Los deberes escolares son un error

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La programación del tiempo de ocio de las familias compete única y exclusivamente a los padres.
Los niños tienen derecho a tiempo libre, juego y descubrimiento. Tienen derecho a ir a las clases extraescolares que les apasionen. Tienen derecho a aburrirse, a leer lo que les apetezca, a ver la tele y jugar con el ordenador, a cocinar y cenar con sus padres, a irse toda la tarde al parque, a pasar los fines de semana y vacaciones sin obligaciones escolares. A aprender y vivir fuera de lo que espera de ellos el sistema escolar.
Los deberes suelen ser absurdos, aburridos y repetitivos, generando problemas de motivación y ansiedad, tensiones familiares, descargando en los padres la enseñanza escolar y promoviendo la desigualdad.
Las horas lectivas deben ser suficientes para que se ofrezcan los contenidos curriculares que marca la ley.
La evaluación debe ser continua sobre las competencias y contenidos asimilados por el alumno en el aula, no fuera de ella. Y menos puede usarse el no realizar tareas fuera del aula para amenzar con bajar notas o privar a los niños de su derecho al esparcimiento en las horas de recreo.
La educación debe ser personalizada y atender a las necesidades de cada alumno, cualquier tarea de refuerzo debería ser individualizada y atendida por un especialista.
En ninguna ley se exige que los niños trabajen después de sus horas lectivas.
NO A LOS DEBERES

Mireia Long

Mejor no hacer “mierdideberes”

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Mejor jugar que memorizar el libro.
Mejor ver la tele que copiar enunciados.
Mejor jugar con el ordenador que hacer los mismos problemas que ni entiendes.
Mejor un juego de mesa que una tarea impuesta.
Mejor un documental que un dictado.
Mejor un tebeo con gusto que un libro obligado.
Mejor ir a cualquier extraescolar incluso que hacer fichas.

Después de horrorizarme una vez más con los relatos sobre deberes abusivos, repetitivos y absurdos que los padres y madres cuentan que traen sus hijos, que tienen que pasarse hasta tres o cuatro horas diarias copiando enunciados, haciendo fichas o memorizando contenidos del libro, pensé que es necesario oponernos directamente a los “mierdideberes” y garantizar a los niños una infancia de aprendizaje feliz y tiempo libre. Y comencé una lista sobre que cosas son mejores: leer lo que te guste, soñar, pintar libremente, cocinar, ir a un museo, salir al parque, explorar la ciudad, ver un documental, hablar con otra persona, jugar y jugar y jugar,… todo eso aporta y enseña mucho más que una tarde de “mierdideberes” que, si no sabes hacer no podrás hacer bien y que si sabes hacer, será una pérdida de tiempo, añadiendo encima tensión a la vida de un niño y a su relación familiar. Mi sorpresa es que pronto padres. madres y maestros se unieron y aportaron sus ideas. Aqui las tenéis.

Edu Araujo
Mejor una gran dosis de cariño que una elaborada estrategia conductual!
Elena Garcinuño Santamaria
Mejor explorar otras opciones antes de intentar encajar!!
Verónica González-Tejero Piqueras
Mejor dejar de convertir niños extraordinarios en ordinarios.
Pilar Lucas
Mejor una canción que una tediosa lectura.
Mayte Gomez Gonzalez
Mejor un vivir un presente bonito que soñar con un futuro precioso.
Cristina Albarran
Mejor pasar el día en la calle aprendiendo con papa y mama que sentado en un aula (jaula)
Arya Gonzalez
Mejor extraer la curiosidad y la ganas de saber que introducir conocimiento que no interesa
Maria De Guia Torrico Blanco
Mejor bailar al ritmo de la canción favorita que estar sentada durante una hora
Pilar Lucas
Mejor despertar curiosidad que ahogar creatividad.
Maria De Guia Torrico Blanco
Mejor ser uno mismo compartiendo gustos con los demás que seguir rutinas absurdas
Maria De Guia Torrico Blanco
Mejor acompañar que ignorar y recriminar
Pilar Lucas
Mejor sitios aleatorios y diferentes que sillas asignadas todo el curso.
Maria De Guia Torrico Blanco
Mejor aprender y disfrutar de la infancia que ser la autoridad
Pilar Lucas
Mejor enseñantes con vocación, pasión y amor que funcionarios amargados.
Maria De Guia Torrico Blanco
Mejor docentes revolucionarios que docentes sumisos
Virginia Sampedro López
Mejor estudiar la música y el arte que la felicidad solo llega gracias a Dios.
Pilar Lucas
Mejor más salidas y demostraciones prácticas que aulas y pizarras.
Maite Castillo
Mejor un baile en grupo que horas sentados en mesas
Lucia Fraile Macein
Mejor que los niños establezcan sus reglas que les impongamos las nuestras, aunque tengan que armar mucho ruido y salgan a la luz unos cuantos conflictos en el proceso (y aunque la profe de al lado te critique por ello)
Patricia Gil Sánchez
Mejor no provocar el llanto al “no llores”
Julia Portillo Mozo
Mejor gran oferta de materiales para manipular que colorear sin salirse
María Del Mar Robert
Mejor aprender lo que interesa aunque no esté en el libro que aprender sólo lo que va a caer en el examen.
Olga Jiménez
Mejor experimentar que te lo cuenten.
Estefanía Martínez
Mejor echar la tarde en el parque con los niños y niñas del barrio que recreos de 20 minutos.
Adassa Hernández Miquel
Mejor parar una clase para resolver un problema entre compañeros que resolver 20 problemas de mates.
Beatriz Díaz Blasco
Mejor escalar árboles y montañas y quizás caer… que pensar qué es la gravedad!
Sara Casamar
Mejor mancharse de barro explorando el suelo, que sentarse en sillas con uniformes impolutos.
Mónica Merino Blazquez
Mejor mezclar colorante en agua para ver esa reacción del fluido y mezclar colores para experimentar como salen más que aprenderte de memoria todo a través de un libro
Pato Babbitt
Mejor jugar…y jugar…que aprender letras con 2 o 3 o 4 o 5 años…hay tan poco tiempo para ser niño…y tanto para ser grande…!!!!!
Edu Araujo
Mejor más tiempo para jugar juntos que un coche nuevo!
Helena Saez
Mejor golferias felinas en ingles, que hacer fichas que no entiendes.
Helena Saez
Mejor vender dibujos que no salirse de la raya.

 

Mireia Long

 

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Deberes y respeto al niño

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El tema central de mis reflexiones es el respeto que los adultos deberíamos tener hacia los niños. Y también la otra cara de la moneda, el respeto que pretendemos que ellos nos tengan a nosotros, como adultos.

Para mí el problema es que en el primer caso lo único que solemos hacer es tolerar ciertos rasgos o comportamientos (por otro lado, naturales o intrínsecos) de nuestros hijos – y nos creemos que así “los respetamos”, y en el segundo caso les pretendemos una especie de adulación/obediencia incondicional hacia nosotros que difícilmente podría definirse como “respeto” en realidad.

Hay un dicho que dice [Tweet “”respeta si quieres ser respetado””]. Si la actitud nuestra de padres es de verdadero respeto esto se reflejará con los años también en nuestros hijos. No pretendamos que nos lo muestre desde la cuna porque será imposible: su cuerpo, su cerebro necesitará muchos años para copiar exactamente nuestra actitud (porque no nos engañemos, los padres SOMOS un ejemplo, un modelo – EL MODELO, diría yo -, y los niños nos copian tal cual porque no tienen otra manera de aprender, estamos diseñados así, y todos los valores morales, éticos y emocionales los aprendemos a través de la observación y la imitación de la gente que nos rodea). Pero en el transcurso de los años los niños aprenderán a dominar a la perfección los modelos que copiaron (es decir, primero a sus padres y luego incorporando rasgos que les parezcan interesantes de otras personas de alrededor) y los valores que sean se reflejarán de forma fiel – incluso mejorada en la mayoría de los casos – en ellos. Por lo tanto, si nosotros, los padres o maestros, hemos hecho gala de unos valores de pacotilla, superficiales, basados en el miedo y el chantaje, y no en sentimientos reales y en el cariño, todo esto se verá duplicado en nuestros hijos, para bien o para mal.

No se puede ser tan incoherente como para pretender respeto real de nuestros hijos cuando lo que nosotros ofrecemos en muchos casos es una tolerancia agresiva basada en el miedo y la manipulación (“te tolero, pero siempre a cambio de que me obedezcas; si no lo haces te castigo”). Los niños no son tontos, ni ciegos. Nacen con esta claridad y limpieza mental, con una falta de prejuicios que los hace ver las cosas tal y como son aunque no sepan y no sean capaces de describir o incluso comprender interiormente la situación en sí. La sienten, la copian de forma casi inconsciente y la reproducen.

Por lo tanto y volviendo al respeto, la definición del vocablo en el diccionario de la lengua española de la RAE  es:

(Del lat. respectus, atención, consideración).

1. m. Veneración, acatamiento que se hace a alguien.

2. m. Miramiento, consideración, deferencia.

Tener veneración y consideración hacia nuestros hijos es algo imprescindible si queremos que ellos también lo sientan hacia nosotros. Por un lado los niños siempre quieren contentar a los padres si eso no va en contra de su manera de ser como individuos y no han sido manipulados por los adultos; por otro necesitan desarrollar su propia personalidad y es normal que así sea. Nosotros podemos – y lo hacemos en la mayoría de los casos – abusar de esta situación de “poder” que tenemos sobre ellos, pero ni es ético ni es sano, porque ellos necesitan también desarrollar su propia personalidad, y forzarles ser distintos para que correspondan con nuestro ideal mental es un error y una injusticia hacia ellos.

Tener respeto hacia los niños es aceptarlos tal y como son, acompañarles en su día a día y aprender cómo son, observar sus talentos y permitirles a desarrollarlos, enseñarles normas de convivencia básica sin caer en absurdas limitaciones convencionales sólo porque “así se ha hecho de toda la vida” o porque para el adulto “así es más cómodo”. Respetar a los niños significa negociar con ellos cuando hay una situación de conflicto – enseñarles el poder del diálogo y de la comprensión, de la paciencia y del cariño, mostrarles el deseo de querer resolver el conflicto de tal forma que las cosas salgan bien para ambas partes. Significa también guiarles con amor, sin violencia o enfado, y sin obligaciones inútiles (darle un beso a un adulto si el niño no quiere es una obligación inútil, al niño no le sirve darlo a regañadientes y al adulto en cuestión menos todavía si se le ofrece en estas condiciones – no así se aprende a ser cariñoso o cortés, y menos si se le chantajea porque ha ejercido su derecho a la intimidad personal y ha rehusado dar un beso, en plan “si no me besas me enfado contigo y ya no te doy chocolate”).

Respetar a los niños es tratarles con el mismo cuidado con el que nos gustaría que nos tratasen a nosotros. Sólo de esta forma aprenderán ellos a respetarnos a nosotros a su vez para toda la vida.

Y volviendo al tema que representa el punto de partida de mis reflexiones: meditando sobre la obligación de hacer cada vez más deberes y más trabajos escolares repetitivos, pensé en la falta de respeto que esto supone hacia nuestros hijos; en vez de ayudarles a hacer aquellas actividades que de verdad pueden desarrollar su potencial (distinto en cada niño) les obligamos a pasar horas y horas en deberes inútiles y absurdos aunque ya hay evidencia de todo tipo que demuestra que los deberes NO garantizan una buena disciplina, éxito académico o profesional, o un buen desarrollo intelectual.

Respetemos a los niños y ofrezcámosles una educación de calidad, actividades vitales y, sobre todo, acompañémosles en su crecimiento y educación.

Si quieres saber como acompañar a tus hijos en el desarrollo de su carácter, con respeto, en la Pedagogía Blanca te vamos a ayudar. ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Por Sorina Oprean