No a los deberes abusivos

En la Pedagogía Blanca estamos en contra de que los niños tengan que usar una gran parte del tiempo que se supone que debería ser de ocio o de disfrute en familia para realizar tareas que en realidad deberían de hacer durante el horario lectivo.

Sabemos que hay muchos maestros y profesores que están convencidos de que poner deberes y tareas diariamente a sus alumnos ayuda a que “refuercen” lo que se ha trabajado en clase. Están convencidos de que a sus alumnos les viene bien, y no son conscientes de cuanto daña a esos mismos alumnos esa creencia, y sobretodo de que la lleven a cabo, que les pongan deberes a diario, y muchas veces de más de una asignatura.

¿Se dan cuenta que hay niños que se pasan dos y tres horas diarias haciendo tareas? ¿De verdad creen que es eso bueno para un niño?

Las tareas escolares para realizar en casa solo sobrecargan al niño.

Si en clase ya aprendió, no necesita hacerlo, si no lo aprendió ¿cómo va a hacerlo solo? Además con lo que se llega a repetir todo a lo largo de todo el proceso educativo no tienen ningún sentido, es agotador y redundante.

Por si fuera poco, invaden las horas que pertenecen estrictamente al ámbito familiar y de ocio, diciendo a los padres en qué han de usar su tiempo cuando el niño ha salido del colegio, interviniendo en su vida y sus planes (si querías ir esta tarde con tu hijo al cine para disfrutar de vuestro tiempo libre cuando ya ha salido del colegio, fastídiate, que hoy le han dicho que tiene que entregar mañana tareas de tres asignaturas distintas. Ve diciendo adiós al tiempo de relax con tu hijo, a las palomitas y al dolby surround) y convirtiéndose en los directores de tu día a día.

Ya no se puede ser padre ni en las pocas horas que quedan desde que salen del colegio hasta que han de ir a dormir, ahora hay que ejercer de maestro en ese rato se quiera o no, y por lo tanto se han de dejar de lado cosas fundamentales en la convivencia con tus hijos. El tiempo para educar en valores y en ética, queda reducido a la mínima expresión, el tiempo de juego y de ocio familiar también, el tiempo para que el niño disfrute de ratos sin obligaciones de ningún tipo y que pueda trabajar en su autoconocimiento y en las cosas que le encantan, desaparecido también.

Los deberes en exceso roban la mejor parte de la infancia a nuestros hijos, debemos rebelarnos ante ello. Mandar notas a los profesores, hablar con ellos, exponer nuestro punto de vista ante la dirección del centro o el consejo escolar si fuera necesario.

Está demostrado que poner deberes no mejora en nada los resultados académicos, pensar que sirven para algo es auto-engañarse. Sí, bueno, sirven para que los niños relacionen el estudio con algo negativo que te roba tiempo libre, que después de entre 6 y 8 horas diarias ya tenías más que merecido.

De hecho los deberes solo funcionan en aquellos niños que pueden contar con la ayuda de sus padres o de un profesor particular, es como si tuvieran “clases de refuerzo”, cosa que es obvio que no necesitan todos los niños. Y aquellos niños que no pueden tener a un adulto que les ayude, por el motivo que sea, solo sienten mayor presión, hastío y desmotivación ante la avalancha de tareas que se le vienen encima y que muchas veces no saben cómo resolver. Los deberes acentúan las diferencias socio-culturales de las familias.

Las tareas y deberes no son ni necesarios ni importantes, deberían eliminarlos. Solo provocan hastío y roban tiempo de familia y ocio impunemente a menores indefensos.

Los maestros que ponen deberes diariamente son cómplices sin saberlo ni pretenderlo del Estado en su esfuerzo por convertir a niños y jóvenes brillantes en súbditos hastiados y apáticos, esos son los que no se rebotan, los que todo gobierno desea para que nadie se rebele, el súbdito ideal educado por un sistema que han decidido quienes nos gobiernan para cumplir mejor sus fines, no los nuestros, que nadie se olvide.

Por suerte muchos maestros y profesores no comparten ese objetivo y en sus aulas hacen las cosas de manera diferente, mucho más cercana a lo que sus alumnos necesitan. Docentes comprometidos con su profesión que solo desean ayudar a desarrollar plenamente las capacidades, competencias y personalidades de cada uno de los alumnos que les han tocado en suerte. Esos profesores rara vez ponen deberes por sistema, y cuando ponen alguna tarea es porque es algo que realmente va a ayudar a avanzar, a crear, a aportar algo extra a sus alumnos. Esos docentes son los que creen en ellos y en el ser humano por encima del sistema, y esos son los docentes con quienes queremos topar, los que ayudan a nuestros niños y jóvenes a mejorar de verdad.

La Resolución de la Dirección General de Ordenación Educativa de 3 de octubre de 1973, aún vigente, establece que “los programas de los centros serán elaborados de forma que eviten como norma general el recargo de los alumnos con tareas suplementarias fuera de la jornada escolar”. Recordadlo.

Dejad a los niños tiempo libre para que descubran qué les apasiona, qué quieren hacer, con qué sueñan, y cuando lo sepan ayudadles a investigar, aprender, conocer, inventar… Pero cuando lo sepan y lo pidan y esa pasión se convierta en su ocio, mientras tanto, dejadles tiempo libre, es importantísimo.

Azucena Caballero

Los niños y la felicidad

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Leí hace unas semanas un artículo bastante terrible acerca de la felicidad y de lo absurdo que es desear tener hijos felices (!). Pues sí, tal cual. El autor, un filósofo navarro, afirmaba que “los padres que quieran hijos felices tendrán adultos esclavos de los demás” y advertía que la sociedad no tratará a los niños por el grado de felicidad que tengan, sino por aquello que sepan hacer. Que la vida es complicada y pretender vivir en nubes rosas es vivir fuera de la realidad y no saber nada sobre la misma.
Me quedé algo pensativa; es la primera vez que leo que tener hijos felices es absurdo. Porque para mí la felicidad significa saber aceptar la vida tal y como es, y es lo que deseo para mis hijos, para mí, y para todo el mundo.
Por supuesto que la vida es complicada, esto lo sabemos todos, la cuestión es saber vivirla sin deprimirnos.
Y precisamente saber gestionar emociones y centrarnos en las que nos ayudan a entender mejor lo que nos ocurre es un factor que nos hace felices.
Varios factores nos pueden ayudar a criar y educar niños felices que llegarán a vivir como adultos felices:
  • respetar a nuestros hijos y a sus decisiones; si consideramos que hay peligro en ello, explicarles con paciencia por qué es mejor cambiar de opinión
  • saber negociar de forma respetuosa con ellos
  • dejarles elegir su propia educación guiándolos de forma apropiada, pero sin obligarles a hacer lo que nosotros queremos, sino ayudarles a obtener aquello que ellos desean
  • poner límites mínimos, pero serios y de sentido común y respetarlos siempre
  • paciencia y disponibilidad de tiempo y de recursos de todo tipo (desde emocionales hasta intelectuales)
  • dejarles jugar mucho, y permitirles descansar
  • ofrecerles y rodearlos de estímulos culturales y, en general, de cosas que consideramos saludables para su mente y su cuerpo
  • ser un modelo adulto para ellos y tener coherencia, honestidad, integridad y mucho cariño
  • acompañarlos en sus exploraciones y descubrimientos sobre la vida y el universo.
Todo esto representa la receta garantizada de criar seres humanos felices, con inteligencia emocional y autoestima sólida, y con muchas habilidades de todo tipo. Porque saber hacer algo para la sociedad significa hacerlo con pasión y vocación y esto es imposible si el niño no ha sido feliz en su infancia y el adulto que ha resultado es un frustrado y tiene el autoestima débil.
Precisamente los niños felices son fuertes, valientes y realistas: saben que la vida no es fácil, pero van aprendiendo a desarrollar sus propios recursos emocionales para sobrellevar las vicisitudes de la vida y la aman tal y como es. Para poder apreciar la vida y a los que nos rodean hace falta ser apreciados, amados y felices en la infancia por los que nos cuidan. No sabemos apreciar lo que no tenemos y no nos han enseñado.

Vivir feliz no significa vivir en la nube y evitar los problemas, sino saber cómo resolver conflictos con sabiduría, paciencia y calma. La sabiduría se adquiere con el tiempo y desarrollando un buen criterio personal. La paciencia y la calma se obtienen a través de la buena gestión de las emociones que, a su vez, se adquiere viviendo en calma, y siendo feliz.

Estoy de acuerdo, no obstante, con su afirmación: “ser adulto, o hacerse adulto, es aprender a querer a los que te rodean a pesar de que estén llenos de faltas.” Pero repito  que jamás aprenderemos a querer a nadie, ni a nosotros mismos, con o sin fallos, si previamente, al nacer nosotros, no hemos sido amados de forma incondicional por nuestros padres. Hay que aprender a amar, en efecto; y los primeros que nos dan esta importante lección son nuestros padres. Es lo único que nos puede hacer felices. Sentirnos amados de forma incondicional, aunque seamos imperfectos y nos equivoquemos muchas veces.
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Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

Queridos profesores, no seáis cómplices de este tipo de compañeros.

Queridos profesores, no seáis cómplices de este tipo de compañeros que demeritan vuestra labor. Dejad claro que la mayoría de vosotros ni por asomo compartís esta falta de respeto hacia nuestros hijos.

Pensar que nuestros adolescentes han de pasar horas a diario con estas personas, puesto que son profesores reales de la Comunidad Andaluza que participan abiertamente en un grupo dónde dicen este tipo de cosas, me revuelve el estómago.

Por favor, inspectores de educación que estáis en ese grupo de profesores de secundaria de la Comunidad de Andalucía, haced algo. Sabéis quienes son estos desaprensivos que en lugar de estar dando clase deberían buscar nuevas direcciones profesionales en su vida que les harían más felices a ellos y a los demás también. Tenéis un papel que cumplir, y una parte importante de la sociedad confía y depende de vosotros para que nos ayudéis a frenar estos comportamientos.

Desde luego algo queda claro: para ser buen profesor hay que poner el corazón, y algunos parece que no están dispuestos a ello.

Azucena Caballero

PS: Atención a algunas perlas de “profesionales de la docencia” que participan en el grupo “Profesores de secundaria de Andalucía” en Facebook:

Aprender y vivir… Vivir y aprender

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Una amiga de FB me pregunta cómo nos hemos organizado para aprender, enseñar, educar, estudiar…

Como ya indica el título de mi entrada lo que hemos hecho ha sido vivir el día a día e intentar aprender de lo que nos ocurre diariamente.
¿Más concreto?
Partí de la idea que el aprendizaje no puede estar separado de la vida real. No se puede aprender sobre la vida estando encerrado entre cuatro paredes. Ni siquiera los conocimientos académicos se asimilan en realidad de esta forma. Necesitamos jugar, equivocarnos, explorar, experimentar, necesitamos usar los cinco sentidos, experiencias sensoriales al 100%; necesitamos movernos ya que el movimiento físico conduce a la creación de nuevos sinapsis en el cerebro, por lo tanto nos ayuda a asimilar lo que queremos aprender y recordar. Necesitamos descansar también, para que lo aprendido se pueda estructurar dentro de nosotros y de nuestra mente.
Todos, seamos niños o adultos, todos aprendemos así.

Sabiendo ahora todo esto ¿cómo nos hemos organizado nosotros?

En primer lugar hemos jugado mucho, mucho – hasta que mis hijos cumplieron los 11-12 años, aprendimos jugando. Y me incluyo, porque yo también he aprendido mucho durante estos años, no sólo mis hijos.
Por la mañana empezábamos sin prisa, despertando a la hora que nos venía bien, lavándonos y vistiendo ropa cómoda.
Desayuno.
Juego organizado casi totalmente por mis hijos; pocas veces he tenido yo que intervenir en este sentido. Tenían imaginación y creatividad por un tubo, no hizo falta venir yo con ideas.
A lo mejor luego película de dibujos animados en VO. Una hora, nada más. Nos servía, como dije en tantas ocasiones, para aprender inglés o para familiarizarse con otros idiomas.
Ir de compras, según necesidades.
Preparar almuerzo; cuando tuvieron edad suficiente, ya ellos ayudaban también.
Comer.
Más juego, o descanso, también según necesidades.
Dibujar, recortar, leer, jugar con PlayMobil o Lego o cualquier otra cosa que nos inspire.
Hacer manualidades o salir a pasear o ir de visita.
Hablar, debatir, conversar – todos los días, siempre, escuchar su opinión, comentar con ellos lo que me parecía interesante o importante o simplemente nimiedades.

Alrededor de la edad de 9-10 años empezamos con algunas actividades más formales – no más de media hora al día – lecturas y dictados, matemáticas, y otro tipo de nociones relacionadas con los libros que usábamos. Trabajábamos por proyectos principalmente, en ningún caso por asignaturas – la mayoría de las veces el tema del proyecto lo elegían ellos aunque yo podía proponer. Y seguían jugando y haciendo las demás actividades. Iban a clases extraescolares de música/instrumentos musicales, ballet, taekwondo. O talleres puntuales de cocina, trabajo en madera, visitas a museos, excursiones, viajes.

Y luego ya algo más formal a partir de 13-14 años cuando los matriculamos a un instituto a distancia y teníamos que cumplir con ciertos requisitos académicos por los créditos y las evaluaciones, para tener, al final, un diploma en vistas a los estudios superiores en la universidad. Aún así, con estas actividades no empleábamos más de dos horas diarias, a veces tres. No hacía falta más.
Seguíamos con el juego, con la lectura – a elección siempre -, las tareas de la casa, las salidas, las clases de actividades extraescolares, y por supuesto, teníamos más estructura, de otra forma habría sido difícil. Eran más actividades y además los niños eran más mayores, en alguna medida lo pedían ellos mismos.

A lo largo de los años puedo decir que, a pesar de usar elementos eclécticos de distintos  “métodos” pedagógicos, pero de forma intuitiva – nos preguntan por los “métodos” y a veces no sé qué decir, ya que no hemos usado un método en concreto – al final la línea directora fueron los deseos y necesidades de los niños. Siempre. Es decir el método fue seguir el niño; el punto de partida que es el interés/ la curiosidad natural del niño ya está presente desde el principio.
Otro principio básico fue que siempre partimos de lo práctico para llegar a lo teórico. Si no comprendemos y asimilamos primero lo concreto, es imposible entender lo abstracto.
Y otro principio igual de importante: no atosigar, no machacar con conocimientos e informaciones no pedidas.

Porque en realidad, sinceramente, más de la mitad del currículo escolar está de más.
Los niños aprenden de las interacciones con los adultos que los rodean, de las actividades que organizan juntos, de los juegos libres con otros niños controlados por ellos mismos, de las tareas de la casa con las que ayudan por necesidad o por deseo de colaborar, de la vida diaria, de los proyectos que eligen, de las conversaciones que tienen lugar siempre… de vivir la vida, en definitiva, con todo lo que ello conlleva.

El día que mi hijo cumpla 40 años.

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Hoy he visto el vídeo del cumpleaños de Jamie Oliver, no lo había visto antes, pero gracias a Olivia Marín he podido verlo hoy. Vosotras, que como yo sois madres, fijaros en algo muy significativo, hacia el final del vídeo, cuando ya ha recorrido todo el paseo con trabajadores felicitándole, música, Darth Vader, etc, y entra en el Fifteen. Allí se encuentra con su familia. Y ¿cuando se emociona hasta las lágrimas? Cuando ve allí de pie a su madre. ¿Os imagináis la relación que esa mujer logró establecer con su hijo?
Yo me imagino muchas cosas. Me la imagino animándole y recordándole lo valioso que es cuando le iba fatal en el cole por su dislexia, enseñándole a cocinar, dejándole participar de pequeñas tareas en su Pub, confiando en él como solo una madre confía en su hijo.
Me imagino la conexión que ha logrado desarrollar con su presencia y acompañamiento.
Me la imagino apoyando a su hijo y permitiéndole permanecer auténtico, ser quien él verdaderamente es, por que otra cosa no tendrá Jamie, pero ser natural, fresco y ser él mismo es algo que no puede evitar.
Y sobre todo me la imagino feliz. MUY FELIZ.
Yo no sé que ha hecho exactamente esa señora, estoy además convencida de que la habrá cagado en numerosas veces, pero os voy a decir una cosa:

Con todas mis equivocaciones y errores, con todas mis cagadas en la crianza de mis hijos, por favor, por favor, que mi hijo me mire así el día en el que él cumpla 40 años.

Azucena Caballero

PS: os dejo el vídeo que comento aquí:

A los profesores que están tan agobiados por los spinners…

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A los profesores que están tan agobiados por que en sus clases los chicos usan spinners, un consejo:
Enfócate en lo que quieres transmitir, en conectar con la emoción de tus alumnos, en mostrar tu pasión por lo que enseñas (si la tienes, claro, que lo mismo estás frustrado por que tú soñabas con ser químico de verdad y no profe de química, que pasa…) y en hacer que sea un rato agradable para todos. Te olvidarás de los spinners, y con suerte algunos chavales también se olvidarán de ellos por un rato. ¿Te imaginas lo bien que te vas a sentir por lograr esa conexión con ellos?
Deja de quejarte, de verdad. Algunos profesores no sabéis lo cansinos que sois.
Recuerda que tus alumnos no te han elegido a ti especialmente como profesor, les has tocado en suerte, y el sistema les obliga a tener que estar ahí, incluso si lo que tú enseñas con tanto ahínco (o no) les interesa muy poco o nada. Demuéstrales por qué merecen dar una oportunidad a lo que les estás contando y a ellos mismos-
Tú sí tienes elección, ellos no.
Así que elige la empatía, que con muy poco esfuerzo, solo siendo un ser humano decente y amable, seguro que lo logras 😉
Azucena Caballero

8 estrategias para educar a tu hijo en valores de paz y convivencia.

Aunque muchos padres dicen que ellos educan a sus hijos para que sean personas pacíficas se sorprenden viendo que los niños tienen algunos comportamientos violentos, segregacionistas, exageradamente competitivos, y muchas veces intolerantes.

En este podcast te vamos a dar 8 estrategias para efectivamente educar a un niño en y por la paz, la convivencia y la tolerancia.

¡Valórales! 8 estrategias para desarrollar una sana autoestima en tus alumnos.

En esta ocasión desde la Pedagogía Blanca queremos darte unas pautas, unas estrategias, que te van ayudar que tus alumnos desarrollen una sana autoestima. Vamos a darte consejos para poner en práctica dentro de tu aula.

8 consejos para mejorar la autoestima de tus hijos.

Azucena Caballero, co-directora de la Pedagogía Blanca, en este audio te da ocho consejos concretos para ayudar a tus hijos a preservar su autoestima lo más sana posible. Son ocho estrategias que puedes poner en práctica de manera muy sencilla en tu hogar.

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“Paternidad y crianza”, por Traudy Ávila, Doctora en Neurobiología

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La conducta parental se puede entender como el repertorio de acciones o comportamientos de los padres, desplegados de manera innata hacia los hijos, cuyo objetivo es el de asegurar la supervivencia de la progenie.

Los cuidados parentales han evolucionado de manera tal que el grado en el que se involucran hembras y machos en los cuidados de sus crías varía entre las poblaciones de las distintas especies de organismos.

En los mamíferos, la participación del padre es rara debido a que la fertilización interna (nosotras gestamos a nuestros hijos en el vientre) asegura la maternidad pero no la paternidad.

Al respecto de la maternidad, se sabe que el embarazo en los mamíferos induce adaptaciones físicas y fisiológicas radicales que incluye adaptaciones que amortiguan el impacto sobre el feto de las experiencias de estrés vividas por la mamá durante el embarazo, modificaciones en el control del metabolismo para favorecer el flujo de energía hacia el feto, así como cambios en el cerebro que preparan a los sistemas neuroendócrinos para la secreción de oxitocina durante el parto y la lactancia. (1)

Recientemente Hoekzema y colaboradores  (2017) realizaron un estudio prospectivo en madres primigestas para investigar si el embarazo estaba asociado con cambios en la sustancia gris del cerebro humano. Sus datos indican que la estructura cerebral de las madres (no así el de los padres) se modifica como un proceso biológico del embarazo y no como un cambio dependiente de la experiencia asociada con los ejercicios de la parentalidad. Tales modificaciones tienen que ver con reducciones importantes en la sustancia gris cerebral, moldeando así la capacidad de la madre para entender y atender las necesidades de sus hijos.(2)

En este sentido, se ha sugerido que la capacidad de los padres para compartir los sentimientos, pensamientos, motivaciones y deseos de sus hijos, les permite a estos últimos sentirse seguros, reconocer sus propios pensamientos y emociones, mostrar compasión hacia otras personas, y ser miembros competentes en grupos sociales. (3) Así, si hacemos un análisis en los estudios realizados al respecto de la maternidad en la crianza, podemos enumerar miles de reportes científicos al respecto de este tema, sin embargo, poco es lo que podremos obtener sobre lo que se conoce sobre los padres en la crianza.

Dentro de los mamíferos, los seres humanos somos una de las pocas especies en la que los padres se involucran con las madres en los cuidados de los hijos. Para ello, se sabe que los papás deben cambiar sus prioridades energéticas y conductuales antes de serlo y así poder cumplir con los requerimientos de la inversión que sugiere la paternidad. Al respecto, se ha sugerido que altos niveles de testosterona en los hombres pueden entorpecer con una paternidad efectiva.(4)

En estudios experimentales los hombres con mayores niveles de testosterona resultaron ser menos responsivos al llanto de un bebé con respecto a aquellos hombres con niveles disminuidos de esta hormona.(5) Además, se ha sugerido que aquellos padres que colechan (duermen en cercanía con sus hijos en la misma cama) tienen niveles más bajos de testosterona en comparación con aquellos papás que duermen en solitario, lo que se asocia con una mayor atención a las necesidades de sus hijos. (4,6)

Tomando en cuenta las investigaciones sobre la paternidad podemos inferir que aquellos padres que se involucran en la crianza de sus hijos logran transitar con mayor eficiencia a los cambios necesarios para una parentalidad activa.

Resumiendo, a nosotras las mujeres la gestación nos prepara biológicamente para atender a las necesidades de nuestros hijos, en cambio, los papás requieren de la interacción diaria y sostenida con los recién nacidos para poder modificar sus sistemas neuro – endocrinos y mostrarse más receptivos a las señales emitidas por sus bebés.

En contra de una mayor participación de los padres en la crianza de los hijos podemos señalar (entre otras cosas) la influencia cultural que dicta que los hombres son los principales proveedores en las familias, y por ello, distraen sus recursos en las actividades relacionadas a ello. Si bien es cierto que cambios importantes suceden en nuestros cuerpos durante la gestación, que impactan directamente en la forma de atender a los hijos, también es vital comprender que la crianza es un acto que requiere mucho más que una madre abnegada haciendo el trabajo en solitario que debería ser, por lo menos, una labor de dos (madre y padre).

Cuando el papá está comprometido con la crianza, por un lado, favorece el desarrollo fisiológico y social (a largo plazo) de sus hijos, y por otro induce en la mamá mayor secreción de hormonas relacionadas al cuidado materno tales como la oxitocina y la prolactina. (7) Como podemos leer en este documento, involucrar a los padres en la crianza -respetuosa- sugiere un ciclo virtuoso en donde el depositario final del amor, el acompañamiento, el respeto y la empatía serán nuestros hijos.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Brunton, P.J. & Russell, J.A. 2008. Nat. Rev. Neurosci. 9, 11–25.
  2. Hoekzema, E., et al., 2017. Nature Neuroscience 20(2):287-296.
  3. Abraham, E. et al., 2017. Neuropsychologia. In press.
  4. Gettler, LT. et al., 2012. PlosOne 7(9). 1-11.
  5. Fleming, A.S., et al., 2002. Hormone and Behavior 42:399-413.
  6. Storey, A.E. 2011. Hormone and Behavior 60: 353-361.
  7. Abraham, E. et al., 2014. P.N.A.S. 111(27):9792-9797.

Traudy Avila Schlottfeldt

Madre de dos niños.

Biologa por la BUAP (Puebla, México)

Maestra y Doctora en Ciencias con especialidad en Neurobiología Celular y Molecular (Cinvestav-Zacatenco, Ciudad de México)

Asesora de Porte por ‘De Monitos y Risas’

Madre de Día por la Pedagogía Blanca

Formadora educativa por La Pedagogía Blanca.

Acompañante de la maternidad y la crianza por ‘Maternidad Feliz, Crianza Respetada’