Homeschooling: derechos, valores y creencias

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Una frase recurrente a lo largo de nuestros años de homeschooling: “Si no se les lleva a los niños al colegio para recibir una educación objetiva, aprenderán las neuras y las paranoias de los padres”. Esta frase me la decían muchos padres o profesionales de la educación como uno de los argumentos supremos en contra de la educación en casa (junto a la socialización).

¿Qué hay de malo transmitir los propios valores a los hijos? ¿Y por qué suponemos que los padres no podemos ser objetivos? ¿Por qué se da por sentado que los padres son neuróticos o monotemáticos y no somos capaces de transmitir una multitud de valores importantes e interesantes para la evolución de nuestros hijos?

¿De dónde salió esta idea?

Quizá todo se remonte – de nuevo – a la época de la Revolución Industrial que, si bien significó un salto adelante en muchos sectores, en cuanto a la diversidad y libertad humana podemos calificarla más bien como un desastre. Todos los procesos que antes se hacían de forma casi individualizada o mecánicamente, pero a escala pequeña, se transformaron y todo llegó a producirse de forma automatizada y nada personalizada: desde la ropa hasta la educación. Y es aquí donde yo quería llegar.

Esta diversidad de puntos de vista que ofrece la educación y transmisión de valores que cada familia traspasa a sus hijos ya casi no existe hoy en día. Nos quejamos de la falta de iniciativa de los niños, del pensamiento único que parece que los domina a todos los jóvenes, de no poder llevarnos bien con ellos y no comprenderlos… pero al final los culpables somos nosotros, los padres, lo adultos.

Yo no creo que transmitir los propios valores a los hijos sea dañino, es más, creo que es sano y hasta obligatorio que los padres puedan hacerlo y deseen por lo menos ¡probarlo! Es lo que hacíamos hasta hace un par de siglos. Falsamente se nos presentó esta situación como “falta de alfabetización”, ya que la preparación que un niño o joven recibía dentro de su comunidad, su familia, por muy mala o buena que fuera, le permitía sobrevivir dignamente dentro de dicha comunidad. ¿Que había excepciones? Por supuesto que sí. Pero es que hoy en día, con la “alfabetización” robotizada de toda la población infantil que se ofrece en las escuelas actuales, las excepciones son tantas que podemos decir que son la norma y que si el sistema no prepara para la supervivencia esto significa que no sirve para nada ya que la educación es por definición la formación que les permite a los jóvenes transformarse en adultos autónomos.

La formación que reciben los hijos de unos padres responsables es infinitamente superior a la que puedan recibir aquellos de un sistema supuestamente “objetivo” y masificado, por muchas “neuras” que puedan colarse. Pero me temo que, al definir como “neuras” las particularidades de cada individuo o cada familia, se persiguió más bien la criminalización de lo individual y, por lo tanto, de esta diversidad de pensamiento de la que hablaba al principio de este post.

Visto lo visto, a mí me parece que es nuestro deber transmitir a nuestros hijos con la mayor responsabilidad y decisión nuestros valores propios como padres – por supuesto, intentar ser lo más objetivos posibles y reconocer nuestras limitaciones como seres humanos, pero no renunciar para nada en el mundo del único derecho y la única obligación que tenemos como padres: la de formar a nuestros hijos según nuestras creencias y valores morales y éticos. Es lo que hace que no se generalice el pensamiento único impuesto por la escuela, ni los valores de dudosa calidad que se imparten en una institución que, en el fondo, tal cómo está organizada ahora no tiene ninguna intención ni interés de darles a los niños una educación y una formación individualizadas.

Aliento a los padres a buscar pasar cuánto más tiempo posible con sus hijos, que protesten por jornadas laborales demasiado largas y cansadas, que rechacen horarios escolares demasiado largos y apretados. Tienen el derecho a estar con sus hijos, a enseñarles los valores que les importan, explicarles sus puntos de vista, comunicar más y mejor con ellos y tener una buena relación; todo esto se consigue sólo con más horas de convivencia, no renuncien a sus derechos, no renuncien a estar juntos.

Sorina Oprean

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