5 museos para niños

Recuerdo que, cuando era niña, una de las actividades favoritas de mi familia era visitar, al menos, un museo al mes.

El lugar daba igual: Madrid, Córdoba, Almería, Toledo o Pamplona. La cuestión era enseñarnos cosas y que aprendiésemos viviendo la realidad, tocando o imaginando cómo había sido tal o cuál etapa de la historia, y no sólo memorizando textos de libros.

Y para mí, era todo un reto. Llevaba siempre un cuaderno pequeño, de espiral, de tapa azul rígida, que ya sólo la marca me resultaba interesante porque era un protagonista de la mitología. También me acompañaban siempre un estuche con lápiz, goma de borrar, pinturas, tijeras y pegamento.

Cada viaje, cada visita, era una oportunidad de crear mi propia guía. Todo lo que veía que me interesaba o cualquier folleto (recortable y pegable), entrada o bolsita de azucarillo con una frase ilustrativa me valían para completar mi diario.

De todos los museos que visitamos, hay algunos que no olvidaré nunca. Son aquellos en los que sentí transportarme a otra época, a otro mundo, a otra cultura, pasada o futura, y que recomiendo a todos que muestren a sus hijos más bien pronto que tarde.

El primero de la lista es Dinópolis u otro similar que nos lleve a la época de los dinosaurios o incluso antes. Aquella época en la que el hombre aún no era hombre, en la que la Tierra casi no lo era tampoco. Un retorno en el tiempo de más de 45.000 años que nos transportará a los orígenes, al comienzo del todo.

El siguiente de la lista, para mí, sería el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. Llegué por primera vez siendo muy pequeña y no recuerdo ya la cantidad de veces que lo habré visitado. Todo me interesaba: los ecosistemas, los caparazones de tortugas marinas tan gigantescos colgando de la pared, la multitud de insectos, sobre todo los de colores metalizados, el calamar gigante…

A todos los niños nos gustan los animales. Ese lugar es una gran escuela en donde podremos sensibilizarnos respecto al planeta, la diversidad, los seres vivos y la importancia de conservación de las especies que habitan la Tierra.

Algo relacionado con esto es mi siguiente propuesta: Museo Geominero de Madrid. Nuestros primeros tesoros son las piedras. Quién, que tenga hijos, no ha vuelto de cualquier excursión a la naturaleza con piedras (brillantes, con rayas negras, de tres colores, rojas, metalizadas…). Es casi imposible. E incluso, si sois tan fanáticos como yo de los “tesoros”, también recogeréis las vuestras.

Así que, la visita a este museo es obligada. El paraíso de los niños. Además, podemos ver hasta piedras de fuera de nuestro planeta, meteoritos, fósiles de todo tipo y piedras preciosas.

A continuación, yo les llevaría al Planetario de Madrid u otro de similares características. Descubrir qué hay más allá de la Tierra, descubrir lo diminutos que somos dentro del universo y sentir la importancia de cuidar el equilibrio en el Mundo en que vivimos es un gran paso para ser grandes personas.

Y, mi quinta propuesta, sería un museo de arqueología. Conocer los orígenes del ser humano, su evolución, el progreso en los descubrimientos y creación de elementos que nos han facilitado la vida en la historia también nos sensibiliza respecto a cada acción que decidamos emprender.

Creo que, mostrando la parte más “prehistórica” a nuestra civilización, nos hace poner en valor lo que tenemos, lo que hemos conseguido y dispara nuestra creatividad.

No olvidéis buscar museos que tengan una propuesta de actividades para niños donde los expertos hagan más atractivo el aprendizaje. Y, recordad que aprendemos cuando tocamos y manipulamos más que cuando sólo escuchamos o leemos.

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