A los profesores que están tan agobiados por los spinners…

pri_37793994

A los profesores que están tan agobiados por que en sus clases los chicos usan spinners, un consejo:
Enfócate en lo que quieres transmitir, en conectar con la emoción de tus alumnos, en mostrar tu pasión por lo que enseñas (si la tienes, claro, que lo mismo estás frustrado por que tú soñabas con ser químico de verdad y no profe de química, que pasa…) y en hacer que sea un rato agradable para todos. Te olvidarás de los spinners, y con suerte algunos chavales también se olvidarán de ellos por un rato. ¿Te imaginas lo bien que te vas a sentir por lograr esa conexión con ellos?
Deja de quejarte, de verdad. Algunos profesores no sabéis lo cansinos que sois.
Recuerda que tus alumnos no te han elegido a ti especialmente como profesor, les has tocado en suerte, y el sistema les obliga a tener que estar ahí, incluso si lo que tú enseñas con tanto ahínco (o no) les interesa muy poco o nada. Demuéstrales por qué merecen dar una oportunidad a lo que les estás contando y a ellos mismos-
Tú sí tienes elección, ellos no.
Así que elige la empatía, que con muy poco esfuerzo, solo siendo un ser humano decente y amable, seguro que lo logras 😉
Azucena Caballero

Cinco razones para liberar a los niños del curriculum oficial

e77d4303d8_1460394392431

1. No está escrito en ningún sitio que memorizar TODO lo que está previsto en el curriculum oficial es lo mejor para un ser humano, y menos para un niño. Además tampoco garantiza el éxito de ningún tipo. Hay mucho contenido de relleno que no ayuda a mejorar la inteligencia o el talento, sino más bien al revés. Habría que fijarse en lo verdaderamente imprescindible y dejar tiempo libre incluso para cosas importantes que faltan del curriculum (el uso de las nuevas tecnologías que prácticamente se hacen en casa de forma individual – ¿o acaso les ha enseñado alguien a los niños cómo usar los teléfonos inteligentes o los ordenadores?)

2. Estar sentado enferma. Todos los expertos nos urgen hacer ejercicio, pasear, movernos, llevar una vida activa. Si esto es válido para adultos, ¡imagínense para los niños!

3. La creatividad y la productividad de los niños aumenta. Aligerar el programa, despejar un poco los contenidos tan masificados, dará más tiempo para asimilar lo realmente importante.

4. Menos estrés. Aprender a su ritmo, sin sentir la presión exterior, sino el estímulo interior del interés propio, libera la mente y la tensión nerviosa es menor o inexistente, eliminando de esta forma la segregación de hormonas del estrés tan nocivas para la salud del niño.

5. Más variedad y originalidad. Al poder elegir nosotros que somos los implicados en nuestra educación, los temas de interés personal, el abanico de posibilidades al estudiar es mucho más amplio. Se pueden estudiar y adquirir conocimientos sobre temas igual de importantes para una educación básica que otros, sin quedarse atascado en los mismos de siempre aunque no te interesen. Porque no nos engañemos, lo esencial es aprender con gusto, con alegría, y estudiar un idioma puede ser igual de importante para la educación básica de cualquier ciudadano que la matemática y aprender música o danza puede ser igual de básico que estudiar química para muchos niños – nunca sabemos qué caminos tomarán en el futuro, pero sí sabemos con certeza que lo que han aprendido a disgusto no les llevará a NINGÚN camino en sus vidas de adultos.

Ojalá podamos liberar a nuestros hijos cada vez más de la presión de un curriculum oficial demasiado denso, masificado y mal planteado.

Si quieres saber más sobre estos temas, ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Sorina Oprean, tutora de la Pedagogía Blanca

Razones para elegir el método de la Pedagogía Blanca

e77d4303d8_1460394147764

Hoy quiero hablaros de las razones por las que os proponemos elegir el método de la Pedagogía Blanca. Cada vez más maestros, educadores y padres quieren llevar al aprendizaje una verdadera revolución, un cambio de paradigma que estimule la creatividad, la seguridad en uno mismo, el espíritu investigador y científico, la libertad y el pensamiento crítico, y sobre todo que permita a los niños y adolescentes recuperar la curiosidad, el placer al aprender y la sensación de ser capaces y válidos en su individualidad.  Y estos maestros, educadores y padres buscan metodologías, organizaciones y pedagogías que puedan ofrecerles esto.

La Pedagogía Blanca responde a sus necesidades. Estas son las razones para elegir Pedagogía Blanca. Y eso es lo que hemos tenido presente al diseñar el método de la Pedagogía Blanca y sus programas y cursos.

Elegir Pedagogía Blanca es elegir la Educación del Futuro. Las escuelas libres rara vez atienden a niños de más de seis años y solo algunas garantizan la consecución de objetivos educativos a largo plazo.

La Pedagogía Blanca respeta el ritmo individual del niño, sus pasiones, sus intereses y además se adapta a la escuela estatal, a una escuela libre y  al hogar, pues se basa en herramientas y conocimientos y en respeto por el niño como individuo, algo que no debe ser exclusivo de un entorno concreto. La Pedagogía Blanca trabaja con toda clase de materiales y enfoques, con tecnologías prehistóricas y del siglo XXI, con Inteligencias Múltiples y tiene siempre presente lo interdisciplinar.

Las pedagogías alternativas más conocidas y el modelo de enseñanza tradicional ofrecen enfoques cerrados. Antroposofía y dirigismo por un lado, con tintes sectarios en ocasiones, muy cuadriculado aunque parezca muy “bonito” y exigencia en la creencia de determinados supuestos acientíficos sobre el aprendizaje. Excesivo machaque en el uso de materiales concretos por otro. Y evaluaciones escritas, curriculum cerrado y libros de texto memorizados, competitividad y autoritarismo en el sistema tradicional.

Sin embargo la Pedagogía Blanca propone un método flexible, ecléctico, mucho más libre y totalmente personalizado para el alumno y el educador, abierto al aprendizaje vivencial y a los intereses electivos de cada niño particular y diseñada para niños de este siglo. En la Pedagogía Blanca se ofrece un sistema diseñado conforme a los conocimientos científicos punteros en desarrollo y neurociencia, es decir, un método de enseñanza pensado en la manera en la que realmente aprenden los seres humanos, tanto desde el punto de vista biológico, psicológico, neuronal, antropológico e histórico.

En la Pedagogía Blanca no se impone un sistema de creencias, sino que se trabaja desde y para el pensamiento crítico y científico. En la Pedagogía Blanca se respeta el ritmo individual y único de cada individuo, igual que su manera de aprender y sus intereses particulares, llegando a través de ello a tirar del hilo hasta completar una educación de calidad orientada a permitirle desarrollar su personalidad y sus objetivos vitales. En la Pedagogía Blanca se valora el juego, el aprendizaje conversacional, el aprendizaje vivencial y práctico, los materiales alternativos, pero también el Humanismo, el conocimiento científico y su metodología, las nuevas tecnologías y las herramientas básicas de desarrollo personal y profesional.  La Pedagogía Blanca es educación para la excelencia, pero no la de la competitividad, sino la de la cooperación, la autosuperación, el valor del conocimiento complejo, el espíritu innovador y creativo.

La Pedagogía Blanca es el método de la Educación del Futuro. Trabajamos considerando que la educación de un niño o adolescente es un proceso que se produce en su ambiente natural, real y concreto, la vida del Siglo XXI. Valoramos que jueguen con tierra y madera pero también que jueguen con LEGO y Playmobil, que enciendan el ordenador y busquen información, que vean películas, y series y documentales en el video o la televisión (cuidando los contenidos pero valorando estos medios), que hagan proyectos de su interés con cualquier soporte que deseen, que dibujen lo que quieran, que estudien filosofía y arte, que toquen instrumentos, que aprendan latín e inglés y chino o el idioma que quieran, que salgan al campo, que trepen a los árboles, que sumen con garbanzos, ábacos o lápiz y papel… que hagan ecuaciones y descubran a Homero, que salten en los charcos y miren por el microscopio.

Ante todo, consideramos indispensable que los niños y adolescentes sean respetados, escuchados, amados y entendidos, por lo que proporcionamos a los educadores adultos herramientas y conocimientos también sobre su propia vivencia, su historia educativa y el conocimiento de sus procesos emocionales.  Cuidar las emociones de los niños y saber comunicarnos sin ninguna agresividad, escuchándolos activamente y proporcionándoles ambientes de crecimiento emocional sano y seguro creemos que es fundamental y que debe apoyarse en un trabajo personal del educador a quien ayudamos para conseguirlo.

La Pedagogía Blanca se basa en los vínculos sociales como fundamento del desarrollo emocional del niño, con sus padres, maestros, amigos, etc.,  fomentando la creación de sinergias entre toda la comunidad educativa. Es una apuesta rotunda por la diversidad, tanto en la inmersión cultural, como en la diversidad de estructuras académicas y maneras de aprender. Y además, supone un poner en valor el papel del educador (padres o maestros) como indispensable para el desarrollo humano a la vez que refuerza la individualidad y el empoderamiento de cada estudiante en concreto. No tememos la palabra Pedagogía, ni  la palabra Educación, porque creemos que son elementos fundamentales del desarrollo humano tanto en lo individual como en lo colectivo.

La Pedagogía Blanca trabaja sobre la premisa de que privar a un niño de experiencias por una ideología no demostrada es un error. Y que, sobre todo, hay que pensar que los niños crecen y su educación no acaba a los seis años, que es un proceso. Antes de esa edad plantearnos un modelo pedagógico cerrado es un sinsentido porque para que los niños aprendan basta con escucharlos y darles lo que nos piden. Y cuando crecen es cada vez más importante seguir sus intereses y programar con ellos la manera de lograr sus objetivos, ofreciéndoles las herramientas y conocimientos básicos,  usando todo lo que está disponible en el SXXI y valorando el concepto del papel del educador, que es parte importantísima de la experiencia humana.

Si todo esto es lo que estás buscando, ÚNETE A LA PEDAGOGÍA BLANCA

Mireia Long

Un paseo por la escuela del futuro, por Helena Saez

2652e6de22_1456093977854

Hoy he estado dando un paseo imaginario por mi escuela ideal, por el sistema educativo ideal. Quizá no vi todo con detalle, quizá no miré todo con lupa, pero paseé por allí, y esto fue lo que me encontré…

 

En primer lugar, decidí llamar por teléfono y entrevistar a los adultos responsables, preguntarles a qué hora podía pasar a visitar la escuela. Me contaron que para educar a un niño se necesita una formación personal y profesional muy profunda, que no vale con haber estudiado, no vale con tener el título. Hay que saber cómo aprenden los niños, hay que saber qué es el respeto, sin dudas.

La directora me contó que el estado les subvenciona, pero el proyecto lo dirigen ellos; me contó que no eligen a cualquiera, que los profesores deben ser capaces de empatizar con todos los niños – de todas las edades – lo máximo posible, y me dijo que, para ello, deben haber sanado sus propias infancias.
Los candidatos a directores son elegidos por el claustro de profesores, y no se presentan al azar, sino que son profesores con años de experiencia y que conocen muy bien las necesidades de los centros educativos, pues deben ser estos quienes actúen como portavoces ante la administración encargada de regularlos. Le pregunté qué necesitan los niños y esto fue lo que me contestó:

– Los niños necesitan profesores que respeten y den importancia a sus emociones y les ayuden a expresarlas. Además, el papel del profesor o profesora debe ser el de mentor/a, el de acompañante. El profesor no sólo enseña, sino que acompaña en el aprendizaje y en la vida. Deben conocer a sus alumnos y ambos deben tener la posibilidad de elegirse mutuamente. Para ello, fomentamos el libre albedrío y la atención personalizada, por lo que contamos con distintos profesores para las mismas áreas de conocimiento.

Investigué sobre qué formación exigían para entrar a ser acompañante de esta escuela, y encontré que los profesores tienen que estar muy bien formados, para hacer el aprendizaje dinámico, libre y – sobretodo – activo, aprovechando los intereses intrínsecos de los niños para introducir otros conocimientos de manera transversal. Deben conocer las distintas características de sus alumnos  y estar preparados para adaptar sus métodos a los ellos, en lugar de tratar de adaptar a los alumnos a sus métodos.

Cuando le pregunté a la directora cuál era el perfil que buscaban a la hora de contratar nuevos profesores, me contestó:

– El profesor o la profesora ideal es aquella que conoce a sus alumnos y sus contextos, les respeta en el sentido amplio de la palabra, empatiza con ellos, les inspira y expone a nuevos conocimientos, les enseña a través de sus centros de interés, sin saturarles, de manera activa y vivencial. Debe saber muy bien lo que enseña, pero sobretodo, cómo aprende la persona o personas a las que enseña, quién es, qué siente…

Cuando por fin llegó el día de visitar la escuela, empecé por darme un paseo por los alrededores, que eran todo naturaleza, y sin embargo, estaban relativamente cerca de la ciudad. Me sorprendió la ausencia de separación entre el área de recreo y el resto del paisaje que rodeaba la escuela. Al entrar, descubrí que, también en el interior, los espacios eran abiertos y diáfanos, no había aulas cerradas, sino que había distintos espacios para distintas áreas de conocimiento.

Otra peculiar característica del centro era que los niños podían campar por allí a sus anchas, tenían libre albedrío, y ellos decidían cuando deseaban asistir y cuando preferían quedarse en casa. Pero allí no sólo había niños, también había padres – e incluso abuelas -, pues eran los niños quienes decidían cuando deseaban ser acompañados por sus figuras de apego y cuando por sus compañeros y mentores. Todo el mundo allí parecía informado de las distintas opciones educativas, puesto que la escuela ofrece cursos de pedagogía y crianza respetuosa para padres (e incluso abuelos!).

Aquel simpático edificio, construido con materiales naturales, era autosuficiente, según me explicaron los niños, que parecían conocer muy bien el funcionamiento del tejado solar. La escuela no se parecía nada a esa gran caja con ventanas en serie que solían ser la mayoría de las escuelas. Además, era un edificio muy luminoso, artístico… Incluso algunas de sus áreas parecían ejemplos de distintas tendencias arquitectónicas. Más adelante, me explicaron que el edificio se había construido así para poder ser usado como referencia educativa en historia del arte.

Me sorprendió gratamente ver que los alumnos tenían una cúpula redonda en la que se reunían en asambleas para proponer y votar las salidas que deseaban hacer durante el curso escolar, pero aun más me sorprendió que la edad mínima para votar fuese prácticamente cuatro años. Todos parecían grandes conversadores, y aunque noté que lo profesores eran maestros en el arte de la escucha activa, no supe – hasta que hablé con los alumnos más mayores – que la comunicación verbal y no verbal eran parte del currículum de libre configuración de la escuela y que además se enseñaba a los alumnos a tomar la iniciativa.

Cuando entré en aquella cúpula geométrica, mitad madera, mitad cristal, un par de alumnas me contaron que lo que en aquel momento estaba sucediendo era parte de una dinámica del curso de facilitación de grupos que la escuela ofrecía periódicamente, además de otros sobre comunicación positiva, asertiva y no violenta. Al parecer, las asignaturas optativas no eran fijas, sino que la escuela contaba con recursos suficientes para fomentar los intereses emergentes de sus alumnos.

En aquella escuela había una gran diversidad sociocultural, puesto que – prácticamente – todo el material que necesitaban los alumnos lo aportaban la escuela y el estado. No había más evaluación que la autoevaluación, pues los exámenes eran excepcionales y optativos, así como las tareas y actividades propuestas, que se basaban principalmente en proyectos prácticos en los que los alumnos tenían vía libre para experimentar, decidir qué medios necesitaban para aprender y dar su opinión, pues se fomentaba el pensamiento crítico y el desarrollo de los valores personales. Cuando pregunté a los profesores por ciertas evaluaciones que había presenciado, uno de ellos dijo <<Cuando se evalúa a un alumno/a, el objetivo es detectar sus potenciales y necesidades educativas, en ningún caso separarle del resto por sus características propias>>.

Otro detalle curioso fue que los alumnos de altas capacidades, los alumnos extranjeros y los que presentaban alguna discapacidad o problema de aprendizaje se hallaban integrados con el resto, dentro de la misma escuela, aunque recibieran atención personalizada.

Mi impresión final, fue que el resultado de ese sistema educativo eran personas respetuosas, empáticas, asertivas, emprendedoras, independientes y seguras de sí mismas, capaces de opinar sobre casi cualquier tema por el que se les preguntara y capaces, también, de dirigir sus propias vidas; eran personas felices que parecían haber desarrollado plenamente todos sus intereses, a pesar de sus diferencias grupales.

Eran una pequeña parte de eso que hoy llamamos utopía…

Autora: Helena Saez, alumna de la Tercera Promoción de la Pedagogía Blanca.