Cómo socializar positivamente

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Últimamente he ido reflexionando sobre la socialización y, sobre todo, lo que llaman “socialización” en los colegios.

Socializar no es lo que nos enseñan.

Socializar es hablar, conversar, jugar, aprender, intercambiar ideas, interiorizar comportamientos. Esto se puede hacer – teóricamente, por lo menos – con cualquier persona de tu entorno inmediato. En realidad se suele hacer con las figuras de apego y, en general, con adultos. En la infancia, con los niños juegas y practicas quizá técnicas de negociación, conversación, comunicación o de otro tipo, pero son técnicas que has aprendido o has observado ya en tus relaciones con los adultos que te cuidan desde que naciste. Es imposible que este aprendizaje tenga lugar con otros niños de tu misma edad, entre otras cosas, porque ellos no saben mucho más que tú. Por lo tanto la socialización de verdad tiene lugar sólo en un pequeño porcentaje con niños mayores que tú; de resto, se desarrolla con los adultos que te cuidan, y suele ser diaria. Y esta misma socialización también se “practica”, si quieres, con los mismos adultos o con otros niños. La “práctica” sin embargo no es obligatorio que sea diaria. En realidad necesitamos muchos ratos de estar solos o con nuestra familia, nada más, períodos en los que nos podamos concentrar en lo que realmente nos interesa, o simplemente descansar y dejar sedimentar lo que ya hemos aprendido.

Realmente la socialización se refiere precisamente al proceso de la educación emocional del ser humano.

Es evidente que este proceso de aprendizaje emocional empieza desde que uno nace – o incluso antes, cuando un bebé no nacido se familiariza con las costumbres y las voces de su madre y sus familiares desde dentro del útero. Es un proceso inconsciente por parte del niño, por supuesto, por eso los padres debemos tener consciencia de lo que ocurre desde antes de decidir a tener hijos.

De hecho todos los mamíferos realizan su aprendizaje emocional y la socialización con sus progenitores y su familia directa – y la primera lección que aprenden es que sus padres les proporcionan todo lo necesario en cada momento: cariño, alimento, cobijo, cuidado, educación, protección… Más tarde las lecciones se diversifican, pero siempre tomando como base la familia y el hogar.

Uno de los mayores mitos que existen en este momento es que estar con niños de la misma edad significa socializar de verdad.

En este sentido una cosa es socializar desde una base afectiva y física conocida y a un ritmo elegido por el mismo implicado, y otra cosa es la imposición de un modelo masificado y poco respetuoso con las necesidades reales del niño: esto hace que la “socialización” propuesta y llevada a cabo en las escuelas sea bastante improductiva en la mayoría de los casos y hasta negativa en algunos. Imponer una interacción temprana de los niños con otros niños de la misma edad antes de que estén preparados para ello no ayuda a mejorar sus habilidades emocionales y sociales, como erróneamente creen algunos padres y “expertos”, sino que más bien puede tener el efecto contrario.

Somos mamíferos, incluso desde este punto de vista, nos gusta vivir en comunidades, pero teniendo nuestro espacio privado y la posibilidad de acceder al mismo cuando lo necesitamos, no cuando “se nos obliga o se nos permite” por parte de terceros.

Otro concepto importante y que tiene mucha relación con la socialización correcta es, en el mundo de los mamíferos, lo que se llama “el apego”. El concepto del apego, desarrollado por el psicólogo John Bowlby, se refiere al instinto que hace que los adultos cuiden de sus hijos de forma incondicional y sus hijos reciban este cuidado. Un apego exitoso temprano en la infancia es necesario para un desarrollo emocional adulto y una buena socialización. Bowlby afirma que “el apego es la tendencia de los humanos a formar fuertes vínculos afectivos con ciertas personas de su alrededor”. 

Somos seres gregarios y sobrevivimos gracias a convivir en comunidad, repito, pero damos prioridad a ciertas relaciones y vínculos, y es a través de estas relaciones importantes cómo desarrollamos nuestras percepciones sobre nosotros mismos y cómo socializamos y maduramos.

Como padres sería mucho más provechoso y positivo procurar socializar lo más posible con nuestros hijos, y, llevándolos junto a nosotros siempre que sea posible, exponerlos a nuevos entornos sociales, poco a poco y en función de su creciente capacidad socializadora – es la manera más natural y positiva de socializar y de aprender cómo vivir en una comunidad. 

Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

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