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Poyoya

Este fin de semana, he pasado un día entero con Mar Romera, hablando de educación emocional y de sistema educativo, en Madrid, junto a cientos de personas interesadas en escuchar y, algunas, en actuar.

Entre otras muchas cosas de las que habló, y son muchas porque habla muy rápido, nombró algo a lo que yo no ponía nombre porque lo desconocía, pero que sí identificaba: los poyoya.

Y, como por mi familia paterna soy “der zú”, lo traduje enseguida: los “pues yo ya…”.

Qué curioso!!! No sabía que se trataba de un síndrome. Se llama síndrome Dunning Kruger.

Y más curioso aún es que, cuando he comenzado a leer sobre él, en algunas descripciones sobre este síndrome comienzan con “La relación entre la estupidez y la vanidad…” y continúa hablando de que “las personas que no tienen mucho nivel cultural o intelectual tienden, sistemáticamente, a pensar que saben más de lo que saben y que son más inteligentes de lo que son”.

La cosa es que, últimamente, algunos profesores problemáticos que voy conociendo se sienten los más inteligentes y que saben más que nadie. Y, lo grave es que, además, se sienten por encima de los padres y las madres para dar consejos sobre crianza.

Y, digo yo, esas personas que, se supone que han estudiado años, que si les preocupa mejorar en su profesión se van reciclando (aunque esto es ilusorio, claro) y que, en teoría tienen práctica para ejercer y resolver conflictos si llevan años de profesión, exigen a las familias TODA la responsabilidad sobre la actitud y aptitud de sus hijos.

Creo que estamos topándonos con la ley del mínimo esfuerzo.

Pues no, señoras y señores. Lo que venga de casa a nuestras clases, viene. Pero es nuestra obligación conocer las situaciones de nuestro alumnado y hacer lo mejor que sepamos y podamos por aportar a sus vidas que, además de recordarnos cuando sean adultos con cariño, nos AMEN por lo que hicimos por ellos y por sus familias, en la medida que pudimos.

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