La pesadilla de las cifras de acoso escolar

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Desgraciadamente el acoso escolar salta a los medios cada vez que se produce un caso extremo o dramático con resultado de muerte, pero mientras tanto, permanece invisibilizado. Pero, ¿cuál es la extensión real de este fenómeno de violencia?

El trabajo más completo en este sentido es el Informe Cisneros, que, pese a haber sido criticado por su metodología, intereses manifiestos o por no considerarse acoso muchos de los fenómenos que dicho informe calificaba como tales, la negación del problema creemos que solo sirve para su perpetuación.

El Informe Cisneros (2006)  indica que es en los primeros años de Primaria cuando las cifras de acoso escolar son mayores, llegando al 40% de los alumnos como víctimas en sentido amplio, pues se incluyen las burlas, el aislamiento y los motes despectivos, no solo, no nos equivoquemos, las palizas o humillaciones organizadas en grupo, que son los casos más graves, pero no los únicos que se consideran acoso.

Este estudio revela que un 23,2% de los niños españoles vive el acoso escolar a diario en cifras generales.

Además, un 53,7% de las víctimas de acoso escolar presenta síntomas de estrés postraumático, el 54,8% sufre depresión, el 53% tiene una imagen negativa de sí mismo.

Añade que también, la modalidad más frecuente de bullying es la que se refiere al bloqueo social (marginación, aislamiento), presente en el 30% de los casos. Le siguen el hostigamiento (21%), la manipulación (20%) y la coacción (17%), la exclusión social (16%), intimidación (14%), agresiones (13%) y amenazas (9%) completan la tabla.

La cuestión, por si misma, ya es terrorífica. Pero creo que es especialmente peligrosa la minimización de las conductas violentas en las aulas, pues, consentirlas en forma leve, simplemente enquista la situación, haciéndola permisible. Considerar “cosas de niños” las agresiones verbales, emocionales o fisicas, de no ser que lleguen a más, evita que el agredido tome conciencia de que tiene recursos propios y puede ademas, pedir ayuda a los adultos responsables de su cuidado en la escuela, sino que ofrece un apoyo implícito a los agresores, algunos de los cuales aumentarán la intensidad de estas agresiones y las convertirán en verdadero acoso sistemático.

Quizá el mayor problema que supone el acoso escolar es la dificultad para detectarlo. Los adultos que rodean a la víctima pueden no darse cuenta o minimizarlo.

Y es que la violencia escolar no es solamente el que el niño reciba agresiones físicas por parte de uno o varios compañeros y que estas dejen signos evidentes. Normalmente esto, que puede o no llegar a suceder, es la culminación de un proceso de victimización muy complejo.

Comienza con agresiones e intimidaciones que el agredido deja sin una respuesta adecuada y que hacen que los agresores aumenten la intensidad del acoso. Puede comenzar con insultos, motes dañinos, hablar mal del niño y volver a otros compañeros en su contra sembrando rumores malintencionados sobre él.

Además, las amenazas para lograr que el niño haga algo que no desea, quitarle un objeto, o la misma merienda y hasta pedirle dinero son otras de las manifestaciones del acoso escolar. El objetivo es hacerle sentir miedo a las agresiones, a las burlas, a que se cuente algo negativo sobre él.

También, el acoso escolar, se puede manifestar con agresión física: darle collejas o ponerle la zancadilla, empujarle o robarle, esconderle o quitarle sus pertenencias.

La forma más sutil, pero igualmente daniña, de la violencia escolar, es el aislamiento. A la víctima no se le deja participar en juegos o en actividades sociales conjuntas, se le aisla, no se le habla y se le ignora activamente. Lo tratan como un apestado y eso hace que, incluso los que no participaban activamente en el acoso, también se alejen de él, por mantenerse en el grupo, por contagio o por temer ser ellos mismos víctimas.

Hay manifestaciones del acoso escolar que tienen tintes racistas y sexistas como son los motes o comentarios despectivos sobre la minoría étnica o cultural a la que pertenzca la víctima y, en el caso de niñas especialmente, realizar acciones de contenido sexual que las incomoden (como levantarles la falda, decirles groserías o colarse a mirarlas en el baño o cuando se cambian en el vestuario).

La cuestión es que las situaciones de acoso hay que identificarlas desde su origen para minimizar los casos finales, y eso solo es posible dotando al centro y a los educadores de recursos para hacerlo y dejar de negar el problema hasta que no nos explota en la cara.

Mireia Long

Los maestros ante el acoso escolar

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Un problema real que a los maestros les puede costar detectar y reconocer es que en su aula se está produciendo un caso de acoso escolar. Si bien en Primaria el contacto con los alumnos es mayor, en Secundaria la detección es más complicada pero igualmente serán los profesores y especialmente el tutor quien debería alertarse de lo que sucede para poder acudir a los orientadores inmediatamente.

Cuanto más tardemos en ver los síntomas y menos dispuestos estemos a señalar que la violencia, de cualquier tipo, es inadmisible y la reconozcamos como tal, más posibilidades habrá de que se convierta en algo habitual y nos encontremos con víctimas de bullying y con una clase que asiste a esas actuaciones y las normaliza.

Los propios maestros pueden llegar a convertirse en un mal ejemplo si se burlan de los alumnos, los humillan aunque piensen que es solo una broma, o los tratan con gritos o les dirigen palabras negativas. También pueden hacerlo si, en alguna ocasión, se permiten expresar opiniones discriminatorias. Quizá esto no os haya sucedido nunca o no conozcáis a nadie que lo hace, pues, por supuesto, no es lo habitual, pero sucede, desgraciadamente sucede y si preguntamos a los niños, sin prejuicios, sobre como se sienten con algunos tratos recibidos durante los años de su escolarización por parte de adultos del centro y nos quitamos la venda de los ojos, podremos asumir que no es un hecho imposible.

Para detectar el acoso una de las herramientas más poderosas es la observación del grupo y sus dinámicas.  Nunca debe permitir que se burlen de un compañero en la clase y, si presencia cualquier insulto o agresión, pararlo inmediatamente, no minimizarlo, y acudir a la dirección del centro si es necesario. No son cosas de niños.

Los niños tienen que saber que van a ser escuchados y defendidos por la autoridad, como cualquier adulto puede acudir también a instituciones si es agredido de algún modo. No hay diferencias, pero ellos están más indefensos, y además, el proceso de victimización puede convertirlos en personas vulnerables a largo plazo, con consecuencias terribles. Tenemos que creerlos, nunca decirles que se defiendan o que no es para tanto.

Y deberíamos realizar en clase debates y dinámicas de grupo que favorezcan las relaciones cordiales del grupo, la confianza en ellos mismos y la seguridad de que van a poder contarlo y ser atendidos. Uno de los mayores problemas que relatan las familias es que los colegios no actúan rápida y contundentemente cuando sus hijos se lo explican y acuden pidiendo soluciones.

No hay que esperar ni hay que dejar que un niño acosado siga pasando ni un día más por esas situaciones, hay que ser rápidos y, si es necesario, separar al agresor lo antes posible de su víctima. Pero sobre todo hay que favorecer que los niños hablen, pues muchos callan durante demasiado tiempo pensando que nadie les va a escuchar, creer o ayudar.

También su papel es evitar acciones que provoquen competitividad o señalar públicamente la falta de aseo, aplicación, mal rendimiento o las calificaciones dadas. Los mensajes a los alumnos deben ser positivos, de reforzamiento, alabanza o consuelo, ayudándoles a superarse pero nunca poniéndolos en evidencia. Y por supuesto debe ser muy cuidadoso tratándolos por igual, que no haya ninguna preferencia o se distinga a alguno como el mejor o el peor.

Cuando el maestro observa a los niños puede darse cuenta de si hay alguno en evidente aislamiento o si se apartan de él y recibe comentarios o cuchicheos. Además, el propio niño nos va a mostrar, aunque no lo cuente, que está bajo tensión, sus calificaciones pueden bajar y su actitud ser triste y huidiza. Habrá niños más populares o que disfruten más de los grupos grandes y otros que tengan menos amigos o jueguen menos en grupos, pero el aislamiento y los gestos de desprecio se notan, y mucho.

Sería indispensable que, de todos modos, los centros no dejaran este peso sobre los hombros de los maestros individualmente, sino que existan instrucciones, protocolos y medidas de formación y concienciación a todos los niveles, para que maestros y niños sepan reconocer lo intolerable de la violencia escolar en todas sus manifestaciones.

Mireia Long

Qué es acoso escolar.

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Algunos niños sufren mucho antes de contar lo que les sucede por que no saben si lo que les está sucediendo es acoso escolar, es algo que ellos están provocando, es normal… No siempre es fácil para un niño o un adolescente distinguir qué es maltrato y acoso.
Estas actuaciones son acoso:
  • Insultar
  • Humillar
  • Burlarse
  • Ridiculizar
  • Obligar a hacer algo que no se desea
  • Tocar el cuerpo de alguien sin su permiso
  • Golpear
  • Negar ayuda
  • Hacer el vacío
  • Crear rumores en torno a alguien
Si algún niño o adolescente recibe alguno de estos tratos necesita ayuda y apoyo.
Entre todos vamos a frenar el acoso escolar.
Azucena Caballero