Jugando se aprende mejor: funciones educativas del juego infantil

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Una de las cuestiones que más nos preguntan es como ayudar a que los niños aprendan más y mejor. Nuestra respuesta básica es esta: dejad a los niños jugar, pues están programados para usar el juego como experiencia de aprendizaje. Los niños pequeños están aprendiendo continuamente y es a través del juego y la experimentación como lograrán desarrollarse y adquirir conocimientos. Tanto si están en casa como si acuden a una guardería o centro educativo infantil sus actividades, solitarias o en grupo, deberían siempre tener como centro el juego, permitiéndoles, de este modo, adquirir aprendizajes en un ambiente informal y libre.  A través del juego, además, se hacen conscientes de su identidad y asimilan los patrones culturales y sociales de su entorno.

Los niños pequeños aprenden a través de todos sus sentidos todo lo que necesitan ir incorporando a su esquema mental. Tocan, saborean, escuchan, miran y huelen, observan y copian a las personas que los rodean, fijándose en como se expresan y como se comportan. Muchas de estas experiencias llegan a ellos a través del juego y además, las ensayan, repiten e interiorizan también con juegos, muchos de ellos de forma no guiada.

Funciones educativas del juego infantil

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Casi todos los niños juegan, excepto aquellos que están desnutridos, privados de todo estímulo o tienen discapacidades muy severas.  Incluso, si los niños pequeños se ven privados temporalmente de oportunidades de juego, por ejemplo, si se los mantiene en el aula, juegan durante más tiempo y más vigorosamente después. Los niños, como los cachorros de todos los mamíferos, centran gran parte de su tiempo, si se les permite, en jugar, y,  los humanos, en correlación con la mayor complejidad de nuestro desarrollo cognitivo, muestran mucha más variedad en los juegos, estando demostrado que jugar ofrece grandes beneficios, incluso si estos se podrían conseguir de otro modo, el modelo natural al que tienden los niños es este.

El desarrollo físico y corporal, indispensable también para el aprendizaje, se consigue perfectamente con juegos locomotores (correr, saltar o escalar). Con eso los niños fortalecen sus músculos, su fuerza, habilidad y coordinación motora y además favorece la adquisición de información sobre el propio cuerpo y el entorno. Tanto es así que los niños, si se les permite jugar en el patio, luego pueden concentrarse mejor en otro tipo de actividades más sedentarias.

El juego es una de las principales formas en que los niños aprenden. Construyen una idea del mundo y aprenden a imaginar, a extrapolar, a hacer predicciones, es decir desarrollan su mente de manera completa. También les ayuda a ejercitar su memoria y a concentrarse, pues cuando un niño está absorto jugando está, realmente, fijando su atención en algo que le apasiona y eso es un gran entrenamiento para actividades futuras.

Podemos proponer o favorecer algunos juegos en concreto que inciden en su desarrollo cognitivo para que esas funciones de aprendizaje se puedan dar. Pero, hagamos lo que hagamos, hay que recordar que el juego debe ser electivo, placentero y divertido. Cada niño tiene que poder jugar a lo que le guste, nunca forzarlo ni presionarlo, ni tampoco, evidentemente, castigarlo sin juego. Cada niño tiene inclinaciones, gustos y se desarrolla a su propio ritmo. Os dejamos algunas ideas:

 

 

  • Bloques de construccion, LEGO (de la edad adecuada), rompecabezas y clasificadores, pues ayudan a comprender las relaciones entre los objetos, el tamaño, forma y a desarrollar la lógica y la organización de conjuntos.
  • Un arenero o juegos con arena y agua (en casa o en la playa o un parque limpio, si es que hay). El juego de arena y agua puede ser una introducción temprana a la ciencia y las matemáticas, tocando, sintiendo, midiendo y experimentando diferentes aspectos de la material. Además, ejercitan su psicomotricidad fina.
  • Disfraces, ropa y muñecos les permite desarrollar su imaginación, expresión de sentimientos y su creatividad.
  • Pintar, incluso cuando no lo hacen todavía de manera figurativa, les ayuda a comprender el efecto de sus acciones voluntarias, descubrir formas y colores mientras ejercitan su psicomoticidad fina.
  • Las masas y plastelinas pueden ayudarles a comprender, también, el efecto en la materia de sus movimientos manuales y presión, entender las diferentes consistencias y durezas, maleabilidad y permanencia de las formas. Y, por supuesto, a desarrollar su imaginación.
  • El juego motriz que implique correr, saltar, perseguir, escalar y lanzar objetos, permite el desarrollo físico y la coordinación.

El juego, en resumen, ofrece a los más pequeños experiencias de aprendizaje indispensables. Seguiremos hablando sobre las funciones y beneficios del juego la próxima semana.

 

Mireia Long

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