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Tres razones por las que no mandar lecturas obligatorias

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Una de las razones por las que los niños no se convierten en lectores es porque la lectura se presenta como un ejercicio obligado y se decide por ellos las lecturas obligatorias. Y eso es un grave error como os contaré a continuación:

1.- El objetivo de las actividades de lectoescritura no es que el niño lea más, antes o que a determinada edad pueda decirse que ha leído determinados libros considerados indispensables para su formación, sino que se convierta en un joven y un adulto lector, que seguirá leyendo durante toda su vida.

Lograr que una persona se convierta en lectora habitual es algo que se consigue si se le permite que el descubrimiento de los libros sea algo hecho con y por placer; hacer de la lectura una imposición es la mejor manera de anular el deseo de leer, puede que alguno se salve, pero en su mayoría, como sucede con la población española, rechazará cualquier lectura o, al menos, cualquier lectura de cierta complejidad en el futuro.

2.- La manera en la que un niño y un adolescente se enamoran de la literatura es permitirles elegir con total libertad sus lecturas, sin obligar a libros concretos, ni programar lecturas excesivamente complejas o adultas como se viene haciendo en el sistema escolar, haciéndoles forzar sus mentes aún no maduras para entener cosas que no les despiertan ninguna pasión.

Como mucho, y no antes de los catorce o quince años, se puede leer en clase pequeños fragmentos de obras escogidas y dejar luego que los chicos, si lo desean, sigan leyendo si el libro ha llamado su atención, pero nunca sobrecargar ni obligar. El que vaya a leer en su vida a Azorín, Unamuno, El Quijote o La Celestina lo hará con mucha mayor preparación en su vida adulta. No es necesario conocerlos en la adolescencia en absoluto, más que nada, porque la mayoría de los chicos no los aprecian y solo sirven para aumentar su hastío. Incluso otras lecturas más supuestamente amenas es innecesario programarlas, pues, si no son elegidas libremente, no ayudarán a que el muchacho ame leer. Hay millones de libros en el mundo, no hay razón alguna para que deba ser el profesor o la editorial de turno las que tomen las decisiones.

3.- Cada persona es diferente. Los ritmos madurativos, los intereses, las pasiones, las habilidades y el estilo de aprendizaje de cada uno de nosotros es diferente. La uniformización y la homogeneidad es un atentado contra el propio niño. Forzar un modelo de aprendizaje basado casi exclusivamente en la lectoescritura, invasor además del tiempo libre, no produce beneficios, sino aborrecimiento.

Las cifras de analfabetismo funcional y de falta de hábito lector en España es una demostración clara de que el modelo educativo falla profundamente en el sentido de la educación lectora. Ni sirve el adelantar la lectoescritura a Infantil, ni sirve obligar a los niños de Primero de Primaria a llegar leyendo de hecho, ni sirve de nada el machaque con lecturas y libros de texto, ni el mandar novelas obligatorias a los adolescentes. Es un modelo erroneo, irrespetuoso y fracasado.

Debemos leer cuentos, libros, tebeos y revistas a los niños y dejarles elegir sus lecturas según sus intereses. No hay que hacer nada más. Respetar, ofrecer, sugerir, emocionarnos, contar historias, y dar tiempo. Nada más. De hecho, si no leen el Quijote, o La Celestina, a Azorín o a Unamuno no pasará nada grave, quizá prefieran a Tolkien, Martin, Asimov o a Sun Tzu.

Mireia Long

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