Queridos profesores: ¿Entendéis la diferencia entre Esfuerzo y sufrimiento?

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Queridos profesores,

¿Entendéis la diferencia entre esfuerzo y sufrimiento?
Es una pregunta retórica, ya sé que la gran mayoría la tenéis clara y deseáis que vuestros alumnos se esfuercen para dar lo mejor de sí mismos y para desarrollar sus capacidades y talentos, pero cómo por desgracia algunos (remarco lo de algunos) se creen que “la letra con sangre entra” y que si no sufres y lo pasas mal es que no te esfuerzas he creído oportuno hacer la pregunta.

La verdad es que para no herir susceptibilidades debería empezar estas cartas con un “queridos profesores rancios” así sería más fácil que quienes no sois rancios no
os deis por aludidos, pero a saber, lo mismo es hasta peor y seríais capaces de creer que es que llamo rancios a todos. Yo a estas alturas de la película ya me espero cualquier cosa. De hecho algunos no sé como pueden enseñar algo a alguien a tenor de su estrechez mental y su falta de comprensión lectora y de la vida en general, pero como sigo confiando en que la mayoría sois personas estupendas y sensibles, aquí sigo, sin tirar la toalla, confiando en conectar con algunos de vosotros. De hecho me consta que muchos conectáis con lo que digo. Y sinceramente, el machaque que me hacen en redes los que no, me ayudan a tener claro la falta que hace que sigamos diciendo lo que pensamos aquellos que deseamos ver un cambio real en el sistema educativo. Cuantos más participemos en el diálogo social sobre qué educación deseamos: mejor. A ver si se acaba ya el monopolio rancio del sistema de la mano de unos cuantos, por desgracia los más carcas.

Bueno, voy al lío, que me pierdo.

Según el diccionario de la RAE estas son las definiciones para esfuerzo y para sufrimiento:

Esfuerzo:

De esforzar.

  1. m. Empleo enérgico de la fuerza física contra algún impulso o resistencia.
  1. m. Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para co
    nseguir algo venciendo dificultades.
  1. m. Ánimo, vigor, brío, valor.
  1. m. Empleo de elementos costosos en la consecución de algún fin.
  1. m. desus. auxilio (‖ ayuda, socorro).

Sufrimiento:

  1. m. Padecimiento, dolor, pena.
  2. m. Paciencia, conformidad, tolerancia con que se sufre algo.

A tenor de las definiciones que da la Academia de la Lengua es más que evidente que son dos conceptos que no necesariamente deben ir juntos.

Y ahora es cuando viene la sorpresa para algunos:

Puedes esforzarte mucho, dar lo mejor de ti, y hacerlo disfrutando, motivado, con ganas.

¿Qué? ¿Se ha desmayado alguno en la sala?

Así que no entiendo esa cultura del esfuerzo sufriente.

¿Cómo creéis que se sacan mejores resultados? ¿Sufriendo, maldiciendo eso que te obligan a hacer y deseando que pase el tiempo y el “trámite” obligado para poder empezar a hacer las cosas que te encantan? ¿Ó quizás disfrutando por que estás motivado, queriendo hacer más y aunque requiere mucho esfuerzo estás deseando sacar adelante ese objetivo? ¿Esfuerzo por obligación o con propósito?
Os aseguro que sé muy bien lo que es el esfuerzo, no solo durante mi larga etapa como estudiante, si no también como trabajadora. Soy autónoma, ahí queda dicho todo, no hay autónomo que no tenga que esforzarse muy duramente a diario para salir adelante, y os aseguro que lo hago motivada y con ganas, deseando sacar adelante mi proyecto cada día. Trabajando mucho, pero sin sufrir. ¿Acaso por eso trabajo menos? No, sencillamente disfruto más.

Y he podido ver lo que es el esfuerzo con propósito en muchos niños y jóvenes, muchos chicos que se esfuerzan por sus objetivos y sus sueños, que dan lo mejor de sí en los deportes, en la música, en escuelas y campeonatos de ajedrez, en mil cosas… Por que la mayoría cuando pueden dar lo mejor de sí sin tener que pasarlo mal forzosamente es en aquello que les encanta, y sí, seguro que hay días que lo pasan hasta mal, pero es algo puntual, no el leitmotiv diario como algunos pretenden que sea la vida académica de los chavales en el instituto.

Chicos que ensayan horas y horas su instrumento para poder acceder a centros de formación superior en los que hay pocas plazas, y necesitan trabajar muy duro para ello, chavales que entrenan horas y horas para dar lo mejor de sí mismos en torneos de tenis, campeonatos de atletismo, concursos de poesía… Pero lo hacen desde la motivación, no desde el asqueamiento, la obligación externa y el castigo. Esa es la diferencia fundamental.

La mayoría de gente que tiene éxito en su vida laboral trabaja mucho, se esfuerza muchísimo, pero no desde el sufrimiento y la apatía, si no desde las ganas, los objetivos personales, el establecimiento de sus propias metas y la motivación interna. Quizás eso es algo que podríamos trabajar más desde los institutos de forma que los chavales sí, se esfuercen, pero por ellos, por sus objetivos y metas, y no por que es obligatorio, y hay que sufrir. Nadie merece sufrir, menos adolescentes que están descubriendo su camino y opciones en la vida. La adolescencia es una etapa de revelaciones, hallazgos y oportunidades, hagamos que sea fructífera y valiosa, nuestros adolescentes lo merecen.

Azucena Caballero

LGTB

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Los adolescentes LGTB sufren situaciones de acoso escolar en mayor medida que otros niños y, en algunos casos, a eso se va a unir la incomprensión y hasta el rechazo de sus familias o de la sociedad. Esto produce un intenso sufrimiento precisamente cuando mayor apoyo y comprensión necesitan ya que en la adolescencia todos nos enfrentamos a la necesidad de conocernos y ser aceptados.

La familia debería ser, sin duda, el primer espacio donde el niño se sintiera aceptado sin juicios y apoyado plenamente, pues, aunque nuestra sociedad cada vez sea menos homofóbica, la realidad del entorno juvenil no lo es. La escuela tiene un papel importantísmo en esta faceta, pues puede cubrir carencias del entorno social y familiar, o puede reforzar el aislamiento y la represión.

Una de las mejores maneras de educar en la aceptación propia y externa de las personas no heterosexuales es ofrecerles a los adolescentes modelos con los que identificarse. Estos modelos deben ser valiosos independientemente de su orientación sexual, reforzando la idea de que la orientación no define a la persona, huyendo de estereotipos, y también, a la vez, ser modelos que permitan a los adolescentes LGTB idenficarse con personajes históricos o imaginarios que manifiesten claramente una orientación no heterosexual.

Hay muchos personajes que han servido para normalizar y visibilizar a las personas homosexuales y bisexuales y hoy quiero hablaros de ellos, pues, de manera transversal, su presentación puede servir para que los adolescentes se sientan cómodos y puedan expresarse sin temores.

Personalmente adoro al Capitan Jack Harkness y también al actor que lo representa, John Barrowman. Jack es bisexual, o mejor, dicho, pansexual (le gustan también los extraterrestres atractivos), abiertamente seductor, guapo, simpatico y sobre todo, es un héroe clásico. Sin estereotipos sobre lo que se suele presentar como un personaje no heterosexual, abierto en sus relaciones y muy consciente de su atractivo y masculinidad y sobre todo, un ser humano excepcional con el que cualquiera puede identificarse. Un héroe LGTB.

En las series icónicas donde lo encontramos, Doctor Who y Torchwood no es el único personaje, además, que no es heterosexual. La doctora River Song, mujer madura, muy agresiva sexualmente, casada con un Doctor de apariencia juvenil, deja clara su bisexualidad en varias ocasiones. También tenemos a Madame Vastra y Jeny, dos hembras casadas (y digo hembras porque una de ellas no es humana sino reptiliana). La sexualidad de los personajes no les define, es simplemente un aspecto más de su vida perfectamente normal y así se muestra, sin determinarlos ni limitarlos, que es lo que debemos ayudar a que todos los niños entiendan.

¿Nos contáis que otros personajes históricos y literarios podemos proponer como modelos de normalización para los adolescentes sobre la vida y la orientación sexual no heterosexual?

Mireia Long

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Adolescencia: cuando tu hijo siente “vacio existencial”

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El vacío existencial es esa sensación de que tu vida no tiene sentido, no va a ningún sitio, y no ves salida ni camino que seguir. Es un sentimiento de frustración y confusión que ataca a adultos, pero que también ataca a muchos adolescentes que no sienten motivación en lo que hacen, no se sienten dueños de su futuro, ni siquiera ven uno.

Este sentimiento de que la vida no tiene sentido crea angustia y ansiedad, y muchos jóvenes buscan formas de suplir este vacío que en ocasiones pueden ser artificiales, perjudiciales y dañinas (adicciones de todo tipo, a las compras, ropa de cierto tipo, drogas, alcohol, búsquedas de compañías inadecuadas que les den sentido a su existencia, sectas, grupos de ideologías radicales, pasión por el riesgo, etc).

Lo peor es que los padres y educadores no siempre lo detectamos y no siempre podemos ayudar. Muchos de los adolescentes que se sienten así son niños aparentemente sanos, con una actividad social y familiar cordial y que supuestamente están bien. Y muchas veces los síntomas nos da la sensación de que solo son una fase. Y en principio lo puede ser, no tener ganas de hacer nada, no querer estudiar, tener cambios de humor, vivir para salir y divertirse exclusivamente… Pero hay que observar, porque puede no ser una fase, puede ser algo más profundo, y  el adolescente que entra en una espiral de vacío, vida carente de sentido, desesperanza frente al futuro y frustración personal constante, necesita ayuda.

[Tweet “Nuestra confianza y nuestro respeto hacia sus decisiones es importante para nuestros hijos.”]

¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestros adolescentes si detectamos que su desidia, falta de motivación, etc, es algo más que una fase?

  • Observar, hablar mucho con él o ella, e intentar descubrir la causa de ese vacío.
  • Si vemos que es algo que perdura, que no sabemos como ayudar, que no logramos detectar a qué se debe, etc, no perdamos el tiempo y busquemos ayuda profesional.
  • Intentemos hacer autocrítica. ¿Hay algo que estemos haciendo nosotros que no ayude y que podríamos modificar?
  • Hagamos que nuestro hijo sepa lo valioso e importante que es para nosotros.
  • Mostremos que nosotros sí vivimos una vida llena de significado, el ejemplo es importante para que ellos entiendan que si nosotros lo hemos logrado, ellos también pueden.
  • Apoyemos sus iniciativas y sueños, no juzguemos y acompañemos más. Ellos han de vivir su vida no la nuestra. Se puede tener una vida igual de digna dedicándose al Surf como a la ingeniería.
  • Recordemos que nuestra confianza y nuestro respeto hacia sus decisiones es importante para nuestros hijos. Si lo que nuestro hijo decide no daña a nadie, incluyéndole a él, animémosle, es él quien ha de encontrar un sentido a su vida, nosotros ya tenemos la nuestra.
  • Amemos incondicionalmente a nuestros hijos y asegurémonos de que ellos lo saben.

Azucena Caballero

Adolescencia: un momento de cambio y una oportunidad

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La adolescencia más que una etapa de crisis deberíamos entenderla como el momento en el que el individuo se prepara para poder llevar una vida adulta independiente de su familia de origen. El cerebro adolescente es enormemente plástico y hace que esté especialmente preparado para aprender, cambiar y adaptarse a nuevas situaciones. El cerebro de los adolescentes está, por tanto, naturalmente dispuesto a asumir riesgos, cambiar estructuras de comportamiento, elegir su propio camino y tomar decisiones por él mismo. Es su trabajo.

Sin embargo, aunque en otras culturas la pubertad se consideraba una época de grandes cambios físicos y emocionales no era vivida con temor o como un momentoo de posibles enfrentamientos con los padres o una situación en la que del joven no se esperara que creciera para ser un adulto socialmente integrado. Precisamente era eso, el momento del cambio y la integración en la vida adulta como un individuo capaz y autosuficiente.

El cerebro adolescente busca especializarse, refinarse y perfeccionar sus funciones adaptándose al ambiente. Sin duda destacan las emociones como motores de cambio, desencadenando búsqueda de novedades, retos, cuestionamientos de lo establecido, nuevos aprendizajes y búsqueda de aceptación del entorno. Si el joven ha crecido alejado del mundo adulto y rodeado solo de pares de su edad, posiblemente suceda que la aceptación la busque en ellos y se quiera apartar de lo establecido pudiendo desarrollar comportamientos disruptivos o peligrosos.

Pero si hemos cimentado una comunicación no autoritaria con ellos, dejándoles descubrir quienes son, lo que aman, lo que desean hacer, la transición será como debe ser, armónica y equilibrada. Si han crecido con la sensación de no ser escuchados, de ser minimizados, de nunca recibir reconocimiento por sus propios y personales caminos de vida, necesitarán alejarse y romper con el pasado, encerrándose en los pares, con el riesgo de no recibir modelos adultos variados con los que identificarse.

Mireia Long

Estrategias que cimentan la autoestima de los adolescentes

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El que un adolescente tenga una buena autoestima va a ayudarle mucho estos años de cambios y retos vitales. Por supuesto, la autoestima se va a cimentar en gran medida en la educación respetuosa que le hayamos dado en la infancia pero también ahora nos necesitan ya que van a tomar las riendas de su destino, tomar sus decisiones, cometer sus errores, elegir nuevas relaciones y prepararse para lo que será su próxima vida como adultos independientes. Os cuento alguna estrategias que promueven la autoestima de los adolescentes que estoy segura que os ayudarán.

Respeta su privacidad.  Es básico. Aunque sigamos siendo responsables de su bienestar el adolescente necesita espacios de intimidad en los que no intervengamos,  Sin dejar de estar atentos debemos hacerlo desde el plano que el nos indique que le resulta cómodo siempre que veamos que todo fluye adecuadamente.  No hay que ser invasivos, sino simplemente estar presentes manifestándoles nuestra confianza.

Es importante que conozcamos sus actividades, a sus amigos y sus temas de interés, demostrando sincero interés en ello y explicándoles lo mucho que nos gusta que desarrolle su propia personalidad y gustos. Una cosa es compartir información en una comunicación con confianza y otra muy distinta convertirnos en espias fiscalizadores o exigir información de detalles que quizá prefiera no explicar o que consiere irrelevantes.  La cuestión es que él debe sentir que su vida nos interesa y nos gusta compartir con él experiencias. Por eso la confianza y la atención deberíamos estar trabajándolas desde la infancia, transmitiéndole siempre que nos involucramos en sus experiencias y nos gusta estar presentes.

Valorar lo que haga bien, felicitándolo por sus logros, especialmente aquellos de los que él se sienta más orgulloso, no necesariamente las notas escolares.  Agradecerles lo colaborativos y responsables que son es mucho más motivador que andar criticando los fallos o áreas que creemos que debe mejorar. En el fondo, no olvidemos que pronto decidirá por él mismo y aquello que le transmitamos es lo que creerá de si mismo. Poner especial atención en estar atentos a sus alegrías y metas cumplidas refuerza su autoestima y hace que sepan que aquello que aman nos parece valioso.

Asiste a sus partidos, actuaciones escolares, y acude alegre a las actividades de ocio que puedas compartir con él.  Tómate en serio estar presente en su vida.

Escúchalo cuando quiera contarte alguna preocupación o problema, aconsejándolo si te lo pide pero nunca sermoneando o minusvalorando sus miedos, penas o frustraciones. No los critiques, no lo etiquetes, no hables mal de él con nadie.  Si ha hecho algo incorecto o ha cometido un error explicale con tranquilidad su comportamiento y permanece abierto a sus explicaciones, ayudándole a mejorar y transmitiéndole que los errores son oportunidades de aprendizaje.
Asista a los eventos escolares.

Acepta sus gusto en música, ropa, cine o lectura. Trata de involucrarte y conocer sobre ello, quizá llegues a apreciarlo también y desde luego estarás dando una oportunidad excelente a la comunicación si se da cuenta de que puede hablar contigo de esas cosas.

Anímalo a tener experiencias de actividades y áreas de conocimiento diversas, sin penalizar el que, una vez introducido en ellas, quiera descubrir otras nuevas. Al fin y al cabo necesita hacer muchas cosas diferentes para poder escoger la que realmente le apasiona.

Y dedícale tiempo. Dedícale más tiempo, todo el que puedas. Estos años son decisivos y fugaces.

Mireia Long