Las claves de las rabietas en Crianza Respetuosa

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Seguramente muchos lectores con hijos de dos años se verán reflejados en esto que os cuento. Voy a contaros cuatro claves sobre las rabietas. Vuestro dulce bebé, en torno a los dos años, comienza a tener rabietas y os sentís desbordados. Ha aprendido a decir no y se niega a cosas en las que no hay negociación ni es posible evitarlas: ponerse el cinturón del coche, abrigarse, comer lo que habéis preparado, ir al baño o acostarse cuando es preciso. Además se pone a llorar y gritar con disgustos que no comprendéis, a veces simplemente porque no habéis cortado el filete como quería.

Papás y mamás amorosas y decididas a no usar gritos ni azotes se ven sin herramientas para gestionar estas situaciones y se preguntan si estarán criando un niño sin límites que va a perderles el respeto. Están agotados. No entienden que sucede, porqué su hijo se empeña en no obedecer. Y pierden los nervios ellos mismos para luego sentirse culpables.

Primero yo les pediría que valoren muy bien si aquellas cosas en las que esperan obediencia son realmente indispensables en ese momento. A veces los adultos nos dejamos llevar por costumbres o rutinas que realmente al niño no le aportan nada. Nos obsesionaos con que coman de todo, a la hora de la comida, sentados y sin dejar nada en el plato. Nos empeñamos en que recojan sus juguetes solitos siendo pequeños, tengan paciencia en aburridísimas situaciones o se adapten a nuestro ritmo que no es el suyo. Hay maneras en las que podemos minimizarlas, pero incluso si hacemos bien esas tareas las rabietas van a producirse. Pero ¿qué son realmente las rabietas?

¿Qué es una rabieta?

Los niños son pura emoción. No debemos nunca olvidar que ellos no tienen un cerebro capaz del razonamiento adulto y que, además, no tienen la misma experiencia que nosotros para manejar las frustraciones.

Cuando eran bebés se comunicaban mediante el llanto. Ahora, a pesar de estar aprendiendo a hablar y comunicarse con nosotros de ese modo, cuando se ven envueltos en una emoción intensa, desasosegante o están agotados, sigue apareciendo el llanto como forma de comunicación.

En esta fase, además, están descubriéndose como un ser humano independiente capaz de tener su propia voluntad y ese ejercicio, que ensayan, les lleva a oponerse a algunas instrucciones sin que comprendamos ni nosotros ni ellos la razón. Aunque a veces si haya una razón cuando les pedimos algo que desorganiza sus necesidades básicas, en ocasiones sencillamente estar agotados, emocionalmente desbordados o con hambre o sueño, hará que pierdan el control. ¿Acaso no nos sucede a nosotros que somos experimentados adultos a veces también?

Las rabietas son una expresión de que son niños sanos psicológicamente y que están teniendo un desarrollo normal. Si las vemos así seguro que nos será más fácil no desorientarnos ni perder los nervios.

¿Hay que calmar una rabieta?

Pues depende. Si entendemos calmar una rabieta con reprimirla, prohibir al niño llorar, enfurecernos o negarle el derecho a expresarse, no, no debemos calmarla. Pero si entendemos que calmar una rabieta es acompañar al niño sin juzgarlo, sin enfadarnos, sin apartarnos abandonándolo, si, hay que calmarla, pero nunca con el objetivo de pararla, sino de que el pequeño se sienta arropado, querido y escuchado.

¿Es malo tener una rabieta?

Las emociones no son buenas ni malas, son, simplemente. Hay emociones que no son agradables: rabia, pena, frustración, ira, miedo, agotamiento. No debemos juzgar, ya que ellos tienen derecho a sentir y a expresar. Reprimir la emoción para no ser rechazados por nuestros padres puede provocar que el niño se sienta desvalido, incomprendido o piense que es malo. Y eso no es cierto. Las rabietas son normales.

Las rabietas a veces hacen que los niños se expresen de forma dañina o peligrosa para ellos, nosotros u otras personas, y solo en ese caso hay que intervenir con firmeza y tranquilidad, ayudándoles, poco a poco, a encontrar la expresión no violenta de su agresividad o rabia.

¿Qué hacer ante una rabieta?

Si la “crisis” está sucediendo es importante que sepamos tener una actitud correcta y que estemos tranquilos sobre lo que hay que hacer con la rabieta. No hay que realizar una gestión de control, ni tampoco una negación o rechazo del niño.

Hay niños que aceptarán nuestros abrazo contenedor pero otros preferirán que no los toquemos pues pueden sentir que eso les impide expresarse. Podemos siempre ponernos cerca de ellos, agachados a su altura, hablarles suavemente ofreciéndoles nuestro consuelo y ayudándoles a identificar y nombrar la emoción que sienten.

Sin embargo, cuando nuestro hijo expresa que está sufriendo, tendremos sencillamente que ponernos en su piel y tratarlos como a cualquier ser humano, ofreciendo consuelo y cariño sin juicios, lo que nosotros mismos desearíamos. Evitemos el “no pasa nada”, el “te pones muy feo cuando lloras”, el “pareces un bebé” y desde luego los “si no dejas de llorar esa señora va a pensar que eres idiota” o el terrorífico “mamá no te va a querer”.

Apartarnos del niño hasta que se le pase, dejándolo revolcándose en el suelo, es un error que transmite desprecio hacia él y que, en el fondo, no es más que una lucha de poder que queremos ganar a toda costa. Criar no es una batalla ni los niños quieren manipularnos, dominarnos o hacernos sus esclavos. Los niños quieren nuestro amor y contención y necesitan que seamos pacientes y respetuosos con ellos para crecer equilibrados.

Las rabietas de los niños pueden removernos muchísimo. Las emociones que sentimos son muy intensas y, quizá por eso, cometemos el error de querer reprimirlas y que cesen lo antes posible. El niño que llevamos dentro recupera el control y siente, a través de nuestro hijo, que él sufrió, y eso nos descompensa.

Luego además, tenemos demasiado presente el que otros vayan a juzgarnos mal, pero, si lo pensamos bien, la opinión que de verdad debería importarnos más que la de nadie es la de nuestro hijito y él lo que necesita es que lo acompañemos en este proceso. Y lo que piensen los demás, en el fondo, ¿de verdad nos importa algo si nuestro hijo se siente seguro de nuestro amor y respeto?

Espero que estas cuatro claves sobre las rabietas os ayuden a entenderlas mejor y a entender que son una expresión sana y normal de las emociones de los niños, acompañándolas con la empatía que nuestros hijos merecen.

Mireia Long

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