Los errores de la escuela con los niños de altas capacidades

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¿Cuáles son los mayores errores del sistema escolar en la educación de los niños AACC? La respuesta es compleja y seguramente retomaremos los aspectos pedagógicos más adelante, pero hoy creo que es importante dar respuesta a esta cuestión, pensando en aquellas familias que van a escolarizar por primera vez a sus hijos. Estos son, en mi opinión, los mayores defectos que una escuela puede tener para acoger a un niño de altas capacidades:

1.- Normalización: enseñarles que destacar es incorrecto, mejor que parezcan normales.
2.- Estandarizar: enseñarles a que deben estar en el nivel de la clase y no valorar sus conocimientos especiales.
3.- Inhibirse: enseñarles que no se intervendrá en el acoso de baja intensidad.
4.- Aprendizaje memorístico: puntuar a los niños por la capacidad de vomitar contenidos exactos del libro de texto.
5.- Repetición: confundir aprendizaje con repetición de ejercicios.
6.- Buena letra: imponer el escribir con “buena letra” como criterio de buen aprendizaje.

Para un niño AACC el aprendizaje es pasión. Lo que hay que hacer es permitirle investigar en sus áreas de interés y profundizar todo cuando quiera, evitando contenidos memorísticos, repetitivos y generalmente, permitiendo la expresión en canales múltiples, no la escritura manual con criterios de buena letra. Nunca repetir, nunca memorizar, nunca copiar.


Un aula debe ser un lugar diverso donde se transmita, además, que se abraza y aprecia la diferencia. El niño AACC dispone de herramientas, conocimientos y habilidades que su profesor debe potenciar y animar a usar, todo lo contrario de obligar a hacer lo que todos y encima ocultar o bajar la riqueza de sus aportaciones para que no desentone. Y por supuesto, valorar sus emociones, cuidarlos de cualquier agresión, interviniendo, fomentando lazos por comunidad pero no promoviendo que el niño se integre en lo que todos hacen. Y desde luego, evitando el acoso.


En realidad, debo añadir, que esto es lo que necesitan TODOS los niños y es el objetivo de la Pedagogía Blanca.


Pero además de todo esto, cuando hablamos de niños de Altas Capacidades no deberíamos pensar únicamente en su potencial intelectual o cognitivo. Más allá de eso se abre el mundo de las emociones y la sensibilidad, un aspecto adicional que frecuentemente, se ignora.


Los niños de Altas Capacidades suelen tener una vida emocional de enorme intensidad. Puede resultar para ellos, enormemente destructivo verse presionados, forzados a demostrar excelentes resultados, añadir crítica a su ya de por si alta exigencia, no comprender sus problemas para enfrentarse a las frustraciones y, especialmente, burlarnos de la intensidad de sus sentimientos y de la delicada sensibilidad que les hace sufrir ante estímulos físicos intensos o situaciones agresivas.


Nos puede asombrar su empatía, que les hace sufrir, ante los actos malvados o violentos, sus preocupaciones metafísicas a muy temprana edad y el apego que sienten hacia las personas, la manera en la que se vinculan, pero también la resistencia a olvidar una ofensa o un desprecio.


Parece contraproducente pero los niños de Altas Capacidades pueden desarrollar una baja autoestima muy relacionada con el ambiente escolar si se valora únicamente la rapidez en tareas repetitivas, fichas o psicomotricidad fina. Tienden a tener una alta exigencia y, si algo no les sale bien o no están motivados, nos podemos encontrar con que pierden la confianza, especialmente si no se valoran sus otras capacidades.


Los castigos, la imposición de normas que les parecen injustas, el aburrimiento, la agresividad mal gestionada en el aula o el patio, las “caritas tristes”, pueden desembocar en crisis, ansiedad o desmotivación, poniendo las bases de reacciones que se confunden con la hiperactividad o conductas desafiantes.


Cuando escolaricemos a un niño de Altas Capacidades es indispensable que tengamos muy en cuenta el modelo de trato y la orientación de la escuela, hablar con su maestro para poder evitar que, en vez de sentirse estimulado con la oportunidad de crecer en un ambiente de aprendizaje feliz, se vea frustrado y sufra. Depende de nosotros, los padres, y de sus educadores, que esto no suceda.

Mireia Long


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