Acuerdos

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El verano es una fuente inagotable de recursos para aprender.

Sin la presión del horario escolar, exámenes, memorizaciones, actividades extraescolares fatigosas, madrugones, etc… nuestro cuerpo se relaja y se predispone a captar todo aquello que le sea interesante a su alrededor.

Yo recuerdo cada verano, cada viaje, cada experiencia, cada visita a otras ciudades, detalles de los juegos con mis primos y hermanos como si fuese ayer.

Así que, debemos aprovechar cada instante para que nuestros hijos se empapen de cosas positivas durante este largo periodo de valor incalculable.

Sí, lo sé, no todos tenemos la suerte de poder compartir con ellos todo el tiempo, pero el que dispongamos deberíamos disfrutarlo sin límite.

Además de pasarlo muy bien, los niños aprenden muchas cosas que les servirán de por vida. Ese es el verdadero aprendizaje, el que vale, el que nos aporta.

Una faceta interesante que nuestros hijos, alumnos y todo el mundo en general debería aprender y poner en práctica es la toma de decisiones en consenso: los acuerdos.

A mí, personalmente, es algo que siempre me ha interesado que aprendan y, además, hemos puesto en práctica desde que eran pequeños.

Evidentemente, cuando son pequeños, hay que establecer opciones reales y límites dentro de los que a nosotros nos interesen que se muevan.

Por ejemplo: «¿Qué hacemos hoy de cena: tortilla de patata o pescado asado?». Ellos encuentran un límite para decidir, que son esas dos opciones, y nosotros las hemos establecido dentro de nuestras posibilidades reales.

No tienen ningún sentido preguntar «¿Qué os apetece cenar hoy?» y que luego, ante su respuesta, tengamos que decir «eso no puede ser, no tenemos ingredientes» o algo similar.

O, si por ejemplo, vamos a cenar en un restaurante y le ofrecemos la carta para que elijan, deberíamos revisar primero nosotros las opciones y marcarles o dejarles claro qué no pueden pedir (porque pica mucho, porque es una cantidad excesiva, porque sabemos que no les va a gustar, etc…).

En cuanto al verano, a mí me encanta que vengan amigos de mis hijos a casa y a ellos también. Cada verano procuro que pasen juntos, al menos, una semana disfrutando de nuestro espacio (vivimos en el campo), de sus juguetes, de sus cabañas en los árboles y del calorazo que hace, jejejejejejeje…

La primera noche, que suele ser cuando llegan, les ofrezco el siguiente material:

– Una cartulina grande.
– Tijeras.
– Pegamento.
– Rotuladores.
– Papeles de colores.

Objetivo: que entre todos decidan qué actividades quieren realizar durante esos días.

Todos opinan, todos aportan ideas y deseos. Luego se condensa en actividades diarias para que todos sientan que su propuesta es realizable y se van apuntando en papelitos sueltos. Ah, y utilizando el plural para todas las acciones.

Por ejemplo:

– Bañarnos
– Cocinamos
– Hacemos manualidades
– Hacemos teatro
– Vemos una peli
– Desayunamos
– Merendamos
– Jugamos a los lego
– Descansamos cada uno como queramos
– Escribimos un diario
– Hacemos una excursión
etc…

Cuando ya tenemos todas las actividades decididas, las vamos colocando sobre la cartulina en el orden lógico o no (acordado por ellos) y las pegamos.

Ese «ACUERDO» lo colgamos en un lugar visible, por ejemplo en la puerta, y así ellos se sienten orientados dentro del espacio desconocido que es nuestra casa. En cualquier momento pueden ir a consultarlo y saber qué han decidido hacer a continuación y prepararse, preparar el material necesario, etc…

Funciona bastante bien. Sobre todo porque suelen ser entre 12 y 17 niños y sería un chorreo de preguntas constantes de «qué hacemos ahora».

Cuando alguno propone un cambio, se sientan, lo hablan y, si a todos les parece bien, se realiza. Es una guía que suele funcionar pero, como siempre puede haber imprevistos, no es estricta.

Os lo recomiendo!!!

El círculo de Lola.

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