“Paternidad y crianza”, por Traudy Ávila, Doctora en Neurobiología

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La conducta parental se puede entender como el repertorio de acciones o comportamientos de los padres, desplegados de manera innata hacia los hijos, cuyo objetivo es el de asegurar la supervivencia de la progenie.

Los cuidados parentales han evolucionado de manera tal que el grado en el que se involucran hembras y machos en los cuidados de sus crías varía entre las poblaciones de las distintas especies de organismos.

En los mamíferos, la participación del padre es rara debido a que la fertilización interna (nosotras gestamos a nuestros hijos en el vientre) asegura la maternidad pero no la paternidad.

Al respecto de la maternidad, se sabe que el embarazo en los mamíferos induce adaptaciones físicas y fisiológicas radicales que incluye adaptaciones que amortiguan el impacto sobre el feto de las experiencias de estrés vividas por la mamá durante el embarazo, modificaciones en el control del metabolismo para favorecer el flujo de energía hacia el feto, así como cambios en el cerebro que preparan a los sistemas neuroendócrinos para la secreción de oxitocina durante el parto y la lactancia. (1)

Recientemente Hoekzema y colaboradores  (2017) realizaron un estudio prospectivo en madres primigestas para investigar si el embarazo estaba asociado con cambios en la sustancia gris del cerebro humano. Sus datos indican que la estructura cerebral de las madres (no así el de los padres) se modifica como un proceso biológico del embarazo y no como un cambio dependiente de la experiencia asociada con los ejercicios de la parentalidad. Tales modificaciones tienen que ver con reducciones importantes en la sustancia gris cerebral, moldeando así la capacidad de la madre para entender y atender las necesidades de sus hijos.(2)

En este sentido, se ha sugerido que la capacidad de los padres para compartir los sentimientos, pensamientos, motivaciones y deseos de sus hijos, les permite a estos últimos sentirse seguros, reconocer sus propios pensamientos y emociones, mostrar compasión hacia otras personas, y ser miembros competentes en grupos sociales. (3) Así, si hacemos un análisis en los estudios realizados al respecto de la maternidad en la crianza, podemos enumerar miles de reportes científicos al respecto de este tema, sin embargo, poco es lo que podremos obtener sobre lo que se conoce sobre los padres en la crianza.

Dentro de los mamíferos, los seres humanos somos una de las pocas especies en la que los padres se involucran con las madres en los cuidados de los hijos. Para ello, se sabe que los papás deben cambiar sus prioridades energéticas y conductuales antes de serlo y así poder cumplir con los requerimientos de la inversión que sugiere la paternidad. Al respecto, se ha sugerido que altos niveles de testosterona en los hombres pueden entorpecer con una paternidad efectiva.(4)

En estudios experimentales los hombres con mayores niveles de testosterona resultaron ser menos responsivos al llanto de un bebé con respecto a aquellos hombres con niveles disminuidos de esta hormona.(5) Además, se ha sugerido que aquellos padres que colechan (duermen en cercanía con sus hijos en la misma cama) tienen niveles más bajos de testosterona en comparación con aquellos papás que duermen en solitario, lo que se asocia con una mayor atención a las necesidades de sus hijos. (4,6)

Tomando en cuenta las investigaciones sobre la paternidad podemos inferir que aquellos padres que se involucran en la crianza de sus hijos logran transitar con mayor eficiencia a los cambios necesarios para una parentalidad activa.

Resumiendo, a nosotras las mujeres la gestación nos prepara biológicamente para atender a las necesidades de nuestros hijos, en cambio, los papás requieren de la interacción diaria y sostenida con los recién nacidos para poder modificar sus sistemas neuro – endocrinos y mostrarse más receptivos a las señales emitidas por sus bebés.

En contra de una mayor participación de los padres en la crianza de los hijos podemos señalar (entre otras cosas) la influencia cultural que dicta que los hombres son los principales proveedores en las familias, y por ello, distraen sus recursos en las actividades relacionadas a ello. Si bien es cierto que cambios importantes suceden en nuestros cuerpos durante la gestación, que impactan directamente en la forma de atender a los hijos, también es vital comprender que la crianza es un acto que requiere mucho más que una madre abnegada haciendo el trabajo en solitario que debería ser, por lo menos, una labor de dos (madre y padre).

Cuando el papá está comprometido con la crianza, por un lado, favorece el desarrollo fisiológico y social (a largo plazo) de sus hijos, y por otro induce en la mamá mayor secreción de hormonas relacionadas al cuidado materno tales como la oxitocina y la prolactina. (7) Como podemos leer en este documento, involucrar a los padres en la crianza -respetuosa- sugiere un ciclo virtuoso en donde el depositario final del amor, el acompañamiento, el respeto y la empatía serán nuestros hijos.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Brunton, P.J. & Russell, J.A. 2008. Nat. Rev. Neurosci. 9, 11–25.
  2. Hoekzema, E., et al., 2017. Nature Neuroscience 20(2):287-296.
  3. Abraham, E. et al., 2017. Neuropsychologia. In press.
  4. Gettler, LT. et al., 2012. PlosOne 7(9). 1-11.
  5. Fleming, A.S., et al., 2002. Hormone and Behavior 42:399-413.
  6. Storey, A.E. 2011. Hormone and Behavior 60: 353-361.
  7. Abraham, E. et al., 2014. P.N.A.S. 111(27):9792-9797.

Traudy Avila Schlottfeldt

Madre de dos niños.

Biologa por la BUAP (Puebla, México)

Maestra y Doctora en Ciencias con especialidad en Neurobiología Celular y Molecular (Cinvestav-Zacatenco, Ciudad de México)

Asesora de Porte por ‘De Monitos y Risas’

Madre de Día por la Pedagogía Blanca

Formadora educativa por La Pedagogía Blanca.

Acompañante de la maternidad y la crianza por ‘Maternidad Feliz, Crianza Respetada’

La responsabilidad de asegurarte de que tus hijos te escuchen.

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El otro día me hablaron de un padre cuyo hijo nació sordo. El chico ahora es un joven adulto trabajador, implicado son su comunidad y muy comunicativo. Y el padre narraba como a lo largo de toda su infancia el hecho de tener un hijo sordo hizo que él jamás se enojara con su hijo por no escucharle. Tenía clarísimo que si su hijo no estaba escuchando lo que él decía era por que él no se había asegurado de decírselo de forma que él pudiera leer bien sus labios. Él era quien tenía que ponerse a la altura de su hijo, frente a él y usar las palabras que su hijo mejor iba a entender. Es decir la responsabilidad de asegurarse de que su hijo le escuche es de él.

Esta anécdota, o forma de comunicarse eficazmente, más bien. Me impactó, por que lo que contaba este padre era algo que en realidad todos los padres deberíamos practicar. Asumir la responsabilidad de asegurarnos de que nuestros hijos nos escuchen, en lugar de enfadarnos por que parece que no nos oyeron.

¿Qué haces tú para asegurarte de que tu hijo ha entendido lo que le dices?

Nosotras te vamos a compartir lo que hacemos nosotras en una conferencia gratis vía Facebook live esta noche a las 22h de Madrid. Si me lees antes de hoy, 11 de mayo, a las 22h, pincha en el enlace que te dejo debajo y vente en directo. Atenderemos también tus consultas. Si me lees más tarde, no te preocupes. Ese enlace te sigue sirviendo. Son las maravillas del mundo moderno. La charla se va a quedar grabada en nuestra página de Facebook, así que pinchando ahí podrás ver la grabación.

Deseamos que compartir nuestro conocimiento y nuestra propia experiencia te ayude.

Besos,

Azucena

PS: Aquí te dejo un botón con el enlace para que no te pierdas nuestra charla en Facebook live.

 

Claves para que vuestros hijos confíen en vosotros y en ellos mismos

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Las claves  para fomentar la confianza de nuestros hijos en nosotros y ellos mismos son muchas, pero hoy os voy a contar cuatro que me parecen importantes y que son muy sutiles a veces.

No traspasarle nuestros miedos

Los padres somos los últimos y máximos responsables del bienestar y la seguridad de nuestros hijos. Eso, unido al inmenso amor que sentimos por ellos puede disparar nuestras inseguridades y miedos, hasta el punto de excedernos en ellos, paralizar su desarrollo y no permitirles asumir sus propios riesgos.

Atención, con no traspasar nuestros miedos a los niños no quiero decir que debamos dejarles tomar todas las decisiones. De ninguna manera. Los niños no tienen la experiencia necesaria para valorar todos los peligros y riesgos, por lo que nuestro papel es el de contención, aliento y guía.

Sin embargo, en ocasiones, el miedo a que les pueda suceder algo malo o una experiencia negativa de nuestra propia vida puede convertirnos en malos gestores de las situaciones, traspasándoles inseguridades y, sobre todo, imponiéndoles temores excesivos o infundados.

Precaución y responsabilidad, por supuesto, pero nunca encerrar a los niños en jaulas de cristal dentro de las que no puedan también cometer sus propios errores siempre que estos no pongan en peligro su integridad física, moral o emocional.

No imponerles nuestros sueños no cumplidos

Los padres nunca debemos olvidar que nuestros hijos son personas independientes que tienen derecho a elegir sus propias vidas, sus pasiones y sueños. Nuestro papel es, de nuevo, de guía y protectores, pero nunca debemos imponerles el que se conviertan en la persona que nosotros no conseguimos ser.

Nuestro hijo no tiene que ser médico si no nosotros lo somos o lo quisimos ser y no pudimos. Ni en cantante, bailarín o actor. Tampoco tiene que practicar determinada disciplina o deporte porque a nosotros nos guste mucho. No vivas a través de ellos.

Merece ser él mismo y descubrir lo que le apasiona y le hace vibrar, lo que le hace querer buscar la excelencia personal y la superación. Merece ser feliz haciendo lo que ama.

Si tú quieres ser médico, aprender a cantar o jugar estupendamente al futbol, estás a tiempo, no le obligues a él a ser lo que no has sido. Déjale descubrir sus propios sueños y apóyale para que los haga realidad.

No criticar todo de sus amigos

Seguro que alguno de los amigos de tu hijo no te parece la mejor elección posible. Si hay un riesgo real, debes intervenir. Pero desde luego no debes nunca pasarte la vida criticando y sacándoles defectos a todos sus amigos, imponiéndole que solo se relacione con los niños que más nos gusten (o con los hijos de personas que nos gusten).

A medida que pasen los años tu hijo adquirirá mayor autonomía en sus elecciones en las relaciones personales y merece sentir que confías en él y en lo bueno que sus amigos le aportan. Es muy triste eso de que un hijo piense que sus padres lo consideran un idiota sin criterio y que le digan que sus amigos no merecen nunca la pena.

 

Busca lo bueno que hay en sus amistades, déjalo sentir tu apoyo, valora lo que le aportan, y así realmente confiará en ti si hay alguna situación en la que necesite consejo o ayuda.

No burlarnos de sus emociones

Los niños se van a acercar a nosotros cuando sientan emociones intensas: miedo, rabia, celos, alegría o nerviosismo por algún cambio o reto en sus vidas. Nunca debemos minimizar sus emociones y mucho menos burlarnos de ellas.

A veces ves a padres que, por razones equivocadas, quieren que sus hijos contengan los que sienten o sean más duros o serios de lo que un niño es. Eso les daña. Sienten que no tienen importancia para nosotros, que no son lo bastante válidos, que si confían en nosotros los dejaremos de lado. Es un error, especialmente grave si esas chanzas los ridiculizan en público, cuando más vulnerables se sienten.

Lo que los niños experimentan es tan importante para ellos como lo que experimentamos los adultos lo es para nosotros. Si queremos que los niños sepan identificar sus emociones, confíen en nosotros y desarrollen una buena autoestima jamás debemos reírnos de ellos y sus peores momentos.

Os aseguro que todos estos fallos que a veces comentemos los padres dejan huella y dificultan la relación que seguro deseáis construir con ellos toda la vida: confianza, respeto y deseo de compartir el tiempo juntos.

Mireia Long

 

Si necesitas ayuda para lograr todo esto, te estamos esperando en nuestro curso:

 

CRIANZA RESPETUOSA CON LA PEDAGOGÍA BLANCA

Claves para evitar los errores más habituales que cometemos los padres

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No me resisto a hacer un repaso por los errores que los padres, por desconocimiento, cometemos y que deberíamos ser capaces de evitar.
 
Yo estoy convencida de que la mayoría de los padres somos capaces de educar a nuestros hijos fomentando su autoestima, pero no siempre, nuestra propia educación nos ha dado loa conocimientos y experiencias necesarias para lograrlo. Os dejo hoy estos tres errores que creo que los padres deberíamos evitar y que no benefician en nada a nuestros amados hijos.
Pegar
 
Pegarle a los niños sigue siendo algo normalizado y defendido por muchos. Todavía muchos padres creen que, siempre que no den palizas, un tortazo o un azote pueden servir para conseguir que su hijo aprenda a obedecerles en situaciones peligrosas o molestas. Sin embargo el uso de la fuerza física es una agresión que, aunque sea leve o espaciada en el tiempo, causa en los niños sufrimiento emocional, además de ser algo prohibido por la ley.
 
Ya sé que un azote no es lo mismo que una paliza. Pero cuando se usa la agresión física es difícil mantener una línea de educación respetuosa, se enseña al niño que la violencia soluciona conflictos y les hace sentir indefensos.
 
Si el tema os interesa en la Pedagogía Blanca hemos dedicado muchos temas a la prevención de los azotes y a sus consecuencias.
 
Chantajear
 
Todos hemos sido chantajeados en alguna ocasión de niños y también, para lograr convencer al niño de que haga algo que creemos beneficioso para él o para cumplir las expectativas sociales, lo hemos hecho. Pero el chantaje es una forma de violencia emocional, en nada comparable a explicar razones y consecuencias, incluso peor que un castigo.
 
Cuando tratamos de forzar la voluntad de un niño diciéndole que si no lo hace es malo, o no lo querremos más, o irá al infierno estamos usando el chantaje emocional.
 
El chantaje emocional es una forma de manipulación muy poderosa en la cual las personas cercanas y afectivas nos amenazan, directa o indirectamente, con castigarnos de alguna manera si no hacemos lo que ellos quieran.
 
Nuestros hijos se van a equivocar e incluso van a hacer cosas realmente peligrosas e incorrectas. Pero nuestro amor y apoyo no es negociable, precisamente porque necesitan saber que los queremos a pesar de sus errores, para poder tener la seguridad de que van a superarlos.
 
Al usar el chantaje no estamos transmitiéndole la importancia de su cambio de comportamiento o la necesidad de que hagan algo, sino que estamos transmitiéndole una sensación de culpa e inseguridad en ellos mismos y en nuestro cariño que tiene consecuencias incluso a largo plazo.
 
Compararlos
 
Otro de los errores frecuentes que los padres cometen, creyendo, posiblemente, que eso hará que su hijo desee superarse, es usar las comparaciones entre ellos o con otros niños.
 
Ninguna persona es igual a otra. Cada niño es diferente. Tenemos derecho a ser reconocidos por lo que valemos y por lo que aportamos cada uno, por nuestras capacidades y avances, no por lo que hacemos “peor” que otro.
 
Nuestros hijos harán su propio camino, con nuestro apoyo, mejorando y siendo, además, únicos y maravillosos incluso si no son tan ordenados, callados, obedientes, estudiosos, abiertos o esforzados deportistas como otros.
 
Reflexionando sobre estos errores y poniendo un poco de atención seguro que logramos trabajarlos y mejorar nuestras habilidades como educadores y ofrecemos a los niños el ambiente de respeto en el lograrán desarrollar sus capacidades y ser personas resilientes.
 
Mireia Long.
Si quieres evitar estos y otros errores, te ayudaremos en nuestro curso

CRIANZA RESPETUOSA con LA PEDAGOGÍA BLANCA

El compromiso de convertirnos en padres

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La decisión de tener un hijo es la más importante que vamos a tomar en nuestra vida. Y aunque la hagamos muy conscientemente, me gustaría animaros a haceros dos preguntas realmente complicadas. Ser padres implica renuncias y compromisos que quizá no os habéis planteado tan seriamente como os propongo con estas dos preguntas que deberíais haceros antes de ser padres. Hacedlo. Y os aseguro que llegaréis al momento de ser padre o madre con una seguridad enorme.

¿Estas preparados a renunciar a muchas cosas?

Esta decisión de ser padres va a cambiar completamente nuestra forma de ver el mundo y nos hará reconsiderar todas nuestras prioridades. Ya no importa más que nada lo que amamos o lo que creemos, sino que va a existir un ser humano que será, a partir de ahora, mucho más importante que nosotros mismos y cuyo bienestar va a estar siempre antes que el nuestro. Y eso hará que tengáis que renunciar a otras cosas. ¿Estáis dispuestos?

Muchas de las cosas que nos gustan van a quedar aparcadas o, desde luego, vamos a poder dedicarles mucho menos tiempo. No me refiero solo a que habrá que renunciar a caprichos como gastar en unas botas, un fin de semana en un hotelito o una crema o un libro caros porque los recursos los usaremos en el niño. También tendremos que dejar de salir por la noche, de beber demasiado alcohol en ocasiones espaciales, de permitirnos pasar una noche en blanco por estar con los amigos.  La realidad es que hay muchas renuncias que os esperan.

Posiblemente las partidas de cartas, el futbol del domingo, las salidas, los maratones de series o el leer horas y horas un libro fascinante son cosas para las que ya no podremos tener tiempo, o desde luego no tanto tiempo como antes. Si pretendéis, sin decirlo, seguir haciendo eso y que sea vuestra pareja o los abuelos los que lleven el peso de la permanencia al lado de vuestro hijo es mejor que seáis sinceros con vosotros mismos y con los demás. Si quieres ser padre o madre pero que otro cuide a tu hijo para tu hacer la vida de antes algo va a fallar. Algo va a fallar, os lo aseguro. Fallará.

Criar un hijo exige mucho tiempo, muchas noches sin dormir, muchas preocupaciones, mucho trabajo y mucha atención. Si no estás al cien por cien estás fallando al niño y a los que te rodean. Tu hijo sentirá desde el primer momento la calidad de tu compromiso con él. No basta que sea lo que más amas en el mundo y que se lo digas, que es indispensable pero no suficiente, todo esto tendrás que demostrarlo. Si le fallas, él lo sabrá.

Si alguien os dice que nada de eso cambiará os miente o dedica muy poco tiempo a estar con sus hijos. A  algunas actividades podremos ir con los niños pero no a todas y tendremos también que valorar si a nuestro hijo, eso que a nosotros nos parece tan entretenido, le interesa. Prepárate para ver dibujos animados, leer cuentos, jugar a las construcciones o ir a pasear por el campo tranquilamente y cargado de todo lo que el niño necesita para su confort.

Se pondrá malito, porque todos los niños se ponen malitos. Y os aseguro que si vuestro hijo tiene fiebre o vomita, cosa que los primeros años pasa bastante, hay que anular los planes, así sea la boda de vuestro mejor amigo o una comilona campestre con todos vuestros primos. El niño está primero y dejarlo con otras personas no siempre es posible ni es bueno para el niño, que os necesita a su lado. No siempre habrá que renunciar a todo, pero la felicidad de vuestro hijo será lo más importante ahora. Vas a renunciar a muchas cosas por tu hijo.

¿Estáis preparados para el compromiso?

Vuestro hijo será la persona que más os importe. Para su bienestar os esforzaréis, lucharéis, trabajaréis más que nunca para poder darle el mayor bienestar en todos los sentidos, tanto emocional como económico. El dinero que sobre de la vida diaria lo ahorraréis e invertiréis en regalos, juguetes, libros, clases, deportes, vacaciones y estudios. ¿Estáis realmente preparados para ese compromiso?

A medida que pasen los años, aunque creáis que la dedicación disminuye y en cierto modo el niño sea más autónomo, sus necesidades de vosotros y sus necesidades de desarrollo personal aumentarán. Vuestro compromiso con vuestro hijo no disminuirá, porque sois los garantes de su bienestar y el instrumento del destino para que puedan llegar a la vida adulta preparados para ser personas libres, autónomas y con todas las herramientas para hacer sus sueños reales.

Vuestro compromiso debe ser auténtico y llevarlo a la práctica. ¿Cuántas horas has dedicado a tus estudios, tu pareja o tus hobbies? Ahora ese tiempo y esa energía deberás dedicarla, prioritariamente, a tu hijo. Prepárate para él. Aprende. No te dejes guiar por cualquier consejo o costumbre sobre su cuidado. No te quedes en la superficie. No delegues sin investigar bien su salud, su alimentación o su educación en otros. No permitas que ninguna institución médica o educativa decida por ti, la responsabilidad última será tuya y hay muchas cosas en las que vas a tener voz y voto.

Tienes que ser mejor persona. Todos podemos ser mejores personas. No es que eso vaya a cambiar por traer un hijo al mundo, por mucho que nos ayude el amor infinito. Todos cargamos mochilas de malos hábitos. Los niños agotan y además, la responsabilidad pesa. Vamos a vernos sometidos a presiones. Y podemos perder los nervios y repetir cosas que nuestros padres hacían con nosotros que nos dañaron de niños.

Es hora de trabajar a fondo nuestro interior para ser buenos padres, enfrentarnos con nuestros fantasmas, cambiar las actitudes, ser más tolerantes, más pacientes, más controlados. Si sentimos que perdemos el control bajo presión y gritamos o nos dan ganas de pegar a alguien hay que solucionarlo antes de que nuestro hijo lo pague. Os aseguro que se puede mejorar menormente la forma en la que nos relacionamos si nos ponemos en serio a ello.

Tu compromiso es material también. Planifica e infórmate sobre las opciones para su cuidado, lo que vayas a hacer si ambos trabajáis fuera de casa, el lugar y los profesionales que atenderán su nacimiento, la preparación y formación en lactancia y puerperio, las bases para un buen desarrollo emocional y educativo, su salud.

Y además, planifica tu economía, los cambios que vayas a hacer en casa, los horarios, quien se ocupará de las tareas del hogar. Todo lo que tengas bien organizado hará que la crianza sea más feliz para todos, y, aunque no podemos saber qué pasará mañana, siempre es bueno tener las cosas lo mejor pensadas y habladas posible.

Tendrás que dormir muy poco durante años, tendrás que respetar las necesidades de tu hijo sobre todo, tendrás que tratarlo como a ti te gusta que te traten pues de cómo lo trates dependerá su autoestima, su capacidad de ser feliz y sus posibilidades de tener una vida satisfactoria. No es tener un hijo, es convertiros en padres lo que os tiene que motivar, y ese trabajo es para toda la vida. Preguntaos la razón real por la que queréis ser padres. Y entonces, decidid.

¿Os parece muy difícil renunciar a tantas cosas y comprometeros hasta este punto? Pues es en parte difícil, en parte sencillo. Pero una cosa si os digo, compensa, compensa absoluta y tenazmente. Es la experiencia más maravillosa que vais a vivir jamás. Lo que recordaréis el último día de vuestra vida, lo que os haga sentir más felices y orgullosos, lo más grandioso que os espera.

Mireia Long

Si queréis ser los mejores padres para vuestro hijo os estamos esperando en nuestro curso:

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Las claves para dejar de gritar con Crianza Respetuosa

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Los gritos son desagradables. Ninguno de nosotros deseamos que nos griten ni para darnos instrucciones ni para regañarnos si hemos hecho algo mal. Tampoco nos gusta que nuestros hijos griten. Pero, ¿porqué les gritamos nosotros.

A veces es inevitable perder el control y hasta, en ocasiones, el levantar la voz nos va a salir sin pensar, cuando el niño está poniéndose en riesgo. Pero en la mayor parte de las ocasiones gritamos simplemente porque nosotros, los adultos, estamos desbordados. No siempre la razón es realmente el niño, sino nuestro cansancio o nerviosismo. Pero para que un niño no grite tenemos que darle ejemplo y además, asustarlos no les enseña el comportamiento adecuado.

Educar a un niño sin gritar es posible. No son más amables ni se comportan con más respeto los niños a los que se les grita, más bien al contrario. Si les gritamos, aprenderán que gritar es correcto. Para educar sin gritos podemos usar algunas herramientas sencillas que nos van a ayudar mucho.

1.- Adelántate a los acontecimientos. Estar atentos a nuestros hijos, percibir que están agotados o nerviosos, nos ayuda a prevenir situaciones peligrosas o de desbordamiento emocional en ellos. Y nos permitirá acompañarlos y guiarlos antes de que se desencadene el peligro o la tensión en muchas ocasiones.

2.- Reconoce tus limitaciones. Los adultos también estamos a veces preocupados, nerviosos o cansados y eso hace que perdamos el control más facilmente. Como hemos conseguido no gritarle a otros adultos podemos hacerlo con nuestros hijos que igual merecen respeto y empatía. Si estamos al límite de las fuerzas físicas o emocionales podemos, si el niño ya tiene edad, confiárselo. Y desde luego debemos aprender a relajarnos y no descargar en ellos la frustración.

3.- Recuerda cuando eras niño. Si somos adultos propensos a gritarle a nuestros hijos seguramente es que cuando erámos pequeños también nos gritaban mucho a nosotros. Si eso es así trata de recordar como te sentías cuando tus padres te gritaban: asustado, triste y enfadado. Y al recordar esas sensaciones negativas seguro que te será mucho más facil querer que tu pequeño no se siienta así y buscar otras herramientas de comunicación más empática y relajada.

4.- Toma una decisión: no voy a gritar. Mientras excuses tus pérdidas de autocontrol te va a ser muy dificil dejar de gritar. Pero si decides, consciente y responsablemente como adulto educado que eres, que no usarás los gritos estarás listo para empezar el camino.

5.- Busca ayuda. Los adultos nos dedicamos a aprender y formarnos también, para nuestro trabajo, nuestras aficciones y para mejorar nuestras habilidades sociales y de comunicación. Nuestros hijos merecen que, ya que son lo más importante de nuestras vidas, que dediquemos tiempo a leer y descubrir la psicología positiva y la comunicación pacífica. Existen muchos cursos, libros y grupos de familias, y también profesionales que pueden ayudarnos.

Si yo he podido aprender a educar sin gritos, tu, si quieres, también vas a poder con nuestro curso:

 

CRIANZA RESPETUOSA CON LA PEDAGOGÍA BLANCA

Mireia Long