SOS, Pedagogía Blanca!!!

_DSC0047

Y seguimos recibiendo noticias de castigos obsoletos que no sirven para nada y “perjudican seriamente la salud”. Y, lo más grave, es que algunos castigos son físicos, no solo psíquicos, que se consideran delito.

Maestros del mundo que seguís pensando que este es el camino para educar y acompañar en el desarrollo correcto de vuestras alumnas y vuestros alumnos: BASTA YA!!!

Aprovecho que la Pedagogía Blanca lanza su último curso on line, para recomendaros que os apuntéis a dicha formación. Ya no sólo por vosotros, para que descubráis otra forma de hacer las cosas, sino por todos aquellos niños y niñas que tenéis en vuestras manos y que, según lo que decidáis hacer con sus vidas, serán adultos felices o adultos amargados, sin seguridad en sí mismos y que, posiblemente, traten a los niños y las niñas igual que ellos fueron tratados, pensando que esa es la manera de hacerlo.

Resulta que el otro día, cuidando de las niñas de unos amigos, de 5 y 6 años, se pusieron a jugar a maestras. Todos los muñecos que tenían en la habitación eran los alumnos de la clase.

Los sentaron alineados, en filas, les pusieron delante a cada muñeco un trozo de papel y un lápiz de color y yo, atenta a todo lo que hacían y decían, no salía de mi asombro.

  • “A ver, al primero que se mueva le castigo contra la pared”.
  • “Susana, te he dicho que no te muevas, que voy a explicar y quiero silencio”.
  • “Lo pintáis de rojo que es lo que acabo de deciros”.
  • “No os mováis que os castigo y os pongo carita enfadada”.
  • “Muy bien, Sara, tú si que te has enterado. Mañana te traeré un premio”.

Y así, mil frases más que me producían risa (no pude evitarlo) y decepción y tristeza infinita a la vez.

En mis charlas en escuelas universitarias y centros educativos siempre les pregunto si creen (futuros maestros o maestros en activo) que se puede cambiar el sistema educativo. Se apodera de mí una pena irracional y un cabreo descomunal a partes iguales cuando su respuesta es NO.

Pues sí, señoras y señores, podemos cambiar TODO lo que nos propongamos. Así ha sido a lo largo de la historia y así será.

Estoy orgullosa de formar parte de ese cambio, estoy feliz de ver que cada vez más adultos responsables (padres, maestros, educadores…) van cambiando de opinión y, también, estoy contenta de que miles de niños, guiados por estos adultos, tendrán una conciencia y actuarán basándose en el respeto, en la empatía, en la solidaridad y aportarán todo lo que puedan para que el mundo sea mejor.

Aún así, hay tanto que hacer…

Gracias, Pedagogía Blanca, por la oportunidad que brindáis, a tantas y tantas personas, de cambiar la perspectiva y la conciencia de adultos que educan y acompañan a lo más importante que tenemos, nuestros niños y niñas.

Las madres queremos lo mejor para nuestros hijos

Me encuentro ahora, un año más tarde, un artículo en una página web de profesores de instituto, en el que el autor se queja por la intromisión de los padres en un grupo de profes, habla con desprecio de las reivindicaciones de las madres acerca del tratamiento que reciben sus hijos en las escuelas y se queja por algunas invectivas que algunas madres muy dolidas han dejado escapar en este sentido. No doy el enlace porque no quiero hacerles publicidad y en realidad el artículo en sí es lo de menos.

Pero me ha llamado la atención la inconsciencia del autor, su convicción de que no es culpa suya o del sistema, que los únicos culpables aquí son las madres y los alumnos, y me ha hecho reflexionar y preguntarme por qué muchos de los profesores son incapaces de hacer autocrítica, de ponerse en la piel de una madre, y – sobre todo – hacer un análisis un poco más profundo sobre su propio objetivo como docentes, sobre cómo funciona en realidad el sistema y cuáles son sus defectos, defectos que pervierten de forma irremediable a veces el acto educativo/el proceso de aprendizaje. John Taylor Gatto – docente en el sistema educativo estadounidense también durante muchos años – lo ha hecho, ha sido capaz de hacer autocrítica, de entender a los padres y sus quejas (entre otras cosas porque él también es padre), ha sido capaz de escarbar un poco en la imagen idealizada de la escuela y ver la cruda realidad y describirla con pelos y señales en sendos libros esclarecedores sobre la ineficacia del sistema educativo convencional y los efectos negativos/dañinos que puede tener sobre nuestros hijos. Como John Taylor Gatto hay muchos más – por suerte nuestra, cada vez hay más profesores que ven que el sistema está lleno de defectos y hasta de malos propósitos.
¿Por qué, no obstante, hay muchos otros docentes que son incapaces de este ejercicio tan sencillo que se llama “pensamiento crítico” y que, supuestamente, ellos mismos se lo enseñan a nuestros niños en las instituciones educativas??

En el artículo en cuestión el autor cargaba tintas contra las madres y, como no, sus respectivos retoños… vamos, la culpa era de las madres que querían que sus hijos no sean castigados con exámenes y malas notas, expulsiones y demás lindezas que suele usar el sistema cuando es incapaz de ofrecer verdadera educación e instrucción académica a los alumnos hacinados por decenas en aulas con diseño de fábricas adornadas.

Con todo mi respeto para el enfado del autor, no veo una argumentación seria relacionada con sus quejas; da por sentado que las madres quieren que sus hijos se queden tontos. Si bien habrá algunos padres que piensen esto por dejadez o falta de responsabilidad (alguna minoría minúscula), mi opinión es que la postura del autor está equivocada porque de todas las madres que yo conozco personal o indirectamente, de todas las que aparecen incluso en obras de ficción, no sólo en la realidad que nos rodea, de TODAS no hay ninguna que no quiera que su hijo llegue a lo más alto de su potencial real como ser humano. Ni una. Es más, todos los padres deseamos que nuestros hijos lleguen a ser importantes para sí mismos, que incluso hagan el bien y sean adultos positivos que aporten a la sociedad en la que viven.
Las madres queremos lo mejor para nuestros hijos. Y claro que la enseñanza debe y puede cambiar de planteamiento, posturas y funcionamiento para apoyar un desarrollo provechoso de las personalidades de nuestros hijos.

He educado a mis dos hijos en casa desde que nacieron hasta que entraron en sendas facultades en Londres y en La Haya, no me canso de decirlo, y siempre lo he hecho según los principios de respeto, cariño y libertad que se merecen todos los seres vivos de este planeta, y que el autor del artículo en cuestión, según parece, aborrece.
No he abolido la disciplina y la exigencia, pero les he permitido a ambos niños que las desarrollen solos. Y sí, he tenido un sagrado respeto al genio innato y espontáneo y creativo de ambos porque es el bagaje natural con el que nacemos todos, y sería una pérdida tremenda desperdiciarlo machacándolo y bloqueándolo con actividades repetitivas o poco interesantes como las que suelen tener lugar en los colegios.
No, no los he “suspendido”, “castigado” o “expulsado” nunca jamás a mis hijos porque todos los días me demostraban que sabían mucho y que aprendían continuamente. Y yo aprendía junto a ellos todos los días algo nuevo. Claro, no eran las típicas “asignaturas obligatorias”, eran contenidos/conocimientos académicos y culturales de su interés específico, proyectos educativos relacionados con sus o nuestras necesidades como familia, actividades de su elección para desarrollar habilidades individuales personales, búsquedas individuales de información y datos de interés personal.

Así que vuelvo con algunas preguntas y me gustaría hacer reflexionar a todos, padres o docentes, y que piensen qué tipo de educación deseamos para nuestros hijos, lo más preciado que tenemos en nuestras familias.

¿Acaso pedimos demasiado como padres al insistir que se RESPETE la individualidad de cada niño y que la enseñanza tenga de verdad como objetivo el desarrollo de su potencial único??

¿Pedimos demasiado cuando no queremos que se les machaque a los niños con contenidos pesados, incomprensibles e imposibles de asimilar incluso para los adultos inteligentes; o porque no queremos que los niños estén hacinados en espacios pequeños y obligados a estar sentados en unas edades en las cuales el movimiento físico es PRIMORDIAL para su salud presente y futura y para su desarrollo físico y psíquico armonioso y correcto?

¿Pedimos demasiado cuando queremos respeto para los niños, paciencia para con los procesos biológicos y cerebrales involucrados en el aprendizaje, y cuando pedimos que se apliquen los últimos descubrimientos de la neurociencia en la educación?

¿De verdad, maestros y profesores, os creéis que las madres no sabemos de qué estamos hablando cuando pedimos todo esto para nuestros hijos??

¿Y sois incapaces de entender un poco la rabia que puede sentir una madre cuando ve que el potencial maravilloso de sus hijos se desperdicia de forma brutal año tras año en las instituciones educativas que defendéis con tanta convicción?

Ya sé que los profes sois igual de víctimas que los niños en todo este asunto (lo he vivido en carne propia yo también), pero por favor, un poco de consciencia y decencia, porque entre los dos grupos, los docentes sois los adultos, no los niños, y tenéis más madurez, responsabilidad y consciencia que ellos. Si vosotros no hacéis uso de vuestro pensamiento crítico y sentido común, y no protestáis junto a los padres, nadie lo va a hacer; por su inmadurez los niños no saben qué ocurre y no son capaces de hacerlo, llegando a ser, de esta forma, los mayores perdedores en todo este sistema inhumano de “educación” – o quizá debería decir sistema de adiestramiento y adoctrinamiento.
Dejad ya de dormir en el siglo pasado y despertad, el sistema educativo actual no se acerca ni remotamente a las necesidades reales educativas de nuestros hijos o de los seres humanos, en general, y menos en el milenio tres en el que ya hemos entrado desde hace 18 años.
Dejad de reproducir este sistema y creer que sirve para algo, dejad de defenderlo, se ha quedado obsoleto, escuchad de una vez las quejas de los padres y observad las necesidades auténticas de los niños. Las reales, las verdaderas, no lo que dictan unos “expertos” que no tienen ni idea en unos despachos de ministerios.
Por favor. Porque luego, a la larga, los grandes perdedores somos nosotros, los adultos y toda la humanidad, porque estos niños de hoy crecen en estos entornos punitivos, negativos, policiales, faltos de cariño, atención, estímulos intelectuales, culturales y emocionales sanos, impregnados de ideas subliminales de injusticia, desprecio hacia sus personas y sus necesidades, agresividad, y hasta abandono, y se transforman en seres adultos que se han “educado” en ambientes cargados de estímulos negativos.
Porque siempre cuenta más CÓMO te has educado, no los contenidos de la educación.

Pensad en reivindicar medidas para mejorar como:

  1. menos alumnos por aulas,
  2. edificios y muebles más cómodos y asistivos para con el acto educativo,
  3. más democracia y más respeto hacia las decisiones del propio educando acerca de su instrucción académica,
  4. más respeto también para los padres (esto incluiría algunos programas de concienciación hacia su propia responsabilidad),
  5. más oportunidades de movimiento físico en espacios abiertos,
  6. libertad de elección para los niños en cuanto a los proyectos educativos o asignaturas

Es decir, un sistema de educación más HUMANO y más actual. Sí, se puede, sólo hay que salir de la caja de los prejuicios y abrir los ojos. Y dejar de culpabilizar a los que deberían ser siempre los beneficiarios de la enseñanza, los niños, e indirectamente, los padres.

 

Foto 123 mica
Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

 

¿Cómo aprenden de verdad los niños? Entrevista a Mireia Long

Mireia Long ha sido entrevistada por Pilar Martínez de MATERNIDAD CONTINUUM y EDULACTA sobre el tema: ¿Cómo aprenden de verdad los niños? y explica en esta charla de que manera los cachorros de los humanos están programados para aprender de manera curiosa, feliz y con motivación.

 

 

 

La autorregulación no existe. Entrevista a Mireia Long

Mireia Long ha sido entrevistada por Pilar Martinez de EDULACTA y MATERNIDAD CONTINUUM sobre el tema “LA AUTORREGULACIÓN NO EXISTE” . En ella puedes escucharla explicando lo que sí es autorregulación en los seres vivos, lo que es el concepto de autorregulación bien entendido en Psicología y por qué la autorregulación en comportamiento y educación no es una opción.

 

El pensamiento crítico y creatividad

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

A raíz de leer un artículo sobre educación y debatir luego con amigos míos maestros sobre su contenido me surgen unas ideas que sé que pueden parecer polémicas, pero reflejan la realidad.
Muchos profesores me comentan que no saben cómo “fomentar” la creatividad o el pensamiento crítico de sus alumnos. Además nos encontramos con que la mayoría de las leyes educativas de Europa tienen como objetivo “fomentar” el pensamiento crítico, así que está claro que el tema es de interés general.
A mis amigos maestros y a los otros profesores o padres les sigo diciendo que más que “fomentar” pensamiento crítico y creatividad, lo importante es no desperdiciar o bloquear las capacidades ENORMES de pensamiento crítico y creativo que tienen los niños desde que nacen.
Nacemos con todo esto, no hace falta “fomentarlo”, hace falta no aniquilarlo, no anularlo.
En el artículo una especialista afirma que “la clave de la enseñanza sigue siendo el desarrollo del pensamiento crítico y esa es la labor esencial del profesor. El conocimiento es ahora accesible a todos en la red, pero el trabajo del docente es fomentar que el alumno piense por sí mismo y se haga preguntas”, y estoy de acuerdo con la propuesta, ¿pero cuáles son las medidas concretas que se toman para llegar a este objetivo?
Ninguna, ese es el tema. Tenemos un sistema que destroza por completo el don natural que tenemos de observar las cosas con pensamiento crítico, de poner y hacernos preguntas, de poner bajo sospecha cualquier “verdad” hasta que no la comprobemos por nosotros mismos, este mecanismo sano de verificar continuamente la realidad que nos rodea. No juzgar, sino simplemente mirar desde otros puntos de vista. 
Precisamente me llama poderosamente la atención que en las escuelas no hay espacio y tiempo para que los alumnos se hagan preguntas o disientan de las ideas imperantes; suele ser al revés, ellos tienen que responder de una forma específica (que no sincera) a preguntas formuladas por el profesor de turno igualmente específicas.
Es imposible desarrollar pensamiento crítico y creativo en un sistema masificado, con espacios casi carcelarios, en donde un alumno es uno más en medio de otros 20 o 30, donde se le imponen los contenidos y las maneras de “aprender” – léase imposición de “cómo pensar”.
Para ser crítico y creativo necesitas tu espacio, tu tiempo, tus interacciones diarias con adultos inteligentes, respetuosos y cariñosos, que te escuchen, que te expliquen, que te dejen explicar, reflexionar, que te permitan ¡cuestionar o hasta negar el status quo!
No puedes desarrollar todo esto sin un ejercicio diario de interacción, reflexión personal, descanso, juego, errores y tranquilidad. Es como entrenarte para la lucha. Si no tienes unos buenos entrenadores y también unos buenos adversarios, es imposible llegar a tener un buen nivel.
Un buen debate tiene lugar entre personas inteligentes, que sepan usar la lógica, los argumentos, que han debatido miles de veces en su vida con amigos, profesores, familiares, desconocidos. Que han sabido cuestionar las ideas imperantes y las han descartado por obsoletas. Que han venido con nuevas ideas, nuevas soluciones, más acordes con la época en la que vivimos. Que saben ser objetivos.
Esta actitud no se obtiene como por arte de magia al terminar el instituto o la facultad. Esta actitud se entrena día a día desde que naces, con tus padres, con tus hermanos, con tus amigos, con familiares, con profesores. Día a día.
¿Dónde y cuándo tiene esto lugar en las escuelas?? Me gustaría saberlo, porque yo no lo veo.
Cada dos por tres se menciona en los medios de comunicación el caso de Finlandia. No he estado allí, no sé cuál es la realidad exacta, el día a día de su sistema educativo, pero por lo que leo en la literatura de especialidad o lo que veo en los documentales, en Finlandia se dan varios factores que se podrían implementar fácilmente en cualquier otro país y que hacen que su éxito sea constante:
  1.  los alumnos por aula son pocos y tienen mucha libertad de estudio y de movimiento físico
  2.  los maestros y profesores son personas con vocación y ética, aparte de la sabiduría y la preparación de su especialidad
  3.  los recursos son muchos y muy variados
  4.  el espacio educativo es asistivo y parecido al de la vida diaria de cualquier persona con zonas de trabajo y zonas de descanso o de ocio, y está abierto a la vida en y de la comunidad
  5.  no hay deberes
  6.  no hay exámenes
  7.  se fomenta el trabajo/estudio por proyectos o individual
  8.  se permite la disidencia y no se imponen pensamientos únicos
  9.  se permite el autoaprendizaje o el aprendizaje dirigido por el propio niño
  10.  se va innovando constantemente para mejorar la estructura educativa
En el mismo artículo la autora se extraña que el modelo finlandés, a pesar de ser un referente mundial según el informe PISA, no deja de innovar. Claro que no. La afirmación es un tanto naïf ya que precisamente por este motivo tienen los finlandeses tan buenos resultados en PISA, por innovar continuamente y no dormirse en los laureles; para ser un referente mundial en algo, lo que sea, debes estar siempre al día, no parar, innovar, cambiar de táctica o de estructura si es necesario, ver qué funciona y qué no, admitir la responsabilidad propia para bien y para mal, analizar a fondo y con objetividad y cambiar aquello que ya no sirve.
No puedes ser número uno si no mantienes el interés para mejorar en todo momento y si no eres consciente de tu responsabilidad en el proceso.
Si queremos una educación de calidad tenemos que estar más abiertos a ideas diferentes, observar siempre la funcionalidad de algunos conceptos, estar preparados para cambiar estructuras que no rinden, y, sobre todo, tener siempre presentes los intereses de los niños, no los nuestros.
Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Historia

Prehistoria

Los cuarentones y cincuentones recordaremos dos elementos interesantes de nuestra infancia: los Playmobil, que antes se llamaban Clicks de Playmobil, y una serie de televisión que nos enganchaba cada fin de semana que se llamaba Érase una vez el hombre.

La manera más acertada que he encontrado de trabajar la historia con niños y adolescentes ha sido utilizando estas dos herramientas de manera simultánea.

En muchas bibliotecas municipales podéis encontrar la colección de libros y DVDs de la serie. Yo suelo aprovechar para buscar, además, otras publicaciones que tengan que ver con la era que estemos estudiando y, junto al tomo que corresponda de Érase una vez el hombre y su DVD, nos llevamos dos o tres libros más que nos amplíen la información que quiero trabajar.

En primer lugar, revisamos y leemos los textos, vemos el capítulo e incluso buscamos algún documental relacionado y más adaptado a la edad con la que estamos trabajando. Aunque parezca cosa de niños, a los adolescentes también les gusta visualizarlo. Se suelen reír mucho con la torpeza de los malos, jejejejejejeje…

Después solemos hacer un trabajo con todos los datos para esquematizar los conocimientos y tener un guión para ponernos manos a la obra con lo que más les gusta: jugar con los Playmobil.

Podemos encontrar muñecos y complementos, prácticamente, de cualquier época de la historia y de la prehistoria. Hay coleccionistas que poseen verdaderos tesoros, pero para nuestro fin no es necesario hacer tal inversión.

Al haber estudiado a fondo las características de ese periodo histórico tenemos datos suficientes para poder imaginar cómo sería la arquitectura, la vestimenta, las costumbres, los alimentos que predominaban… hasta la altura media de las personas que vivían en esa época, si es que ya existían los seres humanos como tales.

Así que, con toda esa información, unos cuantos muñecos sencillos y algo de material común (cartulinas, recortes de tela, aguja, hilo, pegamento, pinturas acrílicas, plumas, palitos, tierra y poco más) seremos capaces de reproducir, con algo de imaginación y una mínima destreza, todo lo que nos propongamos.

En la imagen que acompaña este artículo, como habréis observado, intentamos reproducir dos personajes prehistóricos. Para ello utilizamos dos muñecos, un chico y una chica, sencillos y, con un trocito de tela que imita a piel animal, le confeccionó un peque sus trajes.

Todo lo que aprendamos de este modo es casi imposible que lo olvidemos. Lo que sí es posible que no recordemos después de un tiempo serán fechas, duración de los diferentes periodos prehistóricos o alguna cosa más.

Para ello, trabajamos, paralelamente otros sistemas de recopilación y exposición de datos que ya os contaré.

En cualquier caso, todo lo que no recordemos estará en internet y podremos consultarlo cuantas veces necesitemos.

El círculo de Lola

Playmobil sí o no.

Playmobil

No creáis que nos llevamos ningún tipo de comisión con esta recomendación. La hacemos porque estamos convencidos de ello y porque estamos viendo el resultado.

La cantidad de muñecos y accesorios que tienen los famosos Playmobil nos están permitiendo aprender todo tipo de materias. Desde muy pequeños, con el conteo de animales, por ejemplo, la clasificación de especies, los tipos de vegetación, los oficios, etc. hasta representaciones históricas, el desarrollo de historias inventadas con algunas piezas, etc…

Hoy solo quiero adelantaros que publicaremos aquí, en La Pedagogía Blanca, artículos contándoos algunas de las aplicaciones que tienen estos pequeños personajes. No solo para nuestras propias clases o trabajo en casa con los niños, sino también como elementos de trabajo en pedagogía, coaching comunicativo y otros fines como diagnóstico de ciertos trastornos de salud.

Nos gustaría saber si es un tema de vuestro interés para seguir avanzando o, por el contrario, no lo es y centrarnos en otra temática. Gracias por vuestros comentarios.

El círculo de Lola

Sí, tengo Altas Capacidades. ¿Y?

Bisutería

Conozco padres de niños y niñas de Altas Capacidades que están convencidos de que, por tener esa capacidad, sus hijos deben ser brillantes en todo lo que toquen.

En lugar de escucharles, comprenderles, estimularles, acompañarles y apoyarles, les exigen tanto que les llevan a un extremo de aborrecimiento y enfado.

Estos niños y niñas también cometen fallos, también son menos hábiles en algunas disciplinas y no tienen una varita mágica para dominar todas las facetas de la vida.

Uno es un matemático extraordinario. No hay nada que tenga que ver con cálculos que le limite. Le apasiona. Pero es un despiste con piernas. No sabe atarse los cordones de los zapatos a su avanzada edad (quizás porque tampoco se han esmerado en enseñarle…), siempre se olvida algo en clase, nunca sabe dónde ha puesto el estuche…

Solo le interesa jugar, leer cuentos y cómics, las matemáticas, hacer manualidades. Su padre le ha regalado un libro sobre bioquímica y otro sobre astronomía que está empeñado en que se lea aunque no sepa casi ni pronunciarlo.

Él odia esos libros, que le obligue a leerlos porque no entiende nada y, sobre todo, odia a su padre. No creo que esté consiguiendo su objetivo, sino empeorando la relación con su hijo y, encima, haciéndole aborrecer algo que, quizás en un tiempo, simplemente “encontrándose esos libros por casualidad” encima de una mesa, le hubiesen llamado la atención.

¿Cuánta presión debemos ejercer con un hijo de AA CC? ¿Debemos ejercerla realmente? ¿Buscamos resolver nuestra frustración personal, nuestra vanidad o nuestro prestigio social aprovechando su talento?

Las AA CC no dependen de la exigencia e insistencia de los padres. Depende de su naturaleza. Está en nuestras manos el apoyarles lo necesario para que alcancen su pleno desarrollo, disfrutando con lo que hagan, midiendo su evolución conscientemente, estimularles proporcionándoles sus centros de interés, haciendo que sean felices, ponerles límites coherentes y gestionar con naturalidad sus fracasos.

No es lo mismo estimular que presionar. Darle más importancia al fracaso de la que realmente tiene puede conllevar a un adolescente, por ejemplo, a probar cosas nada saludables para él por el simple hecho de revelarse contra la presión de sus padres, familiares, profesores o compañeros.

Todos los niños de AA CC necesitan un entorno estimulante, probar cosas, sentir que están acompañados y son queridos, que pueden progresar en sus intereses.

Tenemos que encontrar el punto de equilibrio de la balanza. Tenemos que exigirles y tenemos que comprenderles por igual.

El círculo de Lola

Dejarles decidir es importante.

IMG_20170907_133714

Hay niños a los que se etiqueta de “catacaldos” porque prueban muchas cosas y, a veces, no se quedan con ninguna.

Hay padres que se enfadan con sus hijos porque se apuntan a tal o cual actividad y, al poco tiempo, la dejan porque no les termina de gustar, porque no se sienten cómodos con el/la profesor/a, porque descubren que no se les da bien o cualquier otra razón.

He conocido muchos niños que a principio de curso comenzaron a ir a clases de kárate, por poner un ejemplo, bien porque querían probar , bien porque se han apuntado sus mejores amigos. A los dos meses de asistir a las clases descubren que no les interesa el kárate, no les gusta cómo imparte la clase el monitor o se ha enterado de que hay un taller de cómic y prefiere invertir su tiempo en ello.

Pero no. Como decidió apuntarse a esa modalidad deportiva, sus padres le convencen de que si toman una decisión la tienen que llevar hasta el final. Que así se harán más responsables de las decisiones que tomen. Que tienen que atenerse a las consecuencias de lo que hagan.

Cometemos un gran error. Sobre todo si no ha sido pactado de antemano. Es decir, si en principio proponemos un mínimo de asistencia para que el niño o la niña comprueben que, habiéndose apuntado a una actividad, realmente no le gusta, bueno. Pero si comienzan, y no les gusta, no deberíamos obligarles a continuar.

En primer lugar, y si nos ponemos en su pellejo, ¿a quién le apetece hacer algo que no le gusta? Todos tendemos a evitarlo. Me rechinan los comentarios tipo: “ya, pero tiene que ir asumiendo responsabilidades para cuando sea mayor, porque tendrá que trabajar en cosas que no les gusten”.

Bueno, esa es una teoría. Yo tengo otra pero no viene al caso. Otro día escribiré sobre ello.

Y en segundo lugar, el tiempo que van a desperdiciar continuando con algo que no les apetece dejan de tenerlo disponible para otras cosas que les pueden apasionar y descubrir caminos más interesantes para su futuro.

No incluyo en este listado las que son necesarias para su desarrollo, su descanso y todo lo que tenga que ver con su higiene y salud. Me refiero a todas esas actividades añadidas, que a veces tienen que desarrollar para conciliar nuestras jornadas laborales o nuestros tiempos de ocio personales.

Es muy peligroso inculcar a los niños que cuando toman una decisión la tienen que mantener hasta el final. Ese es un aprendizaje nefasto. Un adulto con esa mentalidad está perdido. Precisamente, el saber evaluar una situación o una decisión y cambiar de rumbo o de solución si algo no funciona, es fundamental.

Los niños y las niñas tienen que tener voz y voto en lo que hacen. Ser responsables en la toma de decisiones pero teniendo todos los datos de antemano y los acuerdos o normas consensuadas. No podemos obligarles a que realicen actividades porque, desde nuestro punto de vista, son “interesantes” o nos hubiese gustado hacerlo a nosotros y no pudimos.

Conozco muchas niñas que van obligadas a ballet, gimnasia rítmica o a clases de piano porque es muy femenino y a niños que van a fútbol o a kárate porque es muy masculino.

Todos estos niños me dan mucha pena. Sobre todo porque conozco algunos que tienen talentos increíbles para otras actividades como son la cocina, el dibujo, la fotografía, la ciencia, el teatro o la mímica y no pueden desarrollarlas.

Hoy en día, con la cantidad de formación online que existe y talleres presenciales diferentes, no hay excusa para que nuestros hijos o alumnos se estanquen en ocio predeterminado.

La importancia de conocer un gran abanico de posibilidades y de probar unas y otras para, con la experiencia, valorar qué nos gusta, qué no, qué nos aporta, qué no, qué podemos implementar en nuestra vida para conseguir otros objetivos y qué no es muy importante.

Démosles la posibilidad de decidir, de equivocarse, de descubrir… Si somos sensatos, les permitiremos hacerlo y descubriremos cuánto aprenden, como así ha sido en la historia de los humanos, con el ensayo-error.

El círculo de Lola.

Por qué decidí educar en casa

Foto 175

Como siempre, mis publicaciones tienen como puntos de partida preguntas, acusaciones o comentarios que otros me hacen o me han hecho en relación a la opción educativa que elegimos nosotros. En algunos casos el tema se repite y enlaza con otras cuestiones. Así que estos días, a raíz de un post mío en FaceBook acerca del sistema educativo convencional – ¿cómo no? – he recordado que mucha gente me recriminó el no llevar a los niños al colegio, cada persona por motivos distintos: unos aducían que no “apoyo la escuela pública y que, si quiero un cambio, es mejor llevar a mis hijos al colegio para así lograr esta evolución del sistema”; otros me dijeron que les hago daño a mis niños, que están mejor en “colectividad y socializando”, que en casa los tengo bajo una campana de cristal, que no vendrán en contacto con personas de todo tipo, ni aprenderán a defenderse por sí mismos, ni sabrán cómo aprender o la autodisciplina, que serán unos monstruos asociales o unos tontos… en fin, cada afirmación más disparatada que otra, sobre todo teniendo en cuenta que están basadas en miedos personales y propios de la persona que la suelta, no en estudios científicos, en la evidencia o en cualquier otro método objetivo de medir.

Así que, ¿por qué en casa? ¿No apoyo la escuela pública? ¿No estoy de acuerdo con la socialización? ¿No quería que mis hijos fueran listos? ¿No quería que entrasen en contacto con la diversidad social, o tuviesen habilidades sociales o sepan estudiar y ser disciplinados? Sí, sí, sí, sí y sí.
Decidí a hacerlo en realidad antes de nacer ellos, aunque era algo subconsciente. Yo no lo había pasado bien en el sistema – donde mejor me encontré, sin embargo, fue en la facultad. Todo lo que fue “educación básica obligatoria” fue una tortura para mí, aguantable, pero tortura. Ni me desarrollé intelectualmente como intentan hacer creer, ni tuve éxito especial profesional o laboral, ni académico incluso. Y mi éxito personal es mérito mío, así que lo sacamos de la ecuación.
Vista la eficacia del sistema en mi caso, confieso que no tenía ningunas ganas de tener hijos al principio; y después de quedarme embarazada, ningunas ganas de entregarlos a un sistema que no ayuda en absoluto a una evolución positiva (en muchos casos), sino más bien a bloquear talentos, creatividad, alegría, curiosidad, ganas biológicas de aprender, y maneras de asimilar.

Motivos:

  1. Aprender mi idioma materno. Imposible hacerlo si gran parte del tiempo los niños se lo pasan en un colegio, ya que sabemos que cuánto más expuesto estés a un idioma, mejor y más rápido lo aprendes.
  2. Tener tiempo para disfrutar unos con otros como familia. Los niños salen de sus casa a las 7 u 8 de la mañana y muchas veces vuelven a las 6 o 7 de la tarde. No da tiempo para que estén con sus padres más de 2 o 3 horas diarias. Sinceramente no pensaba tener hijos para luego no tener tiempo de estar con ellos. Me apetecía pasar los días junto a ellos.
  3. Que mis hijos descansen lo suficientemente. Viendo los horarios locos que tienen las familias de mi alrededor, cómo llevan a los niños corriendo de un lado por otro, empezando desde tempranas horas por la mañana (7:00-8:00), y cómo los pequeños se quedan fuera de su casa horas y horas diariamente (hasta las 18:00 o más), pensé que no es esto lo que deseo para nosotros, ni para mis hijos, ni para mí como madre. Ni lo veo normal, ni sano. A veces los niños tienen unos horarios que son más largos que las peores jornadas laborables de los adultos. Estar fuera de casa cansa a cualquier ser humano, y más si es menor de edad.
  4. Educación personalizada, basada en sus talentos, intereses y necesidades. Sufrí lo indecible en la escuela y en el instituto por no poder seguir mis propios intereses y talentos. Lo estoy haciendo ahora de mayor, pero no es lo mismo, evidentemente. Aprender y practicar lo que realmente le gusta y hacerlo en un período adecuado debería ser el objetivo principal de la educación de cualquier niño. En la escuela más de la mitad del curriculum oficial ni interesa, ni es necesario. Además la manera de presentar los conocimientos es tan aburrida y densa que incluso temas o asignaturas interesantes se transforman en torturas para los niños… en realidad representan un problema hasta para los adultos – es decir, los padres que intentan/deben ayudar a sus hijos con los deberes – ya que ni ellos entienden en la mayoría de los casos los contenidos de los libros. Me considero una adulta responsable y con comprensión lectora muy buena, sin embargo miro los temarios de los alumnos de primaria o secundaria y me quedo sin palabras cuando hojeo los libros de textos: a veces los encuentro incomprehensibles, a veces simplemente estúpidos, sin lógica.
  5. Permitir que sean cómo ellos quieren y se sienten, permitirles elegir qué desean aprender y hacer, permitir que desarrollen su personalidad, creatividad y pensamiento propio. El pensamiento propio contrariamente a lo que se cree no se forma tragando sin pensar informaciones obligatorias ofrecidas por los adultos de turno. No, el criterio propio, la lógica personal y la objetividad se obtienen a raíz de los debates entre el niño y los que le rodean; las conversaciones relajadas y expresar las opiniones propias – aunque sean muy distintas a las demás – representan el mejor entrenamiento para lograr tener pensamiento propio y para desarrollar una pauta de lógica coherente.
  6. Ofrecerles la posibilidad de llegar a la excelencia a su propio ritmo y deseo. Querer seguir indagando y explorando, o, por el contrario, necesitar descansar y meditar son procesos que deberían tener lugar a voluntad propia según las necesidades de cada uno.
  7. Ofrecerles libertad, por lo menos en cuanto a su educación, imagen propia y autoestima, y decisiones propias. Si los adultos podemos hacer esto, ¿cómo no se lo voy a ofrecer a mis hijos? Me parece sano y muchos más eficiente que los niños puedan experimentar con la libertad y el libre albedrío en este sentido.
  8. Por respetarlos como seres humanos. Ya sé que esto suena muy extremo, pero si los padres aceptan a sus hijos tal y como son, y no los persiguen o empujan a ser de otra forma, ni les obligan a estar en un sitio donde no desean o donde no se sienten bien y donde sus aspiraciones y sueños no tienen muchas oportunidades de cumplirse, esto es respeto hacia ellos. Yo sentí que mis padres y la sociedad en la que viví en mi infancia, en general, no me respetó como ser humano. Sé que mis padres no pudieron hacerlo de otra forma, y he perdonado hace tiempo el hecho de que me llevaran al colegio, porque podían ir a la cárcel si no lo hubiesen hecho… pero sentí que no me han respetado, y no quería bajo ningún concepto repetir la experiencia siendo yo madre y pudiendo hacerlo de otra forma.
  9. Porque quería que socializaran de forma sana y natural con las personas de su entorno. La idea básica es que socializar significa asimilar pautas de comportamiento – ¿qué mejor que la familia para ello? Los niños nacen de adultos, se crían con adultos y aprenden de los adultos de forma natural. Por lo tanto afirmo que es normal que socialicen sobre todo con adultos cariñosos, respetuosos y creativos. Jugar con otros niños es otro aspecto de la socialización, pero a ratos y de forma libre. Y esto es precisamente lo que nosotros, como padres, hemos propiciado para nuestros niños, creando un entorno seguro y adecuado para que socialicen con nosotros y los adultos y niños de nuestra “comunidad, es decir, de nuestro círculo personal o profesional de amigos y sus familias. O permitiendo su interacción directa con profesionales de otras disciplinas.
  10. Por sentirme más que capacitada para enseñar y educar a mis hijos. Sí, hay muchos amigos míos – algunos profesores – que me han comentado extrañados o con cierto desprecio: “¿Y cómo es que tú les has enseñado? ¿Estás preparada para ello? Tú no eres profesora, ¿cómo lo has logrado? Es que es dificilísimo”. Contesto aquí. Fue fácil, usé mi sentido común.
    Hay varios aspectos. Para el primero voy a plantear la siguiente cuestión: ¿cómo es posible que se les imponga a los niños aprender un curriculum que es dificilísimo para los adultos??? Es una contradicción terrible. Tenemos un curriculum oficial que es “dificilísimo” de enseñar por cualquier adulto que no sea profesor, pero sí que los niños lo asimilarán en seguida sin problemas. Y si es tan difícil para los adultos-padres, ¿cómo es que se les pretende colaborar en ello obligándoles a ayudar a sus hijos en los deberes resultados del mismo curriculum? Es más, si los padres han asimilado/ aprendido más o menos el mismo curriculum en su momento, ¿cómo es posible que no estén ahora, de repente, capacitados para enseñarles a sus propios hijos lo mismo?
    En cuanto al segundo aspecto otra pregunta: ¿por qué se piensa alguien que TODO lo que hay en el curriculum es necesario exactamente en la forma que se ofrece por el sistema? ¿Por qué no se acepta que hay otras maneras de presentar/enseñar los mismos conocimientos/informaciones de los libros de texto? ¿Y por qué se piensa que sólo el curriculum ofrecido es el único bueno para TODOS los niños?

Os dejo con estas preguntas. Mientras tanto mis hijos han crecido y estudian ahora en sendas facultades elegidas según sus intereses. No sólo que hacen frente a los retos de la educación superior, sino que están entre los mejores. Tengo claro que la educación en casa funciona y que no hace falta ser profesor, aunque sí es necesario tener ganas de aprender al lado de tus hijos, ser respetuoso con sus talentos y deseos, ser consciente y responsable, tener criterio propio, y ser flexible y creativo en los métodos que se usen, tener sentido común y práctico, y espíritu crítico.

Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada.