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No le fastidies la infancia a tus hijos. Deja de gritar

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Todos los padres y madres deseamos que la infancia de nuestros hijos sea un tiempo de felicidad y a la vez de preparación para su vida futura, pero, a veces, sin darnos cuenta, les fastidiamos la niñez dejándonos llevar por ilusiorias prioridades que nos alejan de la presencia consciente que ellos precisan para crecer seguros y con alegría.

Os quiero dar hoy 3 consejos para no fastidiarles la infancia y dejarles sentir lo importantísmos que son para nosotros a la vez que les damos herramientas, conocimientos y habilidades para desarrollarse plenamente.

 

No les grites

Asi de claro, deja de gritarles a tus hijos igual que no le gritas a tu pareja, tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus familiares o los incómodos vecinos que hacen más ruido del necesario a horas intempestivas. Se educado. Comunicate en los conflictos con empatía, escucha activa, paciencia y respeto.

No voy a negarte el que seas humano y a veces te veas desbordado, tengas berrinches, te superen las circunstancias o los niños te hagan exasperarte por no hacer caso en momentos realmente importantes. No voy a negarte que, en ocasiones, un grito hará que te obedezcan. Pero gritar es agresivo, les asusta y peor aún, les acostumbra a asimilar que los problemas se solucionan gritando y que el más fuerte tiene más razón. Y si les gritas en alguna ocasión, pídeles perdón.

Busca estrategias de autocontrol, reflexiona, organiza tu vida de manera que sea más sencillo atenderles sin estar al borde del ataque de nervios. Pero sobre todo, respetales como respetas a otras personas. Toma esa decisión.

Déjales jugar libres

El juego es indispensable para el desarrollo mental, emocional, cognitivo y físico de los niños. Es su alimento y la forma en la que aprenden del mundo en todos los aspectos. Jugar es un tema muy serio y los niños necesitan espacios y tiempos suficientes para jugar todo lo que necesiten. Nada hay más importante para ellos.

No permitas que tus compromisos o los mandatos escolares se impongan a la necesidad primordial de los niños que es jugar. Conviértete en el garante de la posibilidad de juego. Ocúpate activamente de que tus hijos tengan tiempo libre y puedan tener amigos, juguetes y espacio libre para desarrollar esta importante actividad. No les interrumpas si no es realmente indispensable, no les des instucciones todo el rato, acompáñalos si te lo piden pero sin dar órdenes ni corregirles.

Haz de ellos tu prioridad de verdad

Para vosotros seguro que vuestra prioridad son vuestros hijos pero ¿lo saben ellos?, ¿lo sienten?

Sin duda hay obligaciones que tenéis que cumplir pero,  seguro que en muchas ocasiones que estáis con vuestros hijos no les transmitís lo importantísimos que son para vosotros. No con palabras, y menos todavía con reproches y quejas, sino con actos. Hechos son amores, no buenas intenciones. Apaga el teléfono o deja de atender llamadas sin importancia cuando estés con ellos. No estés enganchado en el teléfono o el ordenador cuando ellos están a tu lado, pues les estás transmitiendo que lo otro te importa más. Deja de mirar la tele y juega con tu hijo si te lo pide.

No le digas que no te interrumpa continuamente, escúchalo, para el niño lo que tiene que decirte a ti, la persona que más ama en el mundo, puede ser de gran importancia. Tampcoo es que lo conviertas en un maleducado que exige poder imponerse en cualquier momento hagas lo que hagas, pero, si se acostumbra a que tu estás disponible de verdad, comprenderá que puede esperar también.

Si tu hijo quiere jugar contigo o hablarte planteate si de verdad, de verdad, lo que estás haciendo no puede esperar, si esa llamada de charla con una amiga es indispensable mantenerla mientras lo bañas o en mitad del cuento que estas leyendo. Dedicale tu tiempo y tu atención plena. Que sienta que lo amas.

Para que tu hijo tenga una infancia realmente feliz recuerda que necesita jugar, que necesita poder contar contigo y que no te debe temer, sino confiar en ti para poder confiar en si mismo, porque te importa más que nada en el mundo.

Mireia Long

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