¿Cómo aplicar consecuencias inteligentes y respetuosas?

Como explicábamos en un artículo anterior, la estrategia de usar consecuencias naturales y lógicas es la mejor inversión para ayudar a nuestros hijos a desarrollar un comportamiento responsable y respetuoso, pero nos pueden surgir dudas a la hora de decidir que consecuencias propondremos pues es habitual temer que sean, en el fondo, castigos, o que sean demasiado permisivas y no ayuden al niño a comprender lo sucedido.
No existe una fórmula cerrada, pues las posibilidades son infinitas. Sin embargo, la primera cuestión sería que las consecuencias son, en principio, consecuencias evidentes de lo sucedido, naturales o ligadas a esa causa, sin interponernos en ello y sin forzarlo. Esto, de todos modos, no siempre es posible por suponer un riesgo las consecuencia directas o por tener nosotros que tomar decisiones que las muestren: el ejemplo más claro es cuando alejamos al niño de un juego con otro porque está molestando o agrediendo a su compañero (o hermano).
Además, cualquier consecuencia que mostremos o verbalicemos debería ayudar al niño a comprender sus acciones y las consecuencias de estas, asimilar una forma de gestionar circunstancias parecidas en el futuro de forma más adecuada y, en resumen, permitirles aprender manteniendo siempre su integridad moral y su dignidad intactas.
Pero, en términos generales, las consecuencias deben cumplir tres reglas:
1.- Debe ser realmente una consecuencia ligada al hecho en el que estamos interviniendo y el niño debería ser capaz de entender la relación entre dicho hecho y la consecuencia (o, al menos, comenzar a entender que es inadecuada). Si el niño no entiende nada de poco va a servir lo que hagamos, más que, y eso es otro tema, para parar una acción inadecuada o dañina.
2.- Debe ser respetuosa con el niño y justa, de ninguna manera el niño debe sentirse humillado, avergonzado o indigno. Si el niño siente que está siendo tratado sin respeto, sea por las expresiones usadas por el adulto, sea por la consecuencia (posiblemente es un castigo, además, más que una consecuencia) sentirá rabia, enfado, baja autoestima y habrá posibilidades de repetición de patrones por perder la confianza en él mismo. Además, sentirá que ha perdido la confianza en sus padres y les engañará. Aprender comportamiento respetuoso debe ser un hecho respetuoso y aumentar la autoestima del niño, no minarla.
3.- Debe ser decidida en calma, pues si te dejas llevar por la ira posiblemente no cumplas las dos premisas anteriores y estés decidiendo un castigo y encima un castigo en el que estás actuando con violencia sobre el niño. Una consecuencia debe ser igualmente lógica si la decidieras en otro momento, así que lo primero es que el adulto sea capaz de entender las consecuencias de la consecuencia que va a poner y eso solo se logra siendo razonable, respetuoso y calmado.
Las consecuencias deben meditarse antes, pues no deberíamos luego tener que cambiarlas, ni posponerlas, ni levantarlas. Un no, o una consecuencia deben ser firmes ya que, de otro modo, enseñamos al niño a que no son válidas, que está permitido no cumplirlas o insistir para evitarlas.
Recuerda, al final, que las consecuencias no son castigos, que castigar es inútil y peligroso, que lo que estamos haciendo es ayudar a nuestros hijos a ser más felices, aunque no sea una felicidad inmediata y que siempre vas a querer que tus hijos confíen en ti si se equivocan para que les ayudes a entender las consecuencias de sus acciones y a resolver lo que está pasando.
Mireia Long

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1 comentario en “¿Cómo aplicar consecuencias inteligentes y respetuosas?”

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