Las aulas muertas

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No, en la Pedagogía Blanca no queremos aulas muertas y tenemos muy claro que este modelo está superado y su uso cada vez daña más a los niños. Y como nos oponemos a los “mierdideberes” nos oponemos a las “aulasmuertas”.

Cuando hablamos de aulasmuertas nos referimos a esos espacios físicos y organizativos que se mantienen en funcionamiento ya sin alma, como zombies del pasado, que no producen aprendizaje vital en los niños y les transmiten valores de sumisión y acriticismo. Muchos maestros, a pesar de su buena intención e ideas . siguen usando ese tipo de aula y convirtiéndose en guardianes del ese modelo.

Hay miedo. Miedo a dejar la autoridad, la verticalidad, la cerrazón y la inmovilidad, a renunciar a la sumisión y el silencio del alumno. Pero si no dejamos atrás el miedo nuestra aula está condenada a ser un aula muerta donde no se produce verdadero aprendizaje real ni pasión. A pesar de que hoy la información y el aprendizaje son, cada vez más, procesos que se dan en cualquier lugar y en el no-lugar de lo virtual, vamos a hablar de aula y de como se estructura el aulamuerta.

La propia construcción de los colegios es enormemente retrógrada y lo ideal sería reconsiderar por completo si la construcción de los centros educativos es la más adecuada para favorecer un aprendizaje no vertical e inmovilista. Hoy, el aula típica, sigue siendo un espacio que transmite una ideología de la pedagogía y determina un proceso de enseñanza tradicional.

Dentro del “aulamuerta” lo deseable es el ambiente de las tumbas, niños quietos, bien sentados y en silencio. Excepto en alguna ocasión puntual no se espera que el niño exprese opiniones, preguntas o deseos, sino que, pasivamente, escuche, asimile, reproduzca o trabaje en solitario y sin hablar con los demás.

Toda la comunicación queda reducida a la transmisión vertical o la concentración individual. Esto, adicionalmente, es especialmente dañino para el niño que precisa hablar y moverse para sentirse cómodo y sin estrés, siendo penalizado cualquier comportamiento divergente del deseado. El hacer, el construir y el cooperar son hechos mínimos, y el movimiento está pautado en horarios restrictivos. Incluso en las salidas de clase o los traslados dentro del centro se puede llegar a exigir absoluto silencio y caminar de manera ordenada en filas de a uno.

El profesor sigue teniendo un lugar destacado, de autoridad y superioridad sobre los alumnos. Aunque la tarima cada vez está en mayor desuso pese a algunos conservadores que la añoran, la mesa del maestro sigue teniendo características que la dotan de una diferencia en calidad, tamaño que marca su superioridad en la jerarquía de la comunidad de aprendizaje que es el aula. La enseñanza es vertical y unidireccional, del emisor (el maestro) a los receptores pasivos (los alumnos).

Los niños y adolescentes se sientan en mesas de inferior categoría en calidad y tamaño, separadas y en filas que miran hacia la fuente del saber.  La disposición del aula prima la atención directa hacia el maestro y dificulta cualquier contacto entre los alumnos excepto en momentos especiales. La colaboración, la comunicación horizontal y la cooperación se expulsan del diseño y disposición del mobiliario.

La personalización también es inexistente. Todo el alumnado deber estar en sitios equivalentes y, además, recibirán los mismos contenidos uniformes y serán evaluados, excepto casos excepcionales, de la misma manera estandar. El propio conocimiento que van a adquirir está externamente decidido previamente por otros y hasta trasciende a la labor del educador, pues viene en un curriculum obligatorio y hasta ya en su soporte fijo: libros de texto y de tareas.

El contacto con la realidad natural y social es casi inexistente, el mundo no existe y todo parece tener un sentido propio en el mundo alternativo de aulas y libros.La doma del impulso natural de comunicación y movimiento que alienta al niño y lo hace feliz y niño se considera peligroso y es penalizado. El niño es oprimido y controlado.

La disposición del aulamuerta quiere niños sumisos que obedezcan sin rechistar y todo lo que vaya a hacer o aprender está fijado y bajo la continua vigilancia del maestro que, en vez de ser guia y ayudante de la construcción del aprendizaje, temina siendo el guardían de la obediencia del grupo. Apenas hay posibilidad de expresar las propias inquietudes o intereses, todo ha quedado ya previamente fijado, planificado, marcado en un horario y en una lista de tareas y contenidos.

No hay libertad alguna. Se desprecia la curiosidad genuina porque no tiene cabida en el plannig escolar.Los educadores deberían darse permiso para observar sus centros, las normas de estos y la propia disposición de sus aulas para dilucidar si transmiten verticalidad, autoritarismo y desposesión del alumno de su deseo de cooperar, comunicarse, participar y elegir lo que desea aprender con sus compañeros.

 

Mireia Long

 

Si quieres saber más:

 

http://www.pedagogiablanca.net/unete/

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