Los niños de dos años creen que estamos locos

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La inmensa mayoría de las cosas que pedimos, ordenamos o exigimos a un niño de dos o tres años deben parecerle completamente absurdas y sin sentido. Unas por ser culturales, otras por ser antinaturales, otras por no adecuarse a sus verdaderas necesidades como pequeño primate, otras por serles instintivamente extrañas.  Os juro que nos miro desde los ojos de un niño y no entiendo nada de lo que les pedimos.

Reflexionad sobre ello. Incluso si al final vuestro veredicto es que esas cosas son realmente necesarias y racionales, ¿no véis que un niño piensa que estáis locos? ¿Por qué hay que quitarse un pañal calentito lleno de caca que no me molesta nada? ¿Por qué hay que ponerse ropa diferente para salir a la calle si ya llevo ropa? ¿Por qué hay que irse a dormir si tengo ganas de saltar y abrazarte durante horas? ¿Por qué me meten en el coche una hora atado y sin ver la cara de mamá? ¿Por qué es malo coger la comida con las manos si es así mucho más sabrosa?

Y eso no quiere decir que no haya que hacer ciertas cosas, sino que no podéis enfadaros si el niño no lo comprende. No lo comprende. Es un niño-mono.

Si quieres comprender mejor a los niños y sus necesidades y saber adaptar la Educación a ellos, ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Mireia Long

¿Qué es un niño de Infantil?

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Quizá, cuando hablamos de Educación Infantil, deberíamos, antes que nada, tener claro que los niños no necesitas ingresar en ninguna escuela a esa edad para lograr su desarrollo óptimo, sino que esta escolarización es una necesidad del mundo adulto y que, incluso, puede perjudicar al niño pues no está programado evolutivamente para este entorno tan artificial.

Los niños de esas edades tienen una necesidad básica, estar con sus familias, especialmente con su madre, no hay nada que indique que el desarrollo normal de nuestras criaturas implique una separación de varias horas diarias en un lugar donde su madre no está presente y quedarse el grupo de 10 a 25 niños al cuidado de un solo adulto por mucho que se pretenda “profesionalizar” el cuidado. Pero es que, además, no hay nada que un niño de esas edades aprenda en una escuela que no pudiera aprender en su vida normal, en un entorno familiar y social sano, y que realmente necesite para su vida presente o futura.

Por otro lado, y de ninguna manera, los niños están preparados para una socialización y aprendizaje en grupos grandes todos de la misma edad. No tiene el más mínimo sentido.

Y para terminar, basta observar a un niño de tres años para percibir que tiene una intensa necesidad de movimiento, explosión emocional y juego libre y que de ese modo aprende a usar su cuerpo, conocer el comportamiento social y ético adecuado y los conocimientos que precisa en ese momento o los que, incluso, podemos los adultos decidir que debe adquirir para que esté preparado para lo que decidiremos que debe aprender más adelante.

Un niño normal y sano es inquieto, corre, salta, explora, sube, escala, pregunta, se rie, llora, interrumpe, es curioso, se impacienta…

Así que yo tengo muy claro que es lo que hay que cambiar en las Aulas de Infantil para que en ellas los niños sean lo más felices posible. ¿Y tú?

Si necesitas ayuda para lograr este objetivo, ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Mireia Long

Retos en la atención a la infancia

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La infancia hoy en día se enfrenta a dos cambios profundos en su atención cuyas consecuencias no podemos imaginar ni prever ya que se trata de experiencias completamente nuevas en la historia de nuestra especie.
Una es que una gran mayoría de nuestros bebés no reciben apenas leche natural de su especie con los nutrientes y complejos componentes de un alimento vivo de mamíferos sino un preparado industrial en que cada vez se descubren más carencias a pesar de intentar mejorar su calidad. La contrapartida es que estos niños recibirán una alimentación variada y completa, con acceso a proteínas y grasas de calidad, con revisiones médicas y sin restricciones en nutrientes por vivir en un entorno donde las carencias y hasta hambrunas son casi inexistentes y la mejor atención sanitaria que jamás ha recibido ningun ser humano, viviendo además en entornos con una salubridad cuidada.
La otra es que la mayoría de los bebés y niños pequeños pasan la mayor parte de su día con cuidadores que no son sus madres o familiares directos, sino que son atendidos en instituciones educativas en grupos con unas ratios que no se asemejan a las normales en la especie. La separación de la madre se produce, en muchos casos, siendo aún lactantes, algo realmente diferente a cualquier comportamiento mamifero, indicándose además como necesario para el desarrollo del niño por ciertas corrientes psicológicas. A lo largo de la infancia los niños pasarán tanto o más tiempo en centros educativos que en compañía de sus familias. La contrapartida es que existen mecanismos de protección a la infancia y sus derechos y los niños sufrirán menos abusos y explotación que jamás en la historia, disponiendo además de entornos en los que su cuidado y su aprendizaje es importante aunque sea imperfecto.
La increíble resiliencia del ser humano, su capacidad de compensar lo malo con lo bueno, su aprendizaje y complejidad, posiblemente minimice las consecuencias a largo plazo de estas dos pautas tan extrañas pero cada vez más extendidas en el mundo occidental. Sin embargo, también podemos pensar que esto puede dejar huellas en el equilibrio físico , emocional y cognitivo. ¿Pueden compensar las mejoras de las sociedades occidentales ricas las carencias que, por otro lado, provocan? Yo creo que sin duda tenemos vidas buenas, no sería inteligente pensar en un pasado idílico, porque la realidad es que el hambre, la enfermedad y la violencia eran casi cotidianas y basta analizar los índices de mortalidad infantil para entender que no querríamos volver atrás por mucha aldea amorosa que imaginemos. Pero ¿no sería más inteligente aún que las mejoras no tuviesen este precio y nos esforzáramos en combinar necesidades naturales con avances culturales?

Mireia Long