10 cosas que todo niño debe experimentar

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Cuando tenemos un hijo pequeño nos abruman mensajes contradictorios sobre las cosas que debemos ofrecer a los niños, las experiencias, recursos educativos y logros en su autonomía que parece que hay prisa para que logren antes de los seis años: dormir solo de un tirón, leer o dejar los pañales.

Sin embargo, a veces nos olvidamos de lo importante que es la experiencia real con la naturaleza y los materiales. Vamos a hablar de eso y os voy a proponer 10 cosas que creo que todos los niños necesitan poder hacer en su infancia.

Ensuciarse

Ensuciarse a conciencia: con barro, agua, arena, hojas secas, hierba mojada, polvo de los caminos, lluvia en el pelo, paja del establo. Mancharse lo que necesiten, sin miedo a la suciedad, ni a que se estropee la ropa, ni tan siquiera el resfriado. Mancharse sin preocupación, sintiendo la experiencia de la materia natural.

Revolcarse por un prado, pisar las boñigas de una vaca, acariciar un animal, tener las manos llenas de barro y de musgo de un árbol. Terminar con los zapatos empapados del limo de un riachuelo.

Comer alimentos que recolecte de la Naturaleza con sus propias manos

Seguramente muchos, cuando eráis niños, descubristeis el placer de comer algo cogido con vuestras propias manos. Yo comí peras y manzanas verdes de un árbol en el que trepe, moras del zarzal en el camino, setas de otoño (con la supervisión de un experto), espárragos e hinojo silvestres, nueces y piñones caídos, frambuesas, flores de acacia, trigo verde, néctar de campanilla, el dulce jugo de una hoja de hierba, higos maduros, huevos de las gallinas recién puestos, leche ordeñada con mis propias manos.

En lo posible ofrecer esta experiencia maravillosa a los niños, en paseos por el campo, vale la pena.

Y si tenemos la oportunidad de cultivarlos nosotros mismos en casa o en el jardín, es otra experiencia maravillosa el plantar, regar y cuidar los vegetales para luego disfrutarlos frescos y llenos de sabor.

Construir un refugio

Nosotros hemos construido muchos refugios. En el bosque, con ramas caídas; en la playa, con los troncos que arrastra el mar; en el desierto, con hojas de palma, piedras y cañas. Inventando un lugar donde escondernos, una aventura de náufragos u hombres prehistóricos.

Sentir los elementos

Sentir directamente la fuerza y la diversidad de los elementos de la Naturaleza es emocionante, divertido y educativo. No privemos a los niños del viento en la cara, la lluvia en el pelo.

Meter los pies en el río, chapotear en los charcos, tocar con la mano el hielo en invierno, arrancar un carámbano. Revolcarse en la hierba y en la nieve. Lanzarse pellas de barro. Dejar que te rodee una tormenta. Patear las hojas otoñales. Oler las flores de la primavera. Explorar un bosque, una cueva (pequeña), caminar sin rumbo en un paraje natural. Subir una montaña hasta que puedas ver el horizonte y oler el aire de las alturas.

Descubrir animales en libertad

Mirar en una charca los renacuajos, los peces en un riachuelo, observar aves en libertad, perderte en el vuelo de los flamencos. Sentarte en mitad el bosque, en silencio, tumbado sobre la hierba mientras miras los insectos que se mueven. La sorpresa de un conejo que corre. Y, si puede ser, delfines saltando en torno a tu barco o corzos asomando, tímidos, entre los árboles. Escuchar el canto de los pájaros sin hablar. Seguir el curso de un rio hasta ver patos o nutrias.

Hacer sus propios juguetes

Otra de las actividades que olvidamos, cuando pueden ser muy sencillas, es enseñarles a construir sus propios juguetes.

Hacer una cometa y luego, esperar ansioso un día de viento para hacerla volar es algo maravilloso. Hacer una flauta o un palo de agua. Inventar una presa en el riachuelo con palitos y piedras, dejando luego que el agua vuelva a correr libre.

Trepar

Trepar por el simple placer de trepar. Con seguridad, pero sin miedo, y acompañados si es necesario. A un árbol, una tapia, una piedra enorme o una montaña. Sintiendo el peso del propio cuerpo, la gravedad que empuja hacia abajo, descubriendo los lugares donde apoyar los pies y asegurar las manos. Arañándose las rodillas, gritando al llegar a la cima, saltando como locos al rememorar la hazaña.

Encender una hoguera

Encender una hoguera. Por supuesto, con todas las normas de seguridad y la supervisión de un adulto, pero encenderla. Recogiendo ramas secas, con carbones, en un espacio asegurado o en una chimenea. Dando aire con un fuelle o abanicando con lo que tengamos a mano. Viendo como las llamas se alzan, sintiendo el calor en la cara, observando como se consume y, al final, apagando las brasas.

Comer con las manos

Pues sí. Comer con las manos es un placer que no deberíamos prohibir, siempre dentro de las normas y adaptándonos al lugar y el alimento. Pero comerte unas chuletas, un pescado asado en el espetón, lo que sea, pero sin necesitar platos ni cubiertos, con los dedos calientes y la grasa por la barbilla. Es divertido, excitante y reconfortante.

Ir descalzo

Por casa les encanta seguramente ir descalzos. Y os lo digo aunque a mí me cueste horrores no ser una pesada de las zapatillas.

Y además, con cuidado, deberíamos dejarles sentir la sensación de los pies desnudos sobre la hierba y las hojas húmedas, la arena caliente, las piedras del camino, la nieve y el agua de un río o el mar aunque estén fríos. Luego, te limpias y te calzas, pero un rato de pies desnudos, con el barro colándose entre los deditos, es un placer y una experiencia sensorial que merecen tener.

 

Estas diez cosas que los niños necesitan experimentar en su infancia son propuestas a las que deberíamos acercarles, en vez de prohibirlas o evitarlas, pues son una fuente de aprendizaje, libertad y diversión maravillosa.

 

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Claves que ayudarán a nuestros niños en su aprendizaje.

Muchas veces damos por hecho que los niños aprenden solos a estudiar pero la realidad nos demuestra diariamente lo contrario. Muchos adolescentes y adultos no han adquirido las habilidades básicas necesarias para realizar cualquier tipo de aprendizaje. En un mundo que cambia velozmente y donde una persona tiene que dar respuesta a estos cambios, enseñar a aprender se nos presenta como una gran necesidad. No en vano, tenemos que pensar que la mayoría de profesiones y tareas que nuestros niños desempeñarán el día de mañana ni siquiera han sido inventadas.

Pero, ¿cómo conseguir que nuestros niños aprendan a aprender?

Azucena Caballero, co-directora de la Pedagogía Blanca, te da algunas claves:

La responsabilidad de asegurarte de que tus hijos te escuchen.

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El otro día me hablaron de un padre cuyo hijo nació sordo. El chico ahora es un joven adulto trabajador, implicado son su comunidad y muy comunicativo. Y el padre narraba como a lo largo de toda su infancia el hecho de tener un hijo sordo hizo que él jamás se enojara con su hijo por no escucharle. Tenía clarísimo que si su hijo no estaba escuchando lo que él decía era por que él no se había asegurado de decírselo de forma que él pudiera leer bien sus labios. Él era quien tenía que ponerse a la altura de su hijo, frente a él y usar las palabras que su hijo mejor iba a entender. Es decir la responsabilidad de asegurarse de que su hijo le escuche es de él.

Esta anécdota, o forma de comunicarse eficazmente, más bien. Me impactó, por que lo que contaba este padre era algo que en realidad todos los padres deberíamos practicar. Asumir la responsabilidad de asegurarnos de que nuestros hijos nos escuchen, en lugar de enfadarnos por que parece que no nos oyeron.

¿Qué haces tú para asegurarte de que tu hijo ha entendido lo que le dices?

Nosotras te vamos a compartir lo que hacemos nosotras en una conferencia gratis vía Facebook live esta noche a las 22h de Madrid. Si me lees antes de hoy, 11 de mayo, a las 22h, pincha en el enlace que te dejo debajo y vente en directo. Atenderemos también tus consultas. Si me lees más tarde, no te preocupes. Ese enlace te sigue sirviendo. Son las maravillas del mundo moderno. La charla se va a quedar grabada en nuestra página de Facebook, así que pinchando ahí podrás ver la grabación.

Deseamos que compartir nuestro conocimiento y nuestra propia experiencia te ayude.

Besos,

Azucena

PS: Aquí te dejo un botón con el enlace para que no te pierdas nuestra charla en Facebook live.

 

El cerebro en una mano, por Miriam Escacena

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El cerebro en una mano, descubre cómo mantener la calma en las situaciones difíciles

Queridos amigos,

Estoy encantada de colaborar con Azucena y Mireia en este espacio donde a todos nos une un mismo fin: educar a nuestros hijos con respeto y empatía. Por ello, me voy a estrenar hablando de una herramienta de Disciplina Positiva que me parece tremendamente útil si la ponemos en práctica en nuestro día a día: el cerebro en una mano, un modelo muy visual que nos permite entender nuestra forma de actuar de una forma tan sencilla que incluso podemos explicar a nuestros hijos.

La crianza es una oportunidad excelente para experimentar un gran crecimiento personal y querer dar lo mejor de nosotros mismos, pero es cierto que uno de los mayores retos que nos encontramos es precisamente ese: ser realmente un buen ejemplo para nuestros hijos. El estrés del día a día, el ritmo de vida y el cansancio que llevamos muchas veces nos pasa factura y sin darnos cuenta terminamos perdiendo el control y elevando la voz a las personas que más queremos: nuestra pareja y nuestros hijos, y si no que se lo digan a Mireia Long y por qué sigue teniendo tanto éxito su taller “Deja de gritar”.

 

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No somos perfectos, somos humanos. Esta sociedad patriarcal en la que vivimos nos hace cargar con un sentimiento de culpa constante, muy especialmente a las mujeres, que desde que nos convertimos en madres recibimos continuamente mensajes de que debemos ser “super womans” y llegar a todo.

 

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En mi caso particular esto me ha traído serios problemas, hasta que recientemente entendí que no tiene por qué ser así, que no soy perfecta ni quiero serlo, que debo eliminar la culpa y perdonarme, y que para cuidar a otros el primer paso es cuidarme a mí misma.

 ¿Te suena todo esto de lo que te hablo? Bueno, pues si a ti alguna vez también se te ha escapado algún grito empieza por perdonarte y sigue leyendo, porque lo que te voy a contar puede hacer cambiar tu día a día. 😉

Primero me gustaría empezar hablando del trabajo del médico y neurocientífico norteamericano Paul MacLean, que en 1970 elaboró un modelo de cerebro basado en su desarrollo evolutivo: la Teoría del Cerebro Triuno. Así, según este modelo, la mente humana está construida en base a la superposición evolutiva de tres cerebros: el reptiliano, el mamífero y el racional, que se fueron añadiendo sucesivamente como respuesta a nuestras necesidades evolutivas.

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Esto explica que haya ocasiones en que nos comportamos siguiendo mucho más nuestro instinto y otras de una forma mucho más meditada. Siendo la misma persona no actuamos igual cuando por ejemplo tenemos un “hambre voraz”, una relación sexual o en el propio acto de alumbrar a un hijo,  o cuando utilizamos el pensamiento abstracto para por ejemplo estudiar, debatir, negociar o dar una ponencia, ¿verdad? Cada uno de los tres cerebros controla determinadas actuaciones pero están interconectados entre sé.

 

  • El cerebro reptil o primitivo es la primera parte que se formó, y está compuesta por la médula espinal y tronco encefálico. Constituye el centro de la parte instintiva del ser humano, es decir, de las funciones básicas de supervivencia, como la respiración y el latido del corazón así como de las respuestas automáticas: Fly, Fight or Freeze. Genera comportamiento reactivo: hacer y actuar, (escapar, luchar o quedarse congelado).
  • El cerebro mamífero es la segunda parte y está formado por el sistema límbico. Regula los sentimientos y emociones. Genera el comportamiento emotivo: sentir y desear.
  • El cerebro neomamífero o racional es la tercera capa y está formada por el neocortex o corteza cerebral. Gestiona los procesos intelectuales a través de sus dos hemisferios: izquierdo y derecho. Genera el comportamiento racional: razonar y hablar. Esta última capa apareció junto con los primeros mamíferos superiores hace cien millones de años y supuso un salto cualitativo muy importante que nos diferencia del resto de mamíferos.

El cerebro en una mano, una gran herramienta para comprender

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Daniel Siegel, uno de los autores de “El cerebro del Niño”, habla de un modelo muy visual que nos permite comprender el funcionamiento del cerebro y la importancia de la integración, utilizando una representación con nuestra propia mano:

  • Cerebro reptil: palma de la mano
  • Cerebro mamífero : pulgar
  • Cerebro racional: dedos plegados

Como observamos al plegar la mano, una parte de nuestro cerebro racional está conectada con el límbico y el reptiliano, ayudándonos a ser conscientes de nuestra forma de actuar y regular nuestras emociones: la parte más humana controla la parte más animal.

Pero en ocasiones de estrés el cerebro inferior puede dispararse, haciendo que se “abra la tapa”, (como se desplegaran los dedos), y el cerebro racional deja de ejercer su regulación.cabeza abierta

 

Perdemos nuestro cerebro más humano y nos dejamos llevar por las emociones, pidiendo actuar de forma poco coherente a  lo que de verdad pensamos o incluso agresiva.

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Aquí tienen mucho que ver las neuronas espejo, que son capaces de reconocer el estado emocional de otra persona y tienden a copiarlo. Por eso es tan difícil mantener la calma cuando nuestro hijo entra en una rabieta o discutimos con nuestra pareja.

Pero lo fascinante del tema es que podemos devolver nuestro cerebro a su estado plegado e integrado, dándonos cuenta de lo que sucede, poniendo nombre a las emociones y “cerrando la tapa” o actuando antes de que llegue a abrirse del todo.

¿No es maravilloso?

Aquí te dejo el vídeo del propio Siegal explicando su modelo:

 

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Me despido con esta fábula que nos da pie a reflexionar sobre el tema..

 

Un viejo cuento decía:

 

Un renombrado maestro, que corría tras la fama, reunió en una carpa a cientos de discípulos y seguidores. Se irguió sobre sí mismo y dijo:

– Amados míos, escuchad la voz del que sabe.

En ese momento se creó una gran expectativa y un silencio profundo generó el apropiado marco de veneración para las palabras del maestro, quien prosiguió de la siguiente manera:

– Nunca debéis relacionaros con la pareja de otra persona, tampoco beber alcohol o alimentaros con carne de cerdo.

 

Entonces uno de los asistentes se animó a preguntar:

– ¿Pero maestro, no eras tú el que el otro día se vio en brazos de la esposa de José?

– Sí, era yo- respondió el maestro.

Después de lo cual otro oyente también se atrevió a preguntar:

– ¿Pero no eras tú el que la otra noche se encontraba bebiendo vino en una taberna?

– Sí, también era yo.

Y un tercer asistente, ya enojado, le preguntó:

– ¿No eras tú, el que ayer a la mañana estaba comprando carne de cerdo en el mercado?

– Efectivamente.

Y en ese momento, todos los asistentes, mostrando indignación por la actitud del maestro, comenzaron a recriminarle:

– ¿Por qué nos pides que hagamos lo que tú no puedes cumplir?

Entonces, el falso maestro respondió con sinceridad:

– Porque yo sólo enseño, no practico.

 

La moraleja de este cuento podría ser la siguiente:

 

“Verdadero maestro es el que hace lo que dice, siente y piensa”.

 

Ese es uno de los mayores retos de la inteligencia emocional

Si te apetece aprender más sobre este tema tan apasionante te invito a que vengas a mis próximos cursos, comenzamos de Educar con Inteligencia Emocional en el mes de Marzo, ¡no te lo pierdas!

 

Esperamos que te haya gustado este artículo, te leemos en los comentarios! 😉

miriamMiriam Escacena

http://www.comunicacionconbebes.com

Miriam es fundadora de la asociación de crianza “Entre Nubes”, Educadora de Masaje Infantil por la organización internacional IAIM, instructora de lengua de signos para bebés, instructora de porteo, formadora de La Pedagogía Blanca y actualmente se está formando también como Guía Montessori de Comunidad Infantil.

La puedes encontrar en:

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Y si lo deseas también te puedes suscribir a su blog aquí:

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No cometas estos fallos con la educación de los niños

Mother's love. Cute baby 6 month with mother.

Os aseguro que todos estos fallos que a veces comentemos los padres dejan huella y dificultan la relación que seguro deseáis construir con ellos toda la vida: confianza, respeto y deseo de compartir el tiempo juntos.

Traspasarle nuestros miedos

Los padres somos los últimos y máximos responsables del bienestar y la seguridad de nuestros hijos. Eso, unido al inmenso amor que sentimos por ellos puede disparar nuestras inseguridades y miedos, hasta el punto de excedernos en ellos, paralizar su desarrollo y no permitirles asumir sus propios riesgos.

Atención, con no traspasar nuestros miedos a los niños no quiero decir que debamos dejarles tomar todas las decisiones. De ninguna manera. Los niños no tienen la experiencia necesaria para valorar todos los peligros y riesgos, por lo que nuestro papel es el de contención, aliento y guía.

Sin embargo, en ocasiones, el miedo a que les pueda suceder algo malo o una experiencia negativa de nuestra propia vida puede convertirnos en malos gestores de las situaciones, traspasándoles inseguridades y, sobre todo, imponiéndoles temores excesivos o infundados.

 

Precaución y responsabilidad, por supuesto, pero nunca encerrar a los niños en jaulas de cristal dentro de las que no puedan también cometer sus propios errores siempre que estos no pongan en peligro su integridad física, moral o emocional.

Imponerles nuestros sueños no cumplidos

Los padres nunca debemos olvidar que nuestros hijos son personas independientes que tienen derecho a elegir sus propias vidas, sus pasiones y sueños. Nuestro papel es, de nuevo, de guía y protectores, pero nunca debemos imponerles el que se conviertan en la persona que nosotros no conseguimos ser.

Nuestro hijo no tiene que ser médico si no nosotros lo somos o lo quisimos ser y no pudimos. Ni en cantante, bailarín o actor. Tampoco tiene que practicar determinada disciplina o deporte porque a nosotros nos guste mucho. No vivas a través de ellos.

Merece ser él mismo y descubrir lo que le apasiona y le hace vibrar, lo que le hace querer buscar la excelencia personal y la superación. Merece ser feliz haciendo lo que ama.

Si tú quieres ser médico, aprender a cantar o jugar estupendamente al futbol, estás a tiempo, no le obligues a él a ser lo que no has sido. Déjale descubrir sus propios sueños y apóyale para que los haga realidad.

Criticar a sus amigos

Seguro que alguno de los amigos de tu hijo no te parece la mejor elección posible. Si hay un riesgo real, debes intervenir. Pero desde luego no debes nunca pasarte la vida criticando y sacándoles defectos a todos sus amigos, imponiéndole que solo se relacione con los niños que más nos gusten (o con los hijos de personas que nos gusten).

A medida que pasen los años tu hijo adquirirá mayor autonomía en sus elecciones en las relaciones personales y merece sentir que confías en él y en lo bueno que sus amigos le aportan. Es muy triste eso de que un hijo piense que sus padres lo consideran un idiota sin criterio y que le digan que sus amigos no merecen nunca la pena.

Busca lo bueno que hay en sus amistades, déjalo sentir tu apoyo, valora lo que le aportan, y así realmente confiará en ti si hay alguna situación en la que necesite consejo o ayuda.

Burlarnos de sus emociones

Los niños se van a acercar a nosotros cuando sientan emociones intensas: miedo, rabia, celos, alegría o nerviosismo por algún cambio o reto en sus vidas. Nunca debemos minimizar sus emociones y mucho menos burlarnos de ellas.

A veces ves a padres que, por razones equivocadas, quieren que sus hijos contengan los que sienten o sean más duros o serios de lo que un niño es. Eso les daña. Sienten que no tienen importancia para nosotros, que no son lo bastante válidos, que si confían en nosotros los dejaremos de lado. Es un error, especialmente grave si esas chanzas los ridiculizan en público, cuando más vulnerables se sienten.

Lo que los niños experimentan es tan importante para ellos como lo que experimentamos los adultos lo es para nosotros. Si queremos que los niños sepan identificar sus emociones, confíen en nosotros y desarrollen una buena autoestima jamás debemos reírnos de ellos y sus peores momentos.

 

Mireia Long

Ventajas de aplicar Aprendizaje por proyectos en familia

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Son cada vez más las familias que quieren involucrarse directamente en la educación académica de sus hijos y se sienten muy atraídos por el Aprendizaje por proyectos, sea porque desean potenciar los intereses de sus hijos, sea porque la escuela no cubre todas sus necesidades, sea porque consideran que ellos también pueden aportar mucho más que ayudar con los deberes, sea porque han optado por el homeschooling. Y se preguntan su pueden usar este sistema en su casa.

La respuesta es que sí, el Aprendizaje por proyectos es perfectamente trasladable al hogar e incluso, podemos trabajar las habilidades de colaboración y equipo creando proyectos conjuntos con otros niños, hermanos o amigos o a través de asociaciones o grupos que nosotros organicemos.

La ventaja más obvia a este tipo de aprendizaje es que, como las estadísticas han demostrado, el aprendizaje por iniciativa propia es atractivo y eficaz, ya que es relevante para el estudiante. Toda persona aprende más y mejor, se compromete y asimila más profundamente si el contenido y el proceso tienen un valor real para él y si entiende su utilidad.

Trabajar por proyectos en casa ayuda a que los niños, por ejemplo, aprendan a programas su trabajo y actividad, habilidades realmente necesarias para su vida actual y futura. Van a incorporar a su formación la capacidad de buscar y seleccionar información, analizar la relevancia de datos, elegir temáticas y contenidos en los que profundizar y descubrir sus capacidades. Aumenta su confianza en ellos mismos, les recuerda que aprender es divertido (si en el colegio se aburren esto añade un valor enorme al trabajo en casa), y les enseña a usar diferentes formatos de presentación.

Con ayuda de sus padres y rúbricas como las que nosotras usamos, además, podrá ser capaz de hacer una crítica constructiva a su trabajo, ver qué áreas puede mejorar, donde hay detalles que pulir, y como es capaz de avanzar.

Además, lo que aprenden los niños en casa puede ser difícil de compartir con otras personas. No sucede lo mismo cuando trabajamos con proyectos, pues luego pueden organizar una presentación formal con la familia o amigos. A ellos les va a servir para afianzar la confianza en ellos mismos, sentirse orgullosos, organizar mejor sus ideas y presentaciones y lograr aumentar sus habilidades de oratoria, algo que, en las escuelas, no siempre se trabaja suficientemente por el modelo educativo o por el número de alumnos.

Además, cuando trabajamos por proyectos podemos ayudar a que los niños profundicen realmente en los temas que más le interesan, los que aman, los que son verdaderamente vocacionales. El sistema educativo está muchas veces atado a un calendario y curriculum en el que lo que a cada niño hace emocionarse y querer aprender a fondo con excelencia apenas tiene cabida. Aprender por proyectos en casa les da la oportunidad de convertirse en expertos, con rigor, adaptado a cada edad y estilo de aprendizaje. Van a vibrar y van a estudiar aquello que más les gusta. Les hace ver y vivir como puede ser su futuro si siguen por ese camino, elegir aquello a lo que quieren dedicar su vida incluso.

Si estamos hablando de niños de Altas Capacidades o con necesidades educativas específicas, o sencillamente, de niños que no están disfrutando de la experiencia escolar, las ventajas son enormes. También va a servir para niños que tienen altas expectativas en cuestiones educativas y están desmotivados o, sencillamente, el colegio no les da todo lo que desean.

Para terminar, la ventaja mayor que ofrece el Aprendizaje por proyectos en casa, guiado por los padres, es que mejora la confianza y el conocimiento mutuo, reforzando los lazos de comprensión en la familia y haciendo que padres e hijos sientan que comparten experiencias comunes de gran valor.

Si crees que tus hijos pueden beneficiarse de todas estas ventajas pero no sabes como trabajar con ellos este sistema, es el momento de poder aprender todo lo que necesitas en nuestro curso de Aprendizaje por proyectos.

Si todo esto es lo que crees que un hijo necesita para lograr el desarrollo óptimo y no sabes como empezar, es que estás buscando el curso de Aprendizaje por proyectos de la Pedagogía Blanca.

 

Mireia Long

No siempre lo alternativo es mejor

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Pues que quede claro. Todos los niños merecen protección si son agredidos y todos los centros deben actuar en esos casos.

Lo primero que tenéis que preguntar en un colegio o escuela alternativa es que política real tienen de actuación cuando hay agresiones entre compañeros. Porque si os dicen que ellos no intervienen porque deben resolverlo entre ellos o que es una cuestión kármica o que en los conflictos no hay que posicionarse porque todos son responsables o el agredido lo atrae porque tiene que aprender algo .. salid huyendo de ahi.

Si dicen que eso alli no sucede, mienten. Si dicen que sucede pero hacen todo lo posible por evitarlo y reconducir a los que agreden y proteger a los agredidos, es lo minimo.

A partir del reconocimiento de que hay agresiones (fisicas, verbales o emocionales) entre los alumnos, algo innegable que sucede en todos los centros como demuestran las estadisticas, y que el buying es real, cada centro y cada maestro individualmente deben mejorar sus estrategias de detección e intervención.

Los niños merecen mas protección que los adultos. Y nosotros tenemos más herramientas para evitar y defendernos de un abuso, incluso tenemos a las autoridades para denunciar. Los niños no pueden ver minimizado su derecho.

Los niños vienen de ambientes muy variados y por diversas razones pueden llegar a agredir a otro niño, a veces sencillamente porque no saben canalizar su agresividad o porque proyectan problemas de otro ámbito. Los niños que agreden también son victimas y lo serán más si no les enseñamos a actuar de otro modo, pues reforzarmos la impunidad y las agresiones pueden aumentar en intensidad con los años. Los que son observadores de las agresiones y, por supuesto, los que las sufren, merecen que los adultos las evitemos antes de que sucedan y que intervengamos inmediatamente para pararlas y procurar que no se repitan bajo ninguna circunstancia.

Nada hay peor para quien sufre una agresión que se niegue lo sucedido o se le culpabilice del modo que sea.  No hay justificación ni ideológica, ni psicológica ni por dejadez para hacer a un niño “responsable” de sufrir agresiones.

No actuar conduce a la víctima a la indefensión aprendida o a causar violencia ante su falta de recursos externos de ayuda. Les tenemos que enseñar que no están solos y que actuaremos para defenderlos de las agresiones, y solo estando seguros, podremos abordar el problema desde todas las perspectivas, ayudando también al niño que agrede a expresar de otra forma su malestar.

Si quieres saber como manejar las agresiones entre niños de manera respetuosa, ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Mireia Long

Esta es la fuente de la Pedagogía Blanca

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Nada compra el ejemplo, el cariño, la cercanía, el tiempo compartido, la conexión, la comprensión del otro, el amor construido sobre experiencias y sobre dedicación.
Nadie más que nosotros enseñará a nuestros hijos mejor a tener valores, responsabilidad, empatía y entrega a lo que amamos y a nuestros sueños que nosotros mismos.
La individualidad, la capacidad de ser libre, de poner límites y de elegir su camino, la felicidad de vuestros hijos se construye en lo que ahora construís con ellos.
Y tenéis que hacerlo vosotros personalmente, pues la relación más importante de vuestra vida es con ellos y una relación sana, de respeto mutuo verdadero, de confianza, necesita tiempo y necesita, sobre todo, que toméis vuestras responsabilidades con seguridad y confianza.
Nadie puede substituiros. Nadie puede educar a vuestros hijos como vosotros, los que más los amáis y los que mejor los tenéis que conocer como seres únicos y libres.
Nadie.
Eso es la Pedagogía Blanca. Si no lo has entendido,es que no has entendido nada.

Mireia Long

http://www.pedagogiablanca.net/unete/

La frustración

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El tema de la frustración es algo que me preocupa desde hace unos años: desde que mi hija cumplió los 13 años y noté un nivel más alto de frustración, propio de la edad, y vi que todo lo que yo sabía sobre ello era poco o equivocado; todos los consejos que nos daban a los padres, todas las teorías reinantes. Me sensibilicé más con el tema y empecé a tomar consciencia de lo que ocurría cuando aparecían estas situaciones, no sólo con mis hijos, sino también con los demás miembros de la familia. Empecé a ser más empática y paciente.

Frustración sentimos desde que nacemos y lo hacemos hasta abandonar este mundo; bien porque no nos atienden, bien porque las cosas no salen como queremos, o simplemente por miedo. Teniendo en cuenta que los niños sienten esta emoción desde bebés y recordando los consejos absurdos de algunos “expertos” que afirman sin tener ninguna prueba que los niños son “pequeños tiranos y nos quieren manipular” cuando lloran y se tiran al suelo en un ataque de frustración, me gustaría apuntar que en estos casos no se trata de “manipulación” (¿hablan en serio? ¿un niño de 2 años sabe tanto de psicología humana y tiene tanta experiencia social como para saber manipular a un adulto?? ¿de dónde han sacado esta conclusión?), sino de sentimientos/sensaciones más básicas, naturales en el ser humano: miedos, frustraciones, necesidades emocionales o físicas, cansancio, hambre, sed…

¿Qué hacer?

Primero, para poder ayudar a nuestros hijos es importante quitarnos de la cabeza los prejuicios reinantes sobre los llantos o enfados de los niños e intentar razonar partiendo de nuestros propios sentimientos y emociones. Todos los tenemos dentro y la lógica nos dice que los bebés o niños también.

Segundo, reconocer la emoción en sí. Parece mentira, pero muchos de los adultos no son capaces de reconocer la frustración como tal y aceptarla como algo humano, por lo tanto algo normal. Nos enojamos con las situaciones que se nos escapan de las manos, con lo que nos molesta, pero no somos conscientes del por qué. Si llegamos a ser conscientes de nuestras emociones ya la mitad del trabajo está hecho.
Un ejemplo de frustración no reconocida: hay padres que se ponen nerviosos cuando oyen bebés llorando (suyos o de otros), pero no son capaces de reconocer por qué. Es fácil, estamos programados genéticamente a ponernos nerviosos al oír el llanto de un bebé para atenderlo y, de esta forma, tranquilizarlo y luego tranquilizarnos nosotros. Para dar más detalles, al oír el llanto de un bebé nuestro cerebro primitivo reconoce la situación como de emergencia o peligro, luego hay una descarga automática de adrenalina en nuestra sangre para darnos energía para huir o resolver la situación de emergencia (la adrenalina es la hormona del miedo y de la acción), y a raíz de esta descarga nosotros accionamos y calmamos el bebé. Por desgracia, nuestra cultura nos impide seguir nuestros impulsos naturales diseñados por la naturaleza y no todos los adultos reaccionamos positivamente cuando se trata de la resolución de la situación. Algunos ni saben lo que les pasa y no saben, por lo tanto, qué hacer. Otros tienen vagancia y no quieren moverse de su sitio. Y otros tienen la idea equivocada que “no debemos atender el llanto de un bebé porque nos quiere manipular”. Ya ahora sabemos que no es así.

Aceptemos nuestro malestar y aceptemos que los niños pueden sentir lo mismo con el agravante que no saben qué es, ni cómo se gestiona. Si nosotros lo reconocemos y lo aceptamos, ellos aprenderán a reconocerlo también a aceptarlo.

Tercero, intentar manejar la frustración y buscar una solución. No controlarla y ahogarla, sino gestionar la emoción y buscar resolver la situación que nos la produce. Si nuestro hijo llora o grita o está enfadado lo mejor es intentar calmarlo primero y luego procurar averiguar qué le ha producido la frustración: ¿tiene hambre, sed, dolor, tristeza? ¿está enfadado porque no le hemos hecho caso antes?  Recordemos que los niños no saben gestionar sus emociones.
Recordemos que los niños no saben gestionar sus emociones son pequeños, son inmaduros, están aprendiendo poco a poco cómo hacerlo viéndonos a nosotros cómo gestionamos estas situaciones. Si les decimos “cállate, niño” no van a aprender a gestionar, sino a ahogar su dolor o a negarlo.

Da igual la edad, desde recién nacidos hasta jóvenes de 18-20 años, todos sienten frustración y muchos están en el proceso de aprender cómo canalizarla; como adultos, nuestro papel es enseñar cómo reconocer, gestionar y solucionar un conflicto interno de este tipo a través de nuestra paciencia y nuestro propio ejemplo.

Si quieres aprender a acompañar a tu hijo y alumno con nosotras, consiguiendo herramientas para comprenderlo mejor, ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA.

Sorina Oprean, tutora de la Pedagogía Blanca

Obediencia y autonomía

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¿Ser un niño obediente es igual a ser un niño “bueno”? ¿Hacer lo que mandan los padres es siempre benéfico para los niños? ¿Son sólo los padres los que saben qué es mejor para los hijos? ¿Los niños no pueden decidir nada sobre su propia educación? ¿Los padres deben ser dueños absolutos de la educación de sus hijos y decidir en su lugar o deben tener el papel de unos maestros-guías que les ayuden a los niños a decidir por sí mismos cómo desarrollar mejor su personalidad y autonomía?

Hace un par de meses unos padres preocupados por la educación de su hijo analizaron en este video  un libro escrito por una madre china sobre cómo educar a los niños de forma estricta e inflexible para sacar lo mejor de ellos. Si nos llevamos por las ideas que le inspiraron a darles esta educación a sus hijos el tema es como mínimo polémico. No es cuestión de occidente versus oriente, es mucho más, diría yo.

Aquí van algunas de las ideas conductoras de esta madre:

No invitar nunca amigos de los hijos a casa a jugar.

Jugar no sirve – es una perdida de tiempo – hay que limitar el tiempo de juego.

No ver ni televisión, ni videojuegos.

Prohibido actuar en obras teatrales.

No tocar percusión. 

No animar a los niños por sus logros, sino decirles que lo pueden hacer mejor. 

No conversar, ni hablar con los niños. A los hijos se les adoctrina, no son amigos.

La felicidad es ser el mejor. Hay que tener éxito siempre.

Estudiar y practicar también en vacaciones. 

No hacer los deberes con tus hijos, la responsabilidad es suya, no tuya.

De entrada me parece que la madre china plantea un adiestramiento a la antigua, según la tradición china, en una época que ya no corresponde con este tipo de “aprendizaje”. Las últimas investigaciones sobre el cerebro, todo lo que aporta la neurociencia, lo que sabemos sobre las emociones, las conexiones neuronales, el papel de las hormonas y glándulas en el aprendizaje, el ritmo individual de la madurez cognitiva y de todo tipo – todo esto hace que el planteamiento de esta señora parezca como poco abominable. Evidentemente las hijas estarán contentas – no han conocido otra manera de criarse y si se les ha adoctrinado acerca del concepto de “éxito” claro que se sienten realizadas. Pero esto depende del objetivo final de los padres.

Para mí hay algo sagrado: el derecho de cualquier ser humano a elegir su propia educación, independientemente de su edad, y el derecho al amor incondicional. Un menor no puede tener menos derechos que un adulto. Ya sé que un niño no sabe exactamente cómo educarse y para ello están los padres, para seguirle en sus intereses y talentos – la guía cariñosa de los adultos cuidadores; no con un adiestramiento agresivo y rígido, sino con atención hacia sus gustos y sus necesidades reales de aprendizaje. Además, la educación supone saber desenvolverse en la vida, por lo tanto necesita vivirla y hacerlo a SU manera.

Vamos, que a mí me parece terrible lo que plantea la madre china. Por dar el ejemplo que mejor conozco – o sea nosotros – nosotros no hemos hecho ninguna de las cosas propuestas por ella y sin embargo tenemos dos hijos maravillosos – vale, no son number one, pero tampoco lo queríamos, la verdad; demasiada presión – muy bien educados, sanos, felices, trabajadores, responsables y disciplinados. ¿Qué he hecho? Pues casi justo lo contrario de lo que propone la señora. He conversado con ellos, los he tratado como a mis amigos – y ahora somos amigos, ellos con 20 y 18 años, yo con 49 – me han acompañado en todos mis quehaceres diarios, en mis problemas y mis alegrías, han aprendido lo que es la vida a mi lado, como madre. Han jugado durante muchos años de su vida, y seguimos en el mismo espíritu, el sentido del humor es sano y te mantiene a flote incluso en los tiempos más negros de tu vida. Han estudiado música a su ritmo y también han ido a talleres de percusión. Mi hija quiere dedicarse a la música de forma profesional; él la ve como una compañera de vida. Ambas decisiones son buenas.

Han tenido y tienen amigos. Los humanos somos seres sociales, vivimos en comunidad; es necesario desarrollar dotes de cooperación y colaboración, no de competición. La competición, como mucho, debería ser con uno mismo. Y esto lo tiene que decidir la persona en cuestión, no sus padres o sus profes. Si un niño recibe una buena educación sabrá competir consigo mismo y querrá mejorar siempre por sí mismo cuando empiece a tener algo de madurez y de sentido crítico. Porque al fin y al cabo, cualquier ser humano quiere llegar a la excelencia, sólo se le debe ayudar en su empeño para que tenga una motivación interior, el mejor motor para superarse diariamente a sí mismo.

Han actuado en grupos de teatro. Para mí el teatro es el super-recurso educativo por excelencia. Permite desarrollar exitosamente varios tipos de inteligencias, la imaginación, la creatividad, la autonomía, la personalidad, la psicomotricidad… aparte de permitir aprender y adquirir un montón de conocimientos de todo tipo, académicos o informales, igual de importantes.

Hemos hecho deberes juntos, y no podía ser de otra forma ya que, al ser educados en casa, estaba clarísimo que los en los estudios académicos necesitarían ayuda, por lo menos al principio.

Han jugado muchísimo. El juego es una herramienta de aprendizaje importantísima.

Han visto películas en la tele – así aprendieron inglés.

En cuanto a las vacaciones… no puedo decir que hemos tenido vacaciones porque me parece que un niño aprende todo el rato. No se puede separar el aprendizaje de la vida real. La vives y aprendes. Estudias, analizas, exploras todo el rato – si se te permite. En “vacaciones”, sobre todo si viajas, aprendes otras cosas; es un período en el que haces otras actividades, ves otros sitios, oyes otros idiomas, conoces otras personas, descansas para poder asimilar lo estudiado… ahogar a los niños con lo mismo que durante el resto del año es, al fin y al cabo, aburrido y poco productivo si es por obligación. Por supuesto que hacen falta muchas horas de práctica si se quiere llegar a la cima, pero una cosa es hacerlo por madurez y convicción personal, y otra porque te obligan los de alrededor.

Y sí, me he entusiasmado con sus logros. ¿Por qué? Porque mi entusiasmo los anima a seguir adelante en sus intentos de hacer algo. Los he animado cuando se han equivocado, los he animado cuando lo han hecho bien. La idea es seguir adelante en la vida, independientemente de los problemas, saber salir de los embrollos dignamente, saber resolver conflictos y saber negociar. Si yo, como padre, no demuestro tener confianza y fe en sus logros, ¿cómo van a aprender a tenerla ellos?

Como conclusión: no quería dos hijos obedientes, no quería “fabricar” dos marionetas domadas como a los caballos de competición; quería ayudar a crecer y madurar a dos seres humanos, dos seres pensantes y con sentido crítico, dos seres responsables y conscientes de lo que ocurre a su alrededor y dentro de sí mismos.

Y lo más importante quizá: el amor que los padres podemos dar a los niños. El cerebro toma forma a raíz de la influencia de las hormonas; hoy en día sabemos mucho más sobre la neurociencia, como ya lo dije. Los métodos antiguos (porque lo que usa la china es eso, métodos antiguos de adiestrar basados en el miedo) ya se sabe que no sirven si queremos educar seres HUMANOS. Sólo hay que echar una mirada en el mundo y ver cómo vivimos y qué tipo de sociedad hemos construido. No hay casi nadie en mi alrededor que esté contento con el mundo que le ha tocado; falta cooperación, colaboración, cariño, inteligencia y sabiduría real, sentido común, sentido del humor – con algunas excepciones, todos somos estresados, asustados, agresivos, traumatizados, deprimidos. Por supuesto no se trata de vivir en un estado de felicidad continua, pero sí de conseguir un equilibrio saludable interior y exterior. Y esto sólo se logra a través de una educación que nos ayude a desarrollarnos como personas, no como robots.

Por último, un comentario: con muy pocas excepciones, cuesta ser un adulto feliz si no se ha tenido una infancia feliz.

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Por Sorina Oprean, tutora en la Pedagogía Blanca