Dos cosas que los niños aprenden en el colegio y que yo aborrezco

niños en el cole

En el colegio los niños van a aprender muchas cosas, algunas maravillosas y sorprendentes, otras bastante superfluas que no son significativas, algunas útiles y otras que jamás les ayudarán a tener una vida mejor ni más interesante. Pero no es hoy ese el tema sobre el que os invito a reflexionar, aunque, otro día, hablaremos sobre el curriculum y sobre si, verdaderamente, es necesario que aprendan lo que aprenden. Hoy, de lo que queremos hablaros, es de otras ideas que, implícitamente, son transmitidas por la estructura y la organización de la escuela tradicional y que son mentiras y que son, además, muy peligrosas. Creo que es mejor hacerlas visibles y señalarlas, pues negarlas solo sirve para que sigan agazapadas, como un curriculum oculto, que daña a los niños y a toda la sociedad.

La obediencia es un valor.

Es cierto que, en la vida, nos veremos obligados a obeder a jefes o autoridades, incluso cuando nos pidan cosas que no nos agradan, nos hacen infelices o son aburridas, molestas o estúpidas. Es cierto, también, que algunas leyes son necesarias para mantener una sociedad justa y que se espera que los ciudadanos las obedezcan, incluso si no están conformes con ellas.

Sin embargo, no podemos olvidarnos que la capacidad de desobediencia es indispensable para el progreso del Hombre. Han sido los desobedientes los que han luchado contra los tiranos, han desmantelado las injusticias y han abierto nuevos horizontes en el mundo y en el conocimiento.  Si no desobedecemos las normas, costumbres, leyes y mandatos que consideramos injustos, incorrectos o que nos reducen las expectativas, nuestras vidas tendrán mucho menos sentido.

Cuando a los niños se les inicia en la escolarización la obediencia se convierte en un valor en sí, y cuestionar normas o estructuras está fuertemente rechazado. Puede que luego, con el tiempo, se intente explicar el valor que han tenido algunos personajes que se levantaron contra la opresión, pero, en general, las normas escolares estarán fijadas y no se alentará a cuestionarlas y mucho menos a desobedecer no ya lo que protege la integridad de los niños, sino lo que se espera que hagan, coman, sientan, estudien, escriban, pinten y vistan.

A los niños se le marca la hora a la que tienen que despertarse para acudir al centro, la manera en la que deben moverse por los pasillos, a que pueden jugar y cuando, donde se tienen que sentar, que tienen que hacer en cada momento del día y hasta de qué color y donde deben escribir su nombre en una hoja. No hay más que obedercer cada norma y regla, aunque sea superflúa y absurda.

 

La autoridad sabe la verdad sobre las cosas y sobre como hacerlas

Del mismo modo que la libertad, la justicia y los derechos se han conseguido gracias a los desobedientes, el conocimiento humano ha avanzado gracias a los que se cuestionaban las verdades establecidas. Una escuela pensada para alentar el espítitu crítico, la experimentación y el pensamiento científico es posible, pero no establecería sus bases en una estructura como la que conocemos. La idea de que una autoridad, independientemente de quien sea, es la fuente del conocimiento y quien conoce las respuestas o nos enseña los procedimientos para hacer cualquier cosa, teniendo la potestad de evaluar el desempeño, es desasosegante. El profesor sabe las cosas, te dice cuando hacer y como hacer, desde la manera en la que debes coger el lápiz, cuando tienes que empezar a leer te sientas o no interesado o si tus respuestas a un ejercicio o exámen son las adecuadas. En realidad, el estudiante, poco tiene que opinar sobre esto y siempre sabrá donde hay que buscar la fuente del saber, la autoridad presente o la autoridad de los libros de texto.

Quizá os ha pasado que vuestro hijo llega a casa con algún ejercicio, como, por ejemplo, una división, y cuando, si tiene dudas, les contáis como hacerla, os responderá que “no se hace así” mientras, casi obsesionado, copia el enunciado y coloca cada dato en la columna tal y como le han enseñado que debe hacerse. Y si no os ha sucedido, congratulaos, tenéis suerte.

Lo que el niño piense, crea o sepa realmente es irrelevante, lo que cuenta es que sepa lo que le han dicho que tiene que saber y haga las cosas de la manera en la que le han marcado, con sentido o no, que deben hacerse.

Con estas premisas no habrá cambios en el mundo porque les habremos enseñado que todo está marcado, que no tiene sentido hacer las cosas de otra manera ni, desde luego, sirve de nada quejarse o luchar contra la autoridad injusta… o al menos, les resultará muy difícil hacerlo, porque no solo no les han enseñado sino que los han disuadido. Y no es lo que yo quiero.

En realidad, estas cosas, no son obligatoriamente responsabilidad de la escuela, sino de la sociedad que la modela, y no son, desde luego, inevitables. De hecho, en la Pedagogía Blanca precisamente os ayudamos a educar, en casa y en el colegiol, de manera que estas cosas no sucedan y podamos dar a los niños la mejor base para convertirse en ciudadanos que actúen con libertad de criterio y con responsabilidad real.

Mireia Long

 

 

3 thoughts on “Dos cosas que los niños aprenden en el colegio y que yo aborrezco

  1. Buenas noches!
    Me parece muy interesante el tema y los argumentos acerca de la importancia de la desobediencia. Soy guía Montessori en un ambiente de niños de 1 año y medio a 3 años. Quisiera que me ayudaran a pensar en acciones concretas y específicas que puedan ayudar a fomentar esta “desobediencia” ligada al pensamiento crítico y el cuestionamiento de la realidad, sin que esto se convierta en un libertinaje y además cómo podemos seguir fomentando el orden y el seguimiento de las reglas sin caer en el autoritarismo.
    Gracias!

  2. Me encanta leer sus artículos, son maravillosos! Estoy de acuerdo con sus teorías e intento practicarlas día a día con mis hijas. Gracias

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