Carta abierta a un profesaurio

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Querido profesaurio:

Orgulloso presumes de ser un excelente profesor y de enseñar muy bien, pese a que tus alumnos no atienden, no estudian, no sacan el curso, no hacen las tareas, no se enteran de nada y no aprenden. Tus alumnos son unos vagos.

No tienes conocimientos sobre psicología infantil, crianza, pedagogía, ni falta que te hacen. Todo eso son gilipolleces flowerpower. Los alumnos son vagos, no porque tus clases sean insoportables, tú un prepotente sin reciclaje, tus métodos iguales que los de la escuela de hace cien años y los contenidos completamente desfasados y sin interés. No es que los niños lleven años encerrados haciendo filas, fichas, exámenes memorísticos, con castigos, regaños, burlas, ceros, caritas tristes, silbatos, silencio y horas y horas en una silla. No, es que son unos vagos.

No tienes, repito, demasiados conocimientos sobre psicología infantil, crianza ni pedagogía, pero tienes muy claro que los niños son vagos naturalmente, que no quieren aprender y que la culpa de que no tengan capacidad de concentración y trabajo es de los padres que los miman y protegen y no les enseñan el valor del esfuerzo.

Por supuesto,  demuestras que no tienes empatía, ni comprendes la mente del niño o del adolescente, desprecias sus intereses o preocupaciones, los consideras unos vagos que solo buscan satisfacción inmediata y no tienen ningún interés por aprender nada ni lo han tenido desde la cuna.

Admites no tener ninguna vocación por la enseñanza. Caíste ahí, no tenías otra salida profesional, lo que te gusta es lo que estudiaste en la carrera y no la enseñanza. Te quejas mucho, lógicamente quieres conservar tus derechos laborales y mejores condiciones pero, en lo pedagógico, desearías volver a un modelo educativo lo más cercano posible al franquista:  autoritarismo, prioridad de los contenidos clásicos del currículum y muchos exámenes y reválidas (bueno, eso no, que te quita autoridad).

Tu formación o ganas de aprender de pedagogía, psicología, neuroapendizaje, metodologías novedosas, uso de las redes, internet, educación emocional, trabajo por proyectos, comunicación positiva… es casi nula. Y presumes de ello. Te gusta mucho el modelo de enseñanza del siglo II: tablillas de cera y memorización, supongo. Las mentes de tus alumnos son nueces que abrir. No se que significa eso, pero debe ser una teoría del aprendizaje que desconozco.

De hecho, crees que hablar de educación emocional y personalización es atacar a la “escuela pública”, donde, según tu opinión, todo eso no solo es inviable, sino que sobra.

No, no he terminado. Pese a tu rotunda incapacidad para ser considerado un educador, algo que los padres queremos poder tener enseñando a nuestros hijos, exiges que nos callemos la boca, que no reclamemos, que no pidamos nunca explicaciones, porque solo así demostraremos que les damos a los profesores el respeto y la autoridad que merecen por tener un título y una oposición. Los padres, calladitos y diciendo “si señor”, como sus hijos. Otra cosa es ir contra ellos, contra la Educación Pública y contra su sabiduría incuestionable.

Que la gente con las ideas más retrógradas en educación, ultraconservadores pedagógicos sin formación en psicología ni pedagogía, que desprecia los conocimientos sobre emociones, procesos de neuroaprediizaje y metodologías innovadoras, se dedique profesionalmente, aunque sin vocación, a educar, es, quizá, el mejor diagnóstico que puedo hacer de los males la Secundaria en España.

Pero, para despedirnos, querido señor profesaurio, siento decirte que vas a extinguirte pronto como especie en las aulas.  Los maestros del futuro vienen llenos de vocación, empatía y con muchas ganas de aprender e innovar. Las familias ya no son borregos que balarán cuando les ordenes, vas a tener que darles explicaciones. La inmensa mayoría de la sociedad está dos mil años por delante en respeto a los niños y en innovación educativa. No nos importan ya tus opiniones, el siglo II ya pasó, y ahora vamos a por el futuro.

Mireia Long

El poder del título

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He encontrado por las redes este cartel reproducido en diversos contextos y no puedo resistirme a comentarlo. Con gusto añadiría la autoría y pediría permiso al autor, pero circula de manera anónima así que, por su interés divulgativo, lo comparto con vosotras. Si su autor nos pidiera retirarlo o añadir su autoría, encantadas lo haremos. Bueno, vamos al grano.

 

Los padres, legalmente, son los responsables del bienestar y la protección de los derechos de sus hijos. Solo, si claramente y de manera demostrada, no lo hicieran, pueden las autoridades indicar una limitación de ese derecho u obligación. Nadie, por tanto, debería señalar la orientación educativa que los padres deben seguir, siempre que lo hagan beneficiando al niño.

 

Segundo paso. Nadie puede demostrar, de ninguna manera, que las únicas personas capaces de educar, enseñar y guiar a un niño son profesionales con una titulación oficial determinada marcada por determinado Estado. El Estado asume ese control y, en mi opinión, con la excusa de la protección roba a los padres el derecho a elegir modelos y métodos educativos fuera de un marco estricto y obliga a usar determinados centros en los que solo pueden enseñar los titulados por las normas del Estado. La libertad ha desaparecido. La capacidad de elección, la posibilidad de disentir de un modelo presentado como el único posible y beneficioso, son escamoteadas. Repito, nadie ha podido demostrar, pues es falso, que solo un título oficial homologado por el Estado correspondiente te da la exclusividad de la capacidad de enseñar y educar. De hecho, educar va más allá de la escuela, mucho más allá. En otros países, culturas y tiempo los que enseñaban no seguían el curriculum y la titulación del Estado (Español en este caso, pero podéis aplicarlo a cualquier otro).

 

La titulación garantiza una formación. Pero no garantiza que otras formaciones no sean también posibles. Y desde luego no garantiza otros aspectos: ética, empatía, respeto por los niños, actualización metodológica, comprensión y herramientas para atender la diversidad. De hecho, no garantiza siquiera que no seas misógino, racista, pedófilo o tengas problemas mentales o psicológicos que imposibiliten que eduques adecuadamente. Y si lo dudáis, ojalá pudierais escuchar a algunos educadores en las reuniones de evaluación. Y, como hay que hacer cada vez que criticamos a algunos educadores, añado en mayúscula: ALGUNOS. La mala suerte es que  me he encontrado muchos y quizá tu unos cuantos también.

 

Un tema que me gustaría añadir es el de las formaciones para padres y maestros. Las hay oficiales, avaladas por el Estado. Las hay homologadas, y las hay privadas. La inmensa mayoría de los padres y maestros tienen la suficiente capacidad intelectual como para elegir en qué van a gastarse su dinero y qué buscan exactamente.

 

Curiosamente muchos de esos mensajes críticos, en tono amenazador, minusvalorando la capacidad de las familias para quejarse si algún educador no usa los métodos adecuados o falta al respeto a sus hijos o, sencillamente, de elegir como desean que sus hijos sean educados, suelen poner énfasis en la titulación, como si esta diera un poder omnisciente, incapacidad de errar, justicia y conocimientos actualizados, además de ser portadora de una ideología monolítica sobre qué es adecuado y bueno para cada niño y cada familia.

 

Termino señalando que suele haber un componente misógino añadido a estos mensajes, sutil a veces, directo en otros: las madres, estúpidas e ignorantes, deben delegar en el profesional todo criterio, sea un ginecólogo de cuchillo fácil, sea un nutricionista que se burla de técnicas de logopedas (incluso logopedas profesionales aunque sean mujeres) o nos aconseja no beber para que no nos violen, sea un sanitario que nos dice como sentir la maternidad o dar el pecho, sea cualquier maestro del franquismo que quiere que nadie le dispute su poder.

 

Pues eso, queridos lectores, no os dejéis desempoderar. La titulación oficial no es la única vía de enseñanza y aprendizaje sobre crianza, cuidados de los niños, alimentación, lactancia, partos, aprendizaje y felicidad. Si lo fuera, no tendríamos tantos niños infelices ni tanto fracaso escolar.

 

 

Mireia Long

A los profesores que están tan agobiados por los spinners…

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A los profesores que están tan agobiados por que en sus clases los chicos usan spinners, un consejo:
Enfócate en lo que quieres transmitir, en conectar con la emoción de tus alumnos, en mostrar tu pasión por lo que enseñas (si la tienes, claro, que lo mismo estás frustrado por que tú soñabas con ser químico de verdad y no profe de química, que pasa…) y en hacer que sea un rato agradable para todos. Te olvidarás de los spinners, y con suerte algunos chavales también se olvidarán de ellos por un rato. ¿Te imaginas lo bien que te vas a sentir por lograr esa conexión con ellos?
Deja de quejarte, de verdad. Algunos profesores no sabéis lo cansinos que sois.
Recuerda que tus alumnos no te han elegido a ti especialmente como profesor, les has tocado en suerte, y el sistema les obliga a tener que estar ahí, incluso si lo que tú enseñas con tanto ahínco (o no) les interesa muy poco o nada. Demuéstrales por qué merecen dar una oportunidad a lo que les estás contando y a ellos mismos-
Tú sí tienes elección, ellos no.
Así que elige la empatía, que con muy poco esfuerzo, solo siendo un ser humano decente y amable, seguro que lo logras 😉
Azucena Caballero

Cinco cosas que aprendí usando Pedagogía Blanca

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1.- Que puedo educar a mi hijo respetuosamente, sin gritar, ni castigar, ni usar humillaciones ni chantajes. Y que esa educación tiene un efecto enorme en su autoestima y en su confianza en si mismo y en mi.
2.- Que yo puedo mejorar cada día aprendiendo de él y esforzándome. Solo necesitaba saber como cambiar mis propias creencias y aumentar mi conocimiento, usando herramientas que funcionan y nos ayudan a ambos.
3.- Que el aprendizaje natural y vivencial es posible y es efectivo si trabajas con contenidos y formatos que entusiasmen al niño, dejándole desarrollar sus pasiones y tirando del hilo de temas y métodos reales y virtuales que le emocionen.
4.- Que amar el conocimiento y la sabiduría es parte de todos los seres humanos si les dejamos desarrollarse sanamente, que es algo evolutivo que llevamos en nuestros genes y que solo es preciso actuar de manera que no dañemos esa curiosidad natural.
5.- Que los cambios que he hecho en mi misma y en la educación de mi hijo tienen un impacto incalculable en las vidas de otras personas de mi entorno e impactarán en la vida de generaciones.


¿Qué cambios ha tenido para ti la PB o que cambios desearías conseguir si te ayudamos?

Mireia Long

Dos cosas que los niños aprenden en el colegio y que yo aborrezco

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En el colegio los niños van a aprender muchas cosas, algunas maravillosas y sorprendentes, otras bastante superfluas que no son significativas, algunas útiles y otras que jamás les ayudarán a tener una vida mejor ni más interesante. Pero no es hoy ese el tema sobre el que os invito a reflexionar, aunque, otro día, hablaremos sobre el curriculum y sobre si, verdaderamente, es necesario que aprendan lo que aprenden. Hoy, de lo que queremos hablaros, es de otras ideas que, implícitamente, son transmitidas por la estructura y la organización de la escuela tradicional y que son mentiras y que son, además, muy peligrosas. Creo que es mejor hacerlas visibles y señalarlas, pues negarlas solo sirve para que sigan agazapadas, como un curriculum oculto, que daña a los niños y a toda la sociedad.

La obediencia es un valor.

Es cierto que, en la vida, nos veremos obligados a obeder a jefes o autoridades, incluso cuando nos pidan cosas que no nos agradan, nos hacen infelices o son aburridas, molestas o estúpidas. Es cierto, también, que algunas leyes son necesarias para mantener una sociedad justa y que se espera que los ciudadanos las obedezcan, incluso si no están conformes con ellas.

Sin embargo, no podemos olvidarnos que la capacidad de desobediencia es indispensable para el progreso del Hombre. Han sido los desobedientes los que han luchado contra los tiranos, han desmantelado las injusticias y han abierto nuevos horizontes en el mundo y en el conocimiento.  Si no desobedecemos las normas, costumbres, leyes y mandatos que consideramos injustos, incorrectos o que nos reducen las expectativas, nuestras vidas tendrán mucho menos sentido.

Cuando a los niños se les inicia en la escolarización la obediencia se convierte en un valor en sí, y cuestionar normas o estructuras está fuertemente rechazado. Puede que luego, con el tiempo, se intente explicar el valor que han tenido algunos personajes que se levantaron contra la opresión, pero, en general, las normas escolares estarán fijadas y no se alentará a cuestionarlas y mucho menos a desobedecer no ya lo que protege la integridad de los niños, sino lo que se espera que hagan, coman, sientan, estudien, escriban, pinten y vistan.

A los niños se le marca la hora a la que tienen que despertarse para acudir al centro, la manera en la que deben moverse por los pasillos, a que pueden jugar y cuando, donde se tienen que sentar, que tienen que hacer en cada momento del día y hasta de qué color y donde deben escribir su nombre en una hoja. No hay más que obedercer cada norma y regla, aunque sea superflúa y absurda.

 

La autoridad sabe la verdad sobre las cosas y sobre como hacerlas

Del mismo modo que la libertad, la justicia y los derechos se han conseguido gracias a los desobedientes, el conocimiento humano ha avanzado gracias a los que se cuestionaban las verdades establecidas. Una escuela pensada para alentar el espítitu crítico, la experimentación y el pensamiento científico es posible, pero no establecería sus bases en una estructura como la que conocemos. La idea de que una autoridad, independientemente de quien sea, es la fuente del conocimiento y quien conoce las respuestas o nos enseña los procedimientos para hacer cualquier cosa, teniendo la potestad de evaluar el desempeño, es desasosegante. El profesor sabe las cosas, te dice cuando hacer y como hacer, desde la manera en la que debes coger el lápiz, cuando tienes que empezar a leer te sientas o no interesado o si tus respuestas a un ejercicio o exámen son las adecuadas. En realidad, el estudiante, poco tiene que opinar sobre esto y siempre sabrá donde hay que buscar la fuente del saber, la autoridad presente o la autoridad de los libros de texto.

Quizá os ha pasado que vuestro hijo llega a casa con algún ejercicio, como, por ejemplo, una división, y cuando, si tiene dudas, les contáis como hacerla, os responderá que “no se hace así” mientras, casi obsesionado, copia el enunciado y coloca cada dato en la columna tal y como le han enseñado que debe hacerse. Y si no os ha sucedido, congratulaos, tenéis suerte.

Lo que el niño piense, crea o sepa realmente es irrelevante, lo que cuenta es que sepa lo que le han dicho que tiene que saber y haga las cosas de la manera en la que le han marcado, con sentido o no, que deben hacerse.

Con estas premisas no habrá cambios en el mundo porque les habremos enseñado que todo está marcado, que no tiene sentido hacer las cosas de otra manera ni, desde luego, sirve de nada quejarse o luchar contra la autoridad injusta… o al menos, les resultará muy difícil hacerlo, porque no solo no les han enseñado sino que los han disuadido. Y no es lo que yo quiero.

En realidad, estas cosas, no son obligatoriamente responsabilidad de la escuela, sino de la sociedad que la modela, y no son, desde luego, inevitables. De hecho, en la Pedagogía Blanca precisamente os ayudamos a educar, en casa y en el colegiol, de manera que estas cosas no sucedan y podamos dar a los niños la mejor base para convertirse en ciudadanos que actúen con libertad de criterio y con responsabilidad real.

Mireia Long

 

 

Formas alternativas de usar un libro de texto

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Recientemente pregunté en nuestra fanpage de Facebook por algunas de las cosas que si pudieran eliminarían nuestros seguidores del colegio. Muchos querían eliminar los deberes, otros las altas ratios de alumnado por aula, otros los uniformes, y muchos querían eliminar los libros de texto. Creo que esas ganas de eliminar los libros de texto se debe por un lado a cómo limita la libertad del estudiante de estudiar aquello que realmente le interesa en el momento, y al uso que algunos maestros (algunos, recalco) le dan, usándolo como si fuera un libro sagrado y limitándose a seguir lo que pone, lo que propone y poco más.

Un libro de texto es solo eso, una guía, un manual, una herramienta a disposición del profesorado, pero no es “la Biblia” y no es necesario seguirlo a rajatabla ni hacer todos los ejercicios y propuestas que incluye. Se puede prescindir totalmente de él si se desea, pero tampoco es el demonio como algunos pretenden, todo depende de como cada uno lo use. En realidad el libro de texto es un apoyo más, una forma de que los estudiantes puedan repasar esos contenidos si lo necesitan, y un lugar en donde encontrar propuestas sobre las que trabajar si no tenemos otras ideas en ese momento. El uso que se le dé depende del profesor. Es innecesario, trabajar por proyectos puede resultar más estimulante y en muchos colegios los han eliminado, pero a muchos maestros les resulta útil y les gusta, y no pasa nada por utilizarlos, es una opción más.

Hay muchas formas de usar un libro de texto. Se puede usar como simple guía que indica qué temas y contenidos son los que corresponden ahora según el programa oficial si trabajas para un centro homologado pero esos contenidos se pueden trabajar de muchas maneras. Por ejemplo (son solo algunas ideas), si cogemos el libro de Conocimiento del Medio de 4º de primaria de la colección “Píxel” de la editorial Edebé para el primer trimestre podríamos:

  • Tema 1: “Somos seres vivos”. Explicamos brevemente en qué consiste la función de relación, la de nutrición y de reproducción y luego buscamos unos pequeños vídeos en youtube, y hablamos en “mesa redonda” sobre cada uno de ellos y lo que nos ha parecido. Hacemos un listado de juegos que realizamos durante el verano y comentamos como usamos la función de relación en cada uno de ellos. Organizamos una visita al museo de la ciencia. Vemos un vídeo del parto de un mamífero (delfín, vaca, etc), hablamos sobre la concepción, el embarazo y el parto y compartimos las historias de los embarazos y nacimientos de los niños de la clase, ellos nos cuentan lo que sus padres les explicaron, pueden traer una foto a clase de su mamá embarazada, o de ellos de recién nacidos y hacer un mural con ellas.
  • Tema 2: “Digestión y respiración”, fusionándolo con el Tema 4 “Alimentación y salud”. Hacemos una maqueta del sistema respiratorio y del digestivo con plastilina, papel maché, tubos de manguera, etc, trabajando por grupos. Preparamos un proyecto amplio sobre la alimentación, la gastronomía y la nutrición, ya sea haciendo lapbooks o murales, que incluya los contenidos del tema 2 y del 4. Visitamos una granja o una fábrica de algún producto alimenticio (fábrica de yogur, de bollos, molino de harina, etc) Hacemos un mini taller de cocina con una receta fría y sencilla en clase. Hablamos sobre salud, prevención, etc, en todas las sesiones de clase dedicadas a estas unidades.
  • Tema 3: “Circulación y excreción”. Buscamos un vídeo o documental sobre el sistema circulatorio. Aprovechamos algunos ejercicios del libro para hacerlos por escrito u oralmente. Buscamos información sobre el sistema excretor, les explicamos a los niños como funciona, les preguntamos si alguno en su casa ha comido alguna vez riñones y si sabe como son y para qué sirven, vemos algún vídeo educativo sobre el tema, miramos caca de una paloma en un microscopio, hablamos con los niños sobre hábitos y como se sienten ellos cuando hacen una cosa u otra… etc.
  • Tema 4: “Alimentación y salud”. Lo hemos trabajado con el tema 2.
  • Tema 5: “Animales y plantas”. Explicamos el contenido en clase. Revisamos libros de la biblioteca. Invitamos a los niños a traer libros, cuentos y revistas de sus casas. Vemos un vídeo juntos. Plantamos un minihuerto en macetas en el aula. Cada niño prepara una exposición de 5 minutos sobre un animal de su elección. Preparamos juegos tipo “memory” con animales, plantas y sus características. Jugamos al juego de mesa “Bioviva” por equipos. Salimos a un jardín botánico, una granja o un parque zoológico. Hacemos dioramas. Etc.

Son solo algunas ideas, no todas practicables en cualquier aúpa ni  en cualquier centro. Cada maestro tiene las suyas, y muchas veces te van saliendo sobre la marcha en el aula. Por favor, compártenos tus ideas para que todos puedan aprovecharlas. Da igual si consiste en trabajar el relieve haciendo un continente con plastelina y papel maché para conocer lo que es un golfo, un cabo, una bahía, etc, o si consiste en usar unas tarjetas para aprender operaciones matemáticas. Todo es bienvenido, se trata de poder tener muchas opciones en el aula, y que el libro de texto sea solo una opción más, un recurso extra que a veces se pueda usar de una manera y otras de otra, y que nos ayude, pero no nos limite, que cumpla una función de guía y apoyo como tantos otros materiales de los que hoy podemos disfrutar. El poder está en nuestras manos, cada maestro decide como va a ayudar a sus alumnos a avanzar.

Azucena Caballero

3 consejos para transformar el aula con la mínima (o ninguna) inversión

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Es evidente, a día de hoy, que nuestro sistema educativo tiene grandes carencias, grandes defectos y sobretodo muchas necesidades por atender todavía, tanto en cuanto a la atención al estudiante, como en la creación de sinergías entre la comunidad educativa y también en cuanto a infraestructuras, adaptación de los edificios para crear entornos creativos, etc. Siempre nos ponen la misma excusa, no hay dinero, no se puede invertir lo que sería necesario para transformar las aulas como queremos, que fueran espacios agradables, luminosos, con ratios pequeñas, donde el aprecio por la diversidad y la creatividad fueran lo prioritario, donde los padres también tuvieran su espacio incluso en el horario lectivo, etc.

De acuerdo, para lograr que todas las escuelas sean como queremos necesitamos hacer una inversión enorme, pero desde nuestra pequeña posición en el mundo, podemos intentar hacer cambios, que por insignificantes que puedan parecernos, sí van a tener impacto en el día a día de nuestros estudiantes.

Te propongo 3 cambios que con la mínima inversión (o incluso ninguna) puedes realizar para mejorar tu aula:

1. Redecorar el aula, incluso todo el centro. Si bien es conocido por todos como los colores, los ambientes, etc, afectan a nuestro bienestar, concentración, irritabilidad, etc, es muy difícil encontrar escuelas en España y en países de Latinoamérica en las que la administración invierta en el edificio en sí mismo. Pero con un poco de imaginación, materiales reciclados y la implicación del propio alumnado podemos hacer que las aulas sean más confortables, bonitas,relajantes o estimulantes, etc. Este artículo de Peter Barrett (Universidad de Salford) es muy claro al respecto. Y la prueba de que es algo totalmente viable la tenemos en los muchos proyectos de aula que implican la decoración de la misma, como cuando se hace un proyecto sobre la Edad Media y se decora el aula como un castillo, o sobre múltiples temas. El hecho de mediante los colores y algunas texturas (telas, papeles de diferente tipo, etc) podamos hacer que un aula sea más relajante e invite a la concentración o que pueda ser más estímulante y creativa es algo que deberíamos tener en cuenta y jugar con ello. Unas telas de colores suaves flotando encima de nosotros como un techo suave y ondulante, luz filtrada por papel de seda claro, la colocación de las sillas y mesas para poder trabajar en grupo, etc, puede ayudarnos.

2. Usa vídeos, series, películas, etc, como hilo conductor para estirar del hilo y hablar de múltiples temas. Utiliza los recursos que ellos quieren usar en su día a día para poder mostrarles muchas otras cosas que salen desde ahí, deja que cada estudiante aporte lo que sabe, que investigue y lo comparta en clase con los demás. Lanzaos a ir de un lugar a otro y aprender de todo y de todos. Divertíos.

3. Da responsabilidades a tus alumnos. Establece turnos para realizar distintas rutinas que benefician a toda la clase, de forma que todos los alumnos sientan que son dignos de confianza y que han de asumir cierta responsabilidad consigo mismos, con sus compañeros y contigo. Pasar a recoger tizas, fotocopias, que preparen cada semana elementos decorativos para el aula, que preparen una exposición sobre un tema que les apasione y hagan propuestas para que entre todos se haga un proyecto colectivo…, que se ocupen de cualquier actividad que aporte a todos y se les pueda delegar. Es importante que acaben participando todos, todos merecen sentir que se confía en ellos.

Hay muchas otras cosas que se pueden hacer, esto son solo tres pequeños ejemplos de como con voluntad se puede hacer que la experiencia escolar sea diferente, más agradable, divertida, eficaz y productiva.

¿Qué otras cosas se podrían hacer sin ningún o un muy pequeño coste?

Azucena Caballero

Las aulas muertas

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No, en la Pedagogía Blanca no queremos aulas muertas y tenemos muy claro que este modelo está superado y su uso cada vez daña más a los niños. Y como nos oponemos a los “mierdideberes” nos oponemos a las “aulasmuertas”.

Cuando hablamos de aulasmuertas nos referimos a esos espacios físicos y organizativos que se mantienen en funcionamiento ya sin alma, como zombies del pasado, que no producen aprendizaje vital en los niños y les transmiten valores de sumisión y acriticismo. Muchos maestros, a pesar de su buena intención e ideas . siguen usando ese tipo de aula y convirtiéndose en guardianes del ese modelo.

Hay miedo. Miedo a dejar la autoridad, la verticalidad, la cerrazón y la inmovilidad, a renunciar a la sumisión y el silencio del alumno. Pero si no dejamos atrás el miedo nuestra aula está condenada a ser un aula muerta donde no se produce verdadero aprendizaje real ni pasión. A pesar de que hoy la información y el aprendizaje son, cada vez más, procesos que se dan en cualquier lugar y en el no-lugar de lo virtual, vamos a hablar de aula y de como se estructura el aulamuerta.

La propia construcción de los colegios es enormemente retrógrada y lo ideal sería reconsiderar por completo si la construcción de los centros educativos es la más adecuada para favorecer un aprendizaje no vertical e inmovilista. Hoy, el aula típica, sigue siendo un espacio que transmite una ideología de la pedagogía y determina un proceso de enseñanza tradicional.

Dentro del “aulamuerta” lo deseable es el ambiente de las tumbas, niños quietos, bien sentados y en silencio. Excepto en alguna ocasión puntual no se espera que el niño exprese opiniones, preguntas o deseos, sino que, pasivamente, escuche, asimile, reproduzca o trabaje en solitario y sin hablar con los demás.

Toda la comunicación queda reducida a la transmisión vertical o la concentración individual. Esto, adicionalmente, es especialmente dañino para el niño que precisa hablar y moverse para sentirse cómodo y sin estrés, siendo penalizado cualquier comportamiento divergente del deseado. El hacer, el construir y el cooperar son hechos mínimos, y el movimiento está pautado en horarios restrictivos. Incluso en las salidas de clase o los traslados dentro del centro se puede llegar a exigir absoluto silencio y caminar de manera ordenada en filas de a uno.

El profesor sigue teniendo un lugar destacado, de autoridad y superioridad sobre los alumnos. Aunque la tarima cada vez está en mayor desuso pese a algunos conservadores que la añoran, la mesa del maestro sigue teniendo características que la dotan de una diferencia en calidad, tamaño que marca su superioridad en la jerarquía de la comunidad de aprendizaje que es el aula. La enseñanza es vertical y unidireccional, del emisor (el maestro) a los receptores pasivos (los alumnos).

Los niños y adolescentes se sientan en mesas de inferior categoría en calidad y tamaño, separadas y en filas que miran hacia la fuente del saber.  La disposición del aula prima la atención directa hacia el maestro y dificulta cualquier contacto entre los alumnos excepto en momentos especiales. La colaboración, la comunicación horizontal y la cooperación se expulsan del diseño y disposición del mobiliario.

La personalización también es inexistente. Todo el alumnado deber estar en sitios equivalentes y, además, recibirán los mismos contenidos uniformes y serán evaluados, excepto casos excepcionales, de la misma manera estandar. El propio conocimiento que van a adquirir está externamente decidido previamente por otros y hasta trasciende a la labor del educador, pues viene en un curriculum obligatorio y hasta ya en su soporte fijo: libros de texto y de tareas.

El contacto con la realidad natural y social es casi inexistente, el mundo no existe y todo parece tener un sentido propio en el mundo alternativo de aulas y libros.La doma del impulso natural de comunicación y movimiento que alienta al niño y lo hace feliz y niño se considera peligroso y es penalizado. El niño es oprimido y controlado.

La disposición del aulamuerta quiere niños sumisos que obedezcan sin rechistar y todo lo que vaya a hacer o aprender está fijado y bajo la continua vigilancia del maestro que, en vez de ser guia y ayudante de la construcción del aprendizaje, temina siendo el guardían de la obediencia del grupo. Apenas hay posibilidad de expresar las propias inquietudes o intereses, todo ha quedado ya previamente fijado, planificado, marcado en un horario y en una lista de tareas y contenidos.

No hay libertad alguna. Se desprecia la curiosidad genuina porque no tiene cabida en el plannig escolar.Los educadores deberían darse permiso para observar sus centros, las normas de estos y la propia disposición de sus aulas para dilucidar si transmiten verticalidad, autoritarismo y desposesión del alumno de su deseo de cooperar, comunicarse, participar y elegir lo que desea aprender con sus compañeros.

 

Mireia Long

 

Si quieres saber más:

 

http://www.pedagogiablanca.net/unete/

¿Es significativo el aprendizaje en las aulas?

aburridosCuando hablamos de forma sincera con los alumnos en muchas ocasiones nos transmiten que lo que aprenden en la escuela y lo que hacen en ella les parece aburrido, desmotivante y sin mayor utilidad que pasar unos exámenes con la promesa lejana de lograr ir a la Universidad o poder integrarse en el sistema laboral.

Pero para aprender de verdad algo es necesario, indispensable, que el estudiante, como cualquier persona, sienta verdadero interés. Y para lograrlo hay dos cuestiones que ese aprendizaje debe cumplir: debe ser percibido como útil, que sirve para algo, y que produzca placer. Si no conseguimos que ambas premisas se cumplan el resultado es la desmotivación.

Recuerda primero esa sensación de emoción, asombro y poder personal que has sentido cuando, en una experiencia de intenso aprendizaje y concentración, consigues comprender algo. Recuerda a los niños pequeños cuando logran un objetivo de su aprendizaje: levantarse y caminar, subirse a una silla, decir una palabra. ¿Está eso presente en el aula?

Un aprendizaje queda grabado y lo recordamos como experiencia cuando logramos esa sensación exultante y feliz, tras un esfuerzo dirigido a lograr ese objetivo con el que estamos personalmente comprometidos y, más todavía, cuando no es necesario. Cambiar un enchufe, hacer una rica tortilla de patatas, tocar una canción con la guitarra, conseguir, incluso, pasar de nivel en un juego del ordenador. ¿Está esa sensación presente en el aula?

El aprendizaje, en el ser humano, supone ser conscientes de que nos falta información o competencia para lograr algo que deseamos o necesitamos, y esforzarnos para lograr ese objetivo. Los ejemplos que os he dado son todos externos a un aula, es decir, ese tipo de experiencias suelen realizarse, con excepciones, fuera de la escuela. Y ese es quizá su mayor problema, que el estudiante siente esa necesidad, realiza ese esfuerzo y logra, si es que lo logra, el objetivo, mecánicamente, sin la pasión que rodea el aprendizaje significativo.

¿Podemos lograr enganchar a los estudiantes en esa pasión y recuperar en el aula el aprendizaje realmente significativo y placentero? La única manera de lograrlo es cambiar la manera en la que trabajamos en las aulas, incluso si nos vemos obligados a cubrir unos contenidos fijados externamente al estudiante, lo que, ya de por sí, supone un hándicap, ya que a ellos nadie les pregunta si lo que queremos que aprendan es lo que quieren aprender.

Mireia Long

http://www.pedagogiablanca.net/unete/