¿Hablamos de Maternidad Minimalista?

¿Eres madre? ¿Tu hijo es menor de edad? Entonces conoces de sobra las múltiples presiones que cualquier madre recibe por mil sitios diferentes. Expectativas, elecciones, comparaciones… Todo eso te va generando estrés. Por suerte hay formas de gestionar estas cosas. Vamos a hablar de ellas.

Lo más seguro es que tengas todo lo que se necesita para criar a tu hijo adecuadamente: Tiempo, presencia, amor y suficiente dinero para garantizar tener cubiertas sus necesidades esenciales. Muchas veces nos estresamos ante la cantidad de opciones, de cosas que acabamos teniendo, de demasiadas obligaciones y de sentimientos de culpabilidad. Nos sobra de todo y gestionar tal cantidad de cosas, a todos los niveles, nos agota.

Entiéndeme, tener opciones es genial, pero a veces nos volvemos locas intentando descifrar la mejor para cada cosa, ya sea en filosofía educativa, juguetes, forma de alimentar, etc. Puede llegar a ser abrumador. Pero hay una forma de combatir todo ese “ruido” que nos rodea como madres: la maternidad minimalista.

Elegir una maternidad minimalista no significa que tengas que llevar una vida de austeridad, normas rígidas, y la vida social de un monje, no. Elegir vivir una maternidad minimalista significa poder decidir que no vas a cumplir las expectativas de nadie, que vas a salir del circuito de la locura de encontrar constantemente todo “lo mejor” para encajar con otros, y que los valores en los que te vas a centrar exclusivamente es en los tuyos, los de tu familia. Tu objetivo es ser feliz, disfrutar de este largo proceso de criar y educar a los hijos y transmitirles tus valores, no los de nadie más.

Te voy a dar algunas claves para practicar la maternidad minimalista:

  1. No te compares. Ni a ti ni a tus hijos. No compares lo que hacen o dejan de hacer otras familias con la tuya. Te da igual si los hijos de otros son aparentemente más educaditos, o tienen menos o más juguetes que los tuyos, o si sus hijos hacen unas actividades chulísimas y los tuyos no, etc, etc, etc. Tu familia es única. Tus hijos te encantan por ser quienes son. Acepta a tu familia tal y como es y disfruta de la relación que vosotros establecéis. Cada madre y/o padre educa de una forma diferente, y cada familia tiene su propia historia y crea sus propios recuerdos. Lo que hagan los demás es su vida, no la tuya.
  2. Abandona el perfeccionismo. El perfeccionismo solo paraliza, limita y frustra. No necesitas tener una vida perfecta, solo una vida agradable, feliz. Así que en lugar de perseguir constantemente la perfección, disfruta del camino y ve mejorando aquello que sea necesario poco a poco, sin agobios. Te prometo que TODOS tenemos cosas que mejorar, así que relájate. Cuando tus hijos crezcan y se vayan te importará menos si la casa estaba o no como los chorros del oro, o si les preparaste cada día el menú perfecto nutricionalmente cada día, pero sí te importará mucho si dedicaste tiempo a estar con ellos, a jugar, leer juntos, disfrutar de vuestra compañía y a dejarles clarísimo que siempre te importaron y les quisiste, incluso cuando te enfadabas con ellos. Recuérdalo.
  3. Recuerda que más caro no siempre significa mejor. Los niños crecen, muchas cosas las van a usar muy poco. Te aseguro que no necesitas siempre ir tras aquello que sea más caro, más moderno o más alternativo. Busca solo aquello que realmente necesites o te encante, nada más. Y ten clarísimo que el primer día ningún niño necesita empezar con un piano de cola, que pueden empezar perfectamente con un tecladito eléctrico sencillo y si le encanta y continúa vas a tener mil oportunidades de ir cambiando el instrumento según lo vaya necesitando. Y esto te lo digo por que he visto a muchísimas familias comprar el mejor violín, la mejor flauta travesera, etc, etc, para que los niños lo dejen en unos meses, y como eso, la mejor equipación posible de hockey, la mejor raqueta de tenis… Te sorprendería con qué empezaron muchos de los mejores en su campo hoy en día. Quítate estrés y busca solo lo que en ese momento realmente necesites y te convenga sin que te genere más estrés o sobrecarga.

Lo más importante de tu maternidad es poder estar presente y que te sientas bien, ver a tus hijos contentos y disfrutar mutuamente de vuestra compañía mientras les acompañas en su proceso de desarrollo hasta que se conviertan en esos adultos capaces, independientes, cariñosos y felices que todas deseamos.

Azucena Caballero

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