¡Valórales! 8 estrategias para desarrollar una sana autoestima en tus alumnos.

En esta ocasión desde la Pedagogía Blanca queremos darte unas pautas, unas estrategias, que te van ayudar que tus alumnos desarrollen una sana autoestima. Vamos a darte consejos para poner en práctica dentro de tu aula.

8 consejos para mejorar la autoestima de tus hijos.

Azucena Caballero, co-directora de la Pedagogía Blanca, en este audio te da ocho consejos concretos para ayudar a tus hijos a preservar su autoestima lo más sana posible. Son ocho estrategias que puedes poner en práctica de manera muy sencilla en tu hogar.

Deseamos que te gusten:

 

Claves para que vuestros hijos confíen en vosotros y en ellos mismos

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Las claves  para fomentar la confianza de nuestros hijos en nosotros y ellos mismos son muchas, pero hoy os voy a contar cuatro que me parecen importantes y que son muy sutiles a veces.

No traspasarle nuestros miedos

Los padres somos los últimos y máximos responsables del bienestar y la seguridad de nuestros hijos. Eso, unido al inmenso amor que sentimos por ellos puede disparar nuestras inseguridades y miedos, hasta el punto de excedernos en ellos, paralizar su desarrollo y no permitirles asumir sus propios riesgos.

Atención, con no traspasar nuestros miedos a los niños no quiero decir que debamos dejarles tomar todas las decisiones. De ninguna manera. Los niños no tienen la experiencia necesaria para valorar todos los peligros y riesgos, por lo que nuestro papel es el de contención, aliento y guía.

Sin embargo, en ocasiones, el miedo a que les pueda suceder algo malo o una experiencia negativa de nuestra propia vida puede convertirnos en malos gestores de las situaciones, traspasándoles inseguridades y, sobre todo, imponiéndoles temores excesivos o infundados.

Precaución y responsabilidad, por supuesto, pero nunca encerrar a los niños en jaulas de cristal dentro de las que no puedan también cometer sus propios errores siempre que estos no pongan en peligro su integridad física, moral o emocional.

No imponerles nuestros sueños no cumplidos

Los padres nunca debemos olvidar que nuestros hijos son personas independientes que tienen derecho a elegir sus propias vidas, sus pasiones y sueños. Nuestro papel es, de nuevo, de guía y protectores, pero nunca debemos imponerles el que se conviertan en la persona que nosotros no conseguimos ser.

Nuestro hijo no tiene que ser médico si no nosotros lo somos o lo quisimos ser y no pudimos. Ni en cantante, bailarín o actor. Tampoco tiene que practicar determinada disciplina o deporte porque a nosotros nos guste mucho. No vivas a través de ellos.

Merece ser él mismo y descubrir lo que le apasiona y le hace vibrar, lo que le hace querer buscar la excelencia personal y la superación. Merece ser feliz haciendo lo que ama.

Si tú quieres ser médico, aprender a cantar o jugar estupendamente al futbol, estás a tiempo, no le obligues a él a ser lo que no has sido. Déjale descubrir sus propios sueños y apóyale para que los haga realidad.

No criticar todo de sus amigos

Seguro que alguno de los amigos de tu hijo no te parece la mejor elección posible. Si hay un riesgo real, debes intervenir. Pero desde luego no debes nunca pasarte la vida criticando y sacándoles defectos a todos sus amigos, imponiéndole que solo se relacione con los niños que más nos gusten (o con los hijos de personas que nos gusten).

A medida que pasen los años tu hijo adquirirá mayor autonomía en sus elecciones en las relaciones personales y merece sentir que confías en él y en lo bueno que sus amigos le aportan. Es muy triste eso de que un hijo piense que sus padres lo consideran un idiota sin criterio y que le digan que sus amigos no merecen nunca la pena.

 

Busca lo bueno que hay en sus amistades, déjalo sentir tu apoyo, valora lo que le aportan, y así realmente confiará en ti si hay alguna situación en la que necesite consejo o ayuda.

No burlarnos de sus emociones

Los niños se van a acercar a nosotros cuando sientan emociones intensas: miedo, rabia, celos, alegría o nerviosismo por algún cambio o reto en sus vidas. Nunca debemos minimizar sus emociones y mucho menos burlarnos de ellas.

A veces ves a padres que, por razones equivocadas, quieren que sus hijos contengan los que sienten o sean más duros o serios de lo que un niño es. Eso les daña. Sienten que no tienen importancia para nosotros, que no son lo bastante válidos, que si confían en nosotros los dejaremos de lado. Es un error, especialmente grave si esas chanzas los ridiculizan en público, cuando más vulnerables se sienten.

Lo que los niños experimentan es tan importante para ellos como lo que experimentamos los adultos lo es para nosotros. Si queremos que los niños sepan identificar sus emociones, confíen en nosotros y desarrollen una buena autoestima jamás debemos reírnos de ellos y sus peores momentos.

Os aseguro que todos estos fallos que a veces comentemos los padres dejan huella y dificultan la relación que seguro deseáis construir con ellos toda la vida: confianza, respeto y deseo de compartir el tiempo juntos.

Mireia Long

 

Si necesitas ayuda para lograr todo esto, te estamos esperando en nuestro curso:

 

CRIANZA RESPETUOSA CON LA PEDAGOGÍA BLANCA

Cuatro consejos que preparan a tu hijo para la vida

 

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La salud emocional de los niños es hoy un tema que preocupa a los padres y educadores. Los niños tienen, sin duda, gran capacidad para reponerse a las situaciones difíciles, pero también es cierto que lo que de nosotros, los adultos, reciban, va a formar su imagen de ellos mismos y les va a enseñar a relacionarse con el mundo.
¿Podemos hacer algo para ayudarles a crecer emocionalmente sanos y ser más felices? Por supuesto que se puede, y es preparándolos para la vida. Mi respuesta es que los padres y educadores tenemos la clave para la salud emocional de los niños y de su éxito vital en todos los ámbitos y por eso os daremos estos cuatro consejos que prepararán a tus hijos para la vida.

Nosotros somos sus modelos, sus referentes, los espejos donde se miran. Lo que hagamos y digamos va a hacer que ellos se vean de una forma u otra y se valoren por lo que son, no por lo que otros esperen de ellos. La capacidad de fijar sus propios objetivos vitales es una de las cosas más importantes que los padres deberíamos enseñarle a nuestros hijos y para ello, contrariamente a lo que se piensa, es importante bajar nuestra exigencia y cambiarla por mantener altas expectativas y ofrecer apoyo incondicional.

Espera lo mejor de tus hijos

Todos nos equivocamos. Todos actuamos a veces mal. Todos perdemos los nervios y la serenidad. Todos somos humanos. Nuestros hijos también lo son y lógicamente, van a errar. Pero cada error que comentan no significa que están condenados a repetirlo sino que pueden aprender de ello. Por eso es indispensable que les transmitamos nuestra confianza en que son buenas personas, capaces de pedir perdón, de enmendar un yerro, de descubrir que las emociones no son ellos ni van a actuar llevados por ellas haciendo daño a los demás. Confianza, es la clave.

Palabras que deberíamos dejar de usar son “siempre” y “nunca” cuando hablemos con ellos de un comportamiento inadecuado. Nadie hace siempre las cosas mal, nadie hace las cosas equivocadas y mucho menos nos decepciona siempre. Si les decimos eso les transmitimos una poderosa creencia sobre ellos mismos y su incapacidad de cambio. Es indispensable cimentar su autoestima.

Cuando a nuestro hijo le transmitimos que estamos convencidos de que es una persona válida, buena e inteligente estamos ayudándole a construir su propia voz interior y a tener herramientas para manejarse ahora y en el futuro.

Educa, ni dejes solo al niño ni lo domes

No dejes que el niño se eduque solo, transmítele valores. Tampoco lo domes controlando todo lo que piensa o hace. Deberíamos evitar posturas radicales en ideas sobre la bondad innata o la maldad de los niños. Los niños, que por naturaleza desean vivir en armonía y complacernos, también son humanos y tienen reacciones que pueden perjudicar a otras personas o a ellos mismos.

El papel del adulto educador toma aquí su verdadera dimensión. Ni tiene que domarlos porque de otro modo serían bestias peligrosas y egoístas, ni tiene que dejarlos sin guía ni contención. Educa a tu hijo, es tu papel como padre y adulto.

Nuestro papel como educadores es del de influir en el niño ofreciéndole ejemplo, enseñanza y explicaciones, ayudándole a comprender y expresar lo que siente y descubriéndole el poder de la voluntad personal para encaminar las acciones hacia objetivos personales y también hacia el respeto al otro. Los niños no siempre actúan bien, pero desde luego no lo hacen siempre mal.

Ayúdale a ser feliz

Cuando nuestro hijo esté desarrollando estrategias de comunicación y acciones violentas deberíamos saber detectarlo sin hacerle cargar con sentimientos de culpa pero si reforzando su autoestima, su responsabilidad y siendo esa persona en la que siempre pueden confiar para comprenderse mejor y encontrar apoyo, cariño y refuerzo. Ayúdale a ser feliz y a ser una persona amable, respetuosa, empática y apreciada por los otros, sin ser sumiso por ello.

De verdad que la clave para la resiliencia no es pasarlo mal de niño. No quiero decir que estemos pendientes únicamente de caprichos y diversión en contra de los intereses reales de crecimiento armonioso, sino que hagamos que los niños puedan disfrutar de su infancia dejándoles tiempo para jugar, haciendo con ellos cosas que sean agradables y nos reúnan en situaciones bonitas, permitiéndoles ser niños y por tanto ruidosos, alegres, movidos y espontáneos.

Valora al niño por quien es, no por ser el mejor

Tenemos la idea de que solamente el que llega el primero, el que gana, el que tiene la mejor nota, es el que triunfa. Pero no es cierto y ese concepto es importante transmitírselo a nuestros hijos. La competencia feroz no prepara para la vida, ser el primero no garantiza el triunfo, ni el éxito verdadero, ni mucho menos la capacidad de tener una vida productiva, útil y feliz, pues eso, de verdad, radica en que sepas quien eres y lo que quieres.

Ni en los adultos es cierto eso. Todos hemos experimentado momentos de éxito y grandes fracasos. Y hemos aprendido a levantarnos, a planificar de nuevo, a plantearnos nuevos objetivos y sobre todo, los adultos que nos decimos felices, hemos aprendido a conocernos a nosotros mismos y trabajar para tener la vida que realmente nosotros, no la sociedad ni nuestros padres, deseamos.

Y esa enseñanza merece la pena transmitírsela a nuestros hijos, valorando lo que son, lo que aman, lo que les interesa, lo que les apasiona y lo que quieren aprender nuevo, más que el que ganen en un deporte hoy, o saquen un diez, o sean los que antes o mejor logran algo. El ser el primero, además, será mucho menos útil en su vida que descubrir las estrategias por las que los humanos trabajamos en equipos y cooperamos los unos con los otros para que cualquier proceso o área mejore. Enséñale a pensar de manera crítica y creativa, no le digas lo que tiene que pensar.

Renuncia a ser dueño del destino de tu hijo, acompáñalo, pero no lo fuerces a ser como tú crees que hay que ser. Ten por seguro que va a equivocarse, quizá, como todos hacemos, pero también que tomará decisiones que él vivirá como válidas y no serán las que habrías tomado tú. Es otra persona.

Prepáralo para vivir su propia vida. Es decir, preparar para la vida no es hacer pasar al niño frustraciones forzadas ni presiones para cumplir expectativas externas, sino enseñarle los valores humanos de cooperación, confianza, superación y empatía. Eso si le ayudará a vivir mejor y ser más feliz, ahora y en el futuro.

Mireia Long

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Estrategias que cimentan la autoestima de los adolescentes

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El que un adolescente tenga una buena autoestima va a ayudarle mucho estos años de cambios y retos vitales. Por supuesto, la autoestima se va a cimentar en gran medida en la educación respetuosa que le hayamos dado en la infancia pero también ahora nos necesitan ya que van a tomar las riendas de su destino, tomar sus decisiones, cometer sus errores, elegir nuevas relaciones y prepararse para lo que será su próxima vida como adultos independientes. Os cuento alguna estrategias que promueven la autoestima de los adolescentes que estoy segura que os ayudarán.

Respeta su privacidad.  Es básico. Aunque sigamos siendo responsables de su bienestar el adolescente necesita espacios de intimidad en los que no intervengamos,  Sin dejar de estar atentos debemos hacerlo desde el plano que el nos indique que le resulta cómodo siempre que veamos que todo fluye adecuadamente.  No hay que ser invasivos, sino simplemente estar presentes manifestándoles nuestra confianza.

Es importante que conozcamos sus actividades, a sus amigos y sus temas de interés, demostrando sincero interés en ello y explicándoles lo mucho que nos gusta que desarrolle su propia personalidad y gustos. Una cosa es compartir información en una comunicación con confianza y otra muy distinta convertirnos en espias fiscalizadores o exigir información de detalles que quizá prefiera no explicar o que consiere irrelevantes.  La cuestión es que él debe sentir que su vida nos interesa y nos gusta compartir con él experiencias. Por eso la confianza y la atención deberíamos estar trabajándolas desde la infancia, transmitiéndole siempre que nos involucramos en sus experiencias y nos gusta estar presentes.

Valorar lo que haga bien, felicitándolo por sus logros, especialmente aquellos de los que él se sienta más orgulloso, no necesariamente las notas escolares.  Agradecerles lo colaborativos y responsables que son es mucho más motivador que andar criticando los fallos o áreas que creemos que debe mejorar. En el fondo, no olvidemos que pronto decidirá por él mismo y aquello que le transmitamos es lo que creerá de si mismo. Poner especial atención en estar atentos a sus alegrías y metas cumplidas refuerza su autoestima y hace que sepan que aquello que aman nos parece valioso.

Asiste a sus partidos, actuaciones escolares, y acude alegre a las actividades de ocio que puedas compartir con él.  Tómate en serio estar presente en su vida.

Escúchalo cuando quiera contarte alguna preocupación o problema, aconsejándolo si te lo pide pero nunca sermoneando o minusvalorando sus miedos, penas o frustraciones. No los critiques, no lo etiquetes, no hables mal de él con nadie.  Si ha hecho algo incorecto o ha cometido un error explicale con tranquilidad su comportamiento y permanece abierto a sus explicaciones, ayudándole a mejorar y transmitiéndole que los errores son oportunidades de aprendizaje.
Asista a los eventos escolares.

Acepta sus gusto en música, ropa, cine o lectura. Trata de involucrarte y conocer sobre ello, quizá llegues a apreciarlo también y desde luego estarás dando una oportunidad excelente a la comunicación si se da cuenta de que puede hablar contigo de esas cosas.

Anímalo a tener experiencias de actividades y áreas de conocimiento diversas, sin penalizar el que, una vez introducido en ellas, quiera descubrir otras nuevas. Al fin y al cabo necesita hacer muchas cosas diferentes para poder escoger la que realmente le apasiona.

Y dedícale tiempo. Dedícale más tiempo, todo el que puedas. Estos años son decisivos y fugaces.

Mireia Long

Consejos para desarrollar la autoestima de los niños

6db6db183f_1453838822011Para ayudar a nuestros niños – sean hijos o alumnos – a desarrollar una autoestima sana y a quererse para tener una buena vida, unas buenas relaciones con los demás y consigo mismos vamos a enumerar cinco errores que no debemos volver a repetir:

1. Hacerles verse como víctimas. Enseñarles a afrontar los conflictos o los problemas de forma positiva les ayudará a aprender que los recursos emocionales para resolver los problemas están dentro de sí mismos a través de la acción en la mayoría de los casos. ¿Cómo les enseñamos esto? ¿Qué mejor lección que darles un ejemplo directo cuando nosotros mismos nos estamos enfrentando a un problema o conflicto y los solucionamos con paciencia, tranquilidad y autoconfianza?
2. Exigirles demasiado. A veces les ponemos a los niños metas más altas que a los propios adultos. No sólo es contraproducente, sino que no es realista pedirles a los niños resultados mejores o un rendimiento más alto que nosotros mismos podríamos obtener. Me refiero aquí en concreto a los deberes y las notas en los exámenes. Si nosotros mismos no podríamos dar la talla, con toda nuestra experiencia e intelecto desarrollado, ¿cómo podemos exigírselo a ellos?
3. Compararlos con otros. Muchos padres caen en este error, comparar con otros niños para resaltar las cualidades de aquellos y los defectos de sus hijos, como si siempre los nuestros son peores que los demás. Si no queremos acomplejar más a nuestros hijos y aumentar sus inseguridades vendría bien tomar consciencia de lo que les decimos y no seguir por allí. En definitiva, ningún padre tiene el interés de tener un hijo acomplejado o inseguro y hay que recordar aquel dicho popular que dice que las comparaciones son odiosas. Dejemos de comparar y empecemos a centrarnos en los rasgos que les ayuden a ellos a motivarse y ser mejores. Cada niño es distinto y cada uno tiene sus cualidades. Nuestro deber como padres es buscarlas, potenciarlas y hacerles verlas diariamente ya que ellos, al no tener experiencia vital, no saben con certeza cuáles son sus habilidades.
4. Imponer una mentalidad negativa. Si no les alentamos y no creemos en nuestros hijos/alumnos, difícilmente podrán creer ellos mismos en sus propias posibilidades. En vez de verlos como perdedores por haberse equivocado (recordemos, los errores son poderosas herramientas de aprendizaje, dejemos de verlos como algo negativo) o simplemente no valorar como digna o válida su manera de pensar por ser diferente a la nuestra o a lo que se espera, vamos a ser positivos y a considerarlos unas semillas potentes de seres humanos que están mejorando día a día, año a año, con respeto a sí mismos.
5. Descalificarlos. Nunca les digas “eres un torpe, no sirves para nada…”. El poder de las palabras es tremendo y más todavía si viene de parte de los adultos que los cuidan y de los que dependen emocional y físicamente. Hay que valorar a los niños de forma amorosa, paciente con su proceso madurativo y cognitivo, y aceptarlos tal y como son – mejorarán si siempre los valoramos de forma positiva. Además hay que ver sus lados fuertes y bellos, enfocarse en sus habilidades para potenciarlas.

Proponemos un corto ejercicio. Haz un listado con 10 cosas positivas de tus hijos o al menos 3 rasgos positivos de cada uno de tus alumnos. Haz otro listado con 2 cosas negativas que encuentras en tus hijos o 1 rasgo negativo por cada uno de tus alumnos. Pon el primer listado, el de las cosas positivas, en un sitio visible para poder tenerlo a la vista todos los días, sobre todo cuando estás con los niños. Intenta seriamente involucrarte y ver y manifestar diariamente de forma verbal lo positivo de cada niño, y no olvidarte de centrar tu atención en estas cualidades y habilidades, para poder enseñárselos también a los niños de tal forma que ellos también se centren en sus propias cualidades.
El segundo listado ponlo en una libreta.
Al final de una semana o un mes, haz un balance. Apunta si notas alguna mejora en tus hijos o alumnos. Saca el listado de los rasgos negativos y reflexiona si todavía aparecen tan obvios como al principio.
Puede ser que te lleves una sorpresa.

Sorina Oprean