Deja de gritar. Todos los padres desean hacerlo.

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Entrevista a Mireia Long por Chus Gómez

* la entrevista se publicó originariamente en el Diario de Pontevedra el 7 de febrero del 2015

¿Es posible una crianza sin gritos? ¿Dónde poner los límites a un niño? La fundadora de la Pedagogía Blanca está convencida de que sí. No es fácil, pero puede lograrse utilizando técnicas y herramientas con un objetivo claro: mejorar la vida familiar, crear un entorno agradable y conseguir que los pequeños se conviertan en seres humanos libres y felices.

¿Realmente es posible criar uno o más hijos sin gritarles nunca?

Sí es posible educar a nuestros hijos sin gritos. Lo que no vas a poder hacer es no gritar nunca jamás en tu vida, pero sí puedes utilizar muchas herramientas para perder el control solo en casos extremos, no todos los días, que es lo que les pasa a muchos padres. Sea cual sea el estilo de crianza y educación de los padres, su ideología, su clase social, a todos los padres con los que hablo les gustaría gritar menos a sus hijos. Porque sienten que pierden el control, saben que están dando mal ejemplo y se dan cuenta de que a la larga no sirve de nada. Y después se sienten culpables. A nadie le gusta gritar.

Sin embargo, es lo más habitual. ¿Por qué ocurre esto?

Hay muchas razones. Estamos muy estresados y es más fácil perder el control, pero ocurre con tu hijo y no con tu marido, tu jefe o tus amigas. Lo hacemos con los niños porque podemos. Más que autoridad, es poder. Y los propios niños están muy estresados. Pensamos que ahora están muy mimados, que se les consiente todo, pero se les consienten cosas que no son realmente las que necesitan. Los separamos de sus madres siendo bebés, los llevamos al colegio, donde están horas y se les exige estar sentados y callados. Tienen muy poca vida al aire libre, muy pocas horas de juego completamente libre. Les gritamos también porque en el fondo, cuando tienes una responsabilidad enorme, tienes una carga muy grande sobre tus hombros y de todo lo que vamos a hacer en la vida, a no ser que seas cirujano cardiaco o piloto de avión, no vas a tener una responsabilidad tan grande en tu vida que ayudar a que otra persona se convierta en un ser humano completo, libre y feliz. Estamos acostumbrados a que se grite a los niños. A la mayoría de nosotros nos han gritado y aunque no nos guste es algo permitido en la sociedad y cuando estamos bajo mucha presión, algo que no queremos hacer sale como un acto reflejo. Parece poco, pero somos tres o cuatro veces más grandes que ellos y cuando un padre grita a un niño es aterrador. Te paraliza, mina tu autoestima, la confianza que tienes en esa persona… No nos gusta.

Fuente original: Blog de TetaMeiga

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