Aprender a ser cooperativos

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Desde que mi entorno se enteró que yo educaba en casa casi todos me preguntaban por dos cosas que les parecía que no se podían lograr sin escuela: la socialización y ser cooperativos. Mucha gente me dijo que no se aprendía a cooperar y a convivir sin ir al colegio.

Mi pregunta es: ¿la gente sabe qué significa cooperar? ¿realmente cree que en casa, en la familia, un niño no aprende a cooperar? ¿vive solo? ¿no puede aprender a cooperar con sus padres, abuelos, hermanos, amigos?

En nuestro caso lo de cooperar fue pan comido ya que ni podríamos vivir de otra forma. La cooperación se da, de una forma o de otra, en todas las familias. En muchas de ellas ocurre en la situación más cotidiana de todas: las tareas de la casa.

Pero hay otras maneras de aprender a cooperar, por supuesto.

Nosotros hemos considerado nuestros objetivos como proyectos a corto o a largo plazo y nos hemos ayudado y apoyado el uno al otro siempre en este sentido.

Trabajar por proyectos  una maravillosa y natural manera de aprender a cooperar. Si mis hijos tenían que hacer un proyecto académico por supuesto que yo también les ayudaba, sobre todo al principio cuando algunas nociones les eran desconocidas y deseaban descubrirlas. O cuando no dominaban la técnica de ejecutar cierta parte del proyecto – no todo era por escrito, se trataba también de experimentos o maquetas, restauraciones, fotos etc.

Trabajar por proyectos implica otra cosa: que niños de varias edades e incluso adultos puedan colaborar en algo que les puede beneficiar a todos. De esta forma la motivación de todos, aunque muy distinta ya que tiene orígenes diferentes, es muy fuerte.

No nos olvidemos que la humanidad llegó a donde llegó gracias a este rasgo común en muchos primates: el deseo y la necesidad de colaborar y apoyarse mutuamente.

Nuestro carácter gregario nos induce una preferencia obvia por el aprendizaje en comunidades y a través de la cooperación, de los proyectos comunes – sean ellos trabajos académicos, una comida, tareas de las casa, encontrar una solución a un problema, aprender un oficio etc. En este sentido la familia y el entorno cercano es nuestra primera y más fiable comunidad.

No vale la pena explicar por qué la comunidad escolar no representa una comunidad real y natural de aprendizaje ya que lo han hecho otros mucho mejor que yo, pero apunto un par de cosas: en el colegio los compañeros son siempre de la misma edad que los demás, con lo cual el aprendizaje entre niños es muy limitado ya que la experiencia vital de cada uno es muy reducida y el posible intercambio de información o la posible inspiración que los niños puedan ofrecer a sus compañeros son muy pobres; aparte, la estructura escolar no fomenta en absoluto este maravilloso rasgo que tenemos grabado en los ADN, la cooperación, ya que, por su funcionamiento induce a la competición. De hecho el trabajo en solitario es obligatorio en el colegio.

Además lo interesante de aprender en comunidad y de cooperar es que aprendemos también a negociar con los demás, actividad importante ya que nos permite desarrollar nuestra inteligencia emocional.

¿Para cuándo empezarán a aparecer escuelas más modernas, con espíritu innovador, que pongan en práctica las últimas investigaciones antropológicas sobre el aprendizaje en las comunidades humanas reales, no en las artificiales que hay en los colegios actuales?

Sorina Oprean

Si quieres favorecer el aprendizaje cooperativo en tu hogar o en tu aula o en cualquier espacio de educación, Únete ahora a “Aprendizaje por proyectos”, el curso donde te guiaremos para conseguirlo.

Ejemplo de proyecto: Revista “En proyecto”

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Os invitamos a conocer otro proyecto realizado con la Pedagogía Blanca. En este caso se trata de un trabajo hecho de manera cooperativa por varios niños y adolescentes educados en casa (homeschoolers) españoles y americanos, que quisieron poner en práctica la habilidad de trabajar en equipo sin que importara la distancia.

En él, además de trabajar herramientas de informática y diseño en la realización del producto final, podéis ver experiencias de investigación, experimentos y la manera en la que actividades cotidianas se convierten también, en fuente de aprendizaje.

Mi hijo Héctor fue el coordinador y diseñador y podéis encontrar además aportaciones de Ginebra, Tristán, Adina y Radu, los hijos de Azucena  y Sorina, nuestra tutora de los cursos.

Disfrutad y coged ideas para que vuestros hijos o alumnos puedan publicar también sus revistas. Todo esto y mucho más lo váis aprender, además, si os unís a nuestro curso: Aprendizaje por proyectos.

 Podéis ver las revistas en estos enlaces:

 

Mireia Long