La teoria del apego, por Traudy Avila Schlottfeldt (Neurobióloga)

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La Teoría del Apego inicia en 1958 gracias a los trabajos publicados (por separado) de John Bowlby y Harry Harlow. En ella se propone que los recién nacidos necesitan desarrollar  enlaces afectivos  con al menos un cuidador principal compatible  que sea sensible y receptivo en  interacciones sociales  con ellos. Así, la meta biológica del apego es la supervivencia y la meta psicóloga es la seguridad. (1)
Se ha sugerido que ese cuidador principal es generalmente la madre, puesto que históricamente ha sido esa figura la encargada de esta actividad. La biología y la evolución nos ha dotado a las mujeres con lo que nuestros críos requieren para sobrevivir –recordemos que nuestros recién nacidos nacen desprovistos de la capacidad de sobrevivencia propia, por lo que requieren de los cuidados parentales-
Durante la gestación nuestro cerebro (el de la mujer gestante) sufre modificaciones importantes que nos preparan para el parto, para la lactancia, para reconocer las necesidades de nuestras crías y para decodificar los estímulos sociales que puedan significar una amenaza potencial(2). Todo lo mencionado NO sucede en los cerebros de los padres.
Lo anterior quiere decir que, biológicamente las madres se han sincronizado con las necesidades de sus críos para asegurar no solo que éstos sobrevivan, sino que la propia especie perpetúe su existencia en este planeta. No lo ha elegido así el machismo, ni el feminismo, sino la selección natural.
Si bien es cierto que no existe una receta mágica para asegurar la formación de un vínculo afectivo positivo con nuestros hijos, mucho ayuda el tener herramientas que contribuyan a la cercanía física con ellos. El porteo y la lactancia, permiten ambos reforzar las conexiones de amor en la diada madre-cría gracias a la secreción de una hormona por muchos conocida: la oxitocina.
Portear le permite a la madre sentirse eficiente y competente en el cuidado de su bebé, (recordemos que la gestación ha preparado a nuestros cerebros para reconocer amenazas potenciales) lo que disminuye los posibles episodios de estrés ocasionados por el agobio de las tareas a las que hoy día las mujeres somos sometidas (en el hogar o en la vida laboral). Menos estrés significa menos cortisol. A menor cortisol mayor posibilidad de disfrutar nuestra maternidad.
Con el porteo todos ganamos: la madre, empoderara y segura de que su cría está bien en su pecho (o a la cadera o a la espalda, según sea el caso), no hay que gastar energía en pensar que algo puede poner en peligro a nuestra cría; el crío, quien recibe la contención del portabebé y del cuerpo de la madre, al ser atendido oportunamente por la madre; la sociedad, pues una madre podrá conciliar con menor esfuerzo su papel maternal y laboral.
Por otro lado, entender que nuestros hijos no son de nuestra propiedad resulta de mucha importancia en el debate de los “estilos de Crianza”y la Teoría del Apego. En las sociedades el maltrato infantil está normalizado, se justifican los abusos de poder, los castigos, las amenazas, los insultos, etcétera, como acciones  que educan a nuestros infantes.
Parece que los adultos hemos hecho caso omiso a la realidad de que los menores poseen derechos humanos inalienables(3). Creer que criar con apego es una moda, quizá lo sea sólo por el nombre que se le ha dado. En realidad, criar a nuestros hijos es simplemente amarlos, siguiendo nuestros instintos, teniendo muy presente que son seres humanos, no cosas que se pueden dejar ‘en pausa’ por ahí.
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Criar  respetando y reconociendo que las capacidades cognitivas y emocionales de nuestros niños están limitadas a la etapa evolutiva en la que se encuentren, parece ser todo un tema de debate que lejos de generar puentes que concilien los intereses de las mujeres, lo único a lo que nos ha llevado es al distanciamiento entre nuestro propio género.
Termino mi pequeño discurso con dos citas:
‘[…]No podemos empezar a educar a los niños sin el convencimiento de que tienen los mismos derechos que nosotros (los adultos). Que son personas de pleno derecho.[…]’ (4)
‘[…] resulta fundamental que el bebé tenga experiencias placenteras, de tranquilidad, de bienestar, porque vamos a marcar esos caminos, a través de aumentar las conexiones con los centros de placer[…]’(5)
Si nosotras somos quienes podemos brindar a nuestros hijos  -porque estamos diseñadas para ello- un puerto de seguridad, de amor y de respeto, por qué no exigir que nos permitan llevar a cabo nuestra loable labor de crianza. No es un trabajo en  solitario, pues el padre cumple una función vital: hacer que la madre esté física y emocionalmente disponible para la cría. Y si la suerte nos acompaña, la familia extendida resulta una ayuda incalculable para la tríada mamá-papá-bebé recién estrenada. Y, en el continuo ejercicio de la crianza, madre y padre resultan importantes para  asegurar a sus hijos una infancia feliz.
Bibliografía.
1.- Bowlby, J.2014. Vínculos afectivos. Formación, desarrollo y pérdida. 6ta. Edición. Ediciones Morata. España.
2.- Hoekzema, E. et al. 2016. Nature Neuroscience.
4.- Jové, Rosa. 2012. “La crianza feliz.” La Esfera de los Libros. iBooks.
5.- Serrano, Mónica. 2016. Formación ‘Maternidad feliz, Crianza Respetada’.
Traudy Avila Schlottfeldt
Madre de dos niños.
Bióloga por la BUAP (Puebla, México)
Maestra en Ciencias con especialidad en Neurobiología Celular y Molecular, por el Cinvestav-IPN (Ciudad de México)
Asesora de Porteo por De Monitos y Risas
Madre de Día por la Pedagogía Blanca
Formadora educativa por La Pedagogía Blanca
Acompañante de la maternidad y la crianza por Maternidad Feliz, Crianza Respetada.

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