Homeschooling: sabiduría y autoridad

9395271f-43ca-4536-818
En una ocasión una mamá me dijo que no sabe cómo funcionará el homeschooling para el que se está preparando ella ese año porque su hijo, acostumbrado a ir al cole, siempre pone en cuestión su “autoridad” de madre y no le hace mucho caso, mientras que a la “maestra” por ser una extraña y  no formar parte de la familia, sí.
Algo importante de lo que no nos damos cuenta cuando hablamos de “enseñar” y de “autoridad” es que las figuras de poder y de la autoridad estatal (representadas por profesores, funcionarios, médicos, policías etc) imponen, es cierto, pero no necesariamente por tener la razón o por ser más sabias. Simplemente imponen por tener el poder. En general, es lo que ocurre en las escuelas: los maestros, la gran mayoría, imponen por el poder que tienen, no por su sabiduría. El poder les es investido por el propio sistema y los niños sienten esta imposición y la fuerza del poder y, sabiendo que no pueden hacer nada, obedecen y no cuestionan. Los pocos que se rebelan e intentan ser ellos mismos están etiquetados de “malos elementos” y se les intenta inutilizar o aniquilar.
Evidentemente en casa el atmósfera es distinta. El niño sabe que puede ser él mismo, que puede por fin hacer lo que realmente le interesa o necesita y los padres forman parte de este entorno que les permite ser naturales (a no ser que se eduquen en el seno de una familia muy autoritaria). Por lo tanto, en su afán de desahogar las tensiones de las horas escolares y dejar salir a flote su auténtico ser, rechazan cualquier intento de más “autoritarismo” (véase “obligaciones/imposiciones”) por parte de los padres. De hecho, esta manera de imponerse podría ser incluso contraproducente porque si los padres siempre les han apoyado, tratado con cariño y hayan dejado cierta libertad en casa los niños van a ver este intento de imponerse como una intromisión repentina inexplicable desde su punto de vista.
Cuando mis hijos eran más pequeños – como nosotros fuimos homeschoolers siempre – varias personas me advirtieron de que no voy a lograr a enseñarles nada porque “no me van a hacer caso” y que sería mejor llevarlos a un colegio. Yo alucinaba en colores porque 1. no quería imponerles nada a mis hijos, 2. no creía que unos conocimientos impuestos de esta manera puedan ser saludables o duraderos, ni interesantes para nadie, 3. los niños ya habían aprendido un montón de mí y de su padre hasta entonces y yo notaba que el aprendizaje tenía lugar en unas condiciones óptimas y 4. ¿quién elige qué aprendemos, nosotros o unos extraños en una institución? ¿y en base a qué criterios?
 
Si algunos padres se plantean la educación en casa – que tengan en cuenta que ¡es LA manera de aprender de la humanidad durante millones de años! – no se dejen engañar por el tema de la “autoridad”.
La verdadera autoridad, como señalan muchos autores y pensadores de la educación, radica de la sabiduría, de la paciencia, del saber estar y acompañar, no de la fuerza.
Un auténtico padre/maestro con autoridad es el que ilumina el cruce sólo para mostrar los caminos, deja elegir a los demás y luego ilumina los caminos de cada uno para que avancen con seguridad en los caminos elegidos, y los acompaña en sus aventuras, no las impone, no manipula, no amenaza. El que les ayuda a seguir o a encontrar sus talentos y que permite que el proceso de aprendizaje tenga lugar de forma natural; el que deja hacer y sólo acompaña, no interfiere, ni manipula este proceso.
Sorina Oprean

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *