Sintoniza el dial

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Os quiero contar una idea que se me ocurrió hace unos años por si os sirve.

Trabajaba con un grupo de niños en las actividades extraescolares del colegio y, hasta en ese espacio tan distendido, había algunos que apenas se relacionaban y menos aún hablaban en público.

Quería que todos participasen, que todos se expresasen y contasen cómo se sentían o qué les apetecía hacer o decir.

No era fácil. No les gustaba hablar y que el resto les mirase a ellos. No llevaban muy bien el ser protagonistas.

Entonces se me ocurrío crear una radio. Una superradio donde hablar sin miradas, donde proponer cosas, donde contar cómo te sientes o qué te molesta o te gusta…

Entre todos la diseñaron, la pintaron y la colocaron entre mesas de la clase. Organizaron una especie de programación radiofónica y, solos, por parejas o grupos, crearon sus escaletas de intervenciones y les sirvió para expresarse sin ser vistos.

Aunque esto duró poco porque al final de cada «emisión» se felicitaban unos a otros ya mirándose a la cara y sonriendo.

Las normas que establecimos eran muy pocas:

– Cada uno es libre de hacer el programa sobre su tema favorito.
– Es obligatorio que sea respetuoso con todas las personas, animales o cosas.
– Mantener el volumen al 50%.
– Nadie lo hace mal, cada uno lo hace como quiere, sabe o puede.

Les gustó mucho. Era como estar en un cobijo.

El círculo de Lola.

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