Cuatro consejos que preparan a tu hijo para la vida

 

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La salud emocional de los niños es hoy un tema que preocupa a los padres y educadores. Los niños tienen, sin duda, gran capacidad para reponerse a las situaciones difíciles, pero también es cierto que lo que de nosotros, los adultos, reciban, va a formar su imagen de ellos mismos y les va a enseñar a relacionarse con el mundo.
¿Podemos hacer algo para ayudarles a crecer emocionalmente sanos y ser más felices? Por supuesto que se puede, y es preparándolos para la vida. Mi respuesta es que los padres y educadores tenemos la clave para la salud emocional de los niños y de su éxito vital en todos los ámbitos y por eso os daremos estos cuatro consejos que prepararán a tus hijos para la vida.

Nosotros somos sus modelos, sus referentes, los espejos donde se miran. Lo que hagamos y digamos va a hacer que ellos se vean de una forma u otra y se valoren por lo que son, no por lo que otros esperen de ellos. La capacidad de fijar sus propios objetivos vitales es una de las cosas más importantes que los padres deberíamos enseñarle a nuestros hijos y para ello, contrariamente a lo que se piensa, es importante bajar nuestra exigencia y cambiarla por mantener altas expectativas y ofrecer apoyo incondicional.

Espera lo mejor de tus hijos

Todos nos equivocamos. Todos actuamos a veces mal. Todos perdemos los nervios y la serenidad. Todos somos humanos. Nuestros hijos también lo son y lógicamente, van a errar. Pero cada error que comentan no significa que están condenados a repetirlo sino que pueden aprender de ello. Por eso es indispensable que les transmitamos nuestra confianza en que son buenas personas, capaces de pedir perdón, de enmendar un yerro, de descubrir que las emociones no son ellos ni van a actuar llevados por ellas haciendo daño a los demás. Confianza, es la clave.

Palabras que deberíamos dejar de usar son “siempre” y “nunca” cuando hablemos con ellos de un comportamiento inadecuado. Nadie hace siempre las cosas mal, nadie hace las cosas equivocadas y mucho menos nos decepciona siempre. Si les decimos eso les transmitimos una poderosa creencia sobre ellos mismos y su incapacidad de cambio. Es indispensable cimentar su autoestima.

Cuando a nuestro hijo le transmitimos que estamos convencidos de que es una persona válida, buena e inteligente estamos ayudándole a construir su propia voz interior y a tener herramientas para manejarse ahora y en el futuro.

Educa, ni dejes solo al niño ni lo domes

No dejes que el niño se eduque solo, transmítele valores. Tampoco lo domes controlando todo lo que piensa o hace. Deberíamos evitar posturas radicales en ideas sobre la bondad innata o la maldad de los niños. Los niños, que por naturaleza desean vivir en armonía y complacernos, también son humanos y tienen reacciones que pueden perjudicar a otras personas o a ellos mismos.

El papel del adulto educador toma aquí su verdadera dimensión. Ni tiene que domarlos porque de otro modo serían bestias peligrosas y egoístas, ni tiene que dejarlos sin guía ni contención. Educa a tu hijo, es tu papel como padre y adulto.

Nuestro papel como educadores es del de influir en el niño ofreciéndole ejemplo, enseñanza y explicaciones, ayudándole a comprender y expresar lo que siente y descubriéndole el poder de la voluntad personal para encaminar las acciones hacia objetivos personales y también hacia el respeto al otro. Los niños no siempre actúan bien, pero desde luego no lo hacen siempre mal.

Ayúdale a ser feliz

Cuando nuestro hijo esté desarrollando estrategias de comunicación y acciones violentas deberíamos saber detectarlo sin hacerle cargar con sentimientos de culpa pero si reforzando su autoestima, su responsabilidad y siendo esa persona en la que siempre pueden confiar para comprenderse mejor y encontrar apoyo, cariño y refuerzo. Ayúdale a ser feliz y a ser una persona amable, respetuosa, empática y apreciada por los otros, sin ser sumiso por ello.

De verdad que la clave para la resiliencia no es pasarlo mal de niño. No quiero decir que estemos pendientes únicamente de caprichos y diversión en contra de los intereses reales de crecimiento armonioso, sino que hagamos que los niños puedan disfrutar de su infancia dejándoles tiempo para jugar, haciendo con ellos cosas que sean agradables y nos reúnan en situaciones bonitas, permitiéndoles ser niños y por tanto ruidosos, alegres, movidos y espontáneos.

Valora al niño por quien es, no por ser el mejor

Tenemos la idea de que solamente el que llega el primero, el que gana, el que tiene la mejor nota, es el que triunfa. Pero no es cierto y ese concepto es importante transmitírselo a nuestros hijos. La competencia feroz no prepara para la vida, ser el primero no garantiza el triunfo, ni el éxito verdadero, ni mucho menos la capacidad de tener una vida productiva, útil y feliz, pues eso, de verdad, radica en que sepas quien eres y lo que quieres.

Ni en los adultos es cierto eso. Todos hemos experimentado momentos de éxito y grandes fracasos. Y hemos aprendido a levantarnos, a planificar de nuevo, a plantearnos nuevos objetivos y sobre todo, los adultos que nos decimos felices, hemos aprendido a conocernos a nosotros mismos y trabajar para tener la vida que realmente nosotros, no la sociedad ni nuestros padres, deseamos.

Y esa enseñanza merece la pena transmitírsela a nuestros hijos, valorando lo que son, lo que aman, lo que les interesa, lo que les apasiona y lo que quieren aprender nuevo, más que el que ganen en un deporte hoy, o saquen un diez, o sean los que antes o mejor logran algo. El ser el primero, además, será mucho menos útil en su vida que descubrir las estrategias por las que los humanos trabajamos en equipos y cooperamos los unos con los otros para que cualquier proceso o área mejore. Enséñale a pensar de manera crítica y creativa, no le digas lo que tiene que pensar.

Renuncia a ser dueño del destino de tu hijo, acompáñalo, pero no lo fuerces a ser como tú crees que hay que ser. Ten por seguro que va a equivocarse, quizá, como todos hacemos, pero también que tomará decisiones que él vivirá como válidas y no serán las que habrías tomado tú. Es otra persona.

Prepáralo para vivir su propia vida. Es decir, preparar para la vida no es hacer pasar al niño frustraciones forzadas ni presiones para cumplir expectativas externas, sino enseñarle los valores humanos de cooperación, confianza, superación y empatía. Eso si le ayudará a vivir mejor y ser más feliz, ahora y en el futuro.

Mireia Long

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