Dos cosas que los niños aprenden en el colegio y que yo aborrezco

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En el colegio los niños van a aprender muchas cosas, algunas maravillosas y sorprendentes, otras bastante superfluas que no son significativas, algunas útiles y otras que jamás les ayudarán a tener una vida mejor ni más interesante. Pero no es hoy ese el tema sobre el que os invito a reflexionar, aunque, otro día, hablaremos sobre el curriculum y sobre si, verdaderamente, es necesario que aprendan lo que aprenden. Hoy, de lo que queremos hablaros, es de otras ideas que, implícitamente, son transmitidas por la estructura y la organización de la escuela tradicional y que son mentiras y que son, además, muy peligrosas. Creo que es mejor hacerlas visibles y señalarlas, pues negarlas solo sirve para que sigan agazapadas, como un curriculum oculto, que daña a los niños y a toda la sociedad.

La obediencia es un valor.

Es cierto que, en la vida, nos veremos obligados a obeder a jefes o autoridades, incluso cuando nos pidan cosas que no nos agradan, nos hacen infelices o son aburridas, molestas o estúpidas. Es cierto, también, que algunas leyes son necesarias para mantener una sociedad justa y que se espera que los ciudadanos las obedezcan, incluso si no están conformes con ellas.

Sin embargo, no podemos olvidarnos que la capacidad de desobediencia es indispensable para el progreso del Hombre. Han sido los desobedientes los que han luchado contra los tiranos, han desmantelado las injusticias y han abierto nuevos horizontes en el mundo y en el conocimiento.  Si no desobedecemos las normas, costumbres, leyes y mandatos que consideramos injustos, incorrectos o que nos reducen las expectativas, nuestras vidas tendrán mucho menos sentido.

Cuando a los niños se les inicia en la escolarización la obediencia se convierte en un valor en sí, y cuestionar normas o estructuras está fuertemente rechazado. Puede que luego, con el tiempo, se intente explicar el valor que han tenido algunos personajes que se levantaron contra la opresión, pero, en general, las normas escolares estarán fijadas y no se alentará a cuestionarlas y mucho menos a desobedecer no ya lo que protege la integridad de los niños, sino lo que se espera que hagan, coman, sientan, estudien, escriban, pinten y vistan.

A los niños se le marca la hora a la que tienen que despertarse para acudir al centro, la manera en la que deben moverse por los pasillos, a que pueden jugar y cuando, donde se tienen que sentar, que tienen que hacer en cada momento del día y hasta de qué color y donde deben escribir su nombre en una hoja. No hay más que obedercer cada norma y regla, aunque sea superflúa y absurda.

 

La autoridad sabe la verdad sobre las cosas y sobre como hacerlas

Del mismo modo que la libertad, la justicia y los derechos se han conseguido gracias a los desobedientes, el conocimiento humano ha avanzado gracias a los que se cuestionaban las verdades establecidas. Una escuela pensada para alentar el espítitu crítico, la experimentación y el pensamiento científico es posible, pero no establecería sus bases en una estructura como la que conocemos. La idea de que una autoridad, independientemente de quien sea, es la fuente del conocimiento y quien conoce las respuestas o nos enseña los procedimientos para hacer cualquier cosa, teniendo la potestad de evaluar el desempeño, es desasosegante. El profesor sabe las cosas, te dice cuando hacer y como hacer, desde la manera en la que debes coger el lápiz, cuando tienes que empezar a leer te sientas o no interesado o si tus respuestas a un ejercicio o exámen son las adecuadas. En realidad, el estudiante, poco tiene que opinar sobre esto y siempre sabrá donde hay que buscar la fuente del saber, la autoridad presente o la autoridad de los libros de texto.

Quizá os ha pasado que vuestro hijo llega a casa con algún ejercicio, como, por ejemplo, una división, y cuando, si tiene dudas, les contáis como hacerla, os responderá que “no se hace así” mientras, casi obsesionado, copia el enunciado y coloca cada dato en la columna tal y como le han enseñado que debe hacerse. Y si no os ha sucedido, congratulaos, tenéis suerte.

Lo que el niño piense, crea o sepa realmente es irrelevante, lo que cuenta es que sepa lo que le han dicho que tiene que saber y haga las cosas de la manera en la que le han marcado, con sentido o no, que deben hacerse.

Con estas premisas no habrá cambios en el mundo porque les habremos enseñado que todo está marcado, que no tiene sentido hacer las cosas de otra manera ni, desde luego, sirve de nada quejarse o luchar contra la autoridad injusta… o al menos, les resultará muy difícil hacerlo, porque no solo no les han enseñado sino que los han disuadido. Y no es lo que yo quiero.

En realidad, estas cosas, no son obligatoriamente responsabilidad de la escuela, sino de la sociedad que la modela, y no son, desde luego, inevitables. De hecho, en la Pedagogía Blanca precisamente os ayudamos a educar, en casa y en el colegiol, de manera que estas cosas no sucedan y podamos dar a los niños la mejor base para convertirse en ciudadanos que actúen con libertad de criterio y con responsabilidad real.

Mireia Long

 

 

Formas alternativas de usar un libro de texto

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Recientemente pregunté en nuestra fanpage de Facebook por algunas de las cosas que si pudieran eliminarían nuestros seguidores del colegio. Muchos querían eliminar los deberes, otros las altas ratios de alumnado por aula, otros los uniformes, y muchos querían eliminar los libros de texto. Creo que esas ganas de eliminar los libros de texto se debe por un lado a cómo limita la libertad del estudiante de estudiar aquello que realmente le interesa en el momento, y al uso que algunos maestros (algunos, recalco) le dan, usándolo como si fuera un libro sagrado y limitándose a seguir lo que pone, lo que propone y poco más.

Un libro de texto es solo eso, una guía, un manual, una herramienta a disposición del profesorado, pero no es “la Biblia” y no es necesario seguirlo a rajatabla ni hacer todos los ejercicios y propuestas que incluye. Se puede prescindir totalmente de él si se desea, pero tampoco es el demonio como algunos pretenden, todo depende de como cada uno lo use. En realidad el libro de texto es un apoyo más, una forma de que los estudiantes puedan repasar esos contenidos si lo necesitan, y un lugar en donde encontrar propuestas sobre las que trabajar si no tenemos otras ideas en ese momento. El uso que se le dé depende del profesor. Es innecesario, trabajar por proyectos puede resultar más estimulante y en muchos colegios los han eliminado, pero a muchos maestros les resulta útil y les gusta, y no pasa nada por utilizarlos, es una opción más.

Hay muchas formas de usar un libro de texto. Se puede usar como simple guía que indica qué temas y contenidos son los que corresponden ahora según el programa oficial si trabajas para un centro homologado pero esos contenidos se pueden trabajar de muchas maneras. Por ejemplo (son solo algunas ideas), si cogemos el libro de Conocimiento del Medio de 4º de primaria de la colección “Píxel” de la editorial Edebé para el primer trimestre podríamos:

  • Tema 1: “Somos seres vivos”. Explicamos brevemente en qué consiste la función de relación, la de nutrición y de reproducción y luego buscamos unos pequeños vídeos en youtube, y hablamos en “mesa redonda” sobre cada uno de ellos y lo que nos ha parecido. Hacemos un listado de juegos que realizamos durante el verano y comentamos como usamos la función de relación en cada uno de ellos. Organizamos una visita al museo de la ciencia. Vemos un vídeo del parto de un mamífero (delfín, vaca, etc), hablamos sobre la concepción, el embarazo y el parto y compartimos las historias de los embarazos y nacimientos de los niños de la clase, ellos nos cuentan lo que sus padres les explicaron, pueden traer una foto a clase de su mamá embarazada, o de ellos de recién nacidos y hacer un mural con ellas.
  • Tema 2: “Digestión y respiración”, fusionándolo con el Tema 4 “Alimentación y salud”. Hacemos una maqueta del sistema respiratorio y del digestivo con plastilina, papel maché, tubos de manguera, etc, trabajando por grupos. Preparamos un proyecto amplio sobre la alimentación, la gastronomía y la nutrición, ya sea haciendo lapbooks o murales, que incluya los contenidos del tema 2 y del 4. Visitamos una granja o una fábrica de algún producto alimenticio (fábrica de yogur, de bollos, molino de harina, etc) Hacemos un mini taller de cocina con una receta fría y sencilla en clase. Hablamos sobre salud, prevención, etc, en todas las sesiones de clase dedicadas a estas unidades.
  • Tema 3: “Circulación y excreción”. Buscamos un vídeo o documental sobre el sistema circulatorio. Aprovechamos algunos ejercicios del libro para hacerlos por escrito u oralmente. Buscamos información sobre el sistema excretor, les explicamos a los niños como funciona, les preguntamos si alguno en su casa ha comido alguna vez riñones y si sabe como son y para qué sirven, vemos algún vídeo educativo sobre el tema, miramos caca de una paloma en un microscopio, hablamos con los niños sobre hábitos y como se sienten ellos cuando hacen una cosa u otra… etc.
  • Tema 4: “Alimentación y salud”. Lo hemos trabajado con el tema 2.
  • Tema 5: “Animales y plantas”. Explicamos el contenido en clase. Revisamos libros de la biblioteca. Invitamos a los niños a traer libros, cuentos y revistas de sus casas. Vemos un vídeo juntos. Plantamos un minihuerto en macetas en el aula. Cada niño prepara una exposición de 5 minutos sobre un animal de su elección. Preparamos juegos tipo “memory” con animales, plantas y sus características. Jugamos al juego de mesa “Bioviva” por equipos. Salimos a un jardín botánico, una granja o un parque zoológico. Hacemos dioramas. Etc.

Son solo algunas ideas, no todas practicables en cualquier aúpa ni  en cualquier centro. Cada maestro tiene las suyas, y muchas veces te van saliendo sobre la marcha en el aula. Por favor, compártenos tus ideas para que todos puedan aprovecharlas. Da igual si consiste en trabajar el relieve haciendo un continente con plastelina y papel maché para conocer lo que es un golfo, un cabo, una bahía, etc, o si consiste en usar unas tarjetas para aprender operaciones matemáticas. Todo es bienvenido, se trata de poder tener muchas opciones en el aula, y que el libro de texto sea solo una opción más, un recurso extra que a veces se pueda usar de una manera y otras de otra, y que nos ayude, pero no nos limite, que cumpla una función de guía y apoyo como tantos otros materiales de los que hoy podemos disfrutar. El poder está en nuestras manos, cada maestro decide como va a ayudar a sus alumnos a avanzar.

Azucena Caballero

3 consejos para transformar el aula con la mínima (o ninguna) inversión

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Es evidente, a día de hoy, que nuestro sistema educativo tiene grandes carencias, grandes defectos y sobretodo muchas necesidades por atender todavía, tanto en cuanto a la atención al estudiante, como en la creación de sinergías entre la comunidad educativa y también en cuanto a infraestructuras, adaptación de los edificios para crear entornos creativos, etc. Siempre nos ponen la misma excusa, no hay dinero, no se puede invertir lo que sería necesario para transformar las aulas como queremos, que fueran espacios agradables, luminosos, con ratios pequeñas, donde el aprecio por la diversidad y la creatividad fueran lo prioritario, donde los padres también tuvieran su espacio incluso en el horario lectivo, etc.

De acuerdo, para lograr que todas las escuelas sean como queremos necesitamos hacer una inversión enorme, pero desde nuestra pequeña posición en el mundo, podemos intentar hacer cambios, que por insignificantes que puedan parecernos, sí van a tener impacto en el día a día de nuestros estudiantes.

Te propongo 3 cambios que con la mínima inversión (o incluso ninguna) puedes realizar para mejorar tu aula:

1. Redecorar el aula, incluso todo el centro. Si bien es conocido por todos como los colores, los ambientes, etc, afectan a nuestro bienestar, concentración, irritabilidad, etc, es muy difícil encontrar escuelas en España y en países de Latinoamérica en las que la administración invierta en el edificio en sí mismo. Pero con un poco de imaginación, materiales reciclados y la implicación del propio alumnado podemos hacer que las aulas sean más confortables, bonitas,relajantes o estimulantes, etc. Este artículo de Peter Barrett (Universidad de Salford) es muy claro al respecto. Y la prueba de que es algo totalmente viable la tenemos en los muchos proyectos de aula que implican la decoración de la misma, como cuando se hace un proyecto sobre la Edad Media y se decora el aula como un castillo, o sobre múltiples temas. El hecho de mediante los colores y algunas texturas (telas, papeles de diferente tipo, etc) podamos hacer que un aula sea más relajante e invite a la concentración o que pueda ser más estímulante y creativa es algo que deberíamos tener en cuenta y jugar con ello. Unas telas de colores suaves flotando encima de nosotros como un techo suave y ondulante, luz filtrada por papel de seda claro, la colocación de las sillas y mesas para poder trabajar en grupo, etc, puede ayudarnos.

2. Usa vídeos, series, películas, etc, como hilo conductor para estirar del hilo y hablar de múltiples temas. Utiliza los recursos que ellos quieren usar en su día a día para poder mostrarles muchas otras cosas que salen desde ahí, deja que cada estudiante aporte lo que sabe, que investigue y lo comparta en clase con los demás. Lanzaos a ir de un lugar a otro y aprender de todo y de todos. Divertíos.

3. Da responsabilidades a tus alumnos. Establece turnos para realizar distintas rutinas que benefician a toda la clase, de forma que todos los alumnos sientan que son dignos de confianza y que han de asumir cierta responsabilidad consigo mismos, con sus compañeros y contigo. Pasar a recoger tizas, fotocopias, que preparen cada semana elementos decorativos para el aula, que preparen una exposición sobre un tema que les apasione y hagan propuestas para que entre todos se haga un proyecto colectivo…, que se ocupen de cualquier actividad que aporte a todos y se les pueda delegar. Es importante que acaben participando todos, todos merecen sentir que se confía en ellos.

Hay muchas otras cosas que se pueden hacer, esto son solo tres pequeños ejemplos de como con voluntad se puede hacer que la experiencia escolar sea diferente, más agradable, divertida, eficaz y productiva.

¿Qué otras cosas se podrían hacer sin ningún o un muy pequeño coste?

Azucena Caballero

Las aulas muertas

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No, en la Pedagogía Blanca no queremos aulas muertas y tenemos muy claro que este modelo está superado y su uso cada vez daña más a los niños. Y como nos oponemos a los “mierdideberes” nos oponemos a las “aulasmuertas”.

Cuando hablamos de aulasmuertas nos referimos a esos espacios físicos y organizativos que se mantienen en funcionamiento ya sin alma, como zombies del pasado, que no producen aprendizaje vital en los niños y les transmiten valores de sumisión y acriticismo. Muchos maestros, a pesar de su buena intención e ideas . siguen usando ese tipo de aula y convirtiéndose en guardianes del ese modelo.

Hay miedo. Miedo a dejar la autoridad, la verticalidad, la cerrazón y la inmovilidad, a renunciar a la sumisión y el silencio del alumno. Pero si no dejamos atrás el miedo nuestra aula está condenada a ser un aula muerta donde no se produce verdadero aprendizaje real ni pasión. A pesar de que hoy la información y el aprendizaje son, cada vez más, procesos que se dan en cualquier lugar y en el no-lugar de lo virtual, vamos a hablar de aula y de como se estructura el aulamuerta.

La propia construcción de los colegios es enormemente retrógrada y lo ideal sería reconsiderar por completo si la construcción de los centros educativos es la más adecuada para favorecer un aprendizaje no vertical e inmovilista. Hoy, el aula típica, sigue siendo un espacio que transmite una ideología de la pedagogía y determina un proceso de enseñanza tradicional.

Dentro del “aulamuerta” lo deseable es el ambiente de las tumbas, niños quietos, bien sentados y en silencio. Excepto en alguna ocasión puntual no se espera que el niño exprese opiniones, preguntas o deseos, sino que, pasivamente, escuche, asimile, reproduzca o trabaje en solitario y sin hablar con los demás.

Toda la comunicación queda reducida a la transmisión vertical o la concentración individual. Esto, adicionalmente, es especialmente dañino para el niño que precisa hablar y moverse para sentirse cómodo y sin estrés, siendo penalizado cualquier comportamiento divergente del deseado. El hacer, el construir y el cooperar son hechos mínimos, y el movimiento está pautado en horarios restrictivos. Incluso en las salidas de clase o los traslados dentro del centro se puede llegar a exigir absoluto silencio y caminar de manera ordenada en filas de a uno.

El profesor sigue teniendo un lugar destacado, de autoridad y superioridad sobre los alumnos. Aunque la tarima cada vez está en mayor desuso pese a algunos conservadores que la añoran, la mesa del maestro sigue teniendo características que la dotan de una diferencia en calidad, tamaño que marca su superioridad en la jerarquía de la comunidad de aprendizaje que es el aula. La enseñanza es vertical y unidireccional, del emisor (el maestro) a los receptores pasivos (los alumnos).

Los niños y adolescentes se sientan en mesas de inferior categoría en calidad y tamaño, separadas y en filas que miran hacia la fuente del saber.  La disposición del aula prima la atención directa hacia el maestro y dificulta cualquier contacto entre los alumnos excepto en momentos especiales. La colaboración, la comunicación horizontal y la cooperación se expulsan del diseño y disposición del mobiliario.

La personalización también es inexistente. Todo el alumnado deber estar en sitios equivalentes y, además, recibirán los mismos contenidos uniformes y serán evaluados, excepto casos excepcionales, de la misma manera estandar. El propio conocimiento que van a adquirir está externamente decidido previamente por otros y hasta trasciende a la labor del educador, pues viene en un curriculum obligatorio y hasta ya en su soporte fijo: libros de texto y de tareas.

El contacto con la realidad natural y social es casi inexistente, el mundo no existe y todo parece tener un sentido propio en el mundo alternativo de aulas y libros.La doma del impulso natural de comunicación y movimiento que alienta al niño y lo hace feliz y niño se considera peligroso y es penalizado. El niño es oprimido y controlado.

La disposición del aulamuerta quiere niños sumisos que obedezcan sin rechistar y todo lo que vaya a hacer o aprender está fijado y bajo la continua vigilancia del maestro que, en vez de ser guia y ayudante de la construcción del aprendizaje, temina siendo el guardían de la obediencia del grupo. Apenas hay posibilidad de expresar las propias inquietudes o intereses, todo ha quedado ya previamente fijado, planificado, marcado en un horario y en una lista de tareas y contenidos.

No hay libertad alguna. Se desprecia la curiosidad genuina porque no tiene cabida en el plannig escolar.Los educadores deberían darse permiso para observar sus centros, las normas de estos y la propia disposición de sus aulas para dilucidar si transmiten verticalidad, autoritarismo y desposesión del alumno de su deseo de cooperar, comunicarse, participar y elegir lo que desea aprender con sus compañeros.

 

Mireia Long

 

Si quieres saber más:

 

http://www.pedagogiablanca.net/unete/

¿Es significativo el aprendizaje en las aulas?

aburridosCuando hablamos de forma sincera con los alumnos en muchas ocasiones nos transmiten que lo que aprenden en la escuela y lo que hacen en ella les parece aburrido, desmotivante y sin mayor utilidad que pasar unos exámenes con la promesa lejana de lograr ir a la Universidad o poder integrarse en el sistema laboral.

Pero para aprender de verdad algo es necesario, indispensable, que el estudiante, como cualquier persona, sienta verdadero interés. Y para lograrlo hay dos cuestiones que ese aprendizaje debe cumplir: debe ser percibido como útil, que sirve para algo, y que produzca placer. Si no conseguimos que ambas premisas se cumplan el resultado es la desmotivación.

Recuerda primero esa sensación de emoción, asombro y poder personal que has sentido cuando, en una experiencia de intenso aprendizaje y concentración, consigues comprender algo. Recuerda a los niños pequeños cuando logran un objetivo de su aprendizaje: levantarse y caminar, subirse a una silla, decir una palabra. ¿Está eso presente en el aula?

Un aprendizaje queda grabado y lo recordamos como experiencia cuando logramos esa sensación exultante y feliz, tras un esfuerzo dirigido a lograr ese objetivo con el que estamos personalmente comprometidos y, más todavía, cuando no es necesario. Cambiar un enchufe, hacer una rica tortilla de patatas, tocar una canción con la guitarra, conseguir, incluso, pasar de nivel en un juego del ordenador. ¿Está esa sensación presente en el aula?

El aprendizaje, en el ser humano, supone ser conscientes de que nos falta información o competencia para lograr algo que deseamos o necesitamos, y esforzarnos para lograr ese objetivo. Los ejemplos que os he dado son todos externos a un aula, es decir, ese tipo de experiencias suelen realizarse, con excepciones, fuera de la escuela. Y ese es quizá su mayor problema, que el estudiante siente esa necesidad, realiza ese esfuerzo y logra, si es que lo logra, el objetivo, mecánicamente, sin la pasión que rodea el aprendizaje significativo.

¿Podemos lograr enganchar a los estudiantes en esa pasión y recuperar en el aula el aprendizaje realmente significativo y placentero? La única manera de lograrlo es cambiar la manera en la que trabajamos en las aulas, incluso si nos vemos obligados a cubrir unos contenidos fijados externamente al estudiante, lo que, ya de por sí, supone un hándicap, ya que a ellos nadie les pregunta si lo que queremos que aprendan es lo que quieren aprender.

Mireia Long

http://www.pedagogiablanca.net/unete/

Mejor no hacer “mierdideberes”

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Mejor jugar que memorizar el libro.
Mejor ver la tele que copiar enunciados.
Mejor jugar con el ordenador que hacer los mismos problemas que ni entiendes.
Mejor un juego de mesa que una tarea impuesta.
Mejor un documental que un dictado.
Mejor un tebeo con gusto que un libro obligado.
Mejor ir a cualquier extraescolar incluso que hacer fichas.

Después de horrorizarme una vez más con los relatos sobre deberes abusivos, repetitivos y absurdos que los padres y madres cuentan que traen sus hijos, que tienen que pasarse hasta tres o cuatro horas diarias copiando enunciados, haciendo fichas o memorizando contenidos del libro, pensé que es necesario oponernos directamente a los “mierdideberes” y garantizar a los niños una infancia de aprendizaje feliz y tiempo libre. Y comencé una lista sobre que cosas son mejores: leer lo que te guste, soñar, pintar libremente, cocinar, ir a un museo, salir al parque, explorar la ciudad, ver un documental, hablar con otra persona, jugar y jugar y jugar,… todo eso aporta y enseña mucho más que una tarde de “mierdideberes” que, si no sabes hacer no podrás hacer bien y que si sabes hacer, será una pérdida de tiempo, añadiendo encima tensión a la vida de un niño y a su relación familiar. Mi sorpresa es que pronto padres. madres y maestros se unieron y aportaron sus ideas. Aqui las tenéis.

Edu Araujo
Mejor una gran dosis de cariño que una elaborada estrategia conductual!
Elena Garcinuño Santamaria
Mejor explorar otras opciones antes de intentar encajar!!
Verónica González-Tejero Piqueras
Mejor dejar de convertir niños extraordinarios en ordinarios.
Pilar Lucas
Mejor una canción que una tediosa lectura.
Mayte Gomez Gonzalez
Mejor un vivir un presente bonito que soñar con un futuro precioso.
Cristina Albarran
Mejor pasar el día en la calle aprendiendo con papa y mama que sentado en un aula (jaula)
Arya Gonzalez
Mejor extraer la curiosidad y la ganas de saber que introducir conocimiento que no interesa
Maria De Guia Torrico Blanco
Mejor bailar al ritmo de la canción favorita que estar sentada durante una hora
Pilar Lucas
Mejor despertar curiosidad que ahogar creatividad.
Maria De Guia Torrico Blanco
Mejor ser uno mismo compartiendo gustos con los demás que seguir rutinas absurdas
Maria De Guia Torrico Blanco
Mejor acompañar que ignorar y recriminar
Pilar Lucas
Mejor sitios aleatorios y diferentes que sillas asignadas todo el curso.
Maria De Guia Torrico Blanco
Mejor aprender y disfrutar de la infancia que ser la autoridad
Pilar Lucas
Mejor enseñantes con vocación, pasión y amor que funcionarios amargados.
Maria De Guia Torrico Blanco
Mejor docentes revolucionarios que docentes sumisos
Virginia Sampedro López
Mejor estudiar la música y el arte que la felicidad solo llega gracias a Dios.
Pilar Lucas
Mejor más salidas y demostraciones prácticas que aulas y pizarras.
Maite Castillo
Mejor un baile en grupo que horas sentados en mesas
Lucia Fraile Macein
Mejor que los niños establezcan sus reglas que les impongamos las nuestras, aunque tengan que armar mucho ruido y salgan a la luz unos cuantos conflictos en el proceso (y aunque la profe de al lado te critique por ello)
Patricia Gil Sánchez
Mejor no provocar el llanto al “no llores”
Julia Portillo Mozo
Mejor gran oferta de materiales para manipular que colorear sin salirse
María Del Mar Robert
Mejor aprender lo que interesa aunque no esté en el libro que aprender sólo lo que va a caer en el examen.
Olga Jiménez
Mejor experimentar que te lo cuenten.
Estefanía Martínez
Mejor echar la tarde en el parque con los niños y niñas del barrio que recreos de 20 minutos.
Adassa Hernández Miquel
Mejor parar una clase para resolver un problema entre compañeros que resolver 20 problemas de mates.
Beatriz Díaz Blasco
Mejor escalar árboles y montañas y quizás caer… que pensar qué es la gravedad!
Sara Casamar
Mejor mancharse de barro explorando el suelo, que sentarse en sillas con uniformes impolutos.
Mónica Merino Blazquez
Mejor mezclar colorante en agua para ver esa reacción del fluido y mezclar colores para experimentar como salen más que aprenderte de memoria todo a través de un libro
Pato Babbitt
Mejor jugar…y jugar…que aprender letras con 2 o 3 o 4 o 5 años…hay tan poco tiempo para ser niño…y tanto para ser grande…!!!!!
Edu Araujo
Mejor más tiempo para jugar juntos que un coche nuevo!
Helena Saez
Mejor golferias felinas en ingles, que hacer fichas que no entiendes.
Helena Saez
Mejor vender dibujos que no salirse de la raya.

 

Mireia Long

 

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Ser maestro es ser líder

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Muchos educadores estamos comprometidos con la innovación y el cambio educativo pero hay que saber siempre que para ser verdaderamente innovador y creativo debemos disfrutar de lo que estamos haciendo y atrevernos a buscar nuevas maneras de hacerlo.

Introducir en el aula nuevas herramientas, utilizar TIC, trabajar con proyectos, permitir el desarrollo del aprendizaje cooperativo y la expresión real de las inteligencias múltiples exige de nosotros un esfuerzo, el de ser conscientes del placer que encontramos en lo que hacemos. De otro modo, aunque usemos métodos y fomentemos destrezas diferentes nos convertimos en meras máquinas que repiten una teoría o una estrategia pedagógica.

Disfrutar de ese reto, vincularnos emocionalmente a él, es fundamental. Nuestra sociedad no fomenta realmente la innovación ni el pensar y hacer diferente. Pero al darnos cuenta de lo importante que es eso para el futuro de nuestros alumnos y traer a las aulas esos cambios, la transformación ha debido ser y es, profunda y personal. Nos hemos convertido en agentes reales del cambio y nos sentimos felices al hacerlo. Nuestra vida se enriquece en todos los aspectos y descubrimos que, nosotros también, estamos adentrándonos en un nuevo mundo donde nos permitimos cuestionar las ideas que nos transmitieron.

Nos enfrentamos a nuevos problemas, damos nuevas soluciones. Creamos e innovamos y eso lo transmitimos con nuestro ejemplo más que con lo que proponemos hacer. Somos líderes verdaderos.

Somos maestros.

Mireia Long

¿Qué es un maestro Pedagogía Blanca?

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Ser maestro no es simplemente enseñar. Quizá sea la confusión más frecuente con la que nos topamos, pensar que un maestro es exclusivamente la persona que enseña conocimientos y los explica y evalúa. Y es que el aprendizaje no es una acumulación de conocimientos curriculares de manera acumulativa que sea evaluáda de manera cuatitativa. El maestro, para la Pedagogía Blanca, es algo que trasciende esta definición tan parcial: el maestro es la persona que mantiene y aumenta el deseo de aprender del niño.

Si nos dejamos llevar por la idea de que vamos a conseguir que asimilen unos datos nos encontramos con que, el alumno que no lo logra, pierde la motivación y pierde la confianza en sus capacidades, creando indefensión aprendida, sensación de insuficiencia, y, a la larga, mayor desmotivación y fracaso.

Los espacios creativos educativos de la Pedagogía Blanca tienen ese objetivo, ayudar al maestro a realizar con éxito esa función y por tanto deben provocar la acción, ser estimulantes, variados y emocionantes. Debe escucharse al niño, permitirle plantearse sus preguntas y buscar las respuestas, provocando su pasión. No basta con transmitir información para actuar como un maestro completo, hay que dejar al niño y estimularlo para que investigue, construya y actúe.

Al plantear al alumno una pregunta o un proyecto el maestro no debe proporcionar, de primeras, todas las respuesta y esperar que el niño las asimile y reproduzca, sino que es necesario que impulse el deseo de investigación, de búsqueda de respuestas y aliente que se realicen nuevas preguntas. De ese modo no solo se garantiza que se aprendan aquellos conocimientos curriculares, sino que se construya el propio proceso de aprendizaje y el deseo de saber.  Nada mata más el deseo de saber que entregar un tema con contenido cerrado y considerar que el objetivo de aprendizaje es poder hacer un examen que controle lo que no se sabe y menos si el tema está planteado según marca y se escribe en el libro.

El verdadero trabajo de un maestro sería, sobre todo, el de hacer que el deseo de aprnder brote en el niño y aumente. Para lograrlo no basta con explicar contenidos de forma que el niño pueda entenderlos y recordarlos, mucho menos si solo contamos con que la manera de considerar que el aprendizaje de ha producido es que sea capaz de plasmarlos en ejercicios, deberes o exámenes fundamentalmente escritos. Para que el deseo de aprender exista y se mantenga creciente hay que ser capaz de crear espacios y situaciones en las que se favorezca y se desarrolle ese deseo. Lo primero es creer que el niño tiene deseos naturales de aprender y no cortarlos ni controlarlos, sino dejarlos brotar y brillar.

Para conseguir eso los proyectos abiertos son mucho muy útiles y deben abrirse a un aula creativa donde la búsqueda de respuestas y la generación de conocimiento sea lo más plural e intelecturalmente posible, recordando que el hacer, el compartir, el debatir y el enseñar a otros favorece un aprendizaje realmente significativo y duradero. Y ante todo, debe poner su centro en que es más importante el deseo de aprender que el deseo de acumular conocimiento de datos.

Además, el maestro debe conocer bien a sus alumnos para que los proyectos y propuestas que haga sepa que les interesan de verdad y los conozca, también, a nivel comunicativo y emocional, para poder darse cuenta si sus preguntas y planteamientos los han enganchado. De otro modo caeremos en el gran problema que se tiene cuando se plantea trabajar en proyectos, que realmente los niños los realizan mecánicamente, por lo que el deseo sigue muerto, cosa que, si nos enfrentamos a una clase marcada por la metodología tradicional, puede encontrar resistencias al principio.

Otra cuestión importante es que hay que enlentecer el proceso educativo. Ya bastante sobresaturados están los niños con información de fácil acceso como para poner plazos muy exigentes. El deseo de saber necesita maduración y reflexión, no prisas. La idea de la producción rápida debe abandonarse para que el niño pueda conocerse, investigar y analizar antes de cerrar una cuestión.

El maestro debe renunciar a su papel de controlador y transmisor de datos medibles y acompañar al niño, a cada niño, conociéndolo, poniéndose a su lado. No basta con enseñar para que los niños aprendan, sino olvidar la inmediatez de los resultados para tener claro que el objetivo es a largo plazo, que ellos sepan aprender y deseen aprender lo que les apasiona, guiándolos, ayudándoles a acceder al conocimiento.

El niño realmente motivado se siente feliz de haber descubierto cosas por él mismo o con ayuda de su maestro, se vincula con él y se siente orgulloso de sus logros, lo que, a la larga, aumenta su motivación, compromiso, esfuerzo y confianza, que especialmente crecerá si detectamos y alentamos aquellos temas que le apasionan o conseguimos despertar su pasión por aquellos temas que, en principio, no le resultan especialmente atractivos. Si penalizamos sus errores y les damos malas puntuaciones, especialmente si se hacen públicas, lo que sucede ya desde Infantil, convertiremos a un niño lleno de pasión por aprender en un robot de superar exámenes si hay suerte, o en un adolescente que ha perdido la confianza en él mismo.

 Mireia Long

 

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¿Qué hay que cambiar en el Sistema Educativo?

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Los jóvenes, maestros, familias y sociedad son víctimas de un sistema educativo mal diseñado, obsoleto, variable, ideologizado según quién gobierne, que tiene unos resultados vergonzosos: tasas de fracaso escolar y de paro juvenil altísimas, unas cifras de analfabetismo funcional evidentes y, sobre todo, una notable incapacidad de mantener a los estudiantes entusiasmados con su propio aprendizaje.

Para cambiar el sistema educativo español hay que dar mayor libertad a los padres y cooperativas para crear centros educativos con pedagogías alternativas, reforzar a los maestros dándoles más autonomía. También apostar por la creatividad y el aprendizaje vivencial y significativo, eliminar la memorización y los exámenes, flexibilizar el currículo, reducir radicalmente las ratios en vez de aumentarlas y dar un verdadero impulso-

Hay cambios indispensables y evidentes, pese a las resistencias y cierta tendencia nostálgica (por usar un lenguaje amable) que añora la escuela franquista y se escuda en que los maestros sean “autoridades del Estado” para mantener los privilegios y formas más autoritarias y obsoletas. Y es que los cambios deben existir porque existen problemas innegables que sería vergonzoso achacar a los alumnos o las familias, cuando son deficiencias del sistema.

•En infantil: separación temprana de sus figuras de apego, mala adaptación, fichas interminables y obligación de normas que impiden al niño su actividad natural de juego, movimiento y experimentación.

•En primaria: memorización y estandarización, deberes y más deberes, exámenes que no valoran la creatividad y la curiosidad y sí la capacidad de estudiar exactamente lo que pone en el libro. Y eso sí, muchos castigos como si los castigos fueran a despertar su amor al saber.

•En secundaria: llegan hartos, forzados a seguir poniendo horas a aprender lo que otros exigen necesario y sin capacidad de preguntarse sobre ellos mismos, sin tiempo libre agotados y sin capacidad de pensamiento crítico.

Por supuesto, hay alumnos que mantienen la pasión y la capacidad de investigación y maestros con una enorme vocación dispuestos a seguir dándoles a los niños las herramientas para aprender a pensar. Pero con un currículo cerrado, contenidos prescriptivos, homogeneidad y valoración de resultados en exámenes memorísticos, con la amenaza siempre de los suspensos y la Selectividad, bien difícil lo tienen los que quieren un cambio del paradigma.

Solamente con un cambio muy profundo en el paradigma educativo, con una renovación total del concepto de enseñanza y de organización de esta. Un aprendizaje vivencial, creativo, diverso y con mucha mayor flexibilidad es lo necesario. Mayor autonomía del maestro y una mejor educación emocional de los profesionales que entiendan que lo que cuenta no es que el niño esté callado, sino que sienta pasión por lo que va a aprender y que se le permita trabajar con la idea de que no todos deben aprender lo mismo a la vez.

La que fomentara el placer por leer, cada uno a su ritmo. La que ofreciera una verdadera enseñanza personalizada, orientada a las áreas de interés del alumno y a sus necesidades reales. La que aprovechara las horas lectivas y no precisara dos o tres horas de trabajo adicional en casa. La que permitiera aprender sin memorizar libros de texto. La que consiguiera que los niños disfrutaran aprendiendo y lo hicieran, sobre todo, mediante la experimentación, la vida y el juego.

Aprender de los sistemas alternativos, analizando las ventajas con las que trabajan y escuchar a los grandes expertos que opinan que el sistema educativo es obsoleto y está acabado.

Un reto que no es imposible, pero que solo se podría lograr con mayor inversión en medios materiales y humanos, una preparación continua de los maestros, clases reducidas y un concepto el éxito educativo que no se midiera en exámenes memorísticos sino en el conocimiento diario. No más horas de clase, sino mejores clases. No más autoridad del maestro, sino más respeto por el saber y sus trabajadores.

Mireia Long

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