Enseñamos a hacer preguntas en Aprendizaje por proyectos

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Una de las mayores ventajas del “Aprendizaje por proyectos” es que enseña a los estudiantes a hacer preguntas, específicamente, a hacer buenas preguntas. Para hacer una buena pregunta tienes que saber valorar lo que sabes, lo que necesitas saber y el objetivo de tu pregunta.

Para hacer buenas preguntas antes nos tenemos que preguntar a nosotros mismos. He aquí algunos ejemplos que enseñaremos a los estudiantes a hacerse:

Preguntas sobre el tema sobre el que queremos preguntar:
¿Cuál es el problema exacto que estoy enfrentando?, ¿cuál es la historia detrás de esta cuestión?, ¿cómo se ha enfrentado en el pasado este problema o reto?, ¿cuáles fueron los resultados?, ¿qué conocimientos tengo sobre esta cuestión exactamente?, ¿qué tipo de información me ayudará con el problema?, ¿qué palabras clave ayudarán a la persona a la que le pregunto para darme la información que estoy buscando?, ¿cómo podría yo solo encontrar esta información?

Preguntas sobre el propósito de la pregunta que van a hacer:
¿Por qué quiero saber lo que voy a preguntar?, ¿estoy recopilando datos y hechos?, ¿prefiero que me den claramente una opinión sobre este tema?, ¿para qué me sirve la respuesta que busco?, ¿con qué limitaciones llego a esta situación?, ¿qué voy a hacer con la respuesta?

Preguntas sobre preguntas que mejoran el enfoque:
¿Qué quiero saber exactamente?, ¿hay algo que no he entendido y quiero que me aclaren?, ¿busco una aclaración?, ¿quiero que la respuesta profundice en lo dicho anteriormente?, ¿quiero que me contesten con una respuesta breve?, ¿quiero que contesten simplemente sí o no?

Preguntas que nos dicen si la pregunta tienen una intención:
¿Quiero una respuesta que me interesa a mí o es algo que puede ser interesante para el grupo?, ¿con que actitud pregunto?, ¿cómo quiero que me respondan?, ¿estoy buscando un debate o discusión?, ¿de verdad es importante mi pregunta o es algo superficial?, ¿mi pregunta demuestra que el tema me aburre o estoy frustrado?, ¿tengo la intención de respetar a la persona que responde y su discurso o busco una confrontación?

Preguntas sobre la propia manera de preguntar
¿Es clara mi pregunta?, ¿uso el lenguaje y terminología apropiada?, ¿mi pregunta incluye mi opinión y prejuicios o es neutra?, ¿mi pregunta explica claramente lo que quiero saber?, ¿pregunto de manera enfocada?, ¿mezclo cuestiones?, ¿necesitaré hacer más preguntas que tengo planificadas?

Recordemos hacer una buena pregunta es el camino para lograr la información real que estamos buscando. Por tanto, ya que el “Aprendizaje por proyectos” se basa en una pregunta conductora, nosotros mismos, los educadores, debemos dar ejemplo haciéndonos estas preguntas antes de manifestar el reto a los estudiantes.

Mireia Long

Si este tema te interesa y quieres aprender a hacer buenas preguntas y enseñar a los estudiantes a hacerlas, nuestro curso “Aprendizaje por proyectos” es lo que estás buscando.

La importancia de las buenas preguntas en Aprendizaje por proyectos

e1ba8cd5cd_1454192846696En el Aprendizaje por proyectos uno de los más importantes elementos es la pregunta conductora. Esta pregunta es la que vertebrará todo el trabajo del estudiante, y uno de los aspectos que más profundamente debemos trabajar los docentes para hacerla efectiva, motivante y productiva.
Hacer buenas preguntas es una piedra angular de la Educación y la Vida. Es una práctica que usamos todos los días. Si lo pensamos bien, la capacidad de hacernos preguntas correctas y hacer a los demás buenas preguntas es clave en nuestro éxito vital en todas las áreas.

Si hablamos de Educación, los beneficios de hacer buenas preguntas es enorme. Con una buena pregunta transmitimos no sólo lo que queremos proponer a los educandos, sino también como esperamos que descubran las respuestas, los datos, sus elecciones y la manera de responder.
Una buena pregunta hará que el trabajo del estudiante y de los equipos sea más productiva, profunda, mejora el proceso de aprendizaje, fomenta el pensamiento crítico, el análisis de los datos y la elección de las fuentes y también debe crear buenos hábitos de comunicación.

Pero diseñar buenas preguntas, especialmente en el trabajo en Aprendizaje por proyectos, no siempre es sencillo. Si pensamos en la comunicación habitual fuera del aula, sin duda podemos darnos cuenta que no siempre emisor y receptor llegan a entenderse. Esto es especialmente delicado cuando la pregunta se dirige a un público amplio, y más si se trata de niños o adolescentes con diferentes capacidades de comprensión.

Por mucho que el maestro se esfuerce en llegar a todos sus alumnos, las diferencias existen. Para asegurarnos de que todos comprendan y asimilen la pregunta debemos introducir en el aula la costumbre de que nos hagan ellos preguntas, libremente, para que puedan entender las lagunas de su comprensión. Los alumnos también deben ser entrenados en el arte de hacer buenas preguntas y el educador debe transmitir que las considera, todas, valiosas e importantes.

Si pensamos en nuestra propia vida como estudiantes o analizamos, objetivamente, como suceden las clases, debemos estar preparados para que se sientan algo tímidos. Desgraciadamente habrán encontrado en su pasado experiencias negativas sobre sus preguntas: alguna burla, profesores poco empáticos, el temor de que se consideren simplonas o molestas. Desde que son pequeños los niños necesitan que sus educadores se entusiasmen con sus preguntas y les animen a hacerlas, además de ayudarles a que se entrenen en el arte de hacer preguntas correctas desde lo que saben y desde lo que ignoran, siempre fomentando su curiosidad. Si esto no ha sucedido los niños pueden no saber hacer preguntas, no expresarse correctamente o, directamente, callar por temor a recibir una crítica.

Hay que estar listo, además, para que, a medida que se animen, nos hagan algunas preguntas incómodas. Cuanto más incómodas, mejor indicadores serán de que estamos alentando su curiosidad y su espíritu crítico. Y nos van a preguntar sobre las razones en las que nos apoyamos para proponer un aprendizaje. ¿Estamos listos para contestar a estas preguntas?:
– ¿Por qué necesito aprender esto?
– ¿Para qué me va a servir saber esto en el futuro?
– ¿Esto sirve para algo en la vida real?
– ¿Pará que tengo que saberlo si puedo encontrar la información en una búsqueda rápida en internet o en un libro?

Una vez preparados para responder a sus preguntas sabremos mejor diseñar nuestra pregunta en el proyecto, sin embargo, vamos a seguir hablando sobre el arte de hacer preguntas y su importancia en el Aprendizaje por proyectos, Si este tema te interesa, puedes profundizar más en nuestro curso.

Mireia Long

Cambiar el enfoque en educación: el valor de las preguntas

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Una cosa interesante que nos ocurre a los que estamos acostumbrados a la estructura escolar actual es que no somos capaces de salir de ella a veces incluso si sabemos a ciencia cierta que el aprendizaje se produce de otra forma y no tiene lugar casi nunca a través de dicha estructura.

A muchos padres o profesores que se embarcan en aventuras pedagógicas nuevas buscando salirse del paradigma educativo convencional les cuesta cambiar de enfoque y siguen casi sin querer o sin darse cuenta con el modelo escolar. Algunos desean trabajar por proyectos y quieren ser creativos y abiertos, pero acaban volviendo a lo mismo: el modelo en el que el “maestro” es el que habla, los niños callan y escuchan; el “maestro” hace preguntas supuestamente “didácticas” y los niños deben contestar en función de ciertos conocimientos (no de sus modelos mentales o de su propia lógica).

Si desean cambiar de paradigma dejen atrás este modelo. Hay varias razones para ello.

1. El protagonismo del aprendizaje es de los niños. Hay que dejarles a ellos preguntar lo que realmente les interesa, no forzar las preguntas desde el punto de vista del adulto-maestro-guía.

2. Se aprende conversando, como adultos tenemos que mantener conversaciones diarias con los niños – como si habláramos con amigos adultos sobre temas importantes, pero teniendo en cuenta que ellos preguntarán mucho más que un adulto (quizá) por saber menos.

En general el mecanismo de enseñanza-aprendizaje funciona como de adulto a adulto, pero en el caso de los niños los conocimientos circulan desde alguien que puede saber más o sabe cómo buscar la información hacia alguien que no la tiene o no sabe cómo y dónde buscarla.
El cerebro de los humanos está desarrollado de tal forma que el área de la comunicación ocupa gran parte del lóbulo frontal por una sencilla razón: somos mamíferos que vivimos en grupos de organización compleja, necesitamos una manera eficaz de comunicarnos y nuestros cerebro es prueba de ello. Tenemos dos grandes áreas en el cerebro encargadas de la comunicación: el área de Broca (controla los músculos necesarios para la fonación) y el área de Wernicke (comprensión de los sonidos y de las palabras). Necesitamos ejercitar nuestras habilidades de comunicación sencillamente COMUNICANDO con lo demás diariamente, de forma libre y sincera, distendida, sin restricciones, sin obligaciones, prisas o estrés.

3. Somos mamíferos bípedos. Nuestras manos – al no ser usadas para desplazarnos como en el caso de otros mamíferos/primates – se han desarrollado de una forma tan compleja y tan precisa que hemos necesitado desarrollar también nuevas estructuras cerebrales. Además al caminar erguidos y con la parte superior del cuerpo libre los estímulos visuales y táctiles asociados a nuestra postura son mucho mayores y esto también contribuyó al desarrollo de estructuras cerebrales que nos hace sensibles desde que nacemos a un tipo de aprendizaje muy muy distinto al planteado en las escuelas de hoy en día.
Necesitamos movernos, tocar, probar, desarrollar la psicomotricidad (tal y como está diseñada desde el nacimiento) a través de actividades de todo tipo.

4. Estamos diseñados para interactuar activamente con los demás para aprender lo que nos interesa, lo que es importante para nosotros: a través del lenguaje, la acción, la exploración, el juego, el error…

5. El pensamiento crea relaciones, cruces de ideas, realiza funciones y resuelve problemas; se da lo que llamamos “el efecto Medici”, la intersección de nociones, conocimientos, informaciones, que además siguen una lógica muy particular, según la personalidad y las habilidades básicas de cada uno. 

Estar sentados en un aula, callados y escuchando, difícilmente puede responder a nuestras necesidades primordiales de aprendizaje; e intentar un nuevo enfoque pedagógico que nos permita cubrir estas necesidades debe tener en cuenta obligatoriamente el funcionamiento real del cerebro y de nuestro cuerpo, en definitiva. Visto lo visto, volver al modelo de las preguntas retóricas no es el mejor enfoque para el aprendizaje de los seres humanos; la conversación sí es una herramienta poderosa y adecuada.

Sorina Oprean