Que cosa… que cosa…

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Creemos que nuestros hijos y alumnos son muy pequeños para realizar determinadas acciones y les coartamos aprendizajes que les encantan. Por ejemplo, coser.

Durante todo un curso, en las actividades extraescolares que realizaba con los que se quedaban aún más horas en el colegio después del comedor, una de las cosas que les enseñé es a coser.

Parece muy de épocas pasadas, de cuando mi madre era pequeña e iba al colegio de monjas, que le enseñaban a realizar las tareas propias de «la mujer», pero no.

Los conocimientos básicos de costura son interesantes para todos, para saber cosernos un simple botón, por ejemplo, pero yo quería ir más allá.

Utilizaba la costura para varios fines:

– Trabajar la concentración. Ni os imagináis, en los momentos en que todos están a la vez con sus agujas, la tranquilidad grupal que se respira. Como nadie hablaba alto, todos estaban más agusto.

– La autoestima. Porque con el método que diseñé para enseñarles, cada uno iba avanzando tan rápidamente que se veían capaces de conseguirlo, sin duda.

– La habilidad de saber hacer algo que la mayoría de sus padres no saben, y poder enseñarles ellos, les supone un reto y una satisfacción.

– Despertar el interés por otro tipo de tarea, que habitualmente no saben realizar, y que les abre un mundo de posibilidades. Por ejemplo, hacerse sus propios disfraces (con algo de ayuda, claro).

– Sentir que aprenden cosas nuevas que, en muchos casos, jamás habrían tenido la oportunidad de aprender y que, quién sabe, a lo mejor despierta su pasión para un futuro.

Como anécdota os contaré que uno de ellos, Lucas, cuando les enseñé a coser un botón, se pasó todo el fin de semana pidiéndole a su madre que le diese botones para coser.

Ella, alucinada, me mandó un mensaje en domingo para decirme que se lo estaba pasando «pipa» viendo a su hijo coser botones, tan concentrado y tan convencido de que eso era, y no otra cosa, a lo que quería dedicar su tiempo de ocio ese fin de semana.

Le encantó la destreza y de ese modo la afianzó. Cose los botones perfectamente, jejejejejeje… Tengo que deciros que Lucas tenía 6 años, que muchos en el cole se burlaban de él porque era uno de los «torpes» y apenas jugaba en las horas de patio con nadie, solo con una amiga que le apoyaba y le quería de verdad.

El círculo de Lola.

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