¿Tienen los niños derecho a no querer jugar con otros niños?

Foto de Carmen González

¿Tienen los niños derecho a no querer jugar con otros niños? Si, tienen derecho a no jugar con otro niños si no quieren pero no existe respuesta correcta taxativa en cuestiones humanas, siempre hay matices y explicaciones.

Los niños tienen derecho a elegir sus compañeros de juego siempre, nadie puede obligarte a estar con otra persona si no quieres estar. Partamos de esto pues es un derecho fundamental y un ejercicio de libertad y seguridad personal. Lo niños tienen que aprender a no relacionarse con quien les desagrada o daña y, a la vez, deben desarrollar actitudes inclusivas, respetuosa y empáticas. Por eso la cuestión de si los niños tienen derecho a no querer jugar con otros niños es tan interesante y compleja. Y es normal que nos preocupemos cuando veamos esas actitudes, tanto si somos sus madres como si somos sus profesoras. Y evidentemente si un niño es rechazado es lógico que nos conmueva su pena.

Cuestión de derechos

Nadie tiene la obligación de estar, jugar o pasar tiempo con otra persona, incluso si no siente un rechazo por ella. Nosotras tenemos derecho a ello y los niños, que son personas, igual. Me explico, si estás con tu pareja o con una amiga cenando o charlando en un restaurante puede no apetecerte que otra persona se siente en vuestra mesa, incluso si es un conocido con quien, en otra ocasión, si os relacionaríais cordialmente. Es algo normal y nadie se ofendería, de hecho, se aprende a leer, en la actitud de los otros o en su falta de invitación, esa realidad y sabemos respetarla sin ofendernos.

Por otro lado es indiscutible que vamos a encontrarnos en la vida con personas abusivas, tóxicas y agresivas que nos van a intentar dañar y de las que tenemos que saber alejarnos, ponerles límites, detectar la violencia y denunciarla si es preciso. Si, desde el comienzo de la relación con alguien sabemos que no tenemos que aguantar faltas de respeto, humillaciones, chantajes, comentarios despectivos, podemos decidir más facilmente que nos vamos a alejar. Sabremos que tenemos todo el derecho a romper y marcharnos si alguien nos pone incómodos antes de que la situación empeore. Tenemos derecho a decir NO.

Cuestión de seguridad

Eso es un aprendizaje que los niños deben hacer, respetar la intimidad y la libertad de los demás, comprender que no siempre querrán estar contigo, que tienen derecho a la intimidad y a la independencia. Es doloroso pero es necesario pues el otro también tiene derecho a no ser invadido. También tienen que aprender que tienen derecho a no relacionarse con quien no les guste, no los respete o los incomode. Ese aprendizaje puede llegar a salvar su paz mental y hasta su vida. Nadie tiene que relacionarse con quien le hace daño.

A quien recibe la petición hay que enseñarle que es libre de decidir con quien pasa su tiempo, incluso si no hay rechazo,, y especialmente si la otra persona no nos agrada. No digo ya si es alguien que nos agrede. Es otra enseñanza fundamental.

Cuestión de empatía y cortesía

Pero hay reglas de cortesía que harán que si tratamos bien a otros ellos nos tratarán bien, si somos amables recibiremos amabilidad y si somos empáticos otros se preocuparán por nosotros. Todo eso entra también en juego y puede cambiar una primera decisión. A todos nos gusta que nos reciban bien y que se haga un esfuerzo para integrarnos. Nuestros hijos tienen derecho a aprender también esas cuestiones, a descubrir que no son el centro del universo, a ser acogedores con otros pues eso hará que puedan desarrollar relaciones más ricas y que sean mejores personas.

La empatía también se enseña. Nuestros hijos pueden ser capaces de entender lo que se siente si te rechazan, hacer concesiones, ponerse en la piel del otro. Y actuar de manera equilibrada, libre pero empática. Es otra enseñanza y hay que aprenderlo por ensayo y error en la infancia.

Razones, más que obligaciones

Por tanto es fundamental averiguar cuál es la razón por la que nuestros hijos no quieren jugar con otro niño. SI es que quieren disfrutar de un tiempo privado y se consideran libres de elegir a sus amigos, es correcto. Si el otro niño, incluso sin aparentarlo, les molesta o les ha agredido, tienen derecho a no querer tratos con él, sobre todo si no hay una intervención previa de adultos conscientes que hayan ayudado a reconducir las causas de esos conflictos.

Pero, por supuesto hay que estar muy atentos. Nuestros propios hijos pueden no estar actuando con empatía o pueden estar siendo despreciativos o apartar a alguien por razones no éticas, influenciados por un entorno que no actúa ante el acoso y reproduciendo actitudes sexistas, homófobas, racistas, capacitistas… Necesitan que no neguemos esas cosas para poder ayudarles a librarse de ellas. Observemos, hablemos, comuniquémonos.

En conclusión: los niños tienen derecho a elegir si quieren jugar con otro niño pero también merecen que les enseñemos la empatía y los valores de inclusión. No hay respuesta única cuando hablamos de seres humanos relacionándose y aprendiendo a relacionarse, pero si hay recetas_ respeto por sus derechos y los de los demás, presencia, diálogo, valores y amor.

Mireia Long

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