Tener paciencia y confianza

Adina si Radu -iun 2015

Ayer me he quedado boquiabierta con mi hijo. Ha escrito un ensayo sobre el cine neorrealista italiano – en inglés – que me ha dejado pasmada. Evidentemente, escribe mucho mejor que yo, parece un profesional. Usa palabras literarias o de especialidad, términos profesionales, tiene las ideas claras y concisas, va directo al grano. Vamos, me está dando lecciones. Y este tremendo salto lo ha dado en un año prácticamente.

Esta sorpresa me ha hecho reflexionar, sobre todo porque desde hace un par de meses trabajo en una escuela inspirada por el método Reggio Emilia. Desde luego es mejor que una escuela convencional – por lo menos mejor que algunas – pero teniendo en cuenta que los padres sí quieren que sus hijos sigan también el curriculum nacional y el ritmo impuesto por el mismo es mucho más rápido que el que tienen en realidad los niños, pues qué queréis que os diga… incluso a estos niños se les “empuja” un poco para poder tocar todos los temas propuestos y para llegar a “desarrollar las competencias” previstas por vete tú a saber qué experto, como si las competencias fuesen iguales para todos y las desarrollaran a la vez.
John Holt, que estuvo mucho tiempo observando a los niños – pero no sólo él – sostiene que los niños aprenden en “saltos”. Pues así es. Puedo confirmarlo por haberlo observado yo también en la evolución de mis ambos hijos. No existe el aprendizaje lineal, no para los mamíferos de este planeta, desde luego.

Quien dice que no aprendemos de mayores y que hay que “obligar a la disciplina y a los hábitos” desde pequeño, no sabe de qué habla. A mis hijos nunca les he obligado a escribir ensayos, aunque sí que ambos sabían escribirlos – de una forma básica y correcta – para sus deberes cuando estudiaron a distancia o cuando hicieron los cursos de inglés.
Eso sí, les he animado a los dos a leer, a escribir lo que quisieran, y hemos leído juntos libros o artículos ocasionalmente. Vamos, les he preparado el “ambiente” y les he dejado elegir, inspirarse o descansar. Nada de obligar; sí, permitir elegir y ofrecer inspiración. Durante años han escrito ensayos banales quizá, básicos, como ya dije, esquemáticos. Cumplían. Incluso había errores de sintaxis, de ortografía, de estilo… los corregíamos un poco respetando sus ideas y el fondo. Un poco de retoque, nada más. Y así pasaron años. Hasta el año pasado cuando mi hija empezó su blog en inglés sobre las relaciones románticas a distancia y cuando mi hijo empezó el curso universitario de cinematografía. A base de escribir, de equivocarse, de corregir sin presiones y sin prisas para quemar etapas, de volver a escribir, a cometer errores, fueron practicando los dos y, de repente, en un par de años, han llegado a “su excelencia”. Un buen nivel, digamos.

Cada vez me reitero en mi decisión de educar en casa, jamás de los jamases creo que habrían llegado a este nivel de comunicación y esta motivación si hubiesen estudiado en el colegio. Porque la paciencia y la confianza que tuvimos nosotros, como padres, con ellos es prácticamente imposible de llevar a cabo en una escuela.

Sigo pensando que hay que ir cambiando los colegios, la estructura, el curriculum, para que los niños puedan ir a su ritmo, que es bueno esperar y no quemar etapas, y tomarse las cosas con calma y fundamento.

Sorina Oprean

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