El cerebro en una mano, por Miriam Escacena

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El cerebro en una mano, descubre cómo mantener la calma en las situaciones difíciles

Queridos amigos,

Estoy encantada de colaborar con Azucena y Mireia en este espacio donde a todos nos une un mismo fin: educar a nuestros hijos con respeto y empatía. Por ello, me voy a estrenar hablando de una herramienta de Disciplina Positiva que me parece tremendamente útil si la ponemos en práctica en nuestro día a día: el cerebro en una mano, un modelo muy visual que nos permite entender nuestra forma de actuar de una forma tan sencilla que incluso podemos explicar a nuestros hijos.

La crianza es una oportunidad excelente para experimentar un gran crecimiento personal y querer dar lo mejor de nosotros mismos, pero es cierto que uno de los mayores retos que nos encontramos es precisamente ese: ser realmente un buen ejemplo para nuestros hijos. El estrés del día a día, el ritmo de vida y el cansancio que llevamos muchas veces nos pasa factura y sin darnos cuenta terminamos perdiendo el control y elevando la voz a las personas que más queremos: nuestra pareja y nuestros hijos, y si no que se lo digan a Mireia Long y por qué sigue teniendo tanto éxito su taller “Deja de gritar”.

 

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No somos perfectos, somos humanos. Esta sociedad patriarcal en la que vivimos nos hace cargar con un sentimiento de culpa constante, muy especialmente a las mujeres, que desde que nos convertimos en madres recibimos continuamente mensajes de que debemos ser “super womans” y llegar a todo.

 

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En mi caso particular esto me ha traído serios problemas, hasta que recientemente entendí que no tiene por qué ser así, que no soy perfecta ni quiero serlo, que debo eliminar la culpa y perdonarme, y que para cuidar a otros el primer paso es cuidarme a mí misma.

 ¿Te suena todo esto de lo que te hablo? Bueno, pues si a ti alguna vez también se te ha escapado algún grito empieza por perdonarte y sigue leyendo, porque lo que te voy a contar puede hacer cambiar tu día a día. 😉

Primero me gustaría empezar hablando del trabajo del médico y neurocientífico norteamericano Paul MacLean, que en 1970 elaboró un modelo de cerebro basado en su desarrollo evolutivo: la Teoría del Cerebro Triuno. Así, según este modelo, la mente humana está construida en base a la superposición evolutiva de tres cerebros: el reptiliano, el mamífero y el racional, que se fueron añadiendo sucesivamente como respuesta a nuestras necesidades evolutivas.

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Esto explica que haya ocasiones en que nos comportamos siguiendo mucho más nuestro instinto y otras de una forma mucho más meditada. Siendo la misma persona no actuamos igual cuando por ejemplo tenemos un “hambre voraz”, una relación sexual o en el propio acto de alumbrar a un hijo,  o cuando utilizamos el pensamiento abstracto para por ejemplo estudiar, debatir, negociar o dar una ponencia, ¿verdad? Cada uno de los tres cerebros controla determinadas actuaciones pero están interconectados entre sé.

 

  • El cerebro reptil o primitivo es la primera parte que se formó, y está compuesta por la médula espinal y tronco encefálico. Constituye el centro de la parte instintiva del ser humano, es decir, de las funciones básicas de supervivencia, como la respiración y el latido del corazón así como de las respuestas automáticas: Fly, Fight or Freeze. Genera comportamiento reactivo: hacer y actuar, (escapar, luchar o quedarse congelado).
  • El cerebro mamífero es la segunda parte y está formado por el sistema límbico. Regula los sentimientos y emociones. Genera el comportamiento emotivo: sentir y desear.
  • El cerebro neomamífero o racional es la tercera capa y está formada por el neocortex o corteza cerebral. Gestiona los procesos intelectuales a través de sus dos hemisferios: izquierdo y derecho. Genera el comportamiento racional: razonar y hablar. Esta última capa apareció junto con los primeros mamíferos superiores hace cien millones de años y supuso un salto cualitativo muy importante que nos diferencia del resto de mamíferos.

El cerebro en una mano, una gran herramienta para comprender

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Daniel Siegel, uno de los autores de “El cerebro del Niño”, habla de un modelo muy visual que nos permite comprender el funcionamiento del cerebro y la importancia de la integración, utilizando una representación con nuestra propia mano:

  • Cerebro reptil: palma de la mano
  • Cerebro mamífero : pulgar
  • Cerebro racional: dedos plegados

Como observamos al plegar la mano, una parte de nuestro cerebro racional está conectada con el límbico y el reptiliano, ayudándonos a ser conscientes de nuestra forma de actuar y regular nuestras emociones: la parte más humana controla la parte más animal.

Pero en ocasiones de estrés el cerebro inferior puede dispararse, haciendo que se “abra la tapa”, (como se desplegaran los dedos), y el cerebro racional deja de ejercer su regulación.cabeza abierta

 

Perdemos nuestro cerebro más humano y nos dejamos llevar por las emociones, pidiendo actuar de forma poco coherente a  lo que de verdad pensamos o incluso agresiva.

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Aquí tienen mucho que ver las neuronas espejo, que son capaces de reconocer el estado emocional de otra persona y tienden a copiarlo. Por eso es tan difícil mantener la calma cuando nuestro hijo entra en una rabieta o discutimos con nuestra pareja.

Pero lo fascinante del tema es que podemos devolver nuestro cerebro a su estado plegado e integrado, dándonos cuenta de lo que sucede, poniendo nombre a las emociones y “cerrando la tapa” o actuando antes de que llegue a abrirse del todo.

¿No es maravilloso?

Aquí te dejo el vídeo del propio Siegal explicando su modelo:

 

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Me despido con esta fábula que nos da pie a reflexionar sobre el tema..

 

Un viejo cuento decía:

 

Un renombrado maestro, que corría tras la fama, reunió en una carpa a cientos de discípulos y seguidores. Se irguió sobre sí mismo y dijo:

– Amados míos, escuchad la voz del que sabe.

En ese momento se creó una gran expectativa y un silencio profundo generó el apropiado marco de veneración para las palabras del maestro, quien prosiguió de la siguiente manera:

– Nunca debéis relacionaros con la pareja de otra persona, tampoco beber alcohol o alimentaros con carne de cerdo.

 

Entonces uno de los asistentes se animó a preguntar:

– ¿Pero maestro, no eras tú el que el otro día se vio en brazos de la esposa de José?

– Sí, era yo- respondió el maestro.

Después de lo cual otro oyente también se atrevió a preguntar:

– ¿Pero no eras tú el que la otra noche se encontraba bebiendo vino en una taberna?

– Sí, también era yo.

Y un tercer asistente, ya enojado, le preguntó:

– ¿No eras tú, el que ayer a la mañana estaba comprando carne de cerdo en el mercado?

– Efectivamente.

Y en ese momento, todos los asistentes, mostrando indignación por la actitud del maestro, comenzaron a recriminarle:

– ¿Por qué nos pides que hagamos lo que tú no puedes cumplir?

Entonces, el falso maestro respondió con sinceridad:

– Porque yo sólo enseño, no practico.

 

La moraleja de este cuento podría ser la siguiente:

 

“Verdadero maestro es el que hace lo que dice, siente y piensa”.

 

Ese es uno de los mayores retos de la inteligencia emocional

Si te apetece aprender más sobre este tema tan apasionante te invito a que vengas a mis próximos cursos, comenzamos de Educar con Inteligencia Emocional en el mes de Marzo, ¡no te lo pierdas!

 

Esperamos que te haya gustado este artículo, te leemos en los comentarios! 😉

miriamMiriam Escacena

http://www.comunicacionconbebes.com

Miriam es fundadora de la asociación de crianza “Entre Nubes”, Educadora de Masaje Infantil por la organización internacional IAIM, instructora de lengua de signos para bebés, instructora de porteo, formadora de La Pedagogía Blanca y actualmente se está formando también como Guía Montessori de Comunidad Infantil.

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