Poyoya.

Este fin de semana, he pasado un día entero con Mar Romera, hablando de educación emocional y de sistema educativo, en Madrid, junto a cientos de personas interesadas en escuchar y, algunas, en actuar.

Entre otras muchas cosas de las que habló, y son muchas porque habla muy rápido, nombró algo a lo que yo no ponía nombre porque lo desconocía, pero que sí identificaba: los poyoya.

Y, como por mi familia paterna soy “der zú”, lo traduje enseguida: los “pues yo ya…”.

Qué curioso!!! No sabía que se trataba de un síndrome. Se llama síndrome Dunning Kruger.

Y más curioso aún es que, cuando he comenzado a leer sobre él, en algunas descripciones sobre este síndrome comienzan con “La relación entre la estupidez y la vanidad…” y continúa hablando de que “las personas que no tienen mucho nivel cultural o intelectual tienden, sistemáticamente, a pensar que saben más de lo que saben y que son más inteligentes de lo que son”.

La cosa es que, últimamente, algunos profesores problemáticos que voy conociendo se sienten los más inteligentes y que saben más que nadie. Y, lo grave es que, además, se sienten por encima de los padres y las madres para dar consejos sobre crianza.

Y, digo yo, esas personas que, se supone que han estudiado años, que si les preocupa mejorar en su profesión se van reciclando (aunque esto es ilusorio, claro) y que, en teoría tienen práctica para ejercer y resolver conflictos si llevan años de profesión, exigen a las familias TODA la responsabilidad sobre la actitud y aptitud de sus hijos.

Creo que estamos topándonos con la ley del mínimo esfuerzo.

Pues no, señoras y señores. Lo que venga de casa a nuestras clases, viene. Pero es nuestra obligación conocer las situaciones de nuestro alumnado y hacer lo mejor que sepamos y podamos por aportar a sus vidas que, además de recordarnos cuando sean adultos con cariño, nos AMEN por lo que hicimos por ellos y por sus familias, en la medida que pudimos.

Jugando se aprende mejor: funciones educativas del juego infantil

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Una de las cuestiones que más nos preguntan es como ayudar a que los niños aprendan más y mejor. Nuestra respuesta básica es esta: dejad a los niños jugar, pues están programados para usar el juego como experiencia de aprendizaje. Los niños pequeños están aprendiendo continuamente y es a través del juego y la experimentación como lograrán desarrollarse y adquirir conocimientos. Tanto si están en casa como si acuden a una guardería o centro educativo infantil sus actividades, solitarias o en grupo, deberían siempre tener como centro el juego, permitiéndoles, de este modo, adquirir aprendizajes en un ambiente informal y libre.  A través del juego, además, se hacen conscientes de su identidad y asimilan los patrones culturales y sociales de su entorno.

Los niños pequeños aprenden a través de todos sus sentidos todo lo que necesitan ir incorporando a su esquema mental. Tocan, saborean, escuchan, miran y huelen, observan y copian a las personas que los rodean, fijándose en como se expresan y como se comportan. Muchas de estas experiencias llegan a ellos a través del juego y además, las ensayan, repiten e interiorizan también con juegos, muchos de ellos de forma no guiada.

Funciones educativas del juego infantil

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Casi todos los niños juegan, excepto aquellos que están desnutridos, privados de todo estímulo o tienen discapacidades muy severas.  Incluso, si los niños pequeños se ven privados temporalmente de oportunidades de juego, por ejemplo, si se los mantiene en el aula, juegan durante más tiempo y más vigorosamente después. Los niños, como los cachorros de todos los mamíferos, centran gran parte de su tiempo, si se les permite, en jugar, y,  los humanos, en correlación con la mayor complejidad de nuestro desarrollo cognitivo, muestran mucha más variedad en los juegos, estando demostrado que jugar ofrece grandes beneficios, incluso si estos se podrían conseguir de otro modo, el modelo natural al que tienden los niños es este.

El desarrollo físico y corporal, indispensable también para el aprendizaje, se consigue perfectamente con juegos locomotores (correr, saltar o escalar). Con eso los niños fortalecen sus músculos, su fuerza, habilidad y coordinación motora y además favorece la adquisición de información sobre el propio cuerpo y el entorno. Tanto es así que los niños, si se les permite jugar en el patio, luego pueden concentrarse mejor en otro tipo de actividades más sedentarias.

El juego es una de las principales formas en que los niños aprenden. Construyen una idea del mundo y aprenden a imaginar, a extrapolar, a hacer predicciones, es decir desarrollan su mente de manera completa. También les ayuda a ejercitar su memoria y a concentrarse, pues cuando un niño está absorto jugando está, realmente, fijando su atención en algo que le apasiona y eso es un gran entrenamiento para actividades futuras.

Podemos proponer o favorecer algunos juegos en concreto que inciden en su desarrollo cognitivo para que esas funciones de aprendizaje se puedan dar. Pero, hagamos lo que hagamos, hay que recordar que el juego debe ser electivo, placentero y divertido. Cada niño tiene que poder jugar a lo que le guste, nunca forzarlo ni presionarlo, ni tampoco, evidentemente, castigarlo sin juego. Cada niño tiene inclinaciones, gustos y se desarrolla a su propio ritmo. Os dejamos algunas ideas:

 

 

  • Bloques de construccion, LEGO (de la edad adecuada), rompecabezas y clasificadores, pues ayudan a comprender las relaciones entre los objetos, el tamaño, forma y a desarrollar la lógica y la organización de conjuntos.
  • Un arenero o juegos con arena y agua (en casa o en la playa o un parque limpio, si es que hay). El juego de arena y agua puede ser una introducción temprana a la ciencia y las matemáticas, tocando, sintiendo, midiendo y experimentando diferentes aspectos de la material. Además, ejercitan su psicomotricidad fina.
  • Disfraces, ropa y muñecos les permite desarrollar su imaginación, expresión de sentimientos y su creatividad.
  • Pintar, incluso cuando no lo hacen todavía de manera figurativa, les ayuda a comprender el efecto de sus acciones voluntarias, descubrir formas y colores mientras ejercitan su psicomoticidad fina.
  • Las masas y plastelinas pueden ayudarles a comprender, también, el efecto en la materia de sus movimientos manuales y presión, entender las diferentes consistencias y durezas, maleabilidad y permanencia de las formas. Y, por supuesto, a desarrollar su imaginación.
  • El juego motriz que implique correr, saltar, perseguir, escalar y lanzar objetos, permite el desarrollo físico y la coordinación.

El juego, en resumen, ofrece a los más pequeños experiencias de aprendizaje indispensables. Seguiremos hablando sobre las funciones y beneficios del juego la próxima semana.

 

Mireia Long

SOS, Pedagogía Blanca!!!

Y seguimos recibiendo noticias de castigos obsoletos que no sirven para nada y “perjudican seriamente la salud”. Y, lo más grave, es que algunos castigos son físicos, no solo psíquicos, que se consideran delito.

Maestros del mundo que seguís pensando que este es el camino para educar y acompañar en el desarrollo correcto de vuestras alumnas y vuestros alumnos: BASTA YA!!!

Aprovecho que la Pedagogía Blanca lanza su último curso on line, para recomendaros que os apuntéis a dicha formación. Ya no sólo por vosotros, para que descubráis otra forma de hacer las cosas, sino por todos aquellos niños y niñas que tenéis en vuestras manos y que, según lo que decidáis hacer con sus vidas, serán adultos felices o adultos amargados, sin seguridad en sí mismos y que, posiblemente, traten a los niños y las niñas igual que ellos fueron tratados, pensando que esa es la manera de hacerlo.

Resulta que el otro día, cuidando de las niñas de unos amigos, de 5 y 6 años, se pusieron a jugar a maestras. Todos los muñecos que tenían en la habitación eran los alumnos de la clase.

Los sentaron alineados, en filas, les pusieron delante a cada muñeco un trozo de papel y un lápiz de color y yo, atenta a todo lo que hacían y decían, no salía de mi asombro.

  • “A ver, al primero que se mueva le castigo contra la pared”.
  • “Susana, te he dicho que no te muevas, que voy a explicar y quiero silencio”.
  • “Lo pintáis de rojo que es lo que acabo de deciros”.
  • “No os mováis que os castigo y os pongo carita enfadada”.
  • “Muy bien, Sara, tú si que te has enterado. Mañana te traeré un premio”.

Y así, mil frases más que me producían risa (no pude evitarlo) y decepción y tristeza infinita a la vez.

En mis charlas en escuelas universitarias y centros educativos siempre les pregunto si creen (futuros maestros o maestros en activo) que se puede cambiar el sistema educativo. Se apodera de mí una pena irracional y un cabreo descomunal a partes iguales cuando su respuesta es NO.

Pues sí, señoras y señores, podemos cambiar TODO lo que nos propongamos. Así ha sido a lo largo de la historia y así será.

Estoy orgullosa de formar parte de ese cambio, estoy feliz de ver que cada vez más adultos responsables (padres, maestros, educadores…) van cambiando de opinión y, también, estoy contenta de que miles de niños, guiados por estos adultos, tendrán una conciencia y actuarán basándose en el respeto, en la empatía, en la solidaridad y aportarán todo lo que puedan para que el mundo sea mejor.

Aún así, hay tanto que hacer…

Gracias, Pedagogía Blanca, por la oportunidad que brindáis, a tantas y tantas personas, de cambiar la perspectiva y la conciencia de adultos que educan y acompañan a lo más importante que tenemos, nuestros niños y niñas.

Las madres queremos lo mejor para nuestros hijos

Me encuentro ahora, un año más tarde, un artículo en una página web de profesores de instituto, en el que el autor se queja por la intromisión de los padres en un grupo de profes, habla con desprecio de las reivindicaciones de las madres acerca del tratamiento que reciben sus hijos en las escuelas y se queja por algunas invectivas que algunas madres muy dolidas han dejado escapar en este sentido. No doy el enlace porque no quiero hacerles publicidad y en realidad el artículo en sí es lo de menos.

Pero me ha llamado la atención la inconsciencia del autor, su convicción de que no es culpa suya o del sistema, que los únicos culpables aquí son las madres y los alumnos, y me ha hecho reflexionar y preguntarme por qué muchos de los profesores son incapaces de hacer autocrítica, de ponerse en la piel de una madre, y – sobre todo – hacer un análisis un poco más profundo sobre su propio objetivo como docentes, sobre cómo funciona en realidad el sistema y cuáles son sus defectos, defectos que pervierten de forma irremediable a veces el acto educativo/el proceso de aprendizaje. John Taylor Gatto – docente en el sistema educativo estadounidense también durante muchos años – lo ha hecho, ha sido capaz de hacer autocrítica, de entender a los padres y sus quejas (entre otras cosas porque él también es padre), ha sido capaz de escarbar un poco en la imagen idealizada de la escuela y ver la cruda realidad y describirla con pelos y señales en sendos libros esclarecedores sobre la ineficacia del sistema educativo convencional y los efectos negativos/dañinos que puede tener sobre nuestros hijos. Como John Taylor Gatto hay muchos más – por suerte nuestra, cada vez hay más profesores que ven que el sistema está lleno de defectos y hasta de malos propósitos.
¿Por qué, no obstante, hay muchos otros docentes que son incapaces de este ejercicio tan sencillo que se llama “pensamiento crítico” y que, supuestamente, ellos mismos se lo enseñan a nuestros niños en las instituciones educativas??

En el artículo en cuestión el autor cargaba tintas contra las madres y, como no, sus respectivos retoños… vamos, la culpa era de las madres que querían que sus hijos no sean castigados con exámenes y malas notas, expulsiones y demás lindezas que suele usar el sistema cuando es incapaz de ofrecer verdadera educación e instrucción académica a los alumnos hacinados por decenas en aulas con diseño de fábricas adornadas.

Con todo mi respeto para el enfado del autor, no veo una argumentación seria relacionada con sus quejas; da por sentado que las madres quieren que sus hijos se queden tontos. Si bien habrá algunos padres que piensen esto por dejadez o falta de responsabilidad (alguna minoría minúscula), mi opinión es que la postura del autor está equivocada porque de todas las madres que yo conozco personal o indirectamente, de todas las que aparecen incluso en obras de ficción, no sólo en la realidad que nos rodea, de TODAS no hay ninguna que no quiera que su hijo llegue a lo más alto de su potencial real como ser humano. Ni una. Es más, todos los padres deseamos que nuestros hijos lleguen a ser importantes para sí mismos, que incluso hagan el bien y sean adultos positivos que aporten a la sociedad en la que viven.
Las madres queremos lo mejor para nuestros hijos. Y claro que la enseñanza debe y puede cambiar de planteamiento, posturas y funcionamiento para apoyar un desarrollo provechoso de las personalidades de nuestros hijos.

He educado a mis dos hijos en casa desde que nacieron hasta que entraron en sendas facultades en Londres y en La Haya, no me canso de decirlo, y siempre lo he hecho según los principios de respeto, cariño y libertad que se merecen todos los seres vivos de este planeta, y que el autor del artículo en cuestión, según parece, aborrece.
No he abolido la disciplina y la exigencia, pero les he permitido a ambos niños que las desarrollen solos. Y sí, he tenido un sagrado respeto al genio innato y espontáneo y creativo de ambos porque es el bagaje natural con el que nacemos todos, y sería una pérdida tremenda desperdiciarlo machacándolo y bloqueándolo con actividades repetitivas o poco interesantes como las que suelen tener lugar en los colegios.
No, no los he “suspendido”, “castigado” o “expulsado” nunca jamás a mis hijos porque todos los días me demostraban que sabían mucho y que aprendían continuamente. Y yo aprendía junto a ellos todos los días algo nuevo. Claro, no eran las típicas “asignaturas obligatorias”, eran contenidos/conocimientos académicos y culturales de su interés específico, proyectos educativos relacionados con sus o nuestras necesidades como familia, actividades de su elección para desarrollar habilidades individuales personales, búsquedas individuales de información y datos de interés personal.

Así que vuelvo con algunas preguntas y me gustaría hacer reflexionar a todos, padres o docentes, y que piensen qué tipo de educación deseamos para nuestros hijos, lo más preciado que tenemos en nuestras familias.

¿Acaso pedimos demasiado como padres al insistir que se RESPETE la individualidad de cada niño y que la enseñanza tenga de verdad como objetivo el desarrollo de su potencial único??

¿Pedimos demasiado cuando no queremos que se les machaque a los niños con contenidos pesados, incomprensibles e imposibles de asimilar incluso para los adultos inteligentes; o porque no queremos que los niños estén hacinados en espacios pequeños y obligados a estar sentados en unas edades en las cuales el movimiento físico es PRIMORDIAL para su salud presente y futura y para su desarrollo físico y psíquico armonioso y correcto?

¿Pedimos demasiado cuando queremos respeto para los niños, paciencia para con los procesos biológicos y cerebrales involucrados en el aprendizaje, y cuando pedimos que se apliquen los últimos descubrimientos de la neurociencia en la educación?

¿De verdad, maestros y profesores, os creéis que las madres no sabemos de qué estamos hablando cuando pedimos todo esto para nuestros hijos??

¿Y sois incapaces de entender un poco la rabia que puede sentir una madre cuando ve que el potencial maravilloso de sus hijos se desperdicia de forma brutal año tras año en las instituciones educativas que defendéis con tanta convicción?

Ya sé que los profes sois igual de víctimas que los niños en todo este asunto (lo he vivido en carne propia yo también), pero por favor, un poco de consciencia y decencia, porque entre los dos grupos, los docentes sois los adultos, no los niños, y tenéis más madurez, responsabilidad y consciencia que ellos. Si vosotros no hacéis uso de vuestro pensamiento crítico y sentido común, y no protestáis junto a los padres, nadie lo va a hacer; por su inmadurez los niños no saben qué ocurre y no son capaces de hacerlo, llegando a ser, de esta forma, los mayores perdedores en todo este sistema inhumano de “educación” – o quizá debería decir sistema de adiestramiento y adoctrinamiento.
Dejad ya de dormir en el siglo pasado y despertad, el sistema educativo actual no se acerca ni remotamente a las necesidades reales educativas de nuestros hijos o de los seres humanos, en general, y menos en el milenio tres en el que ya hemos entrado desde hace 18 años.
Dejad de reproducir este sistema y creer que sirve para algo, dejad de defenderlo, se ha quedado obsoleto, escuchad de una vez las quejas de los padres y observad las necesidades auténticas de los niños. Las reales, las verdaderas, no lo que dictan unos “expertos” que no tienen ni idea en unos despachos de ministerios.
Por favor. Porque luego, a la larga, los grandes perdedores somos nosotros, los adultos y toda la humanidad, porque estos niños de hoy crecen en estos entornos punitivos, negativos, policiales, faltos de cariño, atención, estímulos intelectuales, culturales y emocionales sanos, impregnados de ideas subliminales de injusticia, desprecio hacia sus personas y sus necesidades, agresividad, y hasta abandono, y se transforman en seres adultos que se han “educado” en ambientes cargados de estímulos negativos.
Porque siempre cuenta más CÓMO te has educado, no los contenidos de la educación.

Pensad en reivindicar medidas para mejorar como:

  1. menos alumnos por aulas,
  2. edificios y muebles más cómodos y asistivos para con el acto educativo,
  3. más democracia y más respeto hacia las decisiones del propio educando acerca de su instrucción académica,
  4. más respeto también para los padres (esto incluiría algunos programas de concienciación hacia su propia responsabilidad),
  5. más oportunidades de movimiento físico en espacios abiertos,
  6. libertad de elección para los niños en cuanto a los proyectos educativos o asignaturas

Es decir, un sistema de educación más HUMANO y más actual. Sí, se puede, sólo hay que salir de la caja de los prejuicios y abrir los ojos. Y dejar de culpabilizar a los que deberían ser siempre los beneficiarios de la enseñanza, los niños, e indirectamente, los padres.

 

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Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

 

¿Cómo aprenden de verdad los niños? Entrevista a Mireia Long

Mireia Long ha sido entrevistada por Pilar Martínez de MATERNIDAD CONTINUUM y EDULACTA sobre el tema: ¿Cómo aprenden de verdad los niños? y explica en esta charla de que manera los cachorros de los humanos están programados para aprender de manera curiosa, feliz y con motivación.

 

 

 

La autorregulación no existe. Entrevista a Mireia Long

Mireia Long ha sido entrevistada por Pilar Martinez de EDULACTA y MATERNIDAD CONTINUUM sobre el tema “LA AUTORREGULACIÓN NO EXISTE” . En ella puedes escucharla explicando lo que sí es autorregulación en los seres vivos, lo que es el concepto de autorregulación bien entendido en Psicología y por qué la autorregulación en comportamiento y educación no es una opción.

 

El pensamiento crítico y creatividad

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A raíz de leer un artículo sobre educación y debatir luego con amigos míos maestros sobre su contenido me surgen unas ideas que sé que pueden parecer polémicas, pero reflejan la realidad.
Muchos profesores me comentan que no saben cómo “fomentar” la creatividad o el pensamiento crítico de sus alumnos. Además nos encontramos con que la mayoría de las leyes educativas de Europa tienen como objetivo “fomentar” el pensamiento crítico, así que está claro que el tema es de interés general.
A mis amigos maestros y a los otros profesores o padres les sigo diciendo que más que “fomentar” pensamiento crítico y creatividad, lo importante es no desperdiciar o bloquear las capacidades ENORMES de pensamiento crítico y creativo que tienen los niños desde que nacen.
Nacemos con todo esto, no hace falta “fomentarlo”, hace falta no aniquilarlo, no anularlo.
En el artículo una especialista afirma que “la clave de la enseñanza sigue siendo el desarrollo del pensamiento crítico y esa es la labor esencial del profesor. El conocimiento es ahora accesible a todos en la red, pero el trabajo del docente es fomentar que el alumno piense por sí mismo y se haga preguntas”, y estoy de acuerdo con la propuesta, ¿pero cuáles son las medidas concretas que se toman para llegar a este objetivo?
Ninguna, ese es el tema. Tenemos un sistema que destroza por completo el don natural que tenemos de observar las cosas con pensamiento crítico, de poner y hacernos preguntas, de poner bajo sospecha cualquier “verdad” hasta que no la comprobemos por nosotros mismos, este mecanismo sano de verificar continuamente la realidad que nos rodea. No juzgar, sino simplemente mirar desde otros puntos de vista. 
Precisamente me llama poderosamente la atención que en las escuelas no hay espacio y tiempo para que los alumnos se hagan preguntas o disientan de las ideas imperantes; suele ser al revés, ellos tienen que responder de una forma específica (que no sincera) a preguntas formuladas por el profesor de turno igualmente específicas.
Es imposible desarrollar pensamiento crítico y creativo en un sistema masificado, con espacios casi carcelarios, en donde un alumno es uno más en medio de otros 20 o 30, donde se le imponen los contenidos y las maneras de “aprender” – léase imposición de “cómo pensar”.
Para ser crítico y creativo necesitas tu espacio, tu tiempo, tus interacciones diarias con adultos inteligentes, respetuosos y cariñosos, que te escuchen, que te expliquen, que te dejen explicar, reflexionar, que te permitan ¡cuestionar o hasta negar el status quo!
No puedes desarrollar todo esto sin un ejercicio diario de interacción, reflexión personal, descanso, juego, errores y tranquilidad. Es como entrenarte para la lucha. Si no tienes unos buenos entrenadores y también unos buenos adversarios, es imposible llegar a tener un buen nivel.
Un buen debate tiene lugar entre personas inteligentes, que sepan usar la lógica, los argumentos, que han debatido miles de veces en su vida con amigos, profesores, familiares, desconocidos. Que han sabido cuestionar las ideas imperantes y las han descartado por obsoletas. Que han venido con nuevas ideas, nuevas soluciones, más acordes con la época en la que vivimos. Que saben ser objetivos.
Esta actitud no se obtiene como por arte de magia al terminar el instituto o la facultad. Esta actitud se entrena día a día desde que naces, con tus padres, con tus hermanos, con tus amigos, con familiares, con profesores. Día a día.
¿Dónde y cuándo tiene esto lugar en las escuelas?? Me gustaría saberlo, porque yo no lo veo.
Cada dos por tres se menciona en los medios de comunicación el caso de Finlandia. No he estado allí, no sé cuál es la realidad exacta, el día a día de su sistema educativo, pero por lo que leo en la literatura de especialidad o lo que veo en los documentales, en Finlandia se dan varios factores que se podrían implementar fácilmente en cualquier otro país y que hacen que su éxito sea constante:
  1.  los alumnos por aula son pocos y tienen mucha libertad de estudio y de movimiento físico
  2.  los maestros y profesores son personas con vocación y ética, aparte de la sabiduría y la preparación de su especialidad
  3.  los recursos son muchos y muy variados
  4.  el espacio educativo es asistivo y parecido al de la vida diaria de cualquier persona con zonas de trabajo y zonas de descanso o de ocio, y está abierto a la vida en y de la comunidad
  5.  no hay deberes
  6.  no hay exámenes
  7.  se fomenta el trabajo/estudio por proyectos o individual
  8.  se permite la disidencia y no se imponen pensamientos únicos
  9.  se permite el autoaprendizaje o el aprendizaje dirigido por el propio niño
  10.  se va innovando constantemente para mejorar la estructura educativa
En el mismo artículo la autora se extraña que el modelo finlandés, a pesar de ser un referente mundial según el informe PISA, no deja de innovar. Claro que no. La afirmación es un tanto naïf ya que precisamente por este motivo tienen los finlandeses tan buenos resultados en PISA, por innovar continuamente y no dormirse en los laureles; para ser un referente mundial en algo, lo que sea, debes estar siempre al día, no parar, innovar, cambiar de táctica o de estructura si es necesario, ver qué funciona y qué no, admitir la responsabilidad propia para bien y para mal, analizar a fondo y con objetividad y cambiar aquello que ya no sirve.
No puedes ser número uno si no mantienes el interés para mejorar en todo momento y si no eres consciente de tu responsabilidad en el proceso.
Si queremos una educación de calidad tenemos que estar más abiertos a ideas diferentes, observar siempre la funcionalidad de algunos conceptos, estar preparados para cambiar estructuras que no rinden, y, sobre todo, tener siempre presentes los intereses de los niños, no los nuestros.
Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Historia

Los cuarentones y cincuentones recordaremos dos elementos interesantes de nuestra infancia: los Playmobil, que antes se llamaban Clicks de Playmobil, y una serie de televisión que nos enganchaba cada fin de semana que se llamaba Érase una vez el hombre.

La manera más acertada que he encontrado de trabajar la historia con niños y adolescentes ha sido utilizando estas dos herramientas de manera simultánea.

En muchas bibliotecas municipales podéis encontrar la colección de libros y DVDs de la serie. Yo suelo aprovechar para buscar, además, otras publicaciones que tengan que ver con la era que estemos estudiando y, junto al tomo que corresponda de Érase una vez el hombre y su DVD, nos llevamos dos o tres libros más que nos amplíen la información que quiero trabajar.

En primer lugar, revisamos y leemos los textos, vemos el capítulo e incluso buscamos algún documental relacionado y más adaptado a la edad con la que estamos trabajando. Aunque parezca cosa de niños, a los adolescentes también les gusta visualizarlo. Se suelen reír mucho con la torpeza de los malos, jejejejejejeje…

Después solemos hacer un trabajo con todos los datos para esquematizar los conocimientos y tener un guión para ponernos manos a la obra con lo que más les gusta: jugar con los Playmobil.

Podemos encontrar muñecos y complementos, prácticamente, de cualquier época de la historia y de la prehistoria. Hay coleccionistas que poseen verdaderos tesoros, pero para nuestro fin no es necesario hacer tal inversión.

Al haber estudiado a fondo las características de ese periodo histórico tenemos datos suficientes para poder imaginar cómo sería la arquitectura, la vestimenta, las costumbres, los alimentos que predominaban… hasta la altura media de las personas que vivían en esa época, si es que ya existían los seres humanos como tales.

Así que, con toda esa información, unos cuantos muñecos sencillos y algo de material común (cartulinas, recortes de tela, aguja, hilo, pegamento, pinturas acrílicas, plumas, palitos, tierra y poco más) seremos capaces de reproducir, con algo de imaginación y una mínima destreza, todo lo que nos propongamos.

En la imagen que acompaña este artículo, como habréis observado, intentamos reproducir dos personajes prehistóricos. Para ello utilizamos dos muñecos, un chico y una chica, sencillos y, con un trocito de tela que imita a piel animal, le confeccionó un peque sus trajes.

Todo lo que aprendamos de este modo es casi imposible que lo olvidemos. Lo que sí es posible que no recordemos después de un tiempo serán fechas, duración de los diferentes periodos prehistóricos o alguna cosa más.

Para ello, trabajamos, paralelamente otros sistemas de recopilación y exposición de datos que ya os contaré.

En cualquier caso, todo lo que no recordemos estará en internet y podremos consultarlo cuantas veces necesitemos.

El círculo de Lola

Playmobil sí o no.

No creáis que nos llevamos ningún tipo de comisión con esta recomendación. La hacemos porque estamos convencidos de ello y porque estamos viendo el resultado.

La cantidad de muñecos y accesorios que tienen los famosos Playmobil nos están permitiendo aprender todo tipo de materias. Desde muy pequeños, con el conteo de animales, por ejemplo, la clasificación de especies, los tipos de vegetación, los oficios, etc. hasta representaciones históricas, el desarrollo de historias inventadas con algunas piezas, etc…

Hoy solo quiero adelantaros que publicaremos aquí, en La Pedagogía Blanca, artículos contándoos algunas de las aplicaciones que tienen estos pequeños personajes. No solo para nuestras propias clases o trabajo en casa con los niños, sino también como elementos de trabajo en pedagogía, coaching comunicativo y otros fines como diagnóstico de ciertos trastornos de salud.

Nos gustaría saber si es un tema de vuestro interés para seguir avanzando o, por el contrario, no lo es y centrarnos en otra temática. Gracias por vuestros comentarios.

El círculo de Lola