Los niños y la felicidad

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Leí hace unas semanas un artículo bastante terrible acerca de la felicidad y de lo absurdo que es desear tener hijos felices (!). Pues sí, tal cual. El autor, un filósofo navarro, afirmaba que “los padres que quieran hijos felices tendrán adultos esclavos de los demás” y advertía que la sociedad no tratará a los niños por el grado de felicidad que tengan, sino por aquello que sepan hacer. Que la vida es complicada y pretender vivir en nubes rosas es vivir fuera de la realidad y no saber nada sobre la misma.
Me quedé algo pensativa; es la primera vez que leo que tener hijos felices es absurdo. Porque para mí la felicidad significa saber aceptar la vida tal y como es, y es lo que deseo para mis hijos, para mí, y para todo el mundo.
Por supuesto que la vida es complicada, esto lo sabemos todos, la cuestión es saber vivirla sin deprimirnos.
Y precisamente saber gestionar emociones y centrarnos en las que nos ayudan a entender mejor lo que nos ocurre es un factor que nos hace felices.
Varios factores nos pueden ayudar a criar y educar niños felices que llegarán a vivir como adultos felices:
  • respetar a nuestros hijos y a sus decisiones; si consideramos que hay peligro en ello, explicarles con paciencia por qué es mejor cambiar de opinión
  • saber negociar de forma respetuosa con ellos
  • dejarles elegir su propia educación guiándolos de forma apropiada, pero sin obligarles a hacer lo que nosotros queremos, sino ayudarles a obtener aquello que ellos desean
  • poner límites mínimos, pero serios y de sentido común y respetarlos siempre
  • paciencia y disponibilidad de tiempo y de recursos de todo tipo (desde emocionales hasta intelectuales)
  • dejarles jugar mucho, y permitirles descansar
  • ofrecerles y rodearlos de estímulos culturales y, en general, de cosas que consideramos saludables para su mente y su cuerpo
  • ser un modelo adulto para ellos y tener coherencia, honestidad, integridad y mucho cariño
  • acompañarlos en sus exploraciones y descubrimientos sobre la vida y el universo.
Todo esto representa la receta garantizada de criar seres humanos felices, con inteligencia emocional y autoestima sólida, y con muchas habilidades de todo tipo. Porque saber hacer algo para la sociedad significa hacerlo con pasión y vocación y esto es imposible si el niño no ha sido feliz en su infancia y el adulto que ha resultado es un frustrado y tiene el autoestima débil.
Precisamente los niños felices son fuertes, valientes y realistas: saben que la vida no es fácil, pero van aprendiendo a desarrollar sus propios recursos emocionales para sobrellevar las vicisitudes de la vida y la aman tal y como es. Para poder apreciar la vida y a los que nos rodean hace falta ser apreciados, amados y felices en la infancia por los que nos cuidan. No sabemos apreciar lo que no tenemos y no nos han enseñado.

Vivir feliz no significa vivir en la nube y evitar los problemas, sino saber cómo resolver conflictos con sabiduría, paciencia y calma. La sabiduría se adquiere con el tiempo y desarrollando un buen criterio personal. La paciencia y la calma se obtienen a través de la buena gestión de las emociones que, a su vez, se adquiere viviendo en calma, y siendo feliz.

Estoy de acuerdo, no obstante, con su afirmación: “ser adulto, o hacerse adulto, es aprender a querer a los que te rodean a pesar de que estén llenos de faltas.” Pero repito  que jamás aprenderemos a querer a nadie, ni a nosotros mismos, con o sin fallos, si previamente, al nacer nosotros, no hemos sido amados de forma incondicional por nuestros padres. Hay que aprender a amar, en efecto; y los primeros que nos dan esta importante lección son nuestros padres. Es lo único que nos puede hacer felices. Sentirnos amados de forma incondicional, aunque seamos imperfectos y nos equivoquemos muchas veces.
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Por Sorina Oprean
Con la pasión de ayudar a los padres a entender la fuerte y maravillosa conexión que se puede dar entre ellos y sus hijos cuando se implican a fondo en su educación, Sorina colabora con el equipo de Pedagogía Blanca para hacer el cambio hacia unas generaciones de niños y padres sanos y felices. Ha sido madre homeschooler desde que nacieron sus hijos, durante toda su infancia y adolescencia, y así descubrió su pasión por ayudar y aconsejar a otros padres o profesores acerca de una educación más respetuosa e implicada. 

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