¿Quieres que tus hijos sean felices?

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Siempre me gusta transmitir la enorme importancia que tiene que nuestros hijos crezcan sintiéndose felices, valorados y con una sana autoestima. Y hay algunas claves sencillas y accesibles a cualquier persona que desde luego les van a ayudar mucho. Por eso hoy os contaré dos cosas que hacen los padres de hijos felices.

Saben poner límites a sus hijos

Los niños necesitan crecer en un ambiente seguro en todos los sentidos. Solamente en un ambiente seguro y confiable pueden ejercitar su libertad, descubrir que tienen derecho a ser respetados, desarrollar sus capacidades y encontrar la manera de relacionarse con otras personas de forma respetuosa también ellos. Esto son los límites que los padres debemos establecer.

Los límites no son normas arbitrarias y mucho menos son el imponer a los niños cosas que realmente perjudican sus necesidades. Los límites son parte de la vida, son naturales como concepto, aunque también tienen muchos aspectos culturales que nuestros hijos irán entendiendo si los acompañamos poniéndolos a ellos en el centro de la ecuación.

Los límites básicos e innegociables son no hacerse daño a ellos mismos, no hacer daño a otros y también, importantísimo, no hacernos daño a nosotros. Cuando queramos marcar que un comportamiento no es adecuado y no se acepta en nuestra familia debemos ser muy claros y procurar autolimitarnos en la imposición de esas normas para que realmente respondan a esas premisas. Y hay que ser capaz de negociar lo que no sea innegociable, pues es parte de su aprendizaje también. Pero no debemos educar niños sin límites porque nos de miedo el autoritarismo o entendamos, erróneamente, que el niño va a descubirlo todo por él mismo. Nos necesitan seguros.

Esto puede hacer necesario que no permitamos determinadas maneras de expresar el enfado o la frustración, como cuando pegan a sus hermanos o le hacen daño a la mascota. En esos casos hay que poner un límite clarísimo, sin necesidad de violentar al niño ni castigarlo, sino impidiendo la acción y explicando las razones para hacerlo, ayudando al pequeño a comprender y nombrar sus emociones y ofreciéndole apoyo y otras maneras de canalización.

También puede ser necesario que tomemos la responsabilidad de evitar conductas exploratorias de riesgo, pues, la realidad, es que los niños no tienen todos los datos que nosotros tenemos del peligro físico o psicológico de las conductas.

Pero, atención, no podemos estar diciendo “no” a todo. No podemos pretender que un niño entienda todas las costumbres culturales o nuestras propias necesidades de comodidad u orden. Los niños necesitan pocos límites, lógicos y claros.

Pero también necesitan ser niños y eso implica que vamos a tener que dejarles jugar, correr, saltar, mancharse, explorar e incluso probar si los límites que marcamos son realmente incuestionables. Cuando discuten un límite no nos retan, están aprendiendo, por eso debemos ser asertivos, comprensivos y pacientes con ellos.

Tenemos que poner los límites justos, no tenerlos encerrados en jaulas de cristal para que no molesten ni en casa ni en el cole. Los niños son niños y necesitan moverse mucho y sentirse escuchados también en sus deseos.

Cuantos menos límites y normas pongamos más facil les será cumplirlos. Cuando más naturales y beneficiosos para su desarrollo evolutivo sean esos límites mas seguro se sentirá el niño y antes comprenderá que son justos. Si le enseñamos a no dañar a los demás será una persona más apreciada por otros y podrá tener una vida más feliz.

Pero tanto si nos da miedo poner esos límites básicos como si nos excedemos en ellos nuestro hijo se resentirá.

Son coherentes

Los niños necesitan confiar en nuestro criterio, al fin y al cabo, instintivamente saben que dependen de nosotros para su supervivencia y desarrollo. Necesitan que seamos coherentes.

Eso no quiere decir que nunca debamos rectificar, pues como humanos que somos podemos equivocarnos y ellos tienen derecho a que seamos capaces de pedir disculpas o cambiar de parecer. Pero atención, si pensamos antes de poner un límite y si pensamos antes de decir un “no” menos veces tendremos que recular.

La coherencia debe ir, incluso, más allá de esto. Es indispensable que lo que decimos que se debe hacer lo hagamos nosotros. Si no se pega, no pegamos nosotros. Nunca. Si no se grita, nosotros aprenderemos a no gritar. Si se debe escuchar a otros, nosotros tenemos que ser buenos en la comunicación con otras personas y, sobre todo, los escucharemos a ellos. Si uno no debe burlarse de otro, insultar, atacar verbalmente, minusvalorar o dañar a otros con nuestra palabra o actitud, debemos ser ejemplo de ello y aplicarlo con especial cuidado a la relación con los niños.

También, en este aspecto, es importante que sepas cumplir lo que les prometes que harás. Pues, aunque los niños son mucho más comprensivos que nosotros con los fallos de quienes aman, tienen que poder fiarse de nuestra palabra. Debemos cumplir nuestros compromisos con ellos, si hay que defraudar a alguien porque no llegamos a todo, que no sea a las personas más vulnerables y más importantes de nuestras vidas: ellos.

Jugar con ellos, llevarlos al parque, leerles un cuento o ver juntos una película son cosas que hay que cumplir si los niños han recibido el mensaje de que eso vamos a hacerlo, asi, si realmente surge un imprevisto, lo aceptarán mejor, pero si cada vez que les decimos que haremos algo juntos lo posponemos por otras actividades, van a pensar que no somos de fiar.

Estas dos cosas son realmente importantes para que nuestros hijos sean felices: saber poner límites y poner los adecuados y ser lo más coherentes posible con los niños. Lo notan y lo agradecen.

Mireia Long

Publicado originariamente en Bebés y mas

No le fastidies la infancia a tus hijos. Deja de gritar

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Todos los padres y madres deseamos que la infancia de nuestros hijos sea un tiempo de felicidad y a la vez de preparación para su vida futura, pero, a veces, sin darnos cuenta, les fastidiamos la niñez dejándonos llevar por ilusiorias prioridades que nos alejan de la presencia consciente que ellos precisan para crecer seguros y con alegría.

Os quiero dar hoy 3 consejos para no fastidiarles la infancia y dejarles sentir lo importantísmos que son para nosotros a la vez que les damos herramientas, conocimientos y habilidades para desarrollarse plenamente.

 

No les grites

Asi de claro, deja de gritarles a tus hijos igual que no le gritas a tu pareja, tus amigos, tus compañeros de trabajo, tus familiares o los incómodos vecinos que hacen más ruido del necesario a horas intempestivas. Se educado. Comunicate en los conflictos con empatía, escucha activa, paciencia y respeto.

No voy a negarte el que seas humano y a veces te veas desbordado, tengas berrinches, te superen las circunstancias o los niños te hagan exasperarte por no hacer caso en momentos realmente importantes. No voy a negarte que, en ocasiones, un grito hará que te obedezcan. Pero gritar es agresivo, les asusta y peor aún, les acostumbra a asimilar que los problemas se solucionan gritando y que el más fuerte tiene más razón. Y si les gritas en alguna ocasión, pídeles perdón.

Busca estrategias de autocontrol, reflexiona, organiza tu vida de manera que sea más sencillo atenderles sin estar al borde del ataque de nervios. Pero sobre todo, respetales como respetas a otras personas. Toma esa decisión.

Déjales jugar libres

El juego es indispensable para el desarrollo mental, emocional, cognitivo y físico de los niños. Es su alimento y la forma en la que aprenden del mundo en todos los aspectos. Jugar es un tema muy serio y los niños necesitan espacios y tiempos suficientes para jugar todo lo que necesiten. Nada hay más importante para ellos.

No permitas que tus compromisos o los mandatos escolares se impongan a la necesidad primordial de los niños que es jugar. Conviértete en el garante de la posibilidad de juego. Ocúpate activamente de que tus hijos tengan tiempo libre y puedan tener amigos, juguetes y espacio libre para desarrollar esta importante actividad. No les interrumpas si no es realmente indispensable, no les des instucciones todo el rato, acompáñalos si te lo piden pero sin dar órdenes ni corregirles.

Haz de ellos tu prioridad de verdad

Para vosotros seguro que vuestra prioridad son vuestros hijos pero ¿lo saben ellos?, ¿lo sienten?

Sin duda hay obligaciones que tenéis que cumplir pero,  seguro que en muchas ocasiones que estáis con vuestros hijos no les transmitís lo importantísimos que son para vosotros. No con palabras, y menos todavía con reproches y quejas, sino con actos. Hechos son amores, no buenas intenciones. Apaga el teléfono o deja de atender llamadas sin importancia cuando estés con ellos. No estés enganchado en el teléfono o el ordenador cuando ellos están a tu lado, pues les estás transmitiendo que lo otro te importa más. Deja de mirar la tele y juega con tu hijo si te lo pide.

No le digas que no te interrumpa continuamente, escúchalo, para el niño lo que tiene que decirte a ti, la persona que más ama en el mundo, puede ser de gran importancia. Tampcoo es que lo conviertas en un maleducado que exige poder imponerse en cualquier momento hagas lo que hagas, pero, si se acostumbra a que tu estás disponible de verdad, comprenderá que puede esperar también.

Si tu hijo quiere jugar contigo o hablarte planteate si de verdad, de verdad, lo que estás haciendo no puede esperar, si esa llamada de charla con una amiga es indispensable mantenerla mientras lo bañas o en mitad del cuento que estas leyendo. Dedicale tu tiempo y tu atención plena. Que sienta que lo amas.

Para que tu hijo tenga una infancia realmente feliz recuerda que necesita jugar, que necesita poder contar contigo y que no te debe temer, sino confiar en ti para poder confiar en si mismo, porque te importa más que nada en el mundo.

Mireia Long

Enseña a tus hijos a pensar por ellos mismos

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Cuando nuestros hijos sean adultos deseamos que sean capaces de pensar por ellos mismos, tomar su propias decisiones de manera responsable, valorar la información que reciben, hacer valer sus opiniones con respeto, poner límites a posibles abusos de autoridad, reaccionar ante las dudas y problemas, elegir su propia vida y hacerlo desde la seguridad.

Aprender a pensar libre y críticamente no se logra, por arte de magia, a cumplir la mayoría de edad, es un proceso que comienza en la niñez y del que los padres somos los principales garantes. Para ayudaros a acompañarlos en este crecimiento os ofrecemos estos consejos para enseñar a pensar a vuestros hijos.

Confía en tu hijo

Eso no quiere decir que dejemos de lado nuestro fundamental papel de educadores y cuidadores. La máxima responsabilidad sobre la seguridad y bienestar de nuestros hijos en nuestra y deberemos tomar muchas decisiones por ellos mientras son pequeños.

Tampoco quiere decir que les dejemos evaluar todos los riesgos pues, especialmente en la primera infancia, carecen de la información necesaria para hacerlo.

Los niños son muy observadores y construyen, además, su propia imagen, con aquello que les transmitimos. Si confiamos en ellos se sentirán mucho más capacitados y serán más responsables. Demostrándoles que esperamos que actúen con prudencia, inteligencia y de forma consciente les ayudaremos a hacerlo, pues, además, los niños desean complacernos. Sencillamente, confía en ellos, son muy capaces, seguro.

Escucha sus opiniones y deseos

Los bebés suelen saber muy bien lo que quieren que es, al fin y al cabo, lo que necesitan, pues son todavía puro instinto. Sin embargo a medida que crecen y desarrollan la conciencia del yo exigirán poder decidir.

Esto no será siempre posible, especialmente cuando lo que pidan sea peligroso para su integridad física o emocional. O cuando manifiesten un deseo imposible de cumplir o que consideremos inadecuado en ese momento.

Pero si habrá muchas cosas en las que vamos a poder contar con ellos, escuchar su opinión y sus deseos, tomándolos en serio y valorándolos como importantes para su desarrollo. Podamos o no acceder a lo que piden o consideremos que su opinión es adecuada en un determinado momento, escucharlos es fundamental. De ese modo negociaremos y les enseñaremos como se negocia.

Al contar con ellos y pedirles opinión no cedemos autoridad, sino que la ganamos, mostrándonos respetuosos con ellos como individuos y dándoles valor.

Poder expresar sus opiniones libremente va a ser una extraordinaria enseñanza para ellos, un entrenamiento para su vida futura insustituible.

Da explicaciones y pide que él se explique

En la medida de lo posible y adaptándonos a la edad del niño y su maduración es conveniente que abramos un diálogo en el que las opiniones y deseos del niño y las decisiones que tomemos, especialmente si no son las que él esperaba, las justifiquemos con una explicación racional y serena. Da explicaciones y permite que el niño se explique.

Esto enseñará al niño que merece ser tenido en cuenta y recibir respuestas que no sean una simple orden. No siempre van a entender las explicaciones y no siempre les complacerán, pero el simple hecho de darlas les ayuda a organizar su pensamiento, saberse valorados y estructurar sus propias argumentaciones.

Paralelamente deberíamos dejarles expresarse libremente manifestando las razones de sus propuestas, lo que, quizá al principio sea complicado por un manejo del lenguaje en formación o una impulsividad infantil normal y sana, pero que irá mejorando con el tiempo, poniendo las bases de una relación de confianza mutua.

Cuando estamos dispuestos a escuchar a nuestros hijos y a darles nuestras explicaciones vamos a construir una confianza mutua, hasta el punto de que, cuando sea necesario negar algo y no es el momento de explicar o el niño no puede todavía entender, aceptará que esa decisión concreta debe aceptarla porque sabe con certeza que somos dignos de confianza y velamos por sus intereses, no por nuestros caprichos o convenciones.

Permítele intentarlo y fallar

En ocasiones puede que la idea o propuesta de nuestro hijo no nos parezca demasiado buena, pero, si no corre peligro, es conveniente dejarle intentar llevarla a cabo, pues nada enseña más que el proponerse un reto y luchar para lograrlo. Permítele intentarlo y permítele fallar sin penalizarlo.

Habrá veces en las que nos sorprenderá y resultará que tenía él razón, situación que deberemos reconocer y transmitirle nuestro entusiasmo, e incluso que estábamos nosotros en un error. Otras veces no funcionará bien, pero él aprenderá de su error, pues así aprendemos los seres humanos y nosotros acogeremos su aprendizaje con orgullo y cariño, nunca reprochándole el haberse equivocado o no habernos obedecido sin rechistar.

No le dañes emocionalmente ni le grites

Ninguna relación humana está libre de conflictos. El problema no son los conflictos, sino la manera de resolverlos y afrontarlos. En todo este proceso en el que nuestro hijo aprende a pensar por él mismo y a tomar sus decisiones nuestra actitud es fundamental para que gane seguridad y piense libre y tranquilo. El miedo a nuestra reacción, los insultos, burlas, chantajes o gritos no son una buena estrategia, dañan emocionalmente e impiden que se pueda pensar con lucidez. ¿No os pasa a vosotros lo mismo?

Espero que estos consejos para enseñar a nuestros hijos a pensar y a tomar decisiones os ayuden a construir una relación sana y a que los niños puedan desarrollar su capacidad de raciocinio y ejercicio de la libertad con una base firme.

Mireia Long

Educando niños felices

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Nada deseamos más los padres que el que nuestros hijos crezcan felices, ahora en su infancia y que estén preparados para tener una vida feliz cuando sean adultos.

A veces nos preguntamos si el hacerles grata la niñez puede hacerlos menos capaces en el futuro, pero la realidad es que la resiliencia, es decir, la capacidad de afrontar y superar los problemas, se comenta en una autoestima sana y en la seguridad de ser valiosos. Y eso nace en la infancia, por eso creo que es importantísimo que los padres nos preocupemos y nos ocupemos del ahora. Y estas cinco ideas os ayudarán a lograr que vuestros hijos crezcan felices.

Trátalo como te gusta que te traten

La educación que nosotros recibimos pesa mucho y sin desearlo tendemos a repetir patrones, a veces sin cuestionárnoslos y a veces creyendo sinceramente que debemos ser duros con los niños para evitar que desarrollen comportamientos inadecuados.

Pero la realidad es que los niños merecen ser tratados como cualquier otro ser humano: con respeto, cariño, y sin ejercer sobre ellos violencias que jamás realizaríamos hacia un adulto y que nos dolería mucho recibir por parte de aquellos de los que dependemos y amamos. Y ser tratados como deseamos que nos traten a nosotros aumenta su felicidad.

Para educar a un niño no existen manuales, ni recetas, ni fórmulas que nos sirvan a todos por igual, pero si debemos tener presente, cuando nos relacionamos con ellos, que el trato que les demos debería ser aquel que nos gusta recibir (o que hubiéramos querido recibir de niños).

Igual que nosotros nos sentimos más felices cuando recibimos afecto, palabras sinceras, serenidad y somos, incluso, corregidos con respeto, ellos responderán. Igual que nosotros nos sentimos dañados y enfadados si nos maltratan, gritan o insultan, ellos también.

Da importancia a sus preocupaciones e intereses

Los niños, como nosotros, tienen un rico mundo interior. Sus vivencias, sus problemas, sus preocupaciones, sus emociones, sus intereses y gustos son, para ellos, tan importantes como para nosotros los nuestros. Y ellos, más que nosotros, necesitan sentirse valorados por el entorno, especialmente por sus padres.

Si, llevados por el ritmo de nuestras vidas adultas, minimizamos lo que ellos necesitan contarnos y compartir con nosotros, les transmitimos la idea de que no importan tanto, que su realidad no son más que tonterías.

Un niño emocionado o triste que recibe indiferencia de sus padres, que no es escuchado o animado, se siente desprotegido. Pierde la capacidad de confiar en que importa, que vale, que tiene derecho a recibir atención. Y el mensaje cala profundamente en él, sembrando la falta de confianza que luego tanto preocupa a los padres de adolescentes. Pero, si de niños nunca tuvimos tiempo para escucharles y nunca dimos importancia a sus vivencias, ¿cómo esperamos que más adelante nos busquen para contarnos sus problemas?

Juega con él

Para el niño la actividad más importante es, o debería ser, el juego. Jugar no es solo divertirse, es la manera en la que los cachorros de humano aprenden y se relacionan.

Cuando los padres comparten juegos con sus hijos les dan valor, les hacen sentirse importantes en la vida de sus progenitores y además, ponen las bases de la confianza y el conocimiento mutuo.

Ten altas expectativas

Nada hay que a una persona le haga pensar que nunca hará nada bien y que fracasará que el que sus padres se lo digan. Si nadie espera nada bueno de ti nada bueno vas a hacer.

Tener altas expectativas no significa que queramos que nuestros hijos sean genios, ni los mejores estudiantes, ni ricos, ni que exijamos que nunca se equivoquen. Tener altas expectativas es esperar lo mejor de ellos, y decírselo.

Decirles que sabemos que son personas maravillosas, buenas, empáticas, con sueños que merecen hacerse realidad, esforzadas, capaces y llenas de amor. Que, como nosotros hacemos, errarán, pero que son capaces de mejorar y superar las dificultades. Que confiamos en ellos, en que son responsables, sinceros y amables, y que una o mil equivocaciones no cambian lo que son, pues son simplemente oportunidades para hacerlo mejor la próxima vez.

Dile lo mucho que lo amas

Y dejo para el final lo más importante para que nuestros hijos sean hoy felices, crezcan felices y lo puedan ser en el futuro: decirles que les amamos, que nada nos preparó para la realidad de la alegría infinita que aportan a nuestras vidas, que siempre los vamos a querer y ayudar, que nos enorgullecen y nos llenan de felicidad. Saberse amado, escuchar que eres amado, es algo que nos hace enormemente felices a nosotros. A ellos más.

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Mireia Long

10 ideas Pedagogía Blanca para un verano feliz

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Las vacaciones escolares es un tiempo maravilloso para los niños en los que pueden crecer, jugar, imaginar, correr aventuras y además, aprender muchísimas cosas nuevas acompañados de su familia. Vamos a seguir ofreciendo propuestas para hacer del verano una etapa maravillosa con estas diez ideas más para que vuestros hijos aprendan en vacaciones.

Pasar un día en la Prehistoria

A los niños les fascina la vida de los hombres de las cavernas, al fin y al cabo, lo llevan dentro. Os propongo planear un día en la Prehistoria con ellos. Lo primero, disfrazaros como hombres prehistóricos, con pieles (artificiales que hay) y con la cara tiznada y despeinados (que la verdad es que no creo que fuera necesario no lavarse pero a ellos les va encantar tiznarse y enmarañarse el cabello). Luego elegid un bosque o zona campestre cercana a casa.

Una vez allí preparaos para vivir la experiencia. Podéis construir un refugio con ramas o esconderos en alguna cueva o repecho de rocas. Además, podéis jugar a encender una hoguera (pero sin hacerlo que es muy peligroso), intentar tallar piedra, fabricar un arco o una lanza y recorrer la floresta buscando huellas de animales o posibles alimentos.

Y claro, comunicaros en un idioma inventado y danzar en círculo. Les va a encantar seguro. Recordad inmortalizar los mejores momentos en fotografía y luego hasta podréis hacer un álbum. Incluso podéis hacer un poco de arqueología. No solo lo van a pasar genial sino que podrán aprender mucho sobre la vida en el pasado.

Ir a la biblioteca

Seguro que ya vais alguna vez durante el curso a la biblioteca, pero siempre vamos con prisas y hay mucha gente. En verano las bibliotecas suelen estar vacías y fresquitas. Pasad allí largas horas viendo libros de todo tipo, acostumbrándonos a ese silencio que invita al aprendizaje y la reflexión será maravilloso y podrán mirar todos los libros que quieran con vosotros a su lado.

Observar las estrellas

Durante el curso los niños suelen tener que irse a la cama muy temprano pero en vacaciones ya no es necesario madrugar, por lo que podemos también planificar expediciones nocturnas a zonas donde no exista demasiada contaminación lumínica y dedicarnos a mirar el cielo en toda su inmensidad. Podemos hacerlo a simple vista o usar un telescopio portátil, que existen buenos y no demasiado caros.

Ved las estrellas y los planetas, distinguid las constelaciones y contar sus historias, hablad sobre la exploración espacial y los descubrimientos astronómicos les va a enseñar muchísimo y les hará sentirse parte de este enorme Universo en el que vivimos. Y si hay una lluvia de estrellas, mejor.

Aprender a hacer pan

Preparar los ingredientes, amasar (es muy divertido), ver como la masa sube y luego introducirla en el horno para cocer un pan casero riquísimo que además podemos adornar con frutos secos les hará pasar un rato encantador y muy enriquecedor intelectualmente.

Redecorar la habitación

No me refiero a cambiar los muebles o llamar a los pintores sino a darle un aire nuevo al cuarto de nuestro hijo o a la sala de juegos con posters de sus personajes favoritos, con fotos del niño haciendo lo que más le gusta, con esas enormes pegatinas de pared preciosas, con lámparas o móviles alegres o simplemente comprando nueva ropa de cama o colocando los muebles en otra disposición. Les encantará elegir la decoración y participar en su colocación.

Hacer juntos un Lego enorme

Hay Lego para los más pequeños adaptados a su capacidad pero si el niño ya tiene cierta habilidad con las manos y ha pasado la edad de meterse cosas en la boca podemos aventurarnos en la construcción de un Lego enorme de alguno de sus temas favoritos, aunque seamos nosotros los que vayamos guiándolos en la interpretación de las instrucciones y en la realización. Van aprender muchas matemáticas. ¿Os atrevéis con la Estrella de la Muerte de la Guerra de las Galaxias o con La Puerta Negra de El Señor de los Anillos?

Pintar un mueble viejo

Una vieja silla, una mecedora o una cómoda un poco deslustrada pueden convertirse en una actividad muy emocionante para los pequeños si les dejamos ayudarnos a pintar esos muebles en desuso, siempre que tengamos cuidado de elegir pinturas que no sean tóxicas y trabajemos con protección en la cara y las manos. No hace falta que quede elegante, pero seguro que si les dejamos elegir colores, combinaciones, nuevos accesorios y alguna pegatina quedará precioso y lleno de alegría.

Visitar un castillo

Cerca de casa seguro que hay algún castillo que podemos visitar. España está llena, desde antiguas fortalezas semiderruidas (pero habilitadas para la visita) hasta maravillosos palacios perfectamente conservados. Planear una visita a la Edad Media va a ser una experiencia cultural de la que aprenderán mucho sobre Historia y sobre costumbres del pasado. Podemos leer sobre esta época y sobre el monumento en cuestión, jugar mucho en él e imaginarnos como sería la vida de aquellas gentes. Y, por supuesto, disfrazarnos e inventar historias de caballeros, dragones, torneos y búsquedas mágicas.

Disfrazarnos de piratas

Los viernes los pastafaris se disfrazan de piratas y a los niños les encanta hacerlo en cualquier ocasión. Preparad los garfios, camisas, botas, sombreros con loro, espadas y parches y proponeos pasar un día emocionante imaginando la llegada a una isla desierta, la travesía por los mares del sur y además, la búsqueda de un tesoro con un juego de pistas. Seguramente repetiréis y se os unirán todos sus amiguitos.

Construir una cabaña o un tipi

La última actividad que os propongo puede ser muy simple o necesitar mucha planificación, se trata de construir una cabaña con troncos caídos y ramas, atada con cuerdas y tapándola con una manta. Es importante llevar pala para asegurar las maderas y hacer segura vuestra cabaña, para que no pueda caerse sobre vosotros, aunque casi mejor usar ramas que no pesen mucho para evitar cualquier contratiempo. Vais a pasar un día intensísimo de búsqueda de materiales y construcción con los niños.

Os animamos, con estas ideas, a acompañar a vuestros hijos en unas vacaciones llenas de diversión, aventuras inolvidables en familia y un intenso trabajo en muchas áreas de conocimiento. Será un verano perfecto y de aprendizaje.

Mireia Long

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