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Al educar: la importancia de decir sí

 

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Recuerdo que leí en el muro de Facebook de la escritora y premio Nadal por el maravilloso “La vida era esoCarmen Amoraga Toledo (por cierto, si aún no has leído el libro, ves corriendo a la librería más cercana a por un ejemplar porque te va a emocionar, alegrar, te va a invitar a sentir, a reflexionar, imaginar…, te hace llorar, también te hace reír, crecer, conectar con los personajes y disfrutar mucho con los personajes. En definitiva te va a encantar), una anécdota que contaba sobre su infancia. Era esta:

“Ayer mi padre me contó esto:

Cuando yo iba a 5º de EGB, el profesor le dijo que no me podía aprobar, que iba muy por detrás de mis compañeros y que lo mejor era que repitiera curso.

Mi padre le pidió que me aprobara.

Le dijo: ella quiere ser periodista y si repite se va a venir abajo, porque ella es muy fuerte pero es muy débil también.

Le dijo: si no vale para estudiar, el tiempo lo dirá.

Le dijo: vamos a darle una oportunidad.

Le convenció.

El otro día, el profesor fue a verle a casa.

Y se abrazaron, los dos.

Ay.”

Carmen Amoraga Toledo

Inspirador y emocionante, una de esas anécdotas de la vida real que te devuelve la fe en la paternidad, en la educación, en los profesionales de la educación, en el ser humano en general y en la vida.

 

Me llegó hasta lo más hondo de mi ser, porque esa es mi apuesta siempre, ser positivos, confiar en nuestros niños y apoyar, acompañar y apostar por ellos. Y por supuesto también por nuestros adolescentes.

Un sí cambia todo. Un sí inspira, motiva, acompaña, da alas. Un sí en un momento dado transforma todo, hace que las cosas sean posibles, que lo que parece dudoso pueda ser una oportunidad, que confiemos más en nosotros mismos y también en los otros.

Un sí abre las vías de la comunicación, invita al otro a expresarse, a sacar lo mejor de sí mismo, incentiva la colaboración, la cooperación y el apoyo mutuo. Un sí es la base fundamental para crear sinergias.

Desgraciadamente demasiada gente educa basándose en el no, en lo que no se puede, no se debe, no se llega, no, no, no. El no deprime, limita, demerita. Deberíamos decir muy pocos noes, los estrictamente necesarios, y en todo aquello que no perjudique y que pueda ser un apoyo, un estímulo, una pequeña excusa para el avance, digamos sí.

Cuando se trata de un niño, por favor, bajemos a su altura, miremos el mundo desde sus ojos, seamos conscientes del mar inmenso de oportunidades que tiene ante sí todavía y apostemos por él, por sus sueños y su talento. Nuestra función es acompañarle y guiarle para que pueda desarrollar su capacidad, su potencial y su pasión. Pensemos bien en lo que es verdaderamente importante y en qué es lo que le va a ayudar mejor y seamos conscientes de lo dañino y paralizante que puede ser un no (no puedes, no lo haces bien, no sirves, no, no, no) y de lo alentador y motivador que es un sí.

Este es mi mensaje para los niños de mi vida:

Sí puedes, sí, inténtalo, con trabajo y dedicación podrás conseguir lo que deseas, te acompaño, te ayudo, sí, adelante, vuela, lánzate, avanza, yo confío en ti, yo creo en ti, sí, sí, sí.

Azucena Caballero

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