nuestra imaginación y creatividad, y nos inspiran. Todos los objetos de nuestro alrededor, no sólo algunos.

Por eso es importante que todos los juguetes o disfraces o juegos – siempre y cuando no ponen en peligro a nadie; es de sentido común, pero a veces nos perdemos por el camino así que lo repito – sean de elección personal y es igual de importante que esta elección sea respetada y aceptada por las personas de nuestro alrededor.

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Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Origen, fundamentos y bases científicas de la Pedagogía Blanca

Nos han llegado muchos mails preguntándonos sobre el origen de la Pedagogía Blanca y Mireia se ha conectado hoy para explicaros los fundamentos y bases de la Pedagogía Blanca. En este vídeo podrás averiguar como nació este método y como une nuestra experiencia como madres homeschoolers, profesionales de la Educación y como mujeres que han trabajado también en el mundo de la empresa y la comunicación. Todo eso lo unimos en la Pedagogía Blanca y le añadimos las investigaciones punteras en neuroaprendizaje y etología, enfocadas en las habilidades y recursos del SXXI.

Puedes verlo ahora aqui:

El pensamiento crítico y creatividad

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A raíz de leer un artículo sobre educación y debatir luego con amigos míos maestros sobre su contenido me surgen unas ideas que sé que pueden parecer polémicas, pero reflejan la realidad.
Muchos profesores me comentan que no saben cómo “fomentar” la creatividad o el pensamiento crítico de sus alumnos. Además nos encontramos con que la mayoría de las leyes educativas de Europa tienen como objetivo “fomentar” el pensamiento crítico, así que está claro que el tema es de interés general.
A mis amigos maestros y a los otros profesores o padres les sigo diciendo que más que “fomentar” pensamiento crítico y creatividad, lo importante es no desperdiciar o bloquear las capacidades ENORMES de pensamiento crítico y creativo que tienen los niños desde que nacen.
Nacemos con todo esto, no hace falta “fomentarlo”, hace falta no aniquilarlo, no anularlo.
En el artículo una especialista afirma que “la clave de la enseñanza sigue siendo el desarrollo del pensamiento crítico y esa es la labor esencial del profesor. El conocimiento es ahora accesible a todos en la red, pero el trabajo del docente es fomentar que el alumno piense por sí mismo y se haga preguntas”, y estoy de acuerdo con la propuesta, ¿pero cuáles son las medidas concretas que se toman para llegar a este objetivo?
Ninguna, ese es el tema. Tenemos un sistema que destroza por completo el don natural que tenemos de observar las cosas con pensamiento crítico, de poner y hacernos preguntas, de poner bajo sospecha cualquier “verdad” hasta que no la comprobemos por nosotros mismos, este mecanismo sano de verificar continuamente la realidad que nos rodea. No juzgar, sino simplemente mirar desde otros puntos de vista. 
Precisamente me llama poderosamente la atención que en las escuelas no hay espacio y tiempo para que los alumnos se hagan preguntas o disientan de las ideas imperantes; suele ser al revés, ellos tienen que responder de una forma específica (que no sincera) a preguntas formuladas por el profesor de turno igualmente específicas.
Es imposible desarrollar pensamiento crítico y creativo en un sistema masificado, con espacios casi carcelarios, en donde un alumno es uno más en medio de otros 20 o 30, donde se le imponen los contenidos y las maneras de “aprender” – léase imposición de “cómo pensar”.
Para ser crítico y creativo necesitas tu espacio, tu tiempo, tus interacciones diarias con adultos inteligentes, respetuosos y cariñosos, que te escuchen, que te expliquen, que te dejen explicar, reflexionar, que te permitan ¡cuestionar o hasta negar el status quo!
No puedes desarrollar todo esto sin un ejercicio diario de interacción, reflexión personal, descanso, juego, errores y tranquilidad. Es como entrenarte para la lucha. Si no tienes unos buenos entrenadores y también unos buenos adversarios, es imposible llegar a tener un buen nivel.
Un buen debate tiene lugar entre personas inteligentes, que sepan usar la lógica, los argumentos, que han debatido miles de veces en su vida con amigos, profesores, familiares, desconocidos. Que han sabido cuestionar las ideas imperantes y las han descartado por obsoletas. Que han venido con nuevas ideas, nuevas soluciones, más acordes con la época en la que vivimos. Que saben ser objetivos.
Esta actitud no se obtiene como por arte de magia al terminar el instituto o la facultad. Esta actitud se entrena día a día desde que naces, con tus padres, con tus hermanos, con tus amigos, con familiares, con profesores. Día a día.
¿Dónde y cuándo tiene esto lugar en las escuelas?? Me gustaría saberlo, porque yo no lo veo.
Cada dos por tres se menciona en los medios de comunicación el caso de Finlandia. No he estado allí, no sé cuál es la realidad exacta, el día a día de su sistema educativo, pero por lo que leo en la literatura de especialidad o lo que veo en los documentales, en Finlandia se dan varios factores que se podrían implementar fácilmente en cualquier otro país y que hacen que su éxito sea constante:
  1.  los alumnos por aula son pocos y tienen mucha libertad de estudio y de movimiento físico
  2.  los maestros y profesores son personas con vocación y ética, aparte de la sabiduría y la preparación de su especialidad
  3.  los recursos son muchos y muy variados
  4.  el espacio educativo es asistivo y parecido al de la vida diaria de cualquier persona con zonas de trabajo y zonas de descanso o de ocio, y está abierto a la vida en y de la comunidad
  5.  no hay deberes
  6.  no hay exámenes
  7.  se fomenta el trabajo/estudio por proyectos o individual
  8.  se permite la disidencia y no se imponen pensamientos únicos
  9.  se permite el autoaprendizaje o el aprendizaje dirigido por el propio niño
  10.  se va innovando constantemente para mejorar la estructura educativa
En el mismo artículo la autora se extraña que el modelo finlandés, a pesar de ser un referente mundial según el informe PISA, no deja de innovar. Claro que no. La afirmación es un tanto naïf ya que precisamente por este motivo tienen los finlandeses tan buenos resultados en PISA, por innovar continuamente y no dormirse en los laureles; para ser un referente mundial en algo, lo que sea, debes estar siempre al día, no parar, innovar, cambiar de táctica o de estructura si es necesario, ver qué funciona y qué no, admitir la responsabilidad propia para bien y para mal, analizar a fondo y con objetividad y cambiar aquello que ya no sirve.
No puedes ser número uno si no mantienes el interés para mejorar en todo momento y si no eres consciente de tu responsabilidad en el proceso.
Si queremos una educación de calidad tenemos que estar más abiertos a ideas diferentes, observar siempre la funcionalidad de algunos conceptos, estar preparados para cambiar estructuras que no rinden, y, sobre todo, tener siempre presentes los intereses de los niños, no los nuestros.
Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Historia

Prehistoria

Los cuarentones y cincuentones recordaremos dos elementos interesantes de nuestra infancia: los Playmobil, que antes se llamaban Clicks de Playmobil, y una serie de televisión que nos enganchaba cada fin de semana que se llamaba Érase una vez el hombre.

La manera más acertada que he encontrado de trabajar la historia con niños y adolescentes ha sido utilizando estas dos herramientas de manera simultánea.

En muchas bibliotecas municipales podéis encontrar la colección de libros y DVDs de la serie. Yo suelo aprovechar para buscar, además, otras publicaciones que tengan que ver con la era que estemos estudiando y, junto al tomo que corresponda de Érase una vez el hombre y su DVD, nos llevamos dos o tres libros más que nos amplíen la información que quiero trabajar.

En primer lugar, revisamos y leemos los textos, vemos el capítulo e incluso buscamos algún documental relacionado y más adaptado a la edad con la que estamos trabajando. Aunque parezca cosa de niños, a los adolescentes también les gusta visualizarlo. Se suelen reír mucho con la torpeza de los malos, jejejejejejeje…

Después solemos hacer un trabajo con todos los datos para esquematizar los conocimientos y tener un guión para ponernos manos a la obra con lo que más les gusta: jugar con los Playmobil.

Podemos encontrar muñecos y complementos, prácticamente, de cualquier época de la historia y de la prehistoria. Hay coleccionistas que poseen verdaderos tesoros, pero para nuestro fin no es necesario hacer tal inversión.

Al haber estudiado a fondo las características de ese periodo histórico tenemos datos suficientes para poder imaginar cómo sería la arquitectura, la vestimenta, las costumbres, los alimentos que predominaban… hasta la altura media de las personas que vivían en esa época, si es que ya existían los seres humanos como tales.

Así que, con toda esa información, unos cuantos muñecos sencillos y algo de material común (cartulinas, recortes de tela, aguja, hilo, pegamento, pinturas acrílicas, plumas, palitos, tierra y poco más) seremos capaces de reproducir, con algo de imaginación y una mínima destreza, todo lo que nos propongamos.

En la imagen que acompaña este artículo, como habréis observado, intentamos reproducir dos personajes prehistóricos. Para ello utilizamos dos muñecos, un chico y una chica, sencillos y, con un trocito de tela que imita a piel animal, le confeccionó un peque sus trajes.

Todo lo que aprendamos de este modo es casi imposible que lo olvidemos. Lo que sí es posible que no recordemos después de un tiempo serán fechas, duración de los diferentes periodos prehistóricos o alguna cosa más.

Para ello, trabajamos, paralelamente otros sistemas de recopilación y exposición de datos que ya os contaré.

En cualquier caso, todo lo que no recordemos estará en internet y podremos consultarlo cuantas veces necesitemos.

El círculo de Lola

Playmobil sí o no.

Playmobil

No creáis que nos llevamos ningún tipo de comisión con esta recomendación. La hacemos porque estamos convencidos de ello y porque estamos viendo el resultado.

La cantidad de muñecos y accesorios que tienen los famosos Playmobil nos están permitiendo aprender todo tipo de materias. Desde muy pequeños, con el conteo de animales, por ejemplo, la clasificación de especies, los tipos de vegetación, los oficios, etc. hasta representaciones históricas, el desarrollo de historias inventadas con algunas piezas, etc…

Hoy solo quiero adelantaros que publicaremos aquí, en La Pedagogía Blanca, artículos contándoos algunas de las aplicaciones que tienen estos pequeños personajes. No solo para nuestras propias clases o trabajo en casa con los niños, sino también como elementos de trabajo en pedagogía, coaching comunicativo y otros fines como diagnóstico de ciertos trastornos de salud.

Nos gustaría saber si es un tema de vuestro interés para seguir avanzando o, por el contrario, no lo es y centrarnos en otra temática. Gracias por vuestros comentarios.

El círculo de Lola

Dejarles decidir es importante.

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Hay niños a los que se etiqueta de “catacaldos” porque prueban muchas cosas y, a veces, no se quedan con ninguna.

Hay padres que se enfadan con sus hijos porque se apuntan a tal o cual actividad y, al poco tiempo, la dejan porque no les termina de gustar, porque no se sienten cómodos con el/la profesor/a, porque descubren que no se les da bien o cualquier otra razón.

He conocido muchos niños que a principio de curso comenzaron a ir a clases de kárate, por poner un ejemplo, bien porque querían probar , bien porque se han apuntado sus mejores amigos. A los dos meses de asistir a las clases descubren que no les interesa el kárate, no les gusta cómo imparte la clase el monitor o se ha enterado de que hay un taller de cómic y prefiere invertir su tiempo en ello.

Pero no. Como decidió apuntarse a esa modalidad deportiva, sus padres le convencen de que si toman una decisión la tienen que llevar hasta el final. Que así se harán más responsables de las decisiones que tomen. Que tienen que atenerse a las consecuencias de lo que hagan.

Cometemos un gran error. Sobre todo si no ha sido pactado de antemano. Es decir, si en principio proponemos un mínimo de asistencia para que el niño o la niña comprueben que, habiéndose apuntado a una actividad, realmente no le gusta, bueno. Pero si comienzan, y no les gusta, no deberíamos obligarles a continuar.

En primer lugar, y si nos ponemos en su pellejo, ¿a quién le apetece hacer algo que no le gusta? Todos tendemos a evitarlo. Me rechinan los comentarios tipo: “ya, pero tiene que ir asumiendo responsabilidades para cuando sea mayor, porque tendrá que trabajar en cosas que no les gusten”.

Bueno, esa es una teoría. Yo tengo otra pero no viene al caso. Otro día escribiré sobre ello.

Y en segundo lugar, el tiempo que van a desperdiciar continuando con algo que no les apetece dejan de tenerlo disponible para otras cosas que les pueden apasionar y descubrir caminos más interesantes para su futuro.

No incluyo en este listado las que son necesarias para su desarrollo, su descanso y todo lo que tenga que ver con su higiene y salud. Me refiero a todas esas actividades añadidas, que a veces tienen que desarrollar para conciliar nuestras jornadas laborales o nuestros tiempos de ocio personales.

Es muy peligroso inculcar a los niños que cuando toman una decisión la tienen que mantener hasta el final. Ese es un aprendizaje nefasto. Un adulto con esa mentalidad está perdido. Precisamente, el saber evaluar una situación o una decisión y cambiar de rumbo o de solución si algo no funciona, es fundamental.

Los niños y las niñas tienen que tener voz y voto en lo que hacen. Ser responsables en la toma de decisiones pero teniendo todos los datos de antemano y los acuerdos o normas consensuadas. No podemos obligarles a que realicen actividades porque, desde nuestro punto de vista, son “interesantes” o nos hubiese gustado hacerlo a nosotros y no pudimos.

Conozco muchas niñas que van obligadas a ballet, gimnasia rítmica o a clases de piano porque es muy femenino y a niños que van a fútbol o a kárate porque es muy masculino.

Todos estos niños me dan mucha pena. Sobre todo porque conozco algunos que tienen talentos increíbles para otras actividades como son la cocina, el dibujo, la fotografía, la ciencia, el teatro o la mímica y no pueden desarrollarlas.

Hoy en día, con la cantidad de formación online que existe y talleres presenciales diferentes, no hay excusa para que nuestros hijos o alumnos se estanquen en ocio predeterminado.

La importancia de conocer un gran abanico de posibilidades y de probar unas y otras para, con la experiencia, valorar qué nos gusta, qué no, qué nos aporta, qué no, qué podemos implementar en nuestra vida para conseguir otros objetivos y qué no es muy importante.

Démosles la posibilidad de decidir, de equivocarse, de descubrir… Si somos sensatos, les permitiremos hacerlo y descubriremos cuánto aprenden, como así ha sido en la historia de los humanos, con el ensayo-error.

El círculo de Lola.

Claves que ayudarán a nuestros niños en su aprendizaje.

Muchas veces damos por hecho que los niños aprenden solos a estudiar pero la realidad nos demuestra diariamente lo contrario. Muchos adolescentes y adultos no han adquirido las habilidades básicas necesarias para realizar cualquier tipo de aprendizaje. En un mundo que cambia velozmente y donde una persona tiene que dar respuesta a estos cambios, enseñar a aprender se nos presenta como una gran necesidad. No en vano, tenemos que pensar que la mayoría de profesiones y tareas que nuestros niños desempeñarán el día de mañana ni siquiera han sido inventadas.

Pero, ¿cómo conseguir que nuestros niños aprendan a aprender?

Azucena Caballero, co-directora de la Pedagogía Blanca, te da algunas claves: