¿Existen las altas capacidades?

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Los seres humanos somos diversos. Una de las grandes maravillas de nuestra especie y un objetivo de cualquier sociedad avanzada es abrazar esa diversidad y potencias los talentos de cada persona para que den la mejor versión de sí mismos, sean felices, se realicen y aporten al conjunto de la sociedad todo lo bueno que puedan dar.

Todos los seres humanos somos inteligentes, cada uno tiene además talentos y capacidades que lo hacen único. Y, dentro de la diversidad humana, hay personas con una inteligencia especialmente alta, superior a la media, que se valora objetivamente a través de pruebas estandarizadas que incluyen su cociente intelectual (CI) y otros aspectos como la creatividad o los talentos en áreas específicas. La Organización Mundial de la Salud considera aplicable el término a una persona que cuenta con un coeficiente intelectual superior a 130. Se estima que un 2% de las personas reúnen los requisitos para ser considerados como superdotados. Existen hoy otros criterios más complejos, especialmente reseñables los de Renzulli.

Las personas de Altas Capacidades no es solo que puntúen en test estandarizados con resultados superiores a ese 130. Hoy se está trabajando en estudios científicos que apuntan a una organización cerebral con mayor desarrollo de áreas de la corteza que les permiten tener mejor memoria, capacidad de síntesis, pensamiento divergente, capacidad de análisis y creatividad, siempre, claro está, que su entorno sea el adecuado.

Negar que existen personas con estas características es, simplemente, idiota. ¿Son mejores los superdotados? Pensar eso sería otra idiotez. Tener un cerebro rápido, curioso, flexible y brillante es solo una característica más. Puede ayudarnos a contribuir notablemente al desarrollo y el progreso, de hecho, los grandes pensadores e innovadores del pasado hoy serían, posiblemente, reconocidos como superdotados. Pero, realmente, ser superdotado no te va a hacer mejor persona, ni más capaz de lograr el éxito (sea lo que sea eso), ni más feliz, como tampoco te lo va a dar ser más alto, más rápido o tener una salud de hierro.

Sin embargo existe, al menos en España y en algunos casos, cierto rechazo al superdotado (niño o adulto), como si debiera esconder su talento o su capacidad. Nadie acusaría a un genio deportivo de ser presuntuoso por mencionar o mostrar su talento, o explicar que ha conseguido una medalla olímpica o un record gracias a su capacidad y su esfuerzo. Con el cerebro pasa otra cosa. Somos un país paleto, que rechaza la cultura, se harta de ver telebasura, desprecia a los mejores cerebros que han de marcharse fuera y machaca a cualquiera que se salga de la norma.  Y que exige que, si no eres catedrático cuando menos, escondas como si de un secreto sucio se tratara que eres una persona de altas capacidades intelectuales.

Las niñas y las mujeres son, por supuesto, especialmente enculturadas en el mandato de no destacar. Tanto es así, que, incluso con el panorama vergonzoso de la detección de niños de altas capacidades por el sistema escolar (muchos, la inmensa mayoría, son ignorados), en el caso de las niñas las cifras son llamativamente inferiores, pues el mensaje que reciben es que si dicen o muestran que son inteligentes serán despreciadas. De ellas se espera que sean guapas, amables y agradables, no genios, no científicas. Pero no quiero centrar este artículo en la menor detección de altas capacidades en las niñas, algo real y achacable a causas sociales, todos los niños lo sufren en cierta medida.

Primero, solo se detecta a una minoría. Segundo, muchas veces sus maestros y orientadores parecen perdidos, rechazan de primeras una evaluación, especialmente si los resultados académicos no son brillantes, haciendo pasar verdaderos calvarios a esos niños y sus familias. Y tercero, las medidas de apoyo educativo suelen ser bastante deficitarias y poco motivantes para ellos.

Los niños de altas capacidades y, en general, las personas de altas capacidades, necesitan poder aprender y desarrollar su capacidad en un entorno adecuado. Ese entorno educativo no es, con pocas excepciones, el que ofrece un sistema escolar repetitivo, que premia la memorización, que aumenta el estrés y la competitividad, que no fomenta el talento o el deseo de saber autónomo. Además, muchas veces las personas de Altas Capacidades tienen una gran delicadeza de sentimientos, son sensibles, y el machaque del sistema unido a lo habitual del acoso contra los “empollones” o “sabiondos”, el rechazo al conocimiento, les provoca ansiedad y problemas de autoestima. El resultado es este: muchos, muchos, muchos, de los niños con Altas Capacidades, tienen fracaso escolar. Tiramos su talento y su fuerza interior a la basura. Desperdiciamos sus mentes brillantes. Y nos condenamos a seguir siendo un país paleto, pobre, sin criterio y sin futuro.

Las personas de Altas Capacidades y, especialmente los niños, no solo son rápidos en el aprendizaje y en la resolución de problemas con respuestas innovadoras, también presentan otras características: intensidad emocional e hipersensibilidad sensorial. Muchos niños problemáticos, considerados hiperactivos o señalados como difíciles, son niños aburridos y hartos, pero con altas capacidades sin detectar, lo que les hace vivir con sufrimiento y no entender qué les hace diferentes.

Porque sí, los niños y los adultos de Altas Capacidades se sienten diferentes en su manera de entender las relaciones y los procesos de pensamiento. Pero como cualquier ser humano ansían ser amados y aceptados, sin tener que esconderse en un armario.  Ninguno pediríamos que alguien esconda su sexualidad, pero seguimos penalizando la inteligencia. Así que el camino elegido para ser aceptados puede ser muy variado: depresión, huida hacia dentro, sentirse inadecuado, desarrollar comportamientos hostiles o sencillamente, tratar de disimular y hacerse invisible tratando de parecer “normal”, como si no fuera normal ser como es él.

Las minorías no son aceptadas. Lo diferente es rechazado. El amar la cultura o el conocimiento es raro, de frikis, de perdedores. Hay que “ser normal”. Y eso en la escuela, y en la vida, supone que quien sale del armario se juegue el sufrir acoso, insultos y desprecios. Y más, si cabe, si es una mujer, tenía que decirlo. Y si es en el colegio, se convierte en una víctima de burlas y bullying si los adultos no saben remediarlo.

Mireia Long

 

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