Enseñar matemáticas a los más pequeños

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Muchos de nosotros hemos aprendido matemáticas de manera memorística, sin interiorizar realmente los conceptos ni entender vivencialmente los principios de esta ciencia. Y luego llegan las dificultades.

 

Los niños están capacitados para, desde muy pequeños, entrar en el mundo fascinante de los números y las relaciones matemáticas, pero si aprenden de forma forzada y aprenden de memoria los números y las operaciones más sencillas tendrán problemas posteriormente para desarrollar los conceptos por muy bien que sean capaces de realizar los primeros problemas.

 

En cambio, si sentamos las bases de un aprendizaje natural, unido a la experiencia vital, podrán disponer de las herramientas de pensamiento que luego serán imprescindibles para comprender los conceptos matemáticos más complejos. Es muy importante que los bebés y los niños pequeños desarrollen la memoria visual y auditiva pero también es igualmente imprescindible la comprensión conceptual.

 

El mejor medio para ayudarles a conseguirlo es presentar las matemáticas como una secuencia progresiva de conceptos que puedan ir asimilando, sobre todo a través del juego creativo. Los números y las relaciones están por todos sitios y se asientan sobre ideas como el espacio, el tiempo, la posición o el tamaño.

 

Una vez los pequeños han interiorizado un concepto y son capaces de usarlo de forma no guiada irán sumando pasos en su comprensión del mundo que les rodea. Nuestro papel será el de facilitadores de materiales y espacios, no de profesores que determinen el modo en el que deben relacionarse con los objetos. No empezaremos señalando si algo están bien y mal. Sin fichas, sin caritas tristes y por supuesto, en libertad de movimiento.

 

Tendríamos que basar el juego de aprendizaje matemático en cinco pilares básicos. Primero, el aprendizaje será secuencial, es decir, primero lo simple y después aumentar la complejidad. Segundo, seremos observadores activos pero no entrenadores, entendiendo que el verdadero aprendizaje será experimental. Tercero, usaremos objetos que para los niños tengan significado y usen en su vida diaria con ilusión antes que cosas que les sean ajenas. Cuarto, el juego será fundamentalmente táctil y físico, dejando que las ideas nazcan de la experiencia real. Y quinto, debemos ser coherentes usando expresiones y palabras que supongan una base para lo que posteriormente se aprenderá.

 

Cuando hablamos de secuencia progresiva quiero decir que, por ejemplo, no tiene sentido empezar con los números y las cantidades. Primero dejaremos al niño en relación libre con objetos que tengan semejanzas y diferencias entre ellos. El niño irá descubriéndolas por si mismo, sin prisas ni explicaciones. Cuando constatemos que aprecian dichas semejanzas y diferencias introduciremos juegos que faciliten la clasificación y ellos mismos buscarán modos de ir ordenando por cualidades. Solamente entonces, cuando los niños agrupen objetos por cualidades podremos introducir ideas como la cantidad diferente de los objetos de cada grupo.

 

Disponer de un espacio de juego adaptado a sus necesidades es importante. Es posible prepararlo en la propia casa y, aunque el ejemplo que muestro es un lugar ideal, podemos organizar su espacio con mayor simplicidad. Es importante que sea seguro, sin objetos peligrosos ni delicados a su alcance y en el que puedan moverse tranquilamente.

 

Tengo una pequeña amiguita, que acaba de cumplir seis años, que apunta maneras de pensadora crítica y espíritu libre, lo que ya le está dando a su mamá quebraderos de cabeza en el colegio. El ejemplo creo que es muy significativo. Están empezando a enseñarle a sumar. La profesora les entrega una ficha. Todos calladitos y sentados. En la ficha aparecen dos niños y cada uno de ellos tiene cinco caramelos. La profesora les propone que escriban el número de caramelos que tienen los niños en total. La pequeña Ana le dice: es que a mí no me importa cuántos caramelos tienen si no me voy a poder comer ninguno. La profesora se enfada. La niña no tiene interés y es indisciplinada y contestona. Pero es que Andrea tiene razón, a ella no le importa en absoluto si los niños tienen cinco o diez caramelos. Eso no tiene valor real en su vida.

 

Volvamos con Ana. Sus padres ese fin de semana van al campo, a hacer una plantación de pequeños árboles en una zona en repoblación. Han pasado toda la semana preparando los aperos, les ha acompañado al vivero, ha visto que calculaban cuantas personas van a acudir, lo extenso del espacio asignado, quienes tienen instrumentos y la cantidad de cada especie que van a llevar. A Andrea le dan una pequeña pala con la que ayuda a su madre a cavar y colabora ilusionada en colocar los pequeños arbolitos en cada agujero.

 

Al regresar a casa está agotada, risueña y satisfecha. Cuando va a dormirse abrazada a su madre y le dice pregunta si los arbolitos vivirán. Su mamá le promete que irán a regarlos y a verlos crecer. Ana dice que ella ha plantado cinco árboles con papá y cinco con mamá, así que habrá diez árboles de los que ella será también su mamá. Esto si le importa, lo ha vivido, lo ha tocado y lo ha amado. Y ha sumado sin que nadie le mande hacerlo. Esto no se le va a olvidar.

 

El ejemplo, real, nos permite reflexionar sobre lo importante que es el aprendizaje creativo, emocional y vivo. Estar obligados a estar sentados, callados y escribiendo en un papel usando los colores que te indican y no otros, repitiendo una y otra vez, hace que cualquiera se aburra y pierda la alegría que supone el descubrir cosas nuevas.

 

Aunque esto no sea siempre posible es sin duda la mejor manera de que los niños se enseñen a si mismos y nos pidan ayuda para aprender. Con las manos, con los ojos, con los sentidos, no solamente con la cabeza.

 

Mireia Long

Enseña a amar la ciencia a tus hijos

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El amor a la ciencia y la investigación es una actitud que los padres podemos hacer mucho por promover en el niño y podemos hacerlo desde nuestra misma casa y también, por supuesto, hacerlo en la escuela.

Comienzo recomendando este video TED de César Harada, profesor en un colegio de Hong Kong, que explica cómo enseñar a amar la ciencia a los niños.

 

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El ser humano disfruta descubriendo

El preguntarnos por las causas de las cosas es natural en los seres humanos. Aunque no queramos, funcionamos así, somos curiosos y aprendemos por ensayo y error, con experimentación, aunque también preguntando lo que nos interesa. Nos hace disfrutar. Aprender es divertido, y eso es normal, pues el ser humano es un animal que se adapta al entorno mediante la investigación, el conocimiento, la cultura y la manipulación de lo natural. Somos animales científicos, si nos dejan. Es fundamental respetar estos procesos en el niño: tocar las cosas (siempre que no sean peligrosas, claro), tener mucho material disponible, tirar siendo bebé la comida al suelo o mancharse con ella, preguntar y preguntar y preguntar…  somos científicos desde el nacimiento, queriendo descubrir que pasa cuando hacemos algo y si ese efecto se repite igual si repetimos la acción. Por tanto, la primera manera de favorecer el pensamiento científico es respetar el proceso natural de aprendizaje del niño desde bebé y estar abierto para ofrecerle las máximas posibilidades de experimentación segura. Y, por supuesto, atender a sus preguntas aunque las hagan continuamente.

El ejemplo de los padres

La segunda forma de promover el amor por las ciencias es interesarse uno mismo por ellas, sea leyendo, sea buscando respuestas a lo que no conocemos y haciendo al niño partícipe de nuestros descubrimientos. Incluso podemos plantear dudas sobre la naturaleza de las cosas y sobre los procesos de los seres vivos, del entorno o de las fuerzas que nos rodean, invitando al niño a que averigüe las respuestas con nosotros. Si el modelo que ofrecemos no es el de una persona que busca seguir aprendiendo difícilmente podremos inculcar ese amor al conocimiento en los niños.

Transmitir que podemos encontrar las respuestas

La idea es transmitir que uno mismo puede descubrir las respuestas a las cosas, sea investigando con experimentos, sea buscando la información en libros o internet, sea hablando con personas que conozcamos que sea expertos en esa cuestión y puedan explicárnoslo.

Favoreciendo el aprendizaje significativo

El que el objeto del estudio sea significativo lo hará más valioso e inolvidable. La importancia que se da a la respuesta y el aprendizaje sobre procesos y contenidos dependerá de lo significativa que sea para el observador o estudiante, y, por tanto, que las preguntas las hagamos nosotros mismos (y luego ellos mismos) será lo que haga a las respuestas ser más importantes y valiosas, comprensibles y duraderas. El aprendizaje funciona mucho mejor si es voluntario, por tanto, hay que favorecer que se ame aprender y dejar libertad para elegir contenidos, más que obligar a aprender un determinado contenido en un determinado momento sin que sea el que el niño ha encontrado para él mismo. Pedagógicamente el aprendizaje más duradero es el que es significativo para el que aprende, y los métodos más efectivos son el enseñar a otro, el experimentar directamente o el establecer un diálogo con otra persona. Fomentando estos procesos mejoraremos no solo la capacidad del niño para amar las ciencias, sino también el que el aprendizaje obtenido sea de calidad.

Experimentos caseros

La realización de experimentos sencillos en casa como plantar semillas y verlas crecer, cuidar animales en casa o buscar en nuestro hogar objetos y substancias que podamos manipular viendo como responden a nuestras acciones sería una forma muy efectiva de promover la curiosidad científica y las habilidades del investigador.

También hay juegos científicos sencillos que podemos adquirir o fabricar nosotros mismos. Podemos, cuando el niño esté preparado, preparar modelos de átomos o del sistema solar, hacer una cometa o construir un pequeño barco con una maqueta. Las preguntas brotarán como agua desbordada si les animamos y les ofrecemos recursos. Y por supuesto, no olvidar lo importante que es la cocina como laboratorio donde se experimenta con pesos, medidas, texturas y reacciones físicas y químicas.

Hacer del mundo un gran laboratorio

Por supuesto, en las actividades vivenciales podemos incluir el mundo entero como un gran laboratorio de ciencias, incluyendo en nuestros planes visitas a museos, centros de interpretación, jardines botánicos, reservas de conservación animal y lugares de interés natural. Existen también programas de televisión con contenidos científicos o naturalistas que ya pueden disfrutar los pequeños, y, con el tiempo, es una buena costumbre empezar a ver documentales e ir aumentando su complejidad a medida que el niño lo demande o se haga preguntas. Dejarles ensuciarse es otra de las actividades más educativas posible: con agua, con barro, con arena, con tierra… jugar con la lluvia, el viento, la nieve o el hielo, recoger hojas secas y piedrecitas interesantes, pasear por el parque, la playa y el bosque, acercarnos a los campos sembrados en diferentes épocas del año, todo eso fomenta el conocimiento directo de la naturaleza y sus procesos. Disponer en casa del máximo posible de libros, vídeos, juegos educativos y toda clase de recursos es una manera excelente de llevar al hogar el amor al conocimiento. Y, lo que no podamos comprar, podemos descubrirlo en la biblioteca. Con todas estas ideas podemos llevar la ciencia a nuestras casas y fomentar en nuestros hijos el amor al conocimiento y a la investigación. La clave, de nuevo, respeto por los procesos del niño y un acompañamiento consciente pero no intrusivo.

 

Mireia Long

No a los deberes abusivos

En la Pedagogía Blanca estamos en contra de que los niños tengan que usar una gran parte del tiempo que se supone que debería ser de ocio o de disfrute en familia para realizar tareas que en realidad deberían de hacer durante el horario lectivo.

Sabemos que hay muchos maestros y profesores que están convencidos de que poner deberes y tareas diariamente a sus alumnos ayuda a que “refuercen” lo que se ha trabajado en clase. Están convencidos de que a sus alumnos les viene bien, y no son conscientes de cuanto daña a esos mismos alumnos esa creencia, y sobretodo de que la lleven a cabo, que les pongan deberes a diario, y muchas veces de más de una asignatura.

¿Se dan cuenta que hay niños que se pasan dos y tres horas diarias haciendo tareas? ¿De verdad creen que es eso bueno para un niño?

Las tareas escolares para realizar en casa solo sobrecargan al niño.

Si en clase ya aprendió, no necesita hacerlo, si no lo aprendió ¿cómo va a hacerlo solo? Además con lo que se llega a repetir todo a lo largo de todo el proceso educativo no tienen ningún sentido, es agotador y redundante.

Por si fuera poco, invaden las horas que pertenecen estrictamente al ámbito familiar y de ocio, diciendo a los padres en qué han de usar su tiempo cuando el niño ha salido del colegio, interviniendo en su vida y sus planes (si querías ir esta tarde con tu hijo al cine para disfrutar de vuestro tiempo libre cuando ya ha salido del colegio, fastídiate, que hoy le han dicho que tiene que entregar mañana tareas de tres asignaturas distintas. Ve diciendo adiós al tiempo de relax con tu hijo, a las palomitas y al dolby surround) y convirtiéndose en los directores de tu día a día.

Ya no se puede ser padre ni en las pocas horas que quedan desde que salen del colegio hasta que han de ir a dormir, ahora hay que ejercer de maestro en ese rato se quiera o no, y por lo tanto se han de dejar de lado cosas fundamentales en la convivencia con tus hijos. El tiempo para educar en valores y en ética, queda reducido a la mínima expresión, el tiempo de juego y de ocio familiar también, el tiempo para que el niño disfrute de ratos sin obligaciones de ningún tipo y que pueda trabajar en su autoconocimiento y en las cosas que le encantan, desaparecido también.

Los deberes en exceso roban la mejor parte de la infancia a nuestros hijos, debemos rebelarnos ante ello. Mandar notas a los profesores, hablar con ellos, exponer nuestro punto de vista ante la dirección del centro o el consejo escolar si fuera necesario.

Está demostrado que poner deberes no mejora en nada los resultados académicos, pensar que sirven para algo es auto-engañarse. Sí, bueno, sirven para que los niños relacionen el estudio con algo negativo que te roba tiempo libre, que después de entre 6 y 8 horas diarias ya tenías más que merecido.

De hecho los deberes solo funcionan en aquellos niños que pueden contar con la ayuda de sus padres o de un profesor particular, es como si tuvieran “clases de refuerzo”, cosa que es obvio que no necesitan todos los niños. Y aquellos niños que no pueden tener a un adulto que les ayude, por el motivo que sea, solo sienten mayor presión, hastío y desmotivación ante la avalancha de tareas que se le vienen encima y que muchas veces no saben cómo resolver. Los deberes acentúan las diferencias socio-culturales de las familias.

Las tareas y deberes no son ni necesarios ni importantes, deberían eliminarlos. Solo provocan hastío y roban tiempo de familia y ocio impunemente a menores indefensos.

Los maestros que ponen deberes diariamente son cómplices sin saberlo ni pretenderlo del Estado en su esfuerzo por convertir a niños y jóvenes brillantes en súbditos hastiados y apáticos, esos son los que no se rebotan, los que todo gobierno desea para que nadie se rebele, el súbdito ideal educado por un sistema que han decidido quienes nos gobiernan para cumplir mejor sus fines, no los nuestros, que nadie se olvide.

Por suerte muchos maestros y profesores no comparten ese objetivo y en sus aulas hacen las cosas de manera diferente, mucho más cercana a lo que sus alumnos necesitan. Docentes comprometidos con su profesión que solo desean ayudar a desarrollar plenamente las capacidades, competencias y personalidades de cada uno de los alumnos que les han tocado en suerte. Esos profesores rara vez ponen deberes por sistema, y cuando ponen alguna tarea es porque es algo que realmente va a ayudar a avanzar, a crear, a aportar algo extra a sus alumnos. Esos docentes son los que creen en ellos y en el ser humano por encima del sistema, y esos son los docentes con quienes queremos topar, los que ayudan a nuestros niños y jóvenes a mejorar de verdad.

La Resolución de la Dirección General de Ordenación Educativa de 3 de octubre de 1973, aún vigente, establece que “los programas de los centros serán elaborados de forma que eviten como norma general el recargo de los alumnos con tareas suplementarias fuera de la jornada escolar”. Recordadlo.

Dejad a los niños tiempo libre para que descubran qué les apasiona, qué quieren hacer, con qué sueñan, y cuando lo sepan ayudadles a investigar, aprender, conocer, inventar… Pero cuando lo sepan y lo pidan y esa pasión se convierta en su ocio, mientras tanto, dejadles tiempo libre, es importantísimo.

Azucena Caballero

Queridos profesores: gracias por no trivializar el suicidio adolescente

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Me han pasado esto de un grupo de profesores de secundaria (funcionarios públicos, os recuerdo) y me quedo alucinada.

Quiero centrarme, ya que habría mucho para comentar, pero quiero centrarme en 2 cosas fundamentales:

1.- ¿Es ético que un profesional de la docencia, funcionario público, a cargo de nuestros hijos durante muchas horas cada día, con la que está cayendo, trivialice y frivolice con el suicidio adolescente de esta manera? Que no lo hace en un grupo de amigos, ojo, que lo hace en un grupo con más de 7500 colegas, en un grupo para apoyarse de manera profesional, no para esta falta de respeto hacia las familias y los chavales. (Esta persona, que ni sé quien es, ya que me han pasado el pantallazo ya tachado, ¿se dará cuenta de lo que dice?). Pensar que menores tengan que estar bajo su custodia durante horas a diario me genera gran disconfort, lo confieso. ¿Cómo les tratará?.

2.- Doy gracias a que hay profesionales de la docencia que se niegan a ser cómplices de este tipo de comportamientos y que huyen del corporativismo facilón y barato. Esto me lo ha pasado un miembro de ese grupo, como me pasaron otras personas, tb profesionales dentro del sistema educativo y que tienen el buen corazón y la decencia de no coincidir en esta linea de pensamiento tan horrible, los que os compartí a través del blog, dónde algunos “docentes” se burlaban de sus alumnos, les llamaban vagos y echaban de menos no poder pegar un coscorrón con el que se van todas las tonterías, incluyendo el TDAH o decían que con uno lograban solución inmediata y efectiva (y eso que saben que pegar un coscorrón, un cachete o cualquier tipo de violencia física es ilegal, pero a ellos plín). Hay profesores que están muy lejos de este tipo de comentarios y que sí ven a sus alumnos como lo que son: personas en una etapa de su vida fabulosa, con todas las oportunidades y opciones que tiene la vida ante sí, y que es un momento en el que se les puede ayudar a florecer, que cuesta, que el sistema tal y como está no ayuda, pero ellos aman enseñar y aman a sus alumnos. Así que GRACIAS. Gracias a todos los que me escribís para decir que estáis horrorizados con lo que leéis, gracias a los que intentáis frenar estos comportamientos, gracias a quienes sí intentáis dar lo mejor de vosotros y respetáis a las familias y a los críos, gracias a los que deseáis que esto se denuncie.
Si alguien más quiere darme un pantallazo horroroso, sin datos de nadie, eso sí, para que sea yo quien lo saque, ya que teméis las represalias que vosotros podáis tener, adelante. Mi muro y mi blog está a vuestra disposición. Por que esto es como lo de siempre, si no se muestra parece que no existe, y ya va siendo hora de que las familias sepan con quien puede ser que estés dejando a tu hijo, para que estén alerta y puedan tomar las medidas que crean oportunas. Un funcionario ha de ser cuidadoso con las responsabilidades que libremente decidió asumir en su día.

Gracias queridos profesores por que la mayoría sí amáis lo que hacéis, y jamás dirías barbaridades como estas, y mucho menos bromearíais sobre el suicidio juvenil.
Gracias.

Azucena Caballero

Formación y valores indispensables en un educador

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La mayoría de los profesionales de la educación seguro que comparten mi visión. El buen maestro o profesor tiene otras ideas que lo convierten en un ejemplo inspirador para la sociedad completa y para los niños que están a su cargo. Sabe que su labor es poderosa y tiene una gran influencia en el futuro.

La sensibilidad, la empatía, el respeto hacia los niños, la comprensión sobre sus necesidades específicas, el deseo de ofrecer una experiencia educativa motivante y efectiva, el compromiso con la innovación, la mirada abierta a las posibilidades del futuro, la conciencia de la importancia de las competencias del SXXI en vez de la acumulación memorística, la capacidad de autocrítica, la tolerancia hacia los tolerantes, la intolerancia hacia el abuso y el acoso, la ética y la ternura, eso define a un buen educador.

Sin duda alguna la inmensa mayoría de los profesionales de la educación pueden enseñarnos sobre todo esto, pues son auténticos profesionales de la educación. Y, sin embargo, es preciso reconocer otro fenómeno que muchas familias y estudiantes nos hacen llegar en sus consultas y que, yo misma, he podido constatar. Os explico que he escuchado y leído, en grupos de profesores, comentarios que me han preocupado profundamente.

  • Lo considero fascismo educativo, es decir, tener como único modelo el más conservador posible y abogar por su imposición generalizada.
  • La burla hacia la emocionalidad y la innovación.
  • Comentarios despectivos hacia los alumnos.
  • El conservadurismo paleto del ” siempre se ha hecho así”.
  • El odio a los que no odian, a los que hablan de amor, ternura y alegría como motor de la educación.
  • El autoritarismo feroz del inseguro.
  • La ignorancia elegida dando la espalda a cualquier nueva perspectiva pedagógica o psicológica aplicada al aprendizaje.
  • El culto a la acumulación memorística y al examen escrito como única evaluación.
  • La caza de brujas contra los disidentes.
  • La falta de comprensión a las situaciones personales y sociales difíciles de los alumnos.
  • La incapacidad de asumir una parte de responsabilidad en el fracaso de sus alumnos en el aprendizaje.
  • El desprecio hacia los más débiles como signo de identidad.
  • El ostracismo para quien exponga públicamente la falta de ética de algún compañero de profesión.

 

Voy a tener que preparar un curso especial para docentes explicando:

  • Los derechos de los niños
  • Los derechos humanos
  • La libertad de expresión y sus límites
  • Donde puedes hablar sin respeto de tus alumnos (respuesta, en ningún sitio, pero si lo haces, que sea en tu casa o en el bar)
  • Qué es el acoso en la escuela
  • Qué es el acoso fuera de la escuelaCiberacoso
  • Cómo prevenir el acoso
  • Cómo no ser un acosador
  • La importancia de las emociones en el aprendizaje
  • El respeto a los menores y sus familias
  • Los castigos en la ley educativa
  • Los efectos de los castigos
  • Los coscorrones no son educativos ni curan el déficit de atención.
  • Pequeños apuntes sobre como motivar al alumno que dices que es vago
  • Ser un buen educador es mucho más que explicar una materia.

 

Ojalá no fuera necesario hablar de estos temas. Pero ocultarlos, imponer el corporativismo cerril y negar que existen esas actitudes, aunque sean minoritarias, sería un error que perjudica a los niños y la sociedad.

Mireia Long

Cursar los diez años de Educación Obligatoria debe dar derecho al título de ESO

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Todos los alumnos que pasen diez años en el sistema educativo tienen que recibir su título de ESO, todos ellos. No importa si no has superado alguna materia. La educación es un derecho y se refiere a recibir herramientas y conocimientos que los preparan la una vida activa de ciudadanos libres, no un listado de datos, fórmulas, contenidos arbitrarios, listas o procedimientos, en su mayor parte de escasa relevancia real y práctica.

Primero, porque es imposible que en diez años no hayan recibido una educación básica. Segundo, porque después de obligarlos a acudir a la escuela y recibir un modelo de enseñanza monolítico estatal, al menos no se les puede privar de un papelito que no garantiza nada pero que es indispensable para que puedan continuar sus vidas libremente.

Hablamos de una educación básica entendida de manera holística y si alguno no ha logrado objetivos curriculares específicos en algún área eso no va a cambiar el hecho de que, tras diez años en el sistema. debe tener la educación básica que se le está garantizando como DERECHO y para la que la ESO está creada.

Si el sistema educativo no puede garantizar el derecho del menor a una educación básica, debe asumir sus culpas, pero no destrozar el futuro de un niño.

Si el Sistema Educativo no garantiza el derecho de nuestros hijos a recibir una educación básica tras diez años, debemos saberlo y tener la opción de elegir otro modelo que si lo garantice.

Si el Sistema es inútil e incapaz de garantizar una educación básica a la que todos los niños tienen derecho, o si los funcionarios del sistema desconocen y desprecian los DERECHOS DE LOS NIÑOS, que es a lo que sirven y para lo que existen como profesionales, deben decirlo, debe saberse, deben marcharse y deben aceptar que este modelo es un fracaso.

Si no, al menos, deben entregar su título de Educación Obligatoria a todos los niños que han cumplido acudiendo al único lugar al que se permite que vayan a recibirla.

Mireia Long

Hay esperanza

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Azucena y yo creemos firmemente que hay esperanza en  los colegios, institutos, hogares y en todo el sistema educativo. Los niños, nuestro futuro, están llenos de esperanza y confían en  nosotros para darles las herramientas emocionales, éticas y prácticas para tener vidas llenas de sentido, para cumplir sus sueños, para aprender todo lo que necesitan para lograrlo. Los maestros y profesores que se han formado con nosotras y otros muchos miles también tienen una profunda confianza en que pueden acompañar a sus niños con amor y respeto, enseñándoles a pensar, a reflexionar, a ser críticos y libres, además de proporcionarles herramientas y conocimientos académicos.

Dedicamos nuestra labor a mejorar la vida educativa de los niños y a ayudar a los educadores que caminan junto a ellos. Profesionales que tienen esperanza, que saben que el futuro es complejo pero apasionante y que trabajan con tesón para que las aulas sean un espacio transparente y el aprendizaje algo lleno de alegría en el esfuerzo y el descubrimiento. A ellos nos dirigimos en este artículo y les hacemos una invitación.

Si eres un maestro o profesor que llevas a innovación y el respeto por los ritmos madurativos de los niños al aula, si crees que hay esperanza en cambiar el paradigma educativo y quieres contarlo al mundo, estás invitado a escribir en nuestra página para nuestra nueva sección: HAY ESPERANZA.

Mándame un privado o un mail a info@pedagogiablanca.net y publicaremos tu colaboración. Queremos que se os oiga, se os vea y se os respete por lo mucho que dais cada día.

Mireia Long

La mala soy yo

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Si crees que a los niños se les deben dar azotes y coscorrón, si crees que puedes ser buen profesor sin vocación,  si crees que todo el problema es que los niños no te atienden porque son vagos, de verdad, por el bien de nuestros hijos, te lo ruego, cambia de profesión.

 

La libertad educativa es España no existe. Los padres no pueden elegir centro, no puede elegir a la persona que se va a quedar con sus hijos en un lugar donde no pueden entrar a ver como los trata, no pueden elegir los valores que se les van a transmitir en el contacto diario. No pueden elegir que su profesor sienta amor por ellos.

La Educación Pública no garantiza ninguna de esas libertades, pero si, al menos, debería garantizar ética, respeto, sensibilidad y actualización en sus funcionarios.

Digo yo.

 

Oye, que igual soy una peligrosa anarquista desestabilizadora que no acepta la autoridad de los funcionarios y mucho menos traga con que eduquen a niños y adolescentes personas que los desprecian y no se preocupan ni de comprenderlos, ni de aprender nada nuevo, que se mofan de cualquier intento de mejora del sistema que no sea el de preparar a los niños para hacer exámenes, que aborrecen la innovación de la que tanto se nos habla, que no se actualizan, que añoran el coscorrón como método pedagógico.

 

Igual es eso.

Igual la mala soy yo, no esos profesaurios que no aman su trabajo, que no se consideran educadores, que no tienen ni idea de lo que representa que los padres les confíen lo que más aman.

Igual la mala soy yo por no querer que a los niños los humillen, castiguen y machaquen. Y por contar que hay quien habla de los hijos de otras personas con ese desprecio y esa ignorancia.

Será eso.

 

Prefiero se mala. Pero desde luego jamás hablaré con desprecio de mis alumnos.  Y tú no deberías hablar ni escribir con desprecio de un niño que puede ser mi hijo o el hijo de cualquier persona que lea este artículo. Nos lo debes, como funcionario y como persona. Puede que te sientas impune cuando en el claustro o en la red vejas a los niños o promueves prácticas educativas obsoletas y perjudiciales, cuando te ríes de los niños con déficit de atención y defiendes que les den un pescozón, cuando llamas vagos a tus alumnos, cuando haces comentarios racistas o sexistas, cuando llamas llorica al niño que se queja de acoso, cuando llamas exagerada a la madre que cuenta que su hijo sufre fobia escolar o se aburre en las clases y está desmotivado. De hecho, seguramente tienes razón y todo eso va a quedar impune.

 

Tus compañeros, en su mayoría, te miran avergonzados y tratan de compensar, pero rara vez se atreverán a echarte en cara lo inadecuado de tu comportamiento. Igual te tienen miedo, el matonismo no solo se da entre los alumnos y quizá, como educas aunque no seas educador, se lo estás enseñando con tu comportamiento. Porque, ¿sabes?, es imposible que si piensas que los niños son vagos, desprecias la educación emocional y te burlas de la investigación pedagógica, del neuroaprendizaje y de cualquier intento de hacer una clase motivante, si crees que la culpa de que tus alumnos suspendan y se aburran es suya, te aseguro que es lo transmites cada día en el aula a nuestros hijos.

 

Eres un funcionario público. Debes ser consciente de ello. Y no desprestigiar a tu profesión ni decir nada que no sea acorde con la imagen que debe dar un funcionario público.  O cambiar de profesión, que igual sería lo mejor para los niños y hasta para que dejes de sufrir en un trabajo que aborreces, pues, no lo olvides, tu trabajo es educar personas.

 

Yo seguiré hablando de las malas prácticas docentes porque, ¿sabes?, yo si me considero una educadora y si deseo que los niños sean felices en el colegio.

Mireia Long

“Educar es ayudarles a ser la mejor versión de sí mismos”, Dra. Mer Flores

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Hoy comenzamos esta serie,  titulada “Hay esperanza”, que esperamos sea larga, en la que queremos dar voz a los maestros y profesores que trabajan desde el amor a los alumnos, con respeto, con energía, y contribuyendo a transformar la educación para que atienda las necesidades de los niños y los prepare para el futuro. Comenzamos con la Doctora Mer Flores, profesora de Lengua y Literatura en un instituto de Educación Secundaria, un verdadero ejemplo de honestidad, sensibilidad, entrega y pasión por su trabajo. Personas como ella, en las aulas, son las que transforman el mundo en un lugar mejor.

 

 

Desde que empecé a ejercer como profesora de secundaria, me incomodaban ciertos hábitos y circunstancias que parecían instaurados en la práctica de otros compañeros y eran vistos como normales. Empecé siguiendo la corriente, claro, pero poco a poco empecé a hacer pequeños cambios en mi aula.

Luego fui madre, y eso le dio la vuelta a todo. Otros compañeros me cuentan que sufrieron un cambio similar. Después de ser madre, empecé a luchar de forma más activa, predicando con el ejemplo a otros compañeros, para realizar cambios en las dinámicas de aula, en la forma de tratar al alumnado, en los sistemas de evaluación, en favorecer espacios inclusivos para todos (con independencia de su sexo, raza, creencias religiosas e incluso de sus intereses y de su nivel de esfuerzo).

Creo que la escuela pública es y debe ser para todos, y que un profesor (funcionario público) debe procurar despertar el interés y la curiosidad de sus alumnos, ofrecer respeto y afecto y ser el acompañante de un proceso que en cada alumno o alumna se realiza de manera diferente. Espero de corazón que la legislación educativa de nuestro país empiece a mostrar cambios dirigidos a la mejora de las condiciones de nuestro sistema educativo, pero son muchos los cambios que ya pueden hacerse (y que de hecho muchos hacemos) desde dentro. La Pedagogía Blanca y algunas de las personas que he conocido a través de ella han sido un gran apoyo y ejemplo para mí.

En mi clase no hay exámenes obligatorios, si deciden hacerlos pueden consultar los materiales que necesiten (libro, cuaderno, internet). Evalúo por trabajos cooperativos, por ejercicios creativos, exposiciones, lapbooks, debates, videorreseñas. Estudiamos los grados del adjetivo, pero también vemos documentales sobre neurolingüística, comunicación no verbal, o analizamos desde el punto de vista semántico las manipulaciones en discursos publicitarios o propagandísticos. Entre mis alumnos, unos adoran la asignatura y a otros les interesa menos, pero me satisface ver que la mayoría descubren en algún momento del curso alguna cosa que consideran útil y atractiva. Les incito a tirar del hilo, a profundizar. Si aprenden algo nuevo, he hecho bien mi trabajo.

Me gustan los niños. Disfruto de su compañía y de sus ocurrencias, me estimula el apasionamiento con que los adolescentes defienden sus ideas, y me gusta ayudarlos cada día a crecer, a reflexionar, a madurar y a convertirse en la mejor versión de sí mismos. Ese es para mí mi trabajo. La materia que imparto (lengua y literatura) me encanta, pero es un mero vehículo para ese objetivo final: educar a los hombres y mujeres del futuro para que se conviertan en la mejor versión de sí mismos.

Dra. Mer Flores. Profesora de Lengua y Literatura